martes, 24 de mayo de 2011

MADRID 14ª DE FERIA: EL MEXICANO SERGIO FLORES DEMOSTRO EN LAS VENTAS QUE QUIERE SER TORERO



Madrid. Lunes 23 de mayo. 14ª de la Feria de San Isidro. Plaza de las Ventas: algo masi tres cuartos de entrada. Tarde nublada y calurosa. Se lidiaron 6 novillos de la ganadería de Montealto (Algarra con el Ventorrillo). Novillada bien presentada, pero mansa y sin casta. Abrieron plaza: el francés Thomas Dufau (palmas y un aviso, y  ovación). El mexicano Sergio Flores (petición de oreja y se negó a dar la vuelta al ruedo y fuerte ovación) y el madrileño López Simón, (ovación y saludo desde el tercio, y palmas). Presidió el festejo don Trinidad López Pastor. Mucho público mexicano en los tendidos.
Por Rafael GONZALEZ ZUBIETA
La feria de este año es la feria de los mexicanos, pues hasta ahora las comparecencias habidas de los tres toreros aztecas han dejado un nivel muy alto sin que aun hayan llegado a triunfar de una manera rotunda ninguno de ellos. No obstante, lo que ayer dejó ver el mexicano Sergio Flores fue algo que agradó muchísimo a los aficionados de Madrid, pues vieron a un chiquillo que quiere ser torero y que es capaz de ponerse el mundo por montera. Un muchacho con cara de tigre, que llegó a Madrid arreando nada mas pisar la arena de las Ventas.  Su primer toro, un castaño de nombre Farolero y 487 kilos de peso, salió con fuerza pero fue de más a menos como casi todos sus hermanos de camada. Todos acusaron falta de casta y mansedumbre a espuertas y con toretes como los de ayer es muy difícil hacer carrera. Sergio Flores lo intento y consiguió hacerse notar en España. Recibió a su novillo con una buenísima tanda de verónicas muy lentas y bajándole las manos, rematadas  con una media y un farol que fascinaron al público. El mexicano colocó al torete muy bien en el caballo que entró muy bien por bajo romaneando hasta que desmontó la cabalgadura, y picador y caballo mordieron la arena. Recibió dos buenos puyazos que fueron muy aplaudidos por el respetable. Todo hacia presagiar que iba a haber faena. El madrileño López Simón le hizo un quite por chicuelinas y una larga muy templada que fue muy aplaudida. Sergio Flores se dirigió con su capote a los medios y citó a su toro para darle su réplica, pues él vino a Madrid para decir que quería ser torero y no un convidado de piedra. Le hizo un quite preciso por verónicas abrochadas con una media de estampa. La tarde comenzaba a ambientarse. Pero el toro en vez de venirse arriba en banderillas, cantó la gallina y comenzó a mansear sin ningún pudor sacando genio en vez de bravura. Lo citó de lejos el mexicano y le dio tres pases cambiados de escalofrío, demostrando que estaba dispuesto a meterle miedo al propio miedo. Un torero valiente de verdad. Con la derecha le dio varias muy buenas tandas enganchando al toro adelante y llevándolo muy largo hasta sacarlo lejos. Un toreo de mucho regusto… de meter mucho los riñones bajándole el trapo al bicho y llevándolo abrochadito a la muleta. Una tauromaquia honda y pura la del mexicano que llegó a los tendidos. Citó luego al torete en los medios con la izquierda y le dio cuatro naturales de cartel, pero por el pitón izquierdo el toro se acostaba un poco y se quedaba corto. El mexicano se colocaba muy bien para ligar pases pero el toro ya no se dejaba y eso que Sergio Flores le dejaba la muleta puestecita en la cara pero el bicho había echado la persiana. Remató su faena con unas arriesgadísimas bernardinas. Demostró que quiere ser torero y que lo será, pues con esas hechuras, esa tauromaquia y esa actitud pronto le llegaran los triunfos a espuertas. Dio una estocada de las de cañonazo y el toro cayó rodando por la arena. La gente le pidió la oreja pero el presidente Don Trinidad se la negó injustamente. El público se enfadó y el torero también, pues el respetable le pidió con aplausos que diera la vuelta al ruedo y el chaval no quiso darla porque pensó que era poco para lo que había hecho. El público abucheó al presidente mientras arrastraban al toro al desolladero. En todo caso, demostró tener papeletas más que de sobra para ser un buen torero, pues estuvo toda la tarde en novillero de los de antes. De los que se la juegan a cada instante con la ambición.
