lunes, 4 de enero de 2010

MANOLETE Y LUPE SINO: UN AMOR CON FINAL TRAGICO (3ª parte)



Por El Zubi
Antoñita Bronchalo no era tan mala mujer como la pintaron. Tuvo el inmenso mérito de sacar ella solita adelante con su trabajo a sus hermanos, a los que logró instalarlos muy bien en Madrid. Pero nunca logró quitarse de encima el estigma de “chica de Chicote”, otra hipocresía malintencionada ya que ella jamás ejerció la prostitución como se ha dicho en alguna ocasión, y cuando iba a Chicote siempre iba acompañada por Pastora Imperio y Gitanillo de Triana, sus amigos más cercanos.
Doña Angustias le decía a su hijo que aquella chica no le convenía y le recordaba siempre con saña su pasado, pues también se hablaba de que había mantenido relaciones con varios toreros (se la relacionaba con Domingo Ortega, con Antonio Márquez y alguno más). Todo fueron habladurías, veneno llevado en pequeños frascos de Madrid a Córdoba para envenenar a la madre del torero contra Antoñita. Pero Manolete creía en Lupe. Creía en su lealtad desde que la conoció. En unas de las conversaciones entre madre e hijo, cuando el torero le manifestó que tenía la intención de que Antoñita fuera la madre de sus hijos, doña Angustias le dijo, de muy malas maneras, que aquello no podía ser: “Tengo noticias de que sufrió una operación y se quedó hueca”... Las cosas que le contaban. Menudo carácter el de doña Angustias. Todas estas confidencias sobre su madre y sobre los desgraciados amores del torero y Lupe se las contó el propio Manolete al periodista Antonio Bellón, con el que tenía una gran amistad. Se desahogó con él mientras conducía al volante de su Buick azul aquella madrugada, víspera de su muerte, en el trayecto entre Manzanares a Linares, mientras que Camará y Guillermo, su mozo de espada y conductor, dormían a pata suelta en la parte de atrás del coche. Bellón nunca se atrevió a publicar estas confidencias de su amigo, aunque si se las relató de viva voz con pelos y señales a Ricardo García K-Hito, que fue finalmente quien las aireó.
Manolo y Lupe viajaron juntos a México todas las veces que el torero hizo campaña allí. Después de finalizar sus contratos en tierras aztecas, viajaron juntos a Estados Unidos los dos solos de vacaciones, como unos recién casados. Por cierto que en 1986 Juan Soto Viñolo publicó el libro “Manolete: torero para olvidar una guerra” (el genero literario es el de ensayo pero traspasa la frontera de la ficción), y dedica en él un capítulo (página 218 del libro) a describir desvergonzadamente unas escenas amorosas entre Manolete y Lupe en una suite de un lujoso hotel de México, que rozan lo pornográfico, enumerando incluso las veces que aquella noche hicieron el amor la pareja. Parece como si este fantasioso “periodista” hubiera estado allí en la habitación, escondido tras las cortinas presenciando lo que allí dentro ocurría. Libro publicado en 1986: siguen las maledicencias y los embustes sobre estas dos personas cuarenta años después de que ambos estuvieran muertos. Cuando ambos volvieron de América, en España se corrió la voz de que se habían casado en secreto. Ambos tuvieron que desmentirlo públicamente y Manolete jurárselo a su madre ante la imagen de San Rafael en la Iglesia del Juramento de Córdoba.
El periodista Fernando Fernández Román, emitió en 1997 en TVE un magnífico reportaje sobre la vida de Manolete, con motivo del 50 aniversario de la muerte del torero. En este reportaje incluye citas reveladoras sobre la relación de la actriz y el torero. Entre ellas destacar las declaraciones que sobre Lupe Sino hace el rejoneador jerezano Álvaro Domecq en las que deja claro el odio y el tremendo y cruel desprecio que sentía por la actriz. Domecq que era un hombre religioso rozando el paroxismo y del Opus Dei, tuvo que ver en Lupe poco menos que la reencarnación del maligno en forma de mujer hermosa. Incluye también unas declaraciones de Matías Prats, refiriéndose a la entrevista que le hizo al torero en el callejón de la plaza de toros de San Sebastián días antes de que se produjera la tragedia de Linares que son esclarecedoras. Matías Prats dice que ese día lo vio más delgado de la cuenta, muy demacrado y triste, algo impropio de alguien que estaba triunfando en todo el universo: “sin duda la tristeza era debida –decía Matías- a las contrariedades que el torero había encontrado en su relación amorosa”...
Lupe tenía fama de caprichosa, de comprar cosas caras, cuya factura pagaba religiosamente su novio. A la muerte del torero se deshizo de todos los recuerdos. En Fuentelaencina, se cuenta que la muchacha era algo despilfarradora. Tenía también un carácter muy fuerte y no cedía a la oposición de la familia de su novio, sabiendo como sabía que Manolete estaba muy influenciado por su madre, pero tenía el convencimiento y la esperanza de que con el amor de ambos se superaría cualquier obstáculo.
En el año 2007, la periodista madrileña Marita Martín publicó un libro titulado “La Serpiente. Lupe Sino y Manolete” en el que aporta datos estremecedores sobre la vida de Antonia Bronchalo. En este libro se detalla como Álvaro Domecq pidió a su madre, que tenía una amistad grande con doña Carmen Polo, que la mujer de Franco pusiera a la Brigada de Policía que velaba por la Moral y las Buenas Costumbres, a espiar a Antonia Bronchalo hasta que le hicieran la vida imposible y dejara a Manolete porque según él, era una mujer de mala vida que no le convenía al torero, de quien se preciaba ser su gran amigo. En el libro detalla que muerto el torero, Lupe quedó absolutamente desprotegida, aunque ella, que fue una mujer muy brava, despotricaba sin recato de Camará y de Domecq en cualquier reunión social a la que asistía. A ambos los acusaba de haberse quedado con los dineros que el torero tenía en América, y que ante las continuas presiones que recibió la ya ex novia del torero por parte de la Policía (la echaron incluso del mundo del cine cuando ya estaba contratada por una productora para hacer una nueva película. Fue sustituida por Sara Montiel), se vio obligada a abandonar su país y marcharse a México para que se olvidaran de ella.
Antoñita Bronchalo fue la única novia de Manolete, su único y gran amor. Avisada por Guillermo, el mozo de espada del torero, corrió desde Lanjarón a Linares la noche del jueves 28 de agosto de 1947 para estar junto a su amor moribundo en una habitación del Hospital de los Marqueses. Al llegar allí, al parecer entró al Hospital llorando y con gran escándalo, según cuentan algunos. Allí encontró el rechazo y el desprecio de siempre, pero ahora sin guardar ni siquiera las formas, y la hicieron pasar a una habitación contigua a la que se encontraba postrado el torero, donde en todo momento estuvo custodiada por el periodista Antonio Bellón a quien se le encomendó esa misión por parte de Camará. Fue El Pipo quien no la dejó entrar en la habitación del torero por indicación de Álvaro Domecq. El Pipo le dijo a la chica que no había preguntado por ella y que cuando tenía algo de lucidez sólo preguntaba por su madre. Le prometieron que la harían pasar si el torero lo pedía. Así que Antoñita, temerosa e ingenua se quedó allí, sola en una habitación del Hospital, custodiada por Antonio Bellón, a la espera de que Manolo la llamase. El torero estaba muy débil, le dijeron, había perdido mucha sangre y no le convenían las emociones, consideraron los que acompañaban al herido en aquellas horas finales, y la entrada tan dramática de Lupe Sino, con gritos y lloros, no era tal vez lo más conveniente para aquel hombre que estaba agonizando... Queda por saber si verdaderamente le dijeron a Manolete que su novia estaba allí y que deseaba estar a su lado, aunque Camará y Domecq manifestaron en alguna ocasión que Manolete no contestó siquiera cuando le anunciaron que Lupe estaba fuera. Álvaro Domecq declaró en reiteradas ocasiones que si “un moribundo como era el torero le hubiera pedido verla, no se hubieran opuesto a ello, pero estaba convencido que en aquellos momentos Manolete únicamente quiso pensar en una mujer: su madre”...
Lupe pudo entrar a verlo cuando ya había muerto, y allí estuvo a su lado horas y horas, desconsolada y sola, entre llantos y amargura hasta que se lo quitaron de su lado para llevarse el cadáver a Córdoba y entregárselo al pueblo que tantas veces lo vilipendió para que lo adorase. Al despuntar el día, asistió a la primera misa que se le dijo a Manolete en la capilla del Hospital de Linares. Allí lloró sola, silenciosamente en un rincón del templo. Sola y al margen de los demás, aunque la tragedia le afectaba más a ella que a nadie de los que estaban allí. Su vida y su futuro habían estallado en mil pedazos aquella madrugada en Linares.

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