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sábado, 13 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (7ª parte y última)


Por El Zubi
Y llegados a este extremo se preguntarán ustedes qué es de mí, ahora que Curro se retiró y ya no torea.  Les diré que en cierta medida,  su retirada nos dejó descolocados a unos y en la orfandad más absoluta a otros, ya que el toreo de Curro es irrepetible y difícil de reemplazar. A lo pocos meses de anunciar su retirada, fui a comer, por motivos de trabajo, a un restaurante que hay en la localidad sevillana de Tomares, cuna de aquel torero célebre que se llamó Ricardo Torres “Bombita”. Este restaurante de Tomares, que se llama Mesón Casa Esteban, tiene dos características muy peculiares: una es que se come muy bien, la especialidad son las “papas con tomate”, pero la otra peculiaridad es que el local es un auténtico templo dedicado a Curro Romero. Allí hay colgadas fotos de Curro toreando, sin torear  y de todas las épocas.  Por supuesto  tanto los dueños como los camareros que allí trabajan son auténticos  “enfermos de Curro más que “curristas”. Y me contó uno de los dueños, que ya me conocía por mi afición a Curro y a las “papas con tomate”, que hacía pocos días estuvo allí el maestro cenando con su señora, y que le dijo: “Curro  eres el hombre más importante del mundo”, y Curro, con su timidez característica le preguntó: ¿por qué dices eso de mí, hombre? Y le contestó el otro: “pues mira si se muere el Papa, lo sustituyen. Si el presidente del Gobierno pierde unas elecciones ponen a otro, destituyen al presidente de Telefónica y al día siguiente hay otro presidente nombrado, y todo sigue funcionando igual que antes, pero tú Curro, ahora que te has retirado ¿quien te va a sustituir? que no hay nadie que te sustituya  Curro”. Y llevaba razón este hombre, porque Curro Romero ha sido un torero tan especial que han de pasar muchos años hasta que surja en el panorama taurino un torero que levante las pasiones que aún retirado de los ruedos sigue levantando. Es más, me da la sensación de que en aquel año en que Curro anunció su retirada, hasta las “vacas se volvieron locas”. En estos años de “orfandad” he echado de menos con mucha nostalgia esos días en los que iba a ver torear al “maestro”. Esos Domingos de Resurrección en Sevilla sin el maestro ya no son iguales. Es que cuando iba a ver torear a Curro, desde que me levantaba por la mañana sentía un “reconcome” en el pecho, un nerviosismo especial, un cosquilleo en el estómago, como si estuviera en vela, esperando el desenlace de un acontecimiento importante. Desde la retirada del “maestro” no he vuelto a sentir ese estado de ansiedad, ese estado de ”vigilia”, de estar a la espera de un acontecimiento importante que se va a producir de una manera inminente. No obstante, me considero buen aficionado y pienso que  en cualquier circunstancia de la vida, hay que mirar hacia delante, conformarse con lo que hay, recordar lo bueno del “viejo maestro”  y seguir viendo muchas corridas de toros, porque considero que  hoy por hoy  es el único espectáculo  que aún conserva la magia en su estado más puro.  Cuando esa magia surge  ocurre lo que dije al principio, que “el sentimiento se conmueve”. Como sabrán hace pocos años se presentó en Sevilla un sello que ya incluso ha desaparecido de la circulación, con la imagen del maestro dando una media verónica de ensueño. A mí esto me dio mucha alegría porque vi que había mucha mas personas que sentían como yo, que creen que “media verónica”  de Curro merece estar no sólo en un sello sino en un monumento. Más tarde le erigieron un merecido monumento escultórico en un jardincito cercano a la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla, en el que aparece el “faraón de Camas” haciendo ese desplante tan característico suyo y que tanta satisfacción y fruición plástica nos produce a los “curristas”. Siempre que paso por allí miro de reojo su escultura y siento una gran satisfacción interior, como un bálsamo reparador que cura su ausencia. El bálsamo del alma, por saber que supe elegir lo auténtico y la verdad, el aroma y la hondura del toreo de Curro, tal vez uno de los toreros más artista del siglo XX. No puedo evitar, siempre que paso por allí, decirle de lejos: “Adiós maestro, cuanto lo hecho de menos”.   