Lo demostró en su segundo toro. Un novillo serio alto, que como sus hermanos de camada salió muy suelto de toriles  y fue muy difícil de lidiar. El mexicano supo esperarlo y logró llevarlo al caballo de donde el bicho salió escupido como los demonios cuando probó el pincho después de dar una arreón de manso en el peto. El mexicano brindó su segundo novillo a la esposa de su apoderado en España, Antonio Pedrosa, que estaba en los tendidos, de quien dijo que lo había cuidado como a un hijo. Sergio Flores no dudo y se fue a por el manso y le dio cuatro muletazos muy templados abrochados con el de pecho que yo creo que el toro ni se enteró. Luego le dio una segunda tanda muy dispuesto, con su mirada de tigre fiero, de querer con ambición ser buen torero. Con la izquierda lo probó y logró que el torete se tragara una tanda, pero no iba bien. Se echó la muleta de nuevo a la derecha y le dio una buena tanda con un bello cambio de mano rematando con la izquierda. Lo probó otra vez con la izquierda pero era como chocar contra un muro a pesar del hambre y la ambición que este chico atesora para triunfar. Dio un pinchazo y una estocada hasta la gamuza que levantó al público de sus asientos. Fue premiado con una fuerte ovación y reconocimiento. La sensación que este muchacho mexicano ha dejado en Madrid es muchas ganas en muchos aficionados de volver a verlo torear. Con eso esta todo dicho.
Otra suerte tuvo el francés Thomas Dufau, que le tocó un manso huidizo muy difícil de lidiar y de torear pues no quería pelea. El mexicano Sergio Flores incluso quiso hacerle el quite que le correspondía, pero el toro es que no quería nada con nadie y corría por la plaza como alma que se la lleva el diablo y tuvo que desistir. El francés comenzó con dos milagrosos pases cambiados por detrás y una tanda con la derecha pero la embestida del novillo era sosa y sin transmisión. Thomas Dufau estuvo muy despierto, voluntarioso y muy dispuesto toda la tarde, pero es que el bicho que le tocó en suerte era un auténtico muermo. Un toro sin casta ni raza ninguna. Incluso remató su insulsa faena con una tanda de manoletinas. Viendo que aquello era imposible se fue por la espada  y de un pinchazo y una estocada hasta la bola, murió el bicho en el mismo instante que le daban un aviso al torero. Su segundo novillo otro manso de libro, aunque achuchó bien en el caballo, pero su embestida en el capote no era nada clara. Comenzó su faena cuando el aburrimiento y el tedio en los tendidos  eran escandalosos. Lo intentó por ambos pitones pero no había manera. El público despertó cuando el toro piso la zapatilla al torero lográndolo empalar. Le dio una voltereta sin consecuencias. Dio una estocada cañonazo y recibió una ovación con saludo desde el tercio.
Peor suerte aun tuvo el madrileño López Simón con su lote, pues a pesar de la belleza del primero que lidió, un jabonero de 522 kilos que parecía más toro que novillo, poco más dio de sí el bicho. Un toro noblón y manso, un novillo regordío  que se dormía en la muleta, falto de emoción y de empuje, que no conectaba para nada con el público. Lo despachó de un pinchazo y una buena estocada. Ovación y saludo desde el tercio en reconocimiento al esfuerzo y a la disposición. Su segundo, era un novillo negro con aspecto de toro, muy bien armado por delante, que salió muy suelto de toriles como los demás. Le hizo una faena parecida a la del primero, comenzando de rodillas en el centro del ruedo y dándole una tanda de al menos diez muletazos y uno de pecho de rodillas todo, que fue muy aplaudida. Por la izquierda la embestida del toro era muy descompuesta. Por la derecha iba mejor pero el toro no tenía nada dentro y a esa alturas de espectáculo el público estaba harto y deseando de marcharse a casa. López Simón se fue a por la espada y lo mando al vivir el sueño eterno de un pinchazo y una buena estocada. Una novillada para olvidar por mansa y descastada, a excepción del buen toreo del mexicano Sergio Flores, que dejo en Madrid una carta de presentación que pocos aficionados olvidarán.







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