viernes, 22 de enero de 2010

Fue el torero más guapo de la historia: A JULIO APARICI “FABRILO” SE LE TACHO EN SU ÉPOCA DE HOMOSEXUAL, PERO ADEMÁS DE TENER MUJER, TUVO AMANTES


Fabrilo junto a su cuadrilla

(y 2ª parte)

Por El Zubi

Los comienzos de Fabrilo en el toreo fueron parecidos a los de todos los toreros de esa época: capeas en los pueblos y tentaderos. Triunfó como novillero en todas las plazas, especialmente en la de Madrid, y tomó la alternativa en Valencia un 14 de octubre de 1888, de manos del sevillano Antonio Carmona “El Gordito” y mató al toro Panadero, un colorao de la ganadería de González Nandín. Fue un torero al que gustaban las aventuras continuas por ello en el invierno de 1888 se fue a torear a la Habana con Fernando Gómez El Gallo, padre de Joselito y de Rafael. Fabrilo confirmó su alternativa en Madrid el 30 de mayo de 1889 de manos de Frascuelo y actúa como testigo Luis Mazzantini. Demostró a lo largo de su carrera su merecida fama de torero valiente y, como buen valenciano que era, con las banderillas fue un auténtico artista, suerte que practicaba lo mismo al quiebro, como de frente asomándose al balcón, saliendo siempre del estribo airoso y con garbo. Compartió cartel con todos los grandes toreros del momento y llegó a estar considerado con uno de los mejores del escalafón. Era tan valiente que gracias a él quedo en Valencia el dicho popular de “te mes collons que Fabrilo”. Ya en su mejores tiempos y como si fuera una premonición de su destino corrió por Valencia una coplilla que decía: ¡Ay Fabrilo!¡Ay Fabrilo!/ No te vayas a morir,/ que las niñas de Valencia/ llevarán luto por ti./.

En realidad fue su vida privada la que le acarreó la animadversión de gran parte de los públicos. Las simpatías generalizadas del principio, se fueron tornando en críticas ácidas reflejadas en una mayor exigencia en la plaza. En la Feria de La Magdalena de 1895, en Castellón, alternó junto a Rafael Guerra Guerrita y ambos toreros fueron invitados a participar en la romería y las fiestas populares que se celebraban con tal motivo. Allí conoció a la hija de don José de la Figuera y de Pedro, marqués de Fuente el Sol, con casa solariega en Morella. Fabrilo vivió amancebado con aquella distinguida señora desde que la conoció. Fue como un flechazo a primera vista, y ello despertó las iras de la sociedad de aquella época contra él, ya que tomó partido por su mujer Pilar Teruel y en cada corrida le reprobaban su actitud y se incrementaban las exigencias de los públicos, lo que obligaba al torero a arriesgarse mas cada tarde… hasta que al final llegó la cogida y la muerte. Aquella tarde alternaba con el torero Antonio Reverte.

Tras su desaparición, la imaginación popular lo llevó a las coplas. Con su vida se hicieron canciones y su figura fue cantada en romances de ciego por los pueblos de la zona levantina. Incluso hubo un autor anónimo que publicó un folletín titulado La viuda de Fabrilo. Como es natural tomaba partido a favor de quien había sido su esposa burlada. En todo caso, lo cierto de esta historia es que Julio Aparici Fabrilo murió por la presión del público, como años más tarde y de manera sucesiva murieron El Espartero, Varelito, Joselito y el propio Manolete. Lo confirma la crónica de La Lidia, que en su edición del 31 de mayo, al reseñar como había sido la cogida decía que el torero había sufrido aquel grave percance “por atender a las exigencias de una parte del público, que pidió con insistencia, al ordenar la Presidencia que fuese banderilleado el quinto toro y que los espadas se encargasen de efectuarlo, y en mala hora puesto que al salir de clavar el primer par cuarteando y consintiendo mucho, fue alcanzado por la ingle izquierda y campaneado horrorosamente”. El torero murió a las pocas horas en su casa, donde fue trasladado desde la plaza tras recibir las primeras curas. Murió rodeado de su familia, el doctor Paco Moliner, su apoderado Manuel García y los miembros de su cuadrilla, entre ellos el picador Pajalarga y el banderillero Chapín. Su hermana Carmen y su cuñado llegaron el día de su muerte en el tren mixto de Madrid. La prensa de aquellos días recogió las notas más sobresalientes del toreo de Julio Aparici, que aquí reproducimos, e hicieron énfasis en “sus arrojos al límite de lo temerario, llevado por su amor propio y de su afán constante de dar gusto al público. Uno de esos afanes es el que le costó la vida”. Los periódicos de aquellos días también hablaron de “aquella varonil naturaleza”, y recogieron su última conversación con el doctor Moliner rogándole que no le dejara morir. Las crónicas señalaron que deseaba vivir por su familia, a la que idolatraba, lo que se contradice con su amancebamiento con la citada marquesa. Ni que decir tiene que su muerte fue muy sentida por la afición de toda España, pero muy especialmente en Valencia y en Madrid, donde se le valoraba mas.

El relato de esta historia refleja desde luego que no siempre llevan razón las malas lenguas sobre la presunta homosexualidad de algunos toreros, pues en este caso esa condición fue pregonada durante años en toda la zona levantina, y luego Fabrilo se destapó como un auténtico rompecorazones…pero de las mujeres.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Opine con toda libertad pero por favor....si me va a dejar un insulto le ruego que se ahorre el trabajo pues el mensaje no lo vera nadie, ya que inmediatamente lo elimino. Gracias por visitar mi blog.