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jueves, 24 de noviembre de 2011

EL POSMODERNISMO DE MANUEL BENITEZ "EL CORDOBÉS"

Por Domingo Delgado de la Cámara
de http://www.detorosenlibertad.com
 
El pasado cuatro de Mayo de este año de gracia de 2011, Manuel Benítez Pérez cumplió setenta y cinco años. El Cordobés cumplió sus bodas de diamante con la vida. La efeméride ha pasado totalmente desapercibida. Prácticamente nadie la ha recordado. Y sí que merece la pena volver a hablar de Manuel Benítez, porque es el último gran revolucionario que ha tenido la fiesta. Y el último gran heterodoxo. Benítez cierra la lista de los revolucionarios. Después de él, las revoluciones habidas han sido dos tormentas en un vaso de agua: ni Paco Ojeda ni José Tomás han revolucionado nada. En primer lugar, porque sus carreras han sido demasiado breves e inconstantes. Para imponer un nuevo credo taurino, es imprescindible la constancia y la persistencia.

Además, los terrenos pisados por Ojeda eran precisamente los explorados por Manuel Benítez años antes; y los procedimientos de José Tomás están emparentados del todo con el más exquisito y tradicional academicismo. Por tanto, estas dos supuestas revoluciones han sido producto de la imaginación calenturienta de ciertos revisteros, pero no resisten la menor confrontación con la realidad del ruedo.

En realidad El Cordobés fue el último torero moderno, y su revolución cierra la historia del toreo moderno. Después del paso de Benítez por los ruedos, la fiesta entra en su etapa posmoderna, etapa en la que nos encontramos actualmente, y de la que aún no se tiene la suficiente perspectiva para enjuiciarla.

El toreo a pie profesional ha pasado por las siguientes edades históricas: la Edad Arcaica, que es la etapa de formación del espectáculo, y que abarca casi todo el siglo XVIII. Con la aparición de la primera tríada de figuras, Costillares, Pedro Romero y Pepe Hillo, entramos en la Edad Antigua, que transcurre desde los últimos años del siglo XVIII (concretamente desde 1789, año en el que los tres citados torearon juntos), hasta 1914, cuando se encuentran en los ruedos Joselito y Belmonte. Y con ellos empieza la Edad Moderna del toreo.

Tras más de un siglo de inmovilismo, a partir de José y Juan el toreo va a entrar en una fase de profundísimas transformaciones, tanto técnicas como estéticas. Juan, con su estética novedosa y con sus intentos de quedarse quieto, y ayudado por la técnica imaginativa y vanguardista de Joselito, abrirá una etapa nueva que será crucial en el devenir de la fiesta. Manolete será quien sea capaz de quedarse quieto con todos los toros. Y el Cordobés llevará esta quietud a sus últimos extremos, cerrando así la Edad Moderna.

Cuando Manuel Benítez se retiró por primera vez en 1971, se cerró la historia del toreo moderno. Y desde entonces estamos inmersos en el toreo posmoderno, que no es más que la repetición virtuosa de lo ya mil veces visto. Y en esta tauromaquia posmoderna las revoluciones son imposibles. Por una razón: porque Benítez ya se había metido en todos los terrenos, llegando a invadir completamente el terreno del toro. Y, por otra parte, El Cordobés distorsionó la estética torera hasta lo inimaginable. Y así hizo imposible cualquier ulterior intento revolucionario.

Ha sido el manierismo, más o menos virtuoso, el gran definidor del toreo posmoderno. La repetición constante y permanente de un supuesto clasicismo. Por eso todas las grandes figuras de esta etapa posmoderna tienen un concepto muy clásico. Porque Benítez hizo imposible cualquier revolución posterior. Él es la Revolución, el non plus ultra. No se ha podido ir más allá. A los toreros posteriores solo les ha quedado el camino del refinamiento estético, tan virtuoso unas veces, tan empalagoso otras.

Juan Belmonte-Manolete-El Cordobés. He aquí la gran terna de heterodoxos del toreo moderno. Estos son los tres grandes revolucionarios, y nadie más. Los otros toreros tenidos por geniales y revolucionarios, fueron aproximaciones pálidas de los tres colosos. Los toreros tenidos por artistas, son un pálido reflejo de lo que fue Belmonte. Los que se han quedado muy quietos, un pálido reflejo Manolete esta vez. Y los de aire iconoclasta y contestatario, palidecen al compararlos con El Cordobés. Y enfrente de la terna revolucionaria, está la terna clásica y compiladora del toreo: Joselito el Gallo-Pepe Luis Vázquez-Paco Camino. Todos los toreros tenidos por clásicos, se han arrimado a los conceptos de estos tres fenómenos, las tres mentes más clarividentes del toreo moderno.

