miércoles, 7 de abril de 2010

PRESENCIA DE LA MUJER EN LA FIESTA DE LOS TOROS:DESDE SUS ORIGENES A NUETROS DIAS (Capitulo III)


Por El Zubi
Y llegamos a esa parte de la historia del toreo en la que se crea una laguna de silencio para las mujeres toreras que ocupó cerca de 35 años, hasta que llegó La República y se levanta la prohibición a las mujeres para que toreen y surgen varias toreras muy interesantes que ahora vamos a ver.
Tuvieron mucho éxito “Las Hermanas Palmeño”, Enriqueta y Amalia Almenara. Enriqueta debutó en Las Ventas el 15 de abril de 1936 en novillada con picadores en la que alternó con Paco Hidalgo y Daniel Luca de Tena. La crítica decía que Enriqueta era más completa que Amalia, aunque ésta era más fina y artista que la hermana y una gran banderillera. Las dos eran valientes, decididas y audaces,  ingredientes básicos para ser torero. Sus comienzos fueron en espectáculos cómico-taurinos: en 1934 actuaron 38 veces, en 1935 unas 46 veces. La temporada de 1936 podría haber sido la más importante de sus carreras a tenor del número de contratos que atesoraban, pero el estallido de la Guerra Civil española truncó también sus carreras. Hay que decir que Las Hermanas Palmeño, sin restarle sus méritos, que los poseían, tuvieron la suerte de seguir la estela abierta  por una genial torera surgida en Madrid llamada Juanita Cruz. La última actuación de Las Palmeño fue en Bilbao  el 21 de julio de 1936. Enriqueta se fue a América tras la guerra y Amalia se casó y se estableció en Barcelona. Se dice de esta última que tenía un toreo de quietud y temple, banderilleaba con mucho garbo y que muleteaba primorosamente imprimiendo a su toreo una gran emoción.
 