Ahora trato de ilusionarme con el toreo de otros: primero con Morante de la Puebla, digno sucesor del arte de Curro y de Paula. Trato de ilusionarme con el toreo de Sebastián Castellá, de José Mari Manzanares, de Alejandro Talavante,  de Manuel Jesús El Cid, de José Tomás, de José Luis Moreno y los jóvenes valores que puedan aportar algo nuevo a la Fiesta, porque el panorama actual es ciertamente esperanzador. El maestro Curro Romero me tenía absolutamente absorbido, como enamorado de su arte y no me dejaba mirar con profundidad a la Fiesta. No hay mal que por bien no venga. Su retirada me ha permitido que varios años después me entren en la cabeza todos los toreros y todos los toreos del momento, y eso... creo yo es algo bueno.  Yo además sigo recomendando este espectáculo como terapia a los desanimados o a las personas que son poco felices. Los Toros es un espectáculo al que podemos entregarnos con pasión y sentimiento, porque la Fiesta y su entorno, creo yo, nos pueden abrir otras puertas en nuestra existencia.  Ya ven cómo a través del “currismo”  les he podido hablar del amor, de la mujer que es lo mas importante del mundo, de la amistad y de la felicidad, del estoicismo y del hedonismo. Todo se basa en algo muy sencillo y simple: la ilusión. Ese yo creo que es el  principal secreto para ser feliz: tener capacidad de poder ilusionarse de las cosas. Y la Fiesta  de los Toros, puede ser creo yo una buena excusa para encontrar la felicidad. 


viernes, 12 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (6ª parte)


Por El Zubi
Desde hace muchos años,  estuve yendo a Jerez a ver torear a Curro y a Paula, en comunión de dos entrañables amigos sevillanos, que comparten conmigo además de una buena amistad, una pasión común por el maestro de Camas. Se llaman Pepe Castro  y Antonio  de las Heras. Con ellos dos, descubrí varios placeres que eran tangenciales a Curro y a la Fiesta de los Toros. Me refiero a la buena mesa y a la buena sobremesa. Nosotros siempre nos íbamos para Jerez a la una del mediodía.  Siempre íbamos a comer al mejor restaurante o de Jerez o del Puerto de Santa María. Comer bien era fundamental antes de ir a ver a Curro, y lo sigue siendo para ver una buena corrida de toros. En realidad comer bien es fundamental en cualquier circunstancia o lugar de la vida. Para pasar fatigas es mejor quedarse en su casa de uno. Así que puestos en carretera, es importante tratar bien al estómago.  Aquel día en el Puerto de Santa María, después de una buena comida, tuvimos una agradable y tranquila sobremesa, con copa y un buen puro habano aderezado todo con una agradable conversación taurina que giró en torno a los pronósticos sobre la actuación que iba a tener ese día el viejo maestro. Tras este disfrute  terrenal nos fuimos con tiempo de sobra a Jerez. Aparcamos bien el coche y dimos un paseo tranquilo por el ferial. Saludamos a amigos y conocidos con los que nos tomamos una copa y después... a la plaza. Aquel 18 de mayo del año 2000, Curro cortó tres orejas y un rabo en Jerez, algo fuera de lo común, así que imaginen ustedes cuantísimo arte se destapó esa tarde en aquel albero.  Fue la tarde en la que Rafael de Paula se arrancó la coleta, al no poder matar ninguno de sus toros por la invalidez que tiene en las rodillas, pero el jerezano sin embargo toreó de maravilla a ambos toros de su lote con el capote y la muleta. Sonó esa “música callada del toreo”  de la que el poeta José Bergamin nos habla en su libro, del mismo nombre (“La Música callada del toreo), dedicado precisamente al torero jerezano. Y por último, Finito de Córdoba estuvo sensacional, cortándole una oreja a cada uno de sus toros.  La corrida fue muy emotiva, no sólo por la locura y el derroche de arte inmenso de Curro, sino por el gesto de Paula y el buen hacer de Finito. Aquella tarde en Jerez, los relojes se pararon a las siete de la tarde, y el maestro Curro Romero nos sorprendió de nuevo a todos  reinventando de nuevo el toreo. Volvió a crear el temple, el ritmo, el son, la lentitud y el sentimiento puro del arte de torear. Sin duda, aquella faena la llevaba el maestro en el corazón o fue tal vez que Dios ese día bajo a merendar a Jerez de la Frontera un chocolate con churros,  le picó el gusanillo de torear un poco al ver en los carteles a Curro y se dijo: ¡ea….hoy voy a torear un poquito!...y se reencarnó en Curro durante un par de horas. Lo cierto es que hizo una faena de embrujo con la que Curro detuvo el tiempo en Jerez de la Frontera.
Los tres amigos que allí fuimos acabamos la corrida muy nerviosos  y estresados, pues vivimos en pocas horas una serie de emociones muy fuertes.  Nos volvimos después a Sevilla nada más terminar el espectáculo. Llegamos a las diez menos cuarto de la noche o así. Nos  disponíamos ya a despedirnos y coger cada uno su coche para regresar a nuestras respectivas casas, y mi amigo  Antonio de las Heras nos dice a Pepe y a mí: “¿oye no tenéis hambre? yo estoy ‘desmayao’”.  Estábamos en la plaza de Cuba en la puerta del restaurante “José Luis” y nos dijimos: “pues mira vamos a tomarnos unas cervecitas, y nos relajamos un poco, porque es temprano y experiencias como la de hoy se viven pocas veces”. Total que... entramos en aquel establecimiento. He de decir que mi amigo Antonio es un especialista en las máquinas tragaperras. Mientras que Pepe Castro y yo  soñábamos en la barra de aquel bar, con medias verónicas, trincherillas, desplantes, pases de pecho y naturales con la izquierda, nuestro amigo Antonio estaba “ordeñando” a la maquinita tragaperras, a la que logró sacarle en pocos minutos unas 20.000 pesetas. ¡Dios es grande!.  Estaba claro que ese día los hados estaban con nosotros... ¿Qué hacer con ese dinero?, pues comer y beber hasta que se terminó  y después nos fuimos “cada mochuelo a su olivo”  aproximadamente cuatro horas más tarde.
De tal forma que eran las dos de la madrugada  ya del 19 de mayo, cuando me estaba metiendo en la cama como una serpiente, con gran sigilo para no molestar a mi mujer, y de pronto sentí  esa sensación de santa felicidad, de inmensa calma, como si estuviera en “gracias de Dios” y “levitara”, teniendo conciencia de haber disfrutado una barbaridad,  con mis amigos, con los toros, comiendo, bebiendo, y viendo torear de verdad  a Curro, a Paula y a Finito. Y antes de que Morfeo me envolviera con su manto dulce de tibieza y me transportara al País de los Sueños, pensé que la felicidad es muy barata. Que basta con tener buenos amigos, elegir alguna pasión con  la que ilusionarse y tener unas pocas pesetas en los bolsillos, para poder acceder a la plena felicidad. Claro que nosotros ese día tuvimos suerte. Tal vez  Dios ese día quería torear y bajó de los cielos a merendar en Jerez y de paso se encarnó en Curro Romero y deseo torear un rato, y por eso se lió el taco que se lió en Jerez. Qué se yo… Semanas después, el cantaor “El Turronero” le cantó aquella soleá que decía así:
“Romero, Romero, Romero,
cuando hace el paseillo,
qué temple y qué  majestad,
que hasta el albero se queja
cantando por soleá...
Los arcos de la Mestranza
al tendío  le comentan:
los lances que pega Curro
saben a limón y menta.
Si algún día te vas del toro
tós moriremos de pena
recordando aquella tarde
con aquel toro de Domecq
en  Jerez de la Frontera”.
 Les comento esta corrida de Jerez con tanto detalle para que vean como tras una afición o un sentimiento como el “currismo” se puede acceder  a otras esferas de la vida como la amistad, el hedonismo por el disfrute del buen comer y beber, y a la felicidad auténtica de sentirse absolutamente bien y libre.
 Sobre todo a la felicidad, porque yo tengo que manifestar que le tengo una gratitud enorme a Curro Romero, primero porque he sido muy feliz viéndolo torear, pero es que además gracias a su sentido del toreo, he encontrado el camino de la amistad, de la verdad y de lo auténtico. 
Quiero además contarles como a través  de esta profesión de periodista y de esta afición por la Fiesta, he encontrado uno de los más valiosos tesoros  que un ser humano puede tener: la amistad. Por un lado desde que en el año 1989 saliera en Córdoba la revista taurina “La Montera” no he dejado de escribir y publicar artículos taurinos y esto me ha servido para entrar en la amplia familia taurina de la ciudad de Los Califas y hacer grandes y profundas amistades con buenos aficionados de allí. Escribir de toros, es como la “guinda de la tarta” en mi profesión. Por otro lado me dio desde entonces el gusto de escribir conferencias cada año sobre la Fiesta y esto me ha permitido conocer por toda España a personas extraordinarias, como ustedes,  que comparten conmigo una gran amistad y una pasión común que es la Fiesta de los Toros.
Hace tiempo un buen amigo mío de Lucena, que se llama Javier Gómez Molero, que ahora vive en Bruselas, me dijo que con el tiempo “yo me había convertido en un coleccionista de amigos”, algo que es cierto pero que hasta ese momento yo no había observado. Yo tengo afición de coleccionar algunas cosas: radios antiguas, periódicos y revistas de eventos muy señalados, etc... Pero con el paso de los años me he convertido en un coleccionista de amigos. Una actividad que produce satisfacción pero que mezclada con los Toros es aún mayor, y si además estaba por medio Curro Romero y el “currismo”, la amistad y la satisfacción se multiplican por mil. Y eso es lo que  le está ocurriendo a mi vida, que a veces me da miedo ser tan feliz con  lo que tengo.

jueves, 11 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (5ª parte)


Por El Zubi

Pero quiero contarles también, como conseguí llegar a la felicidad plena gracias a la afición al toreo de Curro. Miren ustedes, en esta vida descubrir algo que te puede llevar a la felicidad es la meta de cualquier humano. Lo que ocurre es que unos lo consiguen y otros no.  Hay personas a las que les cuesta mucho trabajo llegar a este estado de ánimo: ser feliz.  Casi todas las personas recordamos nuestra infancia como la época más feliz y mágica de nuestras vidas. Digamos que esa etapa de nuestras vidas es la más lúdica y mágica. Con cualquier tontería de juguetillo podíamos ser las criaturas más felices de la tierra. Aquel olor mezcla de plásticos, latón y pintura…que tenían los juguetes en nuestra época, que nos inundaba el corazón de gozo cuando los olíamos mientras jugábamos con ellos… Después nos hacemos mayores y todo cambia. Las personas mayores somos  más aburridas. Nos hacemos mayores y sólo pensamos en las mujeres (y las mujeres en los hombres), en el sexo, en el dinero, en los negocios, en los coches, en las copas, en el trabajo... pero nada de eso nos llena de felicidad ni nos proporciona aquella magia como un juguete cuando éramos niños. Es como si hubiera desaparecido por completo de nuestras vidas  aquel sentido lúdico que nos inundaba de alegría continuamente, aquel “Paraíso Perdido”. Nos descuidamos y perdemos la perspectiva de algunas cosas sencillas que son las que en realidad nos proporcionan la felicidad. Porque la felicidad, se encuentra en las pequeñas cosas.  Pensamos que un multimillonario tiene más posibilidades que cualquiera de nosotros de ser feliz y es una equivocación, porque la felicidad es muy barata. Su precio puede oscilar entre las 0 a las 15 o 20.000  pesetas de las de antes.  Permítanme que les cuente cual era mi receta, porque en ella, como no, también se encuentra mi afición a Curro Romero.
 En esos últimos años en la carrera del viejo maestro, hay varios hechos que a mí me hicieron inmensamente feliz. El más lejano fue el que ocurrió el sábado 17 de abril de 1999.  Aquella tarde el maestro Curro Romero convirtió la Mestranza en un auténtico manicomio. Menos mal que aquella corrida fue televisada por Vía Digital y lo pudo ver mucha gente en España, porque lo que allí ocurrió era difícil de explicar. La cosa es que aunque la corrida fue televisada por Vía Digital, la vivencia artística no es igual que estando allí en la plaza. Por televisión se pierde yo creo lo fundamental, que es el alma del momento y el auténtico ambiente. Había que estar allí para vivirlo. Aquello fue la “locura desatá”, el arte saliendo a borbotones hasta por las bisagras de la Puerta del Príncipe.  Al día siguiente, el diario El País, en su edición nacional del domingo, abría en primera página a cuatro columnas, con el triunfo de Curro en Sevilla. Lo mismo hizo el ABC, o El Correo de Andalucía. Tomen nota: un torero de 67 años era noticia de portada  a cuatro o cinco columnas en todos los periódicos nacionales más importantes, a causa de su actuación una tarde de toros en Sevilla.
 Otro hecho memorable fue un año después en Badajoz. Ese toro que Curro cuajó en Badajoz fue indescriptible. Su triunfo en Baeza en el 99 fue algo importante. Las citas en Antequera en el 98 y 99 fueron muy importantes también. De la corrida del 99 en Antequera recuerdo media verónica de Curro Romero tan lenta, que duró una eternidad. Allí logró Curro para de nuevo el tiempo. Recuerdo que mi amigo Pepe Castro, un currista empedernido como yo que estaba a mi lado, me dijo como una sentencia: “eso es lo que tiene Curro, que parece que hipnotiza a los toros. Cuando él se retire, esto ya no hay quien lo haga”. Media verónica valió más que la corrida entera. Además es que no recuerdo ya ni con quien alternó aquella tarde, sin embargo nunca se borrarán de las retinas de mi memoria aquella media verónica de ensueño.
  Pero la corrida de toros más preciosa, emotiva y artística que  yo jamás he vivido fue la del jueves 18 de mayo de 2000 en Jerez, unos meses antes de su retirada.  El cartel era de “campanillas”: Curro Romero, Rafael de Paula y Finito de Córdoba. Ganado de  Juan Pedro Domecq.  Todo era perfecto.
(Continuará mañana)

miércoles, 10 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (4ª parte)


Por El Zubi
Me van a permitir que les cuente una anécdota graciosa que me ocurrió en los tendidos de sombra de la Maestranza de Sevilla, hará unos diez años. Toreaba Curro en la Feria de San Miguel. Aquella tarde estuvo muy bien. En su primer toro estuvo inmejorable pero falló con la espada y sólo se llevó como trofeo unos ramitos de “romero” que el público le tiró desde arriba. En su segundo toro estuvo sensacional,...prodigioso, tanto con el capote como con la muleta, y aunque con una estocada no muy ortodoxa,  “cazó” al bicho  a la primera. Aquello le valió una oreja, que él recogió del alguacilillo con cierto asco y se la entregó inmediatamente a un subalterno.  Curro se mostraba alegre y feliz y comenzaba a dar la vuelta al ruedo. 
Sentado a mi izquierda había un buen amigo “currista” hasta la saciedad y sevillano de pro, al que le debo haber comprendido en Sevilla a la perfección la liturgia y las claves del “currista”. Me estoy refiriendo a Fernando Fabiani. Mi amigo y yo, durante la corrida  hablamos en diversas ocasiones de manera apasionada sobre Curro. Pues bien, cuando Curro pasaba por debajo de nuestros asientos en el tendido, por el ruedo con su ramo de romero en las manos, feliz por su triunfo, yo le comenté a Fabiani  mientras aplaudíamos,  que me daba la impresión de que Curro era un hombre feliz.  Fernando hizo un aspaviento, se separó unos centímetros de mí y  con una sonrisa de oreja a oreja y ,como si yo fuera un ingenuo idiota, me dijo así de claro: “Rafael, a Curro lo que le pasa es que está bien follao, ¿no te das cuenta…?”.  Yo me quedé algo  perplejo... y con una sonrisa asentí la grosera afirmación que mi entrañable amigo me había hecho.  Sin duda  era una conclusión llena de sabiduría e inspirada en la filosofía popular que es la más sabia. (Era la época en que Curro era novio de la bella señora Carmen Tello hoy ya su mujer). Y durante algún tiempo le di vueltas en la cabeza a esa afirmación y reflexione sobre la cuestión: “como una mujer puede tener una influencia tan importante en el devenir de un hombre, tanto para bien como para mal”. En este caso para bien, pues gracias a una mujer, a la hermosa y guapa Carmen Tello, mujer y señora ya de Curro, le debemos los aficionados y “curristas”, que Curro, felizmente enamorado, nos regalara esos últimos cinco o seis  años de arte, antes de que se retirara de los ruedos. Por eso hace años, cuando el maestro anunció a Fernando Fernández Román el 22 de octubre del año 2000 por la noche en RNE su retirada definitiva de los ruedos, experimenté varios sentimientos contradictorios a la vez. Por un lado tristeza enorme por no poder seguir soñando con el toreo con los ojos, con los oídos y el corazón. Pero por otro,  sentí una gran alegría por el bien ajeno: al menos Curro, con su edad, no va a estar expuesto a una mala cornada, y ahora con esta gran señora le esperan unos años de felicidad y tranquilidad que se los tiene muy bien merecidos.  La conclusión o moraleja de esta anécdota está en que el hombre que encuentra el equilibrio perfecto junto a una mujer, que se siente querido y amado por ella,  protegido por su cálido manto de amor, está preparado para llevar acabo las más grandes gestas. Y si este hombre es un artista y además es torero, pues puede ocurrir lo que a Curro Romero, que sus últimos cinco años de carrera profesional han sido de oro puro. Conclusión importante esta ¿no creen ustedes? Les estoy hablando de otra cosa ya distinta a los Toros. Les estoy  hablando del “Amor”.

martes, 9 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (3ª parte)


Por El Zubi
Pero en el “currismo” hay mas cosas, y yo hoy aquí, se las quiero contar a ustedes a ver si logro que me comprendan a fondo. A mí me enamoró la magia del capotillo y la muleta de Curro. Sus  verónicas, sus medias verónicas tan lentas, eternas a veces. Sus inesperadas “resurrecciones” cuando nadie daba ya un duro por él. Sus trincherillas electrizantes, su toreo al natural con la izquierda. Sus andares en la plaza, su concepto del vestir en el torero. Su ser dentro de la plaza y fuera de ella. Su seriedad vital. El mismo Curro le confesaba al periodista Antonio Burgos cual era su verdadera concepción del toreo: “El toreo – le decía Curro -- es sentimiento. Es acariciar. Convertir algo violento en algo bello y todo de modo muy natural. Hay que hacer las cosas como le salen a uno de lo más profundo”. Y ese saber hacer las cosas, convirtió el toreo de Curro Romero en un arte mágico y prodigioso, surgido en esos instantes de sublime inspiración del artista, en que lograba sin proponérselo parar los relojes del tiempo.
En muchas ocasiones los  detractores de Curro Romero,  han venido ha decir, como un insulto, que Curro era un torero muy irregular pues de veinte corridas toreadas, estaba bien en una o dos solamente. Y yo con tristeza pensaba que al arte no se le puede aplicar las estadísticas. El arte surge cuando tiene que surgir. Cuando se dan las condiciones precisas, en que coincidan los astros, las buenas actitudes del toro, el estado de ánimo del torero, que esa tarde no haya viento...o que no haya discutido con la suegra  y qué sé yo, ...una serie de circunstancias que hacen que al torear un torero como Curro surja esa música callada del toreo de la que  nos habló el poeta José Bergamin: “Música para los ojos del alma y para el oído del corazón”;  que es el tercer oído del que nos habló el filósofo alemán Federico Nietzche: “el oído que escucha las armonías superiores”. Bergamín también se hizo eco de un pensamiento clave de las Santas Escrituras: “Oír con los ojos, ver con los oídos”. Para mí esa “música callada del toreo” es eso,  y es otro elemento fundamental e irrepetible del “currismo”.
Yo he aprendido además con Curro, que el torero no puede prestarse a “charangas” ni “panderetas”.  El torero tiene que ser serio. Torero dentro y fuera de la plaza, como lo fue el “Guerra”, Manolete, o “Gallito”, o Juan Belmonte, y ahora, Joselito, PonceMorante de la Puebla o el maestro Luis Francisco Esplá. Lo que no puede ser es que haya toreros, que sean más conocidos por sus faenas de “bragueta” que por sus faenas de muleta. Los toreros por tanto deben ser  personas serias, con sus vidas privadas  para ellos, pero con actitudes vitales de seriedad. Porque la Fiesta se merece creo yo, ese protocolo y esa liturgia sagrada de seriedad y máximo respeto. Ese saber estar o comportarse en sociedad, no como alguien cualquiera, sino como un torero, que es señoras y señores, tal vez el oficio más difícil del mundo. Y además debe de ser  fiel a sus propias convicciones por encima de las modas imperantes o los gustos de empresarios y del público  en general. Y Curro Romero siempre fue fiel a sí mismo y no a la galería. Actitud que le propinó en muchas ocasiones malos ratos y dolores de cabeza.  Todos  estos elementos han ido conformando en mi interior,  el “canon” de cómo debe ser un torero.
 En esos últimos años de la carrera profesional de Curro Romero, yo me convertí también en un peregrino, porque  presentía que la retirada del maestro de Camas podía estar cercana, y me propuse beber con deleite esas últimas gotas del “tarro de las esencias”.
Tengo que confesar que en esos últimos  años, le  seguí a muchas partes y que aprendí muchas cosas  útiles para ser más feliz, como es por ejemplo comprender mejor las cosas de la vida. Porque  el hombre es más feliz cuanto más sabio es  y logra entender mejor las cosas de la vida. Yo creo que a lo largo de nuestras vidas estamos siempre aprendiendo a vivir, y “saber vivir”  es un arte que puede aprenderse con el tiempo aunque no todos lo logran. (Continuará mañana).

lunes, 8 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (2ª parte)

Por El Zubi
Como les decía ayer, el “currismo” es pues un sentimiento. Un sentimiento estético, de amor a la verdad como esencia del todo o de lo absoluto. Un sentimiento estético acompañado de una fuerte carga de estoicismo, con la que sufrir y aguantar sin variar nuestras convicciones, los fracasos con los que muchas tardes nos premió Curro en muchas plazas de España. Y estoicismo también, para aguantar y sufrir las risitas maliciosas de todas aquellas personas que nunca se tomaron en serio el concepto de la “verdad en el toreo”, y que con una o dos tardes desafortunadas del maestro encontraron un argumento fácil para burlarse cruelmente de cualquier “currista”. Ese “estoicismo”, ese espíritu de calma en el sufrimiento, de saber aguantar estoicamente las burlas de la gente y de saber esperar la llegada del júbilo ante el momento de inspiración y genialidad del “maestro” sin desfallecer, también es un elemento importante dentro de esta filosofía de la que les hablo.
Otro aspecto importante en esta filosofía del “currismo” es su “no posible ubicación” en un lugar geográfico concreto. En cierta ocasión, hace ya algunos años, me encontraba yo en Ronda, para ver una corrida goyesca, y en la reunión de personas en la que estaba, hubo alguien que me dijo a mí en un tono un tanto despectivo que cada vez comprendía menos a los “curristas”: “vosotros los sevillanos, - me dijo - es que tenéis ahí una cosa con Curro...“; como si ser sevillano y “currista” significara no tener objetividad y sí solo pasión por un mito. Naturalmente le respondí que yo no era de Sevilla, sino de Lucena (Córdoba), pero que si mi madre me hubiera parido en Moscú y yo hubiera tenido la oportunidad de ver torear a Curro como él sabía una sola vez…, seria igualmente un moscovita “currista”. A mi no me hubiera importado ser de Sevilla, de Almodóvar del Campo, o de Granada, ...o de Alicante, o de cualquier lugar, pues nadie elige a la carta el lugar donde debe de nacer. Porque ser de allí o de allá, no es ningún mérito nuestro, ni somos más o menos que nadie por ser de un lugar u otro. Mucha gente comete el error, por tanto, de ubicar el fenómeno del “currismo” a Sevilla. Es como si quisiéramos ubicar a Picasso, en Málaga, o a Velázquez en Sevilla, cuando Picasso al igual que Velázquez y Curro Romero, son tres artistas universales, de los que nadie se puede apropiar sometiéndolos a absurdos localismo o paisanajes.
No crean ustedes que el “mito de Curro Romero” me tuvo esclavizado y que me hizo perder la objetividad. No soy un esclavo ni del “mito” ni de las “religiones”. Es más, huyo de mitificar a nadie ni a nada, porque si lo miran bien, el lenguaje original del mito es simbólico y casi siempre se vale de personajes y hechos irreales o cuya realidad ha sido transformada, para los fines inspiradores de determinadas doctrinas. En pocas palabras, que los mitos son simples fraudes urdidos “ex profeso” para motivar una adhesión a algo. Por eso creo que a Curro Romero no se le puede mitificar, no necesita que se le mitifique, porque la majestad, la hondura y la pureza de su toreo, se producía cada tarde mágicamente como un milagro en los ruedos de este país, y ese hecho era algo real y tangible para los buenos aficionados a la Fiesta que hemos sabido ver y diferenciar “la verdad auténtica” de las verdades a medias. Es más, pienso que el que sea buen aficionado a la Fiesta y no haya sido “currista” es que no tiene perdón de Dios.
Se sorprenderían además si les dijera la de veces que he abroncado al “maestro” en esas tardes aciagas, más de las que hubiéramos querido todos, en las que Curro estuvo desastroso, y tras el fracaso nos decíamos: “hoy no pudo ser ¿estará acabado el maestro?... Me he reído mucho también de él. De esas estocadas “pezcuezeras”, de sus miedos en el ruedo, de sus triquiñuelas de “perro viejo”. Pero yo creo que mi admiración por el torero no está reñida con mi sentido del humor. Decía Sigmund Freud que: “el mito unido al humor libera los fantasmas de la mente”, o sea que de vez en cuando es muy sano para nuestras mentes reírnos, no solo de los mitos y los dioses, sino de hasta de nuestra propia sombra y también de la sombra de los demás. Y esto es algo que yo llevo a la práctica continuamente, seguramente porque me considero con una buena salud mental. (Continuará mañana).

domingo, 7 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (1ª parte)


Por El Zubi
Es un privilegio para mi hablarles hoy sobre una de mis grandes pasiones: la Fiesta de los Toros, y sobre todo lo que ése sentimiento o filosofía conocida como “currismo o romerismo” ha aportado de bueno a mi existencia. He de confesar que lo hago con gran pudor y respeto. Pudor porque les voy a abrir mi corazón de par en par, y respeto, porque torear en plazas como esta, la blogosfera universal, en la que hay tan entendidos y buenos aficionados, pues no es fácil e infunde mucho respeto.
En estos momentos quiero hacer un esfuerzo mental e imaginar los sentimientos de un torero segundos antes de salir al albero, cuando en la puerta de cuadrillas esperan la orden del presidente, con el sonido de fondo del murmullo del público en los tendidos, ansiosos de espectáculo, con la montera calada hasta las cejas, el sol de frente y el capote de seda pegado al cuerpo con la fuerza de un puño en el costado. La boca seca y un fuerte pellizco en el estómago fruto del nerviosismo. Es el miedo al resultado incierto. El miedo a lo desconocido. El miedo a esa muerte negra y con cuernos, que espera impaciente en la umbría de toriles. Algo parecido es lo que en estos momentos siento yo, salvando las distancias, así que igual que los buenos toreros, voy a parar el toro, templarlo y torearlo con el corazón abierto.
Dicho esto, debo de adelantarles que a lo largo de mi exposición, les voy a hablar lo menos posible de los valores taurinos de Curro Romero de todos ya conocidos, y mucho de mí mismo: de un ser humano sensible a las expresiones plásticas y estéticas de la Fiesta de los Toros, que es donde mejor quedan creo yo expresadas estas cuestiones de índole superior y del alma. Les voy a hablar de mis reflexiones filosóficas sobre la vida, sobre el amor, sobre la felicidad, la amistad y sobre la
“verdad absoluta” cómo el único camino plausible de un ser humano que pretende cruzar la ruta de su vida con honradez y dignidad. Todo ello, claro esta, alumbrado desde la Fiesta de los Toros y desde la fuerza espiritual que da el sentirse todavía profundamente “currista”, que para mí es un estado, como estar en “gracia de Dios” o lo que es lo mismo, en el camino de la “verdad absoluta”. He de confesar que yo fui un advenedizo en esto. Vamos que llegué a esto de los Toros un poco tarde. Aunque mi padre me aficionó a la Fiesta desde que yo era muy niño, nunca como en estos últimos años de mi vida he sentido este espectáculo como ahora, como una auténtica pasión que me llega a lo más profundo de mi alma. Digamos que el “enamoramiento” por el toreo de Curro Romero, la Fiesta y su entorno, lo descubrí hace unos veinte años. Precisamente cuando vivía en Granada, donde tuve una actividad como aficionado taurino muy febril, ya que incluso llegué a ser uno de los socios fundadores de la Peña Taurina “Frascuelo”. Allí fue donde descubrí el arraigo profundo y certero que esto de los “Toros” tiene en nuestra idiosincrasia y en nuestro ser cultural. Dice el refrán que “más vale tarde que nunca”, y al menos, estarán de acuerdo conmigo, en que con el paso de los años, ya estoy dentro de esta familia de lo taurino, con pleno derecho, pues ejerzo como crítico taurino de la revista “La Montera” desde hace ya catorce años.
Fue en aquella Peña Taurina ”Frascuelo” de Granada, donde conocí a un hombre mayor, que se llamaba “Pepín Pérez Siles”, que por desgracia murió hace unos años, con el que me gustaba mucho hablar y que era un auténtico
“peregrino” de Curro Romero. Pepín era ya un jubilado septuagenario cuando yo le conocí, que no se cansaba de contarme que había bautizado a su último nieto envuelto en un capote de seda que le regaló hacía muchos años Curro Romero. Me llamó la atención como una persona de su edad (unos setenta años, con hijos mayores y varios nietos), podía sentir una fe tan ciega hacia el hacer de Curro Romero y tener a su edad una ilusión tan fuerte por algo. Él me lo fue explicando todo de manera muy sencilla y trasmitiéndome sus sentimientos y conocimientos, y yo... sin darme cuenta, un buen día comprendí que me había convertido en un “currista” sin remedio, como él. Después el destino me llevó a Sevilla y allí encontré algunas claves para comprender aun mejor este fenómeno sentimental que se había producido en mi interior.
El
“currismo” es en su esencia, ni más ni menos, un sentimiento estético. Don Miguel de Unamuno decía que: “Los sentimientos son pensamientos en conmoción” y la emoción del toreo, tanto para el que lo hace como para el que lo ve, nace de ese sentimiento conmovido. He leído también, como Joselito “El Gallo” decía que: “En el toreo se puede aprender todo menos eso, menos el sentimiento, porque eso es un don que cada uno trae al mundo y el que no lo trae no será nunca un torero de verdad”. Y yo creo, que Curro Romero ha sido uno de esos toreros que lo han sido de verdad, y por suerte o por desgracia hoy en día hay muy pocos toreros de verdad. Lidiadores muchos, pero toreros de verdad, son aquellos a los que se les llama, yo creo que con desdén y mal definidos: “artistas”. Pienso que por la misma regla de tres, a los que no lo son se les debería de llamar “lidiadores”, que es una cosa muy distinta. (Continuará mañana).