En esta retrospectiva de los toreros clave de la tauromaquia moderna, no puedían faltar dos nombres: Domingo Ortega y Chicuelo. El primero llegó al dominio absoluto del toro con unos procedimientos personales, sui generis, muy distintos a los utilizados por Joselito y los otros toreros poderosos. Chicuelo es el eslabón perdido entre José y Juan, por un lado, y Manolete por el otro. Ligando en redondo como José y yéndose al pitón contrario como Juan, fue el primero que realizó faenas como las actuales. Pero por su abulia y falta de valor, lo hizo en muy pocas ocasiones. Es Manolete quien impone definitivamente este concepto, el de la ligazón y estructura de la faena, porque él sí que tenía valor para hacerlo. Y será Manuel Benítez quien lleve la quietud y la cercanía al paroxismo, pues su valor era sobrehumano.

Y ya está, señores. Ya está. Todos los demás toreros, muchos muy buenos, apenas aportaron nada a la evolución del toreo. Se limitaron a hacer lo ya conocido.

Belmonte fue el primer revolucionario, el que trajo el afán por quedarse quieto. Manolete fue el segundo revolucionario, el que impuso definitivamente esta quietud. Y El Cordobés es el tercer revolucionario, el que llevó esta quietud hasta sus últimos extremos.

Y no ha habido más revoluciones. El leit motiv del toreo moderno es la obsesión por la quietud, y esta obsesión es lo que une a los tres grandes revolucionarios.

Otra característica común de los tres revolucionarios, es lo desbordante de su personalidad. El patetismo intelectual de Belmonte, el estoicismo espiritual de Manolete y la irreverencia iconoclasta de Benítez, fueron tres imanes poderosos que hicieron de ellos tres mitos españoles. No solo mitos en el mundo de los toros, sino que fueron los tres personajes más admirados e idolatrados de la España de los años diez, los cuarenta y los sesenta respectivamente.

Poner al mismo nivel el caso José Tomás, es simplemente una chaladura producto de la tremenda incultura taurina de los creadores de opinión. José Tomás es un inconstante torero clásico. ¿Qué tiene que ver con una revolución? Además, la manera en que José Tomás dirige su carrera, es de lo más prudente y conservador: pocas y muy escogidas corridas, con compañeros que no incordian. Si esto es una revolución, que venga Dios y lo vea. La terna revolucionaria por su parte, toreó cien festejos al año durante muchos años, en cualquier plaza y con cualesquiera compañeros. Compañeros tan molestos y competitivos como Joselito, Arruza, Luis Miguel Dominguín, Diego Puerta, Paco Camino, El Viti...

Siempre he dicho que El Cordobés fue la consecuencia de Manolete. El uno era elegante y el otro zarrapastroso, es verdad. El uno tenía clase, mientras las maneras del otro eran de una zafiedad total. Pero la tauromaquia de ambos se basa en los mismos conceptos: la quietud, la ligazón y la mano izquierda. Manuel Benítez lleva las ideas de Manolete a sus últimas consecuencias. Todavía más quieto, todavía más ligado y todavía mejor mano izquierda. Un torero portentoso, con un aguante y un mando únicos.

Y con muy mala prensa, cosa que, por otra parte, me encanta. Pues nada me gusta más que discrepar de la crítica establecida. La mayoría solo supo ver las melenas, la risa de hiena y el salto de la rana. Y no se dieron cuenta de que todo eso era lo accesorio y no lo fundamental. Lo fundamental era un valor brutal que le permitía pasarse al toro muy cerca y ligar ¡diez naturales y el pase de pecho! como quien lava. Su zurda ha sido de las mejores de la Historia. Y ahí están las imágenes para quien las quiera repasar. Por ejemplo, las del Atanasio con el que cortó por primera vez en Madrid dos orejas en el 64; las del Torrestrella y el Marqués de Domecq de Bilbao; las del Núñez al que cortó el rabo el Sevilla... En estas tardes no hubo rana. No la necesitó. Eso era la traca final. La base de sus triunfos siempre fue la quietud y la mano izquierda. Se arrimaba más que nadie y podía más que nadie. Por eso mandó en el toreo de su tiempo.

Se equivocan, pues, los que dicen que El Cordobés fue solamente un fenómeno publicitario. El toro no entiende de fenómenos publicitarios porque no lee los periódicos. Hubo muchos toreros por aquellos años que creyeron encontrar un filón explotando las maneras irreverentes y chabacanas de Benítez. Ninguno llegó a nada. No se daban cuenta de que eso era la anécdota, porque lo esencial y la base del éxito del Cordobés era el valor, la quietud, la ligazón y la mano izquierda.

En cuanto a sus maneras tan discutidas debemos decir que fue un fenómeno que se había producido en todas las artes. El culto por el feísmo y la contestación a la estética clásica, también se habían dado en la música, en la pintura, en la arquitectura, en la escultura... Y el toreo no iba a ser la excepción. El Cordobés es en el toreo lo que Stravisnsky había sido en la música. La diferencia es que todos los musicólogos alabaron siempre la aportación de Stravinsky, mientras que la crítica taurina no termina de ver la importancia de Manuel Benítez El Cordobés, con el que culminó la historia del toreo moderno.

