sábado, 23 de enero de 2010

A “FABRILO” LO ENGANCHO EL TORO QUE LE MATÓ AL ENTRAR A BANDERILLEAR, EN LA PLAZA DE VALENCIA


Arriba instantanea del momento de la cogida de Fabrilo. Abajo imagen del entierro del torero.

Por El Zubi
Julio Aparici Pascual “Fabrilo”, fue un matador de toros nacido en Ruzafa (Valencia) el 1 de noviembre de 1866, y murió en Valencia en 1897 con 32 años, a consecuencia de la cornada que le dio el toro “Lengüeto”.
“Fabrilo” comenzó como todos los toreros de esa época, en capeas y tentaderos, aprendiendo a fuerza de revolcones, pitonazos y golpes. Toreó su primera novillada vestido de luces en Valencia el 3 de octubre de 1885 y lo hizo tan bien, que se convirtió desde entonces en el novillero predilecto de la afición levantina. Se presentó en Madrid en febrero de 1887, con 20 años, junto a “Guerrita” y ”El Ecijano”, y obtuvo una gran popularidad. El público de Madrid decía de él que “tenía cara de mujer bonita” por los rasgos tan perfectos y delicados de su rostro. El 14 de octubre de 1888 tomó la alternativa en Valencia de manos de Antonio Carmona “El Gordito”, con toros de González Nandín, y la confirmó en Madrid el 30 de mayo de 1889 alternando con “Frascuelo” y Mazzantini. En 1890 se acentúa su personalidad, como torero de gran valentía.
La muerte le esperaba con su guadaña en Valencia, su tierra, un 30 de mayo de 1897. La corrida se celebró el 27 de mayo, y se lidiaron seis toros de don José Manuel de la Cámara, en un mano a mano entre “Fabrilo” y Antonio Reverte Jiménez.
Fue el quinto toro, de nombre “Lengüeto”, un cárdeno, salpicado, de muy buena estampa y mucho peso, que hubo de tomar ocho varas, tuvo dos caídas y mató dos caballos. La lidia del morlaco fue muy dificultosa, ya que el toro desde que saltó al ruedo sembró el terror entre toreros y público. Llegó la hora de banderillear y ambos matadores se negaron a hacerlo ante las dificultades que presentaba el toro. El público enfurecido gritaba a los toreros y se formó un fuerte escándalo entre los tendidos, encrespados contra los dos toreros que se negaban a correr tanto riesgo ante un animal con tan malas ideas que se defendía y hacía más por el hombre que por el engaño. Julio Aparici “Fabrilo” en actitud heroica y valiente cogió los palos para acallar el griterío de los tendidos. Se los ofreció a Reverte que se negó a tomarlos, y “Fabrilo” se dispuso pues a banderillear a aquella alimaña. Entró una vez en falso, y a la segunda clavó un buen par, pero “Lengüeto” logró engancharlo con el pitón izquierdo por la ingle dándole una cornada de muerte. “Fabrilo” quedó tendido sin moverse en el albero y el pánico y la muerte se apoderaron de la plaza de Valencia. Sus peones consiguieron finalmente alejar al toro del herido.
Llevado a la carrera por las asistencias atravesaron la plaza camino de la enfermería. Una vez allí el médico que le atendió le apreció una tremenda herida de 15 centímetros de extensión. Se le declaró una peritonitis y falleció entre crueles sufrimientos el 30 de mayo de 1897 a las cuatro de la tarde, ocho años después de que le hubiese confirmado la alternativa en Madrid “Frascuelo”.
Dicen las crónicas de la época que desfilaron ante el cadáver de “Fabrilo” más de 100.000 personas llegadas de todos los pueblos de la zona de Levante donde era considerado un ídolo. El cadáver hubo de embalsamarlo para que toda Valencia pudiese despedir a este valiente torero. Se dice de él que fue un torero valiente pero con poca técnica, que se precipitó al tomar la alternativa sin tener los conocimientos precisos de la lidia aspecto negativo que paliaba con su arrojo y valentía. Lo cierto es según cuentan, que “Fabrilo” destacó en su época no sólo por su valor, sino también por su elegancia y tacto en el vestir, causando admiración mas entre las mujeres que entre los espectadores, por los maravillosos trajes con que hacía el paseíllo en las plazas.
Precisamente el día de su desgracia “Fabrilo” vestía un precioso traje grana y oro, que se pondría dos años más tarde su hermano, el novillero Francisco Aparici Pascual “Fabrilo”, para morir también corneado por un novillo en el mismo lugar que Julio unos años mas tarde, la plaza de toros de Valencia. Cosas del destino.

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