Pero la gran figura de esta época y de todos los tiempos,  y que merece capítulo aparte fue Juanita Cruz, sin lugar a dudas la torera más importante que ha habido en España y por desgracia la más desaprovechada, pues ni la crítica ni la historia fueron ecuánimes y justas a la hora de juzgar y valorar sus méritos. Una mujer que podía haber alcanzado metas importantísimas, pero por culpa de los prejuicios absurdos de un machismo cruel no se le ha puesto en el pedestal que se merece dentro de la historia de la Tauromaquia.
Nació en Madrid en febrero de 1917 y desde pequeña se aficionó a los toros. Llevada de la mano del torero retirado, que años después sería también su marido, Rafael García Antón, debutó en León el 24 de julio de 1932 donde cosechó un gran éxito. Aparece de nuevo en Cabra el domingo después de Carnaval de 1933, con novillos de Sotomayor para los novilleros Juanita Cruz, Ramón Lacruz y un todavía desconocido Manuel Rodríguez “Manolete” de sobresaliente, que también hacía su primer paseíllo. Juanita cortó ese día 4 orejas y 2 rabos. En vista del éxito Juanita repitió en Cabra el Domingo de Resurrección con erales de Gamero Cívico junto al diestro “El Bebé Chico” y “Manolete”. Ahí empieza una carrera ascendente como un rayo, brillando día a día como un diamante en cada plaza que pisaba, sembrando el miedo entre los toreros de la época que se negaban a alternar con ella ya que era un auténtico ciclón. Ese fue el caso de Domingo Ortega y Marcial Lalanda. En 1933 toreo 33 novilladas a pesar de que aún pesaba la prohibición de que toreasen las mujeres aunque hubo permisividad, hasta que el Ministro de Gobernación de 1934 Salazar Alonso autorizó el toreo a pie de las mujeres. Juanita torea ese año 53 novilladas, entre ellas la toreada en Sevilla el 18 de agosto con novillos de Juan Belmonte. Ese día cortó 2 orejas y un rabo. Ese año toreó en las plazas más importantes de España llenándolas y triunfando en todas. Debuta con picadores en Granada el 5 de mayo de 1935 triunfando clamorosamente. En ese año (el 35) torea 46 novilladas entre España y Francia donde llegaban los ecos de sus triunfos. El 2 de abril de 1936 debuta en Las Ventas alternando con El Niño de la Estrella, el malogrado Pascual Márquez y Miguel Cirujeda, con ganado de doña Carmen de Federico. Era la primera vez que una mujer actuaba en una novillada picada en la plaza más importante del mundo, donde obtuvo un contundente y rotundo éxito corroborado por la crítica y la prensa de Madrid. Juanita lució ese día una falda de luces  en vez de taleguilla, diseñada por  Ricardo García “K-Hito”, prestigioso dibujante y director de la revista “Dígame”.  Esta actuación revolucionó la prensa española. El crítico Palacios de ABC decía: Juanita cuando está en la plaza vence y vencerá siempre con el arte a toda clase de prejuicios”. En el mismo sentido se declararon rendidos a sus pies los periódicos “Mundo Gráfico” y “Ahora”. Tras la rendición de Madrid a Juanita se le rindieron todas las plazas de España. Tenía toreadas 18 novilladas de las 60 contratadas antes del 18 de julio de 1936, cuando la guerra cortó en seco su carrera en España para siempre.  Siendo madrileña y teniendo casa allí, cuando toreaba en Madrid se vestía de torera y salía del Hotel Florida que estaba  en la Plaza de Callao. Tenía el concepto del toreo clásico de estilo belmontino, cargando la suerte y le gustaba torear en las mismas condiciones que los hombres.
Al comenzar la Guerra Civil Juanita se marchó a Venezuela donde siguió cosechando grandes y numerosos triunfos. Pasó a Colombia y Perú. Le llovían los contratos. Era tal su éxito que cobraba el 30 % de la entrada bruta en taquillas. Fíjense que nivel profesional y consideración tenía que el 13 de marzo de 1938 el empresario de la Plaza de Caracas pretendía formar cartel con un mano a mano entre Domingo Ortega y Juanita Cruz. Domingo Ortega se tomó la oferta a broma y el empresario le dijo: “Pues siento mucho que no quieras torear con ella, pero a mí la que me interesa que toree es Juanita Cruz más que tú”. Aquel día Juanita cortó 3 orejas y se convirtió en un auténtico ídolo de la afición hispanoamericana.
De ahí pasó a conquistar México, donde iba a encontrar los mismos prejuicios y zancadillas que en España, pero venció todos estos inconvenientes llegándosele a llamar con los sobrenombres de: “El Veneno de Pardiñas”, “La Reina del Toreo” y “Juanita Terremoto”. Tomó la alternativa en la Plaza de Fresnillo en Zacatecas, el Domingo de Resurrección, un 17 de marzo de 1940, de la mano del torero mexicano Heriberto García, con ganado de Cerro Viejo. Aquel histórico día cortó cuatro orejas a sus enemigos.
En 1940 intentó volver a España pero ya pesaba aquí la prohibición del toreo para las mujeres, y no sólo eso, sino que se estableció  una censura en todos los medios de comunicación para que no se hablara ni comentara nada que se refiriera a los éxitos de Juanita Cruz en América. Al parecer los toreros de España corrieron la voz de que Juanita era “roja”, con lo que le echaron una losa de mármol sobre su nombre en su país para siempre. Por tanto Juanita se quedó en América hasta 1946, aunque antes estuvo en Francia una temporada donde toreó sus últimas corridas. El 9 de diciembre de 1948 se casó con su apoderado Rafael García Antón en Madrid. Murió durante la Feria de San Isidro de 1981, el 18 de mayo. Su tumba, en el cementerio de La Almudena, es un mausoleo dedicado a ella obra del escultor Luis Sanguino y se ve a Juanita a tamaño natural brindando con la mano derecha y la muleta a la izquierda. En el pedestal lleva la siguiente inscripción: “A pesar del daño que me hicieron en mi patria... los responsables de la mediocridad del toreo de 1940 a 1950, brindo por España”. Su muerte fue muy sentida en Hispanoamérica donde era muy querida. 
 
Hubo otras toreras coetáneas a Juanita Cruz aunque ninguna brilló con la luz y profesionalidad de ella. Fueron toreras que han pasado a la historia más por lo anecdótico y lo folklórico que por su torería. Este es el caso de la alicantina Soledad Miralles que dejó los escenarios por los ruedos y se pasó de “vedette” y bailaora de flamenco a torera. Lo mismo ocurrió con Carmen Murillo “vedette y cantante” dejó las tablas por los toros temporalmente. Hubo otras señoritas toreras como Carmen Marín y Angelita Velasco, Greta y María Alegre, o la cordobesa Mari Gómez, que triunfó el 16 de septiembre de 1934 en San Fernando (Cádiz) al matar cuatro novillos  de Francisco Chico , por cogida de su compañera de cartel Alfonsa Quiñones. Mari Gómez cortó ese día cuatro orejas a sus enemigos. En todo caso, ninguna de las toreras mencionadas tras Juanita Cruz brillaron con la luz que la madrileña y el paso de estas señoritas toreras por el oficio fue breve y fugaz. 
 
Un caso curioso fue el de Luisita Jiménez “La Atarfeña”, granadina de Guadix, mujer de extraordinaria belleza como comprobarán, le llamaban “La Pasionaria del Albaicin”. Fue esposa del novillero granadino Miguel Morilla “El Atarfeño” que murió trágicamente en la Plaza del Triunfo el 2 de septiembre de 1934, en presencia de María Luisa Jiménez que se encontraba en los tendidos. Un año después de su muerte la mujer anuncia su debut como torera con el nombre  de “Luisita Jiménez “La Atarfeña”, un 4 de junio de 1935, alternando en el cartel junto a Alfonso Ordóñez “Niño de la Palma II”, de Ronda y Enrique Millet “Trinitario II”, de Málaga. La mujer declaró a un revistero que “sólo quería torear por amor,  por mantener el fuego de la gloria de su marido El Atarfeño”. En su presentación consiguió un ruidoso fracaso ya que incluso se desmayo delante del novillo y hubo de ser sacada por las asistencias a la enfermería. Toreó casi siempre en Andalucía aunque salió fuera varias veces. Una de ellas fue el 10 de agosto de 1935 que torea en Zaragoza y lió un escándalo, pues se negó a torear un novillo porque según manifestó “era demasiado grande”. Pasó la noche en los calabozos de la Comisaría.  Su carrera taurina duró poco más de un año. Tras torear por última vez en su ciudad natal Guadix el 3 de mayo de 1936, desapareció físicamente de la faz de la tierra creándose en Granada una gran preocupación con esta súbita, misteriosa y repentina desaparición. Hasta que un periodista local avispado la descubrió en Sierra Nevada aprendiendo a esquiar con un profesor. “La Atarfeña” confesó que “estaba aprendiendo a esquiar y a hacer alpinismo porque una productora cinematográfica de Hollywood le había hecho una oferta multimillonaria para hacer una película de acción con tema taurino y una oportunidad como esta no la podía desaprovechar”. La chica se marchó con su hijo Miguelillo  a Norteamérica en junio de 1936 para volver a Granada en la década de los años 60, con mucho dinero que invirtió en la compra y alquiler de inmuebles. Ella decía que hizo varias películas en Hollywood que le hicieron ganar mucho dinero, aunque hay otras versiones de que durante años ejerció la prostitución de lujo en México.
De estos años cabe destacar también a la rejoneadora Beatriz Santullano que tuvo una regular carrera como torera a caballo. Apadrinada por Juan Belmonte triunfó en Sevilla y en las principales capitales de España. Era una mujer de origen aristocrático: hija de un hombre rico de negocios, caprichosa, mimada, orgullosa, era una mujer guapa, linda y elegante. Su última actuación fue en Talavera de la Reina  el 16 de mayo de 1936 con motivo de la corrida conmemorativa de la muerte de Joselito “El Gallo”.









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