viernes, 7 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA DESDE FINALES DEL XVIII A NUESTROS DIAS (Capítulo IV)


EL PERIODISMO TAURINO ANTES DE LA GUERRA CIVIL:DE LA EDAD DE ORO A LA DECADENCIA

Por El Zubi
En la segunda década del siglo XX se disipa el romanticismo aventurero del periodismo para dar paso a publicaciones sólidas y consolidadas, así como la instalación con su espacio fijo de las estafetas taurinas en los periódicos diarios. Esta etapa recoge la  transición entre  la “edad de oro” del toreo y la etapa de la “decadencia del toro”, surgida por el lamentable estado en que quedó la cabaña ganadera de resultas de la Guerra Civil española. Unos años, la década de los cuarenta, que trae además consigo una de las mayores lacras de la Fiesta: el afeitado de los toros, una enfermedad  que aun perdura en nuestros días. 
 Entre 1920 y 1930 destaca en este género periodístico que nos ocupa la brillante y gigantesca personalidad de Gregorio Corrochano, que ocupó en 1914 en ABC el hueco dejado por “Dulzuras” a su muerte, y que va a imponer un estilo literario a la crítica taurina más refinado y moderno. Fue Corrochano un brillante periodista, escritor y crítico taurino, sin lugar a dudas, el más rotundo del siglo XX, que ganó su prestigio día a día, crónica a crónica, ensayo a ensayo, con sabiduría, sensatez, prudencia y profundos conocimientos. Consiguió lo que aun ningún periodista taurino había conseguido hasta entonces: ganarse el respeto y la consideración unánime de todo el mundo taurino incluidos toreros, apoderados, empresarios y lo más importante, la consideración de la afición.  Gregorio Corrochano comenzó su quehacer profesional en la llamada “edad de oro del toreo”, la época de la competencia entre Juan Belmonte y Joselito El Gallo. Desde un principio este extraordinario periodista utilizó títulos y calificativos elocuentes, definitivos y llenos de expresión, que han pasado a la historia de la Tauromaquia, como aquel con el que bautizó a Cayetano Ordoñez  “Niño de la Palma”, que lo inmortalizó: “Es de Ronda y se llama Cayetano”. Incluso llegó a polemizar sobre toros con el Nobel de Literatura norteamericano, Ernest Hemingway, que por Nobel, fue muy atrevido a la hora de opinar y escribir de un tema tan difícil y complicado como es el taurino, cayendo en ocasiones en tremendos errores. Amigo personal tanto de Belmonte como de Joselito, Corrochano siempre se sintió atraído por la personalidad del primero, aunque le toco vivir muy de cerca la gran tragedia de Talavera, sobre la que, dolorosamente,  tuvo que escribir la crónica de una muerte trágica de primera mano. Fue Corrochano la última persona con la que el diestro de Gelves habló antes de su muerte para comunicarle, que le parecía que el toro “Bailaor” era burriciego, toro que minutos después le quitaría la vida de manera violenta a Joselito.
Gregorio Corrochano dejó un hueco en el periodismo taurino que quedará permanentemente  abierto, y una extensa y valiosa obra literaria reflejada en todos sus artículos y numerosos ensayos taurinos, sobre todo sus ensayos sobre las diferentes Tauromaquias.
Coetáneo de Gregorio Corrochano  fue otro famoso periodista, Cesar Jalón que firmaba sus crónicas con el seudónimo de “Clarito”. Cesar Jalón llevó durante más de cincuenta años una brillante y fecunda carrera literaria como cronista taurina. Testigo  de sucesivas épocas del toreo, vivió el éxito y tragedia de Joselito, la trayectoria de Belmonte, desde Manolete hasta Antonio Ordoñez o El Cordobés, que todavía alcanzó a “Clarito” al pie del cañón, como cronista a pesar de su avanzada edad. Publicó muchas e importantes obras literarias de tema taurino, tal vez la más interesante y valiosa sus Memorias de Clarito”, publicada en 1972 y que viene a ser un interesante compendio de toda la historia de la Fiesta de los Toros de su tiempo. Cesar Jalón  comenzó a trabajar como empleado de Correos, y por avatares de la vida y de la política, incluso llegó a ser ministro de este ramo durante la II República. Comenzó su carrera periodística en el semanario “The Kon Leche” que editaba Juan Alvarez “Kurro Kastañares”,  publicación de la segunda década de siglo, de tendencia “gallista”. Pasó a la sección taurina del diario El Liberal donde adquirió gran renombre. El seudónimo de “Clarito”  se lo puso el mismísimo Don Modesto, que al leer el original de una de sus primeras crónicas que iba sin firmar, se tomo la libertad de ponerle firma de “Clarito”, porque le pareció que Cesar Jalón era un periodista tan claro y sagaz que merecía ese calificativo. Tras la Guerra Civil pasó a la redacción del diario Informaciones de Madrid, donde vivió los diversos avatares que sufrió este periódico de historia tan ajetreada hasta su desaparición a principio de los años 80.
En los años previos a la Guerra Civil destaca también Federico M. Alcázar (la M innombrable de su apellido era de Manjavacas, apellido que siempre ocultó). Fue cronista taurino de Prensa Gráfica, El Imparcial y Luz. Publicó el libro ”Ignacio Sánchez Mejías, el torero y el hombre”, y más tarde “Tauromaquia moderna”. Tras la Guerra Civil entró en la redacción del diario Madrid. Fue durante treinta años uno de los críticos más acreditados de la capital.