Un día, en un arrebato de locura de los suyos, se montó encima de un toro. Fue su forma de demostrar que había invadido totalmente los terrenos y tenía al toro totalmente dominado. Era el fin de la tauromaquia moderna. Habían transcurrido sesenta años desde la aparición de Juan Belmonte: Belmonte el Alfa, El Cordobés la Omega del toreo moderno...

Dentro de dos años, en el 2013, se cumplirán los cincuenta años de su alternativa. Esperemos que entonces sí se acuerden del Ciclón de Palma del Río, y que se le otorgue el homenaje que se merece uno de los toreros más transcendentales de toda la historia de la tauromaquia.

sábado, 6 de marzo de 2010

“MANUEL BENITEZ, EL V CALIFA… POR FIN CORDOBA HIZO JUSTICIA”


Por El Zubi
Fue en la Feria de Mayo del año 2004 cuando me enteré de la noticia de que el Ayuntamiento de Córdoba iba a otorgar institucionalmente a Manuel Benítez “El Cordobés” el título de V Califa del Toreo, y he de confesar que sentí una inmensa satisfacción interior por ello, ya que desde las páginas de la revista La Montera yo he venido defendiendo desde hace años esa concesión ya que soy de los que piensan que Córdoba tenía una deuda histórica con este hombre.
Desde entonces he leído y oído opiniones de todos los gustos: que si el Ayuntamiento no es quien para conceder estas distinciones sino que es el sentir popular el que pone a un torero en ese pedestal. Otros dicen que Manuel Benítez no da el perfil perfecto para este título, y otras opiniones indolentes de aficionados a los que lo mismo les da que les da lo mismo cualquier cosa. Pues miren ustedes, mi opinión es que la iniciativa del Ayuntamiento de esta ciudad ha sido acertadísima, pues denota que la que en su día era alcaldesa de la ciudad, Rosa Aguilar y los miembros de la Corporación que la secundaron, tienen sensibilidad, cultura y memoria histórica para reconocer unos méritos de sobra acumulados por este inmenso torero. Una sensibilidad y cualidades no demostradas por otras Corporaciones Municipales anteriores, que no solamente no le reconocieron a Manuel Benítez lo que de sobra le corresponde, sino que además cometieron la torpeza y desfachatez, de pagarle a este hombre lo mucho que Córdoba le debe, con humillaciones y malos tratos.
Soy de los que piensan que los hombres debemos de escupir de nuestras almas la soberbia y el orgullo, la ira y el odio, y que hay que perdonar siempre, aunque no se deben de olvidar las cosas. A mi no se me olvida el dolor que me produjo, a mi sensibilidad como aficionado y admirador de El Benítez, aquella detención por un “supuesto” y ridículo escándalo público y los malos tratos causados al torero en los calabozos municipales donde se le desnudó y se le trató como si fuera un delincuente o un perro rabioso. Unos hechos que fueron noticia en todo el mundo y que a mí me hicieron sentir una tremenda vergüenza, inmensa tristeza y pena por la gran injusticia que se cometió en aquellas fechas con esta gran persona que es Manuel Benítez, unos hechos que a partir de ahora prefiero ya olvidar.
Y digo todo esto porque el torero Manuel Benítez “El Cordobés”, no solo ha sido un “dictador” mas que un “revolucionario” en la historia de la Tauromaquia (como dice mi sabio y buen amigo Rafael Salinas), sino que no me cabe ninguna duda de que, hasta la presente, ha sido el torero que más ha mandado en la Fiesta de toda la historia del toreo. Tengamos memoria histórica, y recordemos las “procesiones de empresarios” a Villalobillos, sus incontables triunfos por todo el mundo, su manera de estar en una plaza de toros, su concepción revolucionaria del toreo y el resplandor que a la palabra “Córdoba” dio este hombre en todo el universo como si fuera un aleteo de estrellas en el firmamento. Ni Lagartijo, ni Guerra, ni Machaquito, ni Manolete, mandaron tanto como Benítez en la Fiesta. ¿Por qué ha tardado esta ciudad tanto tiempo en reconocerle todo esto?... seguramente porque él es un hombre sencillo que en vez de irse a vivir a Miami como las grandes estrellas, prefirió pasar su vida cerca de los suyos en su casa, en su tierra y compartir con muchos lo mucho que tiene ganado con su sangre exponiendo miles de veces su vida. Defectos tenemos todos, pues humanos perfectos aun no los conozco, y por tonterías y un “quítame de ahí esas pajas” no se le puede negar a este hombre, que es un “monstruo” del toreo (el V Califa y segundo “Monstruo” después de Manolete), el reconocimiento que por justicia merece. Por eso tampoco entendi como el Ayuntamiento no le ha concedio ese año el Trofeo Manolete a este hombre, después de haber cortado los máximos trofeos y haber sido el triunfador indiscutible de la pasada Feria de Mayo. Pero en fin... allá cada cual con su conciencia, pues la historia nos pondrá a cada cual en su sitio.
Lo cierto es que hoy tiene plena validez aquel dicho de “más vale tarde que nunca”, y Manuel Benítez “El Cordobés” es ya el V Califa de Córdoba, y yo me siento muy satisfecho y feliz por que por fin se haya hecho justicia con él. Y al que no le guste pues que no me lea… ¿no creen ustedes?... Pues eso.

(Manuel Benítez “El Cordobés” fue nombrado “V Califa de Córdoba” en un acto institucional organizado por el Ayuntamiento de Córdoba en el mes de octubre de 2004. El acto fue presidido por la que en aquellos días fue alcaldesa de la ciudad, doña Rosa Aguilar).

viernes, 5 de marzo de 2010

“CÓRDOBA TENIA UNA DEUDA CON MANUEL BENITEZ”


Por El Zubi
Hace años que me preguntaba por qué la ciudad de Córdoba no le había otorgado aún a Manuel Benítez “El Cordobés” el título de “V Califa del Toreo”. Es un reconocimiento, una deuda que la ciudad aún tenía pendiente con él, y daba vergüenza ver como iban pasando los años y a penas nadie decía ni pio. “El Cordobés” se merecía ese título más que ningún torero cordobés en los últimos sesenta años e hizo méritos más que sobrados para ahora, mientras que está vivo, tuviera este homenaje por parte de su ciudad. Ignoraba quien o quienes eran los que concedían este reconocimiento. Imaginaba que no era ninguna institución oficial, sino el pueblo llano y su memoria, pero en todo caso seria una pena que este reconocimiento le hubiera llegado a este gran torero dentro de sesenta o cien años, cuando todos los de ahora seamos ya calvos.
Hace unos años, en mi retiro veraniego y de playa, leía el libro de la colección “La Tauromaquia” recién publicado por Espasa Calpe, “Lances que cambiaron la Fiesta” de Santi Ortiz, y me alegré al comprobar como ya, en los libros de historia de la tauromaquia estaban poniendo a Manuel Benítez “El Cordobés” en el sitio que le corresponde aunque Córdoba no quisiera enterarse. En el citado libro, Santi Ortiz dedica gran parte del último capítulo al ciclón de Palma del Río. Este libro está escrito de una manera ingenua y pedagógica. El planteamiento literario es el de navegar desde los orígenes de la tauromaquia hasta nuestros días, a través de la castiza e interesante conversación de dos viejos aficionados: el sastre Jacinto Rabanales y un catedrático de literatura jubilado, Juan Barrera. Ambos recorren con su conversación la historia de la Fiesta, recreándose en aquellos toreros que fueron un hito histórico en el toreo. Reproduzco aquí un pequeño párrafo a modo de botón de muestra, que resulta de lo más ilustrador:
RABANALES.-- Hombre... Es que creo que ya va siendo hora de situarnos en el tiempo del último torero de época. En el del último Califa del toreo...
JUAN.-- Pues en Córdoba hay quien le niega el título...
RABANALES.-- Papanatas hay en todos sitios.
JUAN.-- Papanatas, no... se lo niegan porque nació en Palma del Río, y, según dicen, para aspirar al califato hay que ser del mismo Córdoba.
RABANALES.-- Eso son pamplinas. Para ser Califa lo que hay que hacer --naciendo en Córdoba o en su provincia-- es mandar en el toreo como Lagartijo, Guerrita y Manolete, o como llegó a hacerlo este Cordobés. Además, a los detractores que se lo niegan se les ve el plumero.
JUAN.-- ¿Por qué lo dice?
RABANALES.-- Porque son los mismos que querían otorgarle el titulo a Finito, que siendo buen torero, no tiene fuelle ni para ser emir, y además... ¡nació en Sabadell!
.....
La conversación sigue y Rabanales y Juan ponen a Manuel Benítez “El Cordobés” en su sitio dentro de la historia de la Tauromaquia, junto a Juan Belmonte, Manolete y Guerra, porque con su estilo heterodoxo genial que rompe con lo establecido arrolló a todos los de su época: a Antonio Ordoñez, Bienvenida, Diego Puerta, Curro Romero, El Viti, Paco Camino, etc... Pudo con todos. Con una extraordinaria personalidad y un valor espartano. Llenó las Plazas, mandó en la Fiesta y además creo escuela. Si Belmonte, por lo que fuera cambió el destino de la fiesta arrimándose al toro, “Benítez” se arrimó a los toros hasta darle con los muslos en los cuernos, llevándolos muy bien toreados y ligando series magníficas con esa muñeca prodigiosa con que Dios le premio. No olvidemos todos una cosa muy importante: nosotros los aficionados podíamos negarle ahora a este hombre algo que es suyo por derecho propio, pero en su época, siempre obtuvo el respeto, el reconocimiento y admiración de los toreros, que son los que de verdad aprecian en toda su dimensión todo lo que hacia aquel ciclón con flequillo, que logró ilusionar a todo un país que vivía sumido en la tristeza de una dictadura. Córdoba tenía una deuda pendiente con “el Benítez”: reconocerle sin titubeos que es el V Califa del toreo, junto a Lagartijo, El Guerra, Machaquito y Manolete. No lo duden, porque lo que él hizo, hecho está y no lo cambian opiniones de nadie. El tiempo me dio la razón.

jueves, 4 de marzo de 2010

2002: “QUIEN TUVO... RETUVO”. LA ÚLTIMA RETIRADA…


Fotos de Ladis. Sacadas de la revista "La Montera".

Por El Zubi

La despedida de Manuel Benítez “El Cordobés” fue sin duda para mí lo más destacable de aquella Feria de Córdoba del 2002. Su presencia en el ruedo siguió irradiando espectáculo, emoción y diversión, como producto de su tremenda y seductora personalidad, de esa complicidad que sabe mantener con el público, y lo que es más importante, lo que le falta al toro se lo puso él. Lo de "el Benítez" fue un caso único e irrepetible en la historia de la Tauromaquia.
Lo cierto es que en esto de torear, la disposición de los toreros en el ruedo es algo fundamental y lo que marca las diferencias, al margen de las cualidades personales de cada uno. El día anterior a la despedida de El Cordobés, vimos en el coso de Los Califas a un par de toreros amargados y tristes (me refiero a Morante y a Finito, que no a José Luis Moreno), no sé sí porque tenían a alguien de la familia malo o porque encontraron un atasco grande al ir hacia la plaza o es que estaban cansados y con la digestión mal hecha…o simplemente habían discutido con la suegra... Toreros que no ponen nada de su parte ante un toro con dificultades, no arriesgan, no educan al toro y dicen para sus adentros: “como tu no embistas yo no voy a mover ni un dedo”. Lo cierto es que los toros eran iguales de mansurrones que los del día siguiente y Manuel Benítez “El Cordobés” salió a la plaza alegre, seguro, como si le hubiera tocado la lotería, se hubiera casado de nuevo o se hubiera comprado un automóvil nuevo y otra finca, derrochando ilusión y ganas y lo demostró en el ruedo, con el segundo de su lote. Con 66 años, este veterano torero sigue teniendo intacto su mejor tesoro, el valor, la personalidad y muchos “cojones” (con perdón de la palabra) pues se jugó la vida varias veces con un mérito extraordinario. Estuvo por encima de sus dos toros. Al segundo de su lote le sacó todos los pases que no tenía y le dio alegría a su faena. En un par de ocasiones fue casi una máquina de cortar en rodajas de mortadela al mansurrón “juenpedro”. Actitudes estas que muchos jóvenes toreros deberían de adoptar. Debo de confesar que siempre fui “cordobesista” y que el pasado 1 de junio disfruté muchísimo, pues “El Cordobés” por momentos me quitó a mí y a mis amigos treinta años de encima. A esta despedida acudí a Los Califas con mis amigos de la infancia de Lucena: Aurelio García Álvarez, Manolo García Tubio y Rafalin Montes Torres. “El Cordobés” consiguió emocionarnos a todos, incluso a mi amigo Aurelio, que es muy purista y muy exigente en esto del toreo, no podía disimular la emoción del momento con una risilla nerviosa que le traicionaba. Y es que “el Benítez” es mucho “Benítez” y a pesar de los años sigue conservando intacta toda su personalidad, solo que ahora el “salto de la rana” lo hace mas torpemente que antes. Pero yo también estoy ya canoso, "calvereta" y hasta barrigón, amigo mío, que los años pasan para todo el mundo igual. Sin embargo el que “tuvo retuvo” y “El Cordobés” sigue teniendo la fuerza de un ciclón. Por eso creo que se merece no sólo el V Califato sino el VI y VII, porque en la historia del toreo ha marcado un hito tan importante como lo marcó Manolete, Guerrita, Belmonte o Joselito El Gallo. Gracias Manuel Benítez por haber sido torero de Córdoba y por haber hecho que nos sintamos tantas veces orgullosos de ser cordobeses. Gracias por habernos dado tantos ratos de felicidad y emoción. Qué vivas muchos años más con la vitalidad que todavía tienes.

miércoles, 3 de marzo de 2010

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (y 3ª parte y última)


Por El Zubi
Pocos críticos se explicaban como en la azarosa vida de “El Cordobés”, salvo leves casos, salió siempre indemne del tráfico terrestre. En los ruedos, donde practicó suertes inverosímiles y arriesgadas, apenas sufrió una docena de cogidas de las que sólo menos de la mitad pudieron calificarse como verdaderamente graves.
¿Qué es lo que lleva dentro de sus entrañas este monstruo intocable? Porque... si lo miran bien, fue respetado de manera inverosímil por la tierra y el mar, los cielos y las fieras y hasta por los inevitables enemigos personales que en aquellos años los tuvo a docenas. Sin duda, Manuel Benítez tuvo una mágica estrella a favor, lo que los terrenales entendemos como “suerte” o una “flor en el culo”. En el ámbito de su oficio estuvo dotado de una extraordinaria intuición e inteligencia natural, para discernir con toda claridad los terrenos propios y los del enemigo. Esa fue otras de las claves de su éxito. Además de la buena estrella que le permitió escapar indemne de los infinitos peligros que en cada plaza, en cada viaje y en cada esquina le acecharon. La característica personal más importante que tuvo fue su fondo, su aguante, su indomable perseverancia en la tarea que se impuso desde un principio: torear mucho y sin descanso. Su “extraterrestre” resistencia física le hizo permanecer indiferente vestido de luces, sin distraerse ante otras cosas y tentaciones que la vida ofrece a estos héroes a cada paso: me refiero a las mujeres. Nada ni nadie pudo con él. Nadie se le resistió. Pudo con todos sus compañeros, con los empresarios, apoderados, públicos difíciles... juntos y por separado, hasta vencerlos uno a uno y a todos juntos.
El diestro de Palma del Río, tuvo además la inmensa fortuna de surgir en el momento preciso, cuando los públicos estaban abúlicos del panorama que había en la Fiesta en aquellos años. Unos años en que este país era pobre y estaba triste, pues sólo unos pocos años antes había salido de una dramática guerra civil. Un país que puso en un pedestal a un hombre que era pobre de solemnidad y que con su audacia, tenacidad, perseverancia y arrolladora personalidad, se convirtió en el modelo ideal a seguir de todo un país que tras él, también deseó ser torero de buena estrella. Coincidió además con la aparición en este país de un fenómeno social nuevo: el turismo. En 1960 se registran ya en España más de seis millones de visitantes, de los que más de dos millones proceden del Midi francés, muy interesados por la Fiesta. Esto hace que proliferen en estas décadas (60 y 70) la construcción de nuevas plazas de toros en localidades de veraneo: Lloret de Mar, San Feliú de Guixols, Palamós, Benidorm, Marbella, Fuengirola, Benalmádena. Incluso la Feria de Málaga aumenta el número de espectáculos taurinos. Y todo ello ocurre por la irrupción de este hombre en la Fiesta de los Toros.
Hay otro aspecto de este maestro de la Tauromaquia que por emotivo y humano, yo no quiero obviar y que es justo reseñar. Personajes “galácticos” con menos méritos que él, se han subido a la parra de la fama, con escoltas, guardias personales, se han endiosado dentro de sus “castillos de naipes”. Nada de eso le ha ocurrido a este ser humano extraordinario que es Manuel Benítez “El Cordobés”, que siendo una de los personajes más famosos que hubo a nivel mundial, jamás olvidó su cuna humilde. Una cuna que le llevó y le lleva siempre por los caminos de la humildad, la sencillez y la bondad como ser humano. En vez de vivir en mansiones en Miami o en algún lugar del mundo reservado para los “galácticos”, Manuel Benítez optó por vivir aquí en Córdoba, en su tierra, cerca de los suyos, de sus amigos y de su gente como un ser humano normal y corriente. Este gesto vital suyo, que muchas veces no ha sido comprendido ni observado y valorado por esta ciudad, le ennoblece y lo humaniza, y desde mi punto de vista le convierte aun más en un “héroe legendario”.
¡Cuánto te echamos de menos, Manuel, los aficionados a la Fiesta! ¡Ojalá surgiera en estos años un “Cordobés” como tú! Pues falta le hace a la Fiesta en estos momentos, ya que se ha convertido en un espectáculo aburrido e irritante: toros sin fuerza, toreros acomodados en las poltronas y que no arriesgan nada a pesar de que saben torear, empresarios desaprensivos y ganaderos peseteros que sólo piensan en el dinero fácil y públicos “feriantes” que sólo quieren ver a las “figuritas” en sus carteles, dejando a un lado a los toreros valientes que arriesgan y se juegan la vida en las pocas corridas que se les ofrece.
Por eso yo quiero con mis humildes palabras, tributar un merecido y humilde homenaje a un hito del toreo. Los buenos aficionados cordobeses y del mundo no te olvidamos. Dios te guarde todavía muchos años de vida, “Califa”... y nosotros que lo veamos.

martes, 2 de marzo de 2010

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (2ª parte)


Por El Zubi
La irrupción de Manuel Benítez “El Cordobés” en la Fiesta yo creo que pilló con el paso cambiado a los críticos taurinos y a la prensa de aquella época en general. No tenían capacidad histórica para entender la trascendencia de su toreo, al que llamaban “tremendista”, “encimista” y lo criticaban con cientos de calificativos que todos hemos oído y que no pienso hoy repetir aquí por falsos y equivocados. Hoy, con el paso del tiempo, vemos cómo esos críticos taurinos hicieron el ridículo más espantoso en la historia del periodismo taurino. Ellos estaban acostumbrados a unos conceptos clásicos y artificiosos del toreo y no supieron entender este nuevo concepto del toreo. Yo creo que los periodistas de aquellos años, por su afán de ponerle etiqueta a todo sintieron con angustia que este nuevo toreo que mostraba “El Cordobés” no lo tenían incluido en su catálogo y como era algo nuevo y revolucionario, en vez de ponderarlo lo menospreciaron erróneamente. Porque Manuel Benítez era distinto a todos los toreros del momento. Llegó a la Fiesta mostrando su aplastante personalidad: sin riesgo no se concibe este espectáculo y la sensación del peligro ennoblece a la Fiesta y la hace más auténtica y es lo que él hizo: arriesgar cada tarde, y lo hace aun ahora cuando a veces se pone delante de un toro.
Manuel Benítez fue consciente de sus posibilidades y de sus carencias e hizo uso de unas y desuso de otras, apoyándose en su valor natural y complementándose con un carácter personal y una inteligencia privilegiada. Trajo una nueva forma de hacer el toreo, sin duda por la influencia de su temperamento. Se quedó quieto, se clavó en la arena haciendo girar al toro en torno a él y rompió con todos los moldes de colocación y distancias que se concebían en esos años. Si la clave de la Tauromaquia de José Gómez “Gallito” fueron sus piernas, y la de Juan Belmonte sus largos brazos, la clave de la Tauromaquia de Manuel Benítez fue su juego de muñeca complementada por una cintura prodigiosa.
Si en aquellos años Antonio Ordoñez era el arte personificado, “El Cordobés” fue la personificación del valor. Frente a la suavidad y el temple de Ordoñez aparece una mano izquierda prodigiosa, una muñeca poderosa, mágica y tremendamente eficaz, acompañada de un juego de cintura inverosímil. Virtudes que le llevaron sin duda al éxito absoluto, destrozándole la moral a los “anticordobesistas” a los que le amargó la vida para siempre, pues no hubo quien le apease de su pedestal de gloria. Porque en este mundo del toro, quien llena la plaza es el único que debe de llevarse a casa la bolsa del millón (de entonces), y los demás son meros comparsas. Mientras Manuel Benítez ganaba por corrida un millón de pesetas, las empresas pagaban la mitad o menos a los toreros artistas del momento. Supo domesticar a los empresarios más encopetados de aquellos años, en colectividad y por separado, como lo demostró cuando la famosa almohada y la procesión empresarial a Villalobillos. En pocas palabras, Manuel Benítez los trajo a todos al retortero. De lo que se deduce que este hombre es un torero irrepetible en la historia de la Tauromaquia.
Si poca guerra le dieron a “El Cordobés” los toreros veteranos de la década de los sesenta (me refiero a Ordoñez, Bienvenida, Luis Miguel Dominguín,...) tampoco se la dieron los toreros de los setenta: ni Paco Camino, ni El Viti, ni Manolo Vázquez, ni Curro Romero, ni Diego Puerta, ni Antoñete, ni Jaime Ostos, ni Miguelín, ni Sebastián Palomo “Linares”... ninguno pudo con él. Los agoreros decían que este torero era “flor de un día”, una moda del momento que pasaría de un año a otro. El tiempo se ha encargado de mostrarles su gran equivocación y ha puesto a cada cual en su sitio.
La explicación de esa realidad y de ese éxito arrollador, puede residir en la monotonía que practicaban todos esos toreros “artistas” citados y en su cómodo paso profesional frente a la terrible peripecia de “Benítez” en su deslumbrante carrera. Frente al “guante blanco” de los demás toreros, “El Cordobés” era la “garra”. Era la monotonía irritante, el “sota, caballo y rey” frente a la rebeldía, el espectáculo, la entrega, la emoción y lo novedoso. La masa disfrutaba con el toreo y la personalidad rebelde y desafiante de Manuel Benítez, mientras que la cátedra bostezaba ante sus ídolos artistas. Si los dos Antonios (Ordoñez y Bienvenida) marcaban la norma, “El Cordobés” era el vendaval. Si Camino y Puerta señalaban el tono, él era la nota discordante, y si Curro Romero era el sabor y la hondura, Benítez era el valor desmedido, y esto... gustaba a rabiar a los públicos de todo el mundo.
Muchos críticos, toreros, empresarios y aficionados clasicistas esperaban su pronta caída del pedestal, pero esta nunca llegó, porque este hombre siguió en su carrera como manzana de la discordia, colocándose como pilar indiscutible del espectáculo de los toros y la Fiesta, y ustedes saben que la Fiesta de los Toros o es espectáculo o no es nada. Recuperó por tanto para las plazas a los públicos huidizos y aburridos de aquellos años de principios de los sesenta. Hizo que se dispararan en vertical hacia arriba los honorarios de los demás toreros y fue el trampolín de la escalada económica de este sector hasta nuestros días. (Continua mañana).

lunes, 1 de marzo de 2010

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (Parte 1ª)


Por El Zubi
Era yo apenas un chaval de diez años cuando vi por primera vez en persona a Manuel Benítez “El Cordobés”. Fue en la puerta de la Plaza de Toros de Lucena, una tarde a principios de mayo de 1962. Aún era novillero y recuerdo que junto a otros muchos niños nos agolpamos en la puerta de la antigua Plaza de Toros de Lucena, para ver entrar al torero, que ya en aquellos días era un fenómeno de masas. Iba vestido con un traje blanco y plata, y recuerdo con envidia que un policía municipal de Lucena, que se llamaba “Calvillo” y que representaba la autoridad allí, lo saludó al entrar a la Plaza y le dijo: ¡suerte Manolo”, como si lo conociera de toda la vida. Aquel día sentí una envidia enorme de aquel humilde y presuntuoso policía municipal de Lucena, por haber estrechado la mano del héroe y me sentí desgraciado por no poder entrar a la plaza y verlo torear. Casualmente y por desgracia, que todo hay que decirlo, fue aquel el último espectáculo que se celebró en el coso taurino de Lucena, pues ya en esas fechas estaba casi en ruinas, y supe años después que ese último espectáculo se celebró con temor por parte de las autoridades, pues no sabían si el edificio iba a soportar la gran cantidad de público que “El Cordobés” concitó en Lucena. Años mas tarde, cuando ya tenía 16 años, me saque la espina, pues mi padre me llevó desde Jaén (donde yo estaba interno en el Colegio de los Hermanos Maristas) a Granada a ver torear a “El Cordobés” ya como matador de toros consagrado, número uno indiscutible, a la Feria del Corpus de Granada. Aquel día mandó a una plaza de Granada llena a rebosar, directamente al manicomio, cortando cuatro orejas y dos rabos y poniendo el mundo y hasta la Alhambra boca a bajo.
Si esos eran mis sentimientos cuando era joven imagínense cuales son ahora. Sigo sintiendo una profunda admiración por este extraordinario torero que gracias a Dios, la historia ha puesto ya en el pedestal de la Tauromaquia que le corresponde. Así que hoy es para mi una inmensa satisfacción dirigirme a ustedes para hacerles un boceto de lo que creo que ha sido Manuel Benítez en la Tauromaquia. De tal modo que este acto es para mí casi como un sueño. Un sueño que se me cumple después de casi cuarenta años de espera.
He dicho en alguna ocasión que yo no soy esclavo ni de mitos ni de religiones. Es más huyo de mitificar a nadie ni a nada, y hoy tampoco lo voy a hacer con Manuel Benítez “El Cordobés” ya que no lo necesita, pues sólo la muerte por hasta de toro convierte en mito a un torero. La inmortalidad de su Tauromaquia queda en la historia por los meritos que mereció mientras estuvo en activo. No lo quiero mitificar además, porque si lo miran bien, el lenguaje original del “mito” es un lenguaje simbólico y casi siempre se vale de personajes y hechos irreales o cuya realidad ha sido transformada para los fines inspiradores de determinadas doctrinas. En pocas palabras, que los mitos son simples fraudes urdidos “ex profeso” para motivar una adhesión a algo que difícilmente pueda existir.
Por eso creo que a “El Cordobés” no se le debe mitificar, no necesita que se le mitifique, porque la fuerza, la rebeldía, la entrega, el tirón, la personalidad aplastante, su fuerza de comunicación con los públicos y la autenticidad de su toreo, se produjeron y se producen cada tarde como un milagro cuando se viste de luces y pisa cualquier albero, pues él con su personalidad aplastante lo llena todo, y ese hecho ha sido y es algo tan real y tan tangible para los buenos aficionados a la Fiesta que sabemos discernir entre lo verdadero y lo falso, y por tanto no necesita ser mitificado. Creo además, que aun hoy en día no tenemos todavía la perspectiva y el prisma que el tiempo da a los personajes para enjuiciarlos justamente para la historia. Lo hecho en la Historia del Toreo por Manuel Benítez “El Cordobés” fue tan grande, tuvo tanta trascendencia y tal tirón en el mundo, que se me antoja a mí que aun hoy no podemos calibrar en su justa medida la importancia que este hombre tuvo en la Historia de la Tauromaquia, porque lo que él hizo no lo hizo nunca antes ningún torero en la historia. Donde él llegó y la revolución que su toreo supuso fue tan inmensa que no sé si nosotros que somos contemporáneos a su vida y a su carrera como torero, tenemos la objetividad que da la historia a las personas. No obstante, podemos basarnos en esos hechos insólitos de los que hemos sido testigos directos para saber que nunca ha habido un torero con esta personalidad, de tanto tirón, ni que haya llegado más lejos que él. Nunca ningún torero mandó mas que él en la Fiesta y estas cosas si las valoramos debidamente, con objetividad y justicia, y hace que pensemos que aun tenemos entre nosotros a uno de los toreros mas grande que ha dado la historia. (Continua mañana).