sábado, 8 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA DESDE FINALES DEL XVIII A NUESTROS DIAS (Capítulo V)


LA NUEVA CRITICA TAURINA DESPUES DE LA GUERRA CIVIL: “LOS AÑOS DE “DÍGAME” Y “EL RUEDO”


Por El Zubi
Al término de la Guerra Civil, la cabaña de ganadería brava había quedado muy dañada, pues desaparecieron más de treinta de las mayores ganaderías de toros, que venían soportando desde hacía años el peso de la Fiesta. El resultado de esta realidad es que hasta los años sesenta no se consigue un equilibrio zootécnico ni una normalidad en la producción ganadera de reses bravas, pero ya con un toro nuevo, con menos fuerza y bravura que se cae continuamente, y con el “afeitado de los cuernos” casi institucionalizado, hecho este ante el que la Administración venía haciendo la vista gorda desde 1940. Sin embargo esta crisis en la calidad ganadera coincide con la reanimación de la afición a los toros. España era un país triste y pobre, a causa de las muertes y destrucción de una guerra, y el público harto de tanto espanto y desgracias, estaba ansioso de espectáculos y diversión. La gente se volcaba en las Plazas de toros, pues el aislamiento de España tras  la II Guerra Mundial (España se cerró en sí misma), hizo que ni siquiera llegaran aquí  los últimos estrenos del cinematógrafo, por lo que las corridas de toros eran el único espectáculo al que los españoles podían acceder, ya que el fútbol era en aquellos años un espectáculo de masas aun incipiente. Había que dar toros como sea, pero el problema estaba en que eran pequeños, sin edad,  sin la fuerza y la bravura de los de antes de la contienda civil. Los públicos se volvieron menos exigentes, y el arte y plasticidad de toreros como Pepe Luis Vázquez y Manolete colmaban las ilusiones de la afición. La Administración abrió la mano y fue menos exigente que antes, con lo que las consecuencias fueron muy notables hasta al menos 1969 en que se retocó la legislación en lo referente a la “presencia del toro”. Otro factor sociológico irrumpe en la sociedad española a finales de los años 60 y afectará de manera negativa directamente a la fiesta: la llegada del turismo en masa. Había que dar espectáculos para los turistas en las zonas turísticas (costa de Cataluña y de Andalucía). Si no había plazas había que construirlas, y la máquina de hacer dinero se puso en marcha a costa de lo que fuera.
En este estado de cosas apareció en escena una gran revista taurina que hará historia. Me refiero a Dígame, un semanario fundado y dirigido por Ricardo García “K-Hito”, escritor, periodista y dibujante cómico. Un hombre que convertía en oro todo cuanto tocaba. Andaluz, natural de Villanueva del Arzobispo (Jaén), fue genial maestro del epíteto elogioso, dibujante, revistero y humorista de fácil ingenio. Él fue quien calificó de “monstruo” a Manolete, apelativo que ha quedado inmortalizado para siempre al referirse al torero y Califa de Córdoba.
“K-Hito” mantuvo como crítico taurino  actitudes diferentes a lo largo de su carrera, Primero benevolente y después intransigente, duro y clásico a la antigua, para volver por último a la tolerancia y el buen humor. No obstante hay que señalar que “K-Hito” aportó mucha fuerza a la Fiesta a la que amó con toda su alma. Como “manoletista” empedernido que era, escribió el famoso ensayo Manolete ya se ha muerto. Muerto está que yo lo vi, que obtuvo un rotundo éxito entre los lectores y aficionados. Durante muchos años dirigió magistralmente Dígame, sin duda la mejor revista de toros de esta etapa y por la que pasaron las mejores firmas y colaboraciones del país. Era un hombre tan genial, variado, creativo  y pintoresco que le diseñó a la inolvidable torera madrileña Juanita Cruz, a la que tanto animó, el traje de luces con falda-pantalón con que debutó en Las Ventas de Madrid el 2 de abril de 1936 y con el que triunfó de manera arrolladora. Fue “K-Hito” un escritor pintoresco, coloreado y rebosante de generosa vitalidad. Su paso por esta vida fue un verdadero regalo para la Fiesta de los toros.
En estos años de posguerra surgen varias firmas taurinas que para ser justos,  conviene reseñar. Se trata de José Mª del Rey Caballero “Selipe”, sevillano que comenzó dirigiendo la sección taurina de la revista madrileña Semana. Estuvo en La Hoja del Lunes y un tiempo en ABC, aunque la mayor parte de su vida la pasó como crítico taurino del diario Ya. El granadino Celestino Espinosa firmaba con el seudónimo de “R. Capdevila” en el diario Arriba y fue un excelente escritor taurino, muy crítico, elegante, fluido y conciso, defensor acérrimo del principal elemento de la Fiesta: el toro. Fue sin duda un crítico de rica prosa y léxico florido.
En estos años difíciles de la historia de España, surge en el mundo taurino un nuevo aspecto o problema añadido a los antes mencionados, que marcará a los medios de comunicación en lo referente a la información taurina. Me refiero a la presión e influencia que empiezan a ejercer apoderados y toreros sobre diarios, periodistas y semanarios taurinos  a través de la publicidad. “Poderoso caballero don dinero” que dice el refrán. Este problema, tan extendido luego, lo tocó en sus “Memorias de Clarito” el periodista Cesar Jalón donde dice que “la bastarda simbiosis de crítica taurina y publicidad fue importada a España de América por toreros y apoderados en tiempos del vespertino La Voz en incluso en El Liberal. Dice “Clarito” que los diarios madrileños de la posguerra civil (a excepción de ABC y Ya) obligaron a sus críticos con la amenaza de despido, a entrar a saco en la publicidad taurina, llegándose así  --según cuenta “Clarito”-- a los “sobres” o “fondo de reptiles”, con entradas y dinero contante y sonante en su interior que llegaron a convertirse en lo habitual hasta no hace muchos años. Estas son las pequeñas miserias que entraron en estos años en esta tan grande profesión como es la del crítico taurino, honrado y exigente.
De todos los semanarios taurinos especializados, ninguno tuvo la influencia, la importancia y trascendencia de El Ruedo, que apareció en Madrid como suplemento taurino del periódico deportivo Marca, un 2 de mayo de 1944. Se convirtió en semanario propio e independiente el 13 de julio de ese mismo año, que ya salió con el número 1 y estuvo en la calle hasta febrero de 1977, pasando por muy diversos avatares y vicisitudes. Su primer director fue Manuel Fernández Cuesta  que dirigía el Marca, aunque quien lo dirigió de verdad fue Manuel Casanovas Carreras, que lo hizo hasta 1961. Le siguió Alberto Polo hasta el 1967; José Mª Bujella del Toro  lo dirigió hasta 1970; Carlos Briones hasta 1975 y finalmente Fernando Vizcaíno Casas hasta febrero de 1977 que desgraciadamente dejó de salir a la calle.
Este semanario contó siempre con muy buenos colaboradores. En su primera época brillaron las firmas de “Juan León”  seudónimo de Julio Fuentes y Antonio ValenciaEl Cachetero”. Por allí pasaron Antonio Díaz Cañabate, escritor de prosa sabrosa y erudición lúcida y precisa, que colaboró con José Mª de Cossío en los cuatro primeros tomos de la enciclopedia Los Toros. Su sección en El Ruedo se llamaba “El Planeta de los Toros”, título que utilizó luego en el ensayo que publicara más tarde “Paseíllo por el Planeta de los Toros”. Después de estar en El Ruedo, pasó como crítico taurino al diario ABC donde estuvo hasta 1972 en que se retiró. Su obra taurina es extensa y rica de contenidos. Murió en 1980.
También escribía en El Ruedo el peruano Felipe Sassone “Dandy”, hasta 1952 en que murió. “Dandy” escribió también en La Vanguardia de Barcelona con el seudónimo de “Federo Faroles”. Fue este un crítico algo excéntrico y no del todo profesional, aunque fue un escritor muy documentado. Por El Ruedo pasaron los ya mencionados “Don Indalecio”, “Barico” y “Barico II”, y escritores como Rafael Martínez Gandía, Juan de Alcaraz, Mariano S. De Palacio y  el poeta José Carlos de Luna.
Estamos ya en las puertas de una nueva etapa en la historia del periodismo taurino, que estará marcada por la irrupción de nuevos medios y nuevas tecnologías, como son la radio y la televisión, que crearán nuevos lenguajes informativos y nuevos conceptos a la hora de hablar de la información taurina, ya que se introduce la retransmisión en directo de una corrida de toros por radio y televisión, con sus comentarios y valoraciones en el mismo momento en que se producen los hechos. Un aspecto nuevo que marcará  un antes y un después en la historia del periodismo taurino.
(Continúa mañana)




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