Otro gran cronista fue Carlos de Larra y Gullón, que ocultaba su parentesco con Mariano José Larra, bajo el seudónimo de “Curro Meloja”. Comenzó en el Heraldo de Madrid y escribía también en el semanario “Los Domingos”. Curro Meloja fue también autor teatral, taquígrafo del Senado y en 1940 jefe de la sección taurina de Radio Madrid, un pionero de la radio donde estuvo trabajando hasta su muerte en 1962. Ya en esos años anteriores a la contienda española, Curro Meloja polemizó mucho sobre el afeitado de los toros, un tema que como vemos se arrastra de lejos.
Maximiliano Clavo, cuyo seudónimo fue “Corinto y Oro”. Escritor  lírico e impresionista, de grandes conocimientos, fue crítico taurino muchos años en La Voz. Se destacó como conferenciante florido, ameno y cotizado, actividad en la que se volcó tras abandonar la redacción del periódico. Tras la Guerra Civil, en 1944 reaparece como cronista en la revista “Toreros” pero ahora firma con el seudónimo “Un abonado de ayer”. En sus últimos años colaboró con el diario madrileño El Alcázar. A su muerte dejó una amplia obra basada en ensayos taurinos. El sevillano Manuel Sánchez del Arco “Giraldillo”, trabajó en El Noticiero de Sevilla como crítico taurino. Tras la Guerra Civil ingresó en el ABC. Publicó varios ensayos interesantes de temática taurina.
Alberto Vera López  “Areva”, fundó en Madrid (1928) el semanario taurino La Crítica. Escribió también en el semanario Domingo y publicó varios ensayos importantes sobre el toro bravo, bibliografía que aun hoy en día es indispensable manejar para conocer a fondo el mundo del toro de lidia. De estos años hay dos críticos de la misma familia que adquirieron cierto renombre: Benjamín Bentura Sariñera y Benjamín  Bentura  Remacha, padre e hijo, “Barico” y “Barico II” respectivamente. El primero dirigió el semanario La Fiesta Española, y fue crítico de El Alcázar y El Debate (1932). Tras la Guerra Civil fue el crítico taurino de la Agencia Logos de Madrid y colaboró también en El Ruedo.
Superviviente de la Guerra Civil fue Carlos Revenga “Chavito”, que trabajó en La Nación y más tarde en El Alcázar. También José Díaz de Quijano que firmaba con el seudónimo “Don Quijote”, escritor, novelista, sainetero y escritor de zarzuela, fue crítico taurino de la revista “La Fiesta Brava” de Barcelona. Dejó escritos varios ensayos importantes sobre la Fiesta taurina. Hay que recordar al periodista bilbaíno Julio de Urrutia, polémico, claro, honesto y cargado de sinceridad siempre, escribió en el diario Madrid y La Actualidad Española, publicaciones en las que fue crítico taurino. Dejó muy buenos ensayos de tema taurino como “Los toros en la Guerra española”, “Los sustitutivos en el toreo”, “La despedida de Manolete”, etc...
En Barcelona  comienza su carrera profesional Ventura Bagües Nasarre “Don Ventura”. Pasó después a Madrid donde dirigió “Sol y Sombra”. En Barcelona fue crítico en Día Gráfico y después de la guerra en La Hoja del Lunes. Llegó a ser considerado un auténtico maestro en lo suyo, erudito y estudioso taurino, dejó una obra de mas de 20 volúmenes sobre la Fiesta de los toros. Coetáneo a “Don Ventura” fue “Uno al Sesgo”, seudónimo de  Tomás Orts y Ramos, que como dijimos en el capítulo anterior hizo durante unos años el anuario Toros y Toreros que comenzara a publicar a principios de siglo Manuel Serrano “Dulzuras”. Dejó escritos varios ensayos taurinos de interés. Fue un auténtico historiador taurino. De Zaragoza fue Ramón de la Cadena y Rualla que firmaba con el seudónimo “Don Indalecio”. Con 16 años era ya corresponsal del semanario taurino El Miura  de Barcelona y más tarde de El Liberal Taurino y de Palmas y Pitos de Madrid. En realidad fue fiel colaborador de todas las publicaciones taurinas del país. Murió en 1965 dejando escritos muchos ensayos taurinos. El castellonense Federico Almela Vives escribió en el semanario Dígame. Dejó diversas obras y ensayos escritos. Fue un auténtico estudioso del “toreo cómico” tema sobre el que hizo importantes aportaciones históricas.
 Todos  estos periodistas, ya desaparecidos,  se formaron técnica y literariamente en el toreo de antes de la Guerra Civil. Ejercieron por tanto su oficio en la etapa anterior a los años de la “decadencia del toro”, en la década de los cuarenta y que vino como consecuencia de la contienda civil española en la que casi estuvieron a punto de desaparecer las ganaderías de toros bravos. Todos estos periodistas fueron, después de la Guerra Civil, críticos e intransigentes hacia el toro disminuido de fuerzas y de poco peso. Denunciaron los retoques en los cuernos de los toros que ya se hacían habituales en la Fiesta, tanto que este polémico tema dividió a los cronistas taurinos españoles en dos claros grupos enfrentados: los “torístas” y los “torerístas”, aunque a estos últimos se les llamó también “derrotistas”.  Todos estos periodistas taurinos que hemos mencionado, tuvieron la dificultad de vivir y trabajar entre dos épocas del toreo bien distintas, una circunstancia bien difícil para unas personas que tuvieron que juzgar con su objetividad y criterios propios, una realidad taurina cambiante y contradictoria producida en apenas cuarenta años: la del toro bravo y con trapío frente al toro disminuido y afeitado.  
(Continúa mañana)
 


jueves, 6 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA DESDE FINALES DEL XVIII A NUESTROS DIAS (Capítulo III)


LAS GRANDES FIRMAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX CONSOLIDAN UN NUEVO GÉNERO PERIODISTICO: LA CRONICA TAURINA

Por El Zubi
Pasan los años y la fiebre periodística taurina decrece tanto en Madrid como en el resto de España. Lo cierto es que la actividad taurina iba ya siendo reflejada en la prensa diaria, en los periódicos de información general, en los que la información taurina ya comenzaba a tratarse diariamente con tanta importancia como cualquier otra materia. Es esta época, finales del siglo XIX y principios del  XX, en la que la Historia del Periodismo español marca una nueva etapa, pues se pasa del “periodismo ideológico y de Opinión” a lo que  entendemos actualmente como “periodismo de información”. Como es natural las revistas especializadas de tema taurino están ya sobradamente consolidadas en el mercado, con un público acérrimo que buscaba en este tipo de prensa especializada su información predilecta. Esta es la época también en la que proliferan otro tipo de revistas especializadas, literarias o de poesía, las revistas de moda y costumbres, el antecedente de la “prensa rosa o del corazón”, que en España, a diferencia con otros países (Inglaterra o Francia), salió fuera de los periódicos diarios y siempre tuvieron su propia independencia como medio de comunicación y género periodístico propio.
Ya desde el primer tercio del siglo XIX surgen grandes firmas taurinas que picotean no sólo en las columnas de los periódicos diarios sino también en las revistas y semanarios taurinos que comenzaron a proliferar. Este es el caso de escritores como Santos López Peregrín conocido por su seudónimo “Abenamar”, coetáneo del gran torero de Chiclana  Francisco Montes “Paquiro”, que como saben reinventó la Fiesta de los Toros para la modernidad. “Abenamar” escribió en El Mundo (hacia 1836), El Correo Nacional (1838) y sobre todo fue el redactor de “La Tauromaquia” del celebre Paquiro. A “Abenamar” se debe haber sentado las bases de la crónica taurina moderna. También sonaba en aquellos años Serafín Estébanez Calderón alias “El Solitario” que escribía en El Corresponsal. Pero la principal figura periodística del momento fue el célebre Mariano de Cavia  que firmaba con el seudónimo de  “Sobaquillo”. Fue sin duda un escritor agudo, culto y de sólida pluma. Cultivó la sátira y el chiste de manera paralela con los toros y la política, y mezclaba así los dos temas que tan de la mano han ido siempre en la historia de esta España nuestra. Escribió mucho en las revistas taurinas y en “El Imparcial” especialmente, periódico en el que gozaba de gran reputación. A estos interesantes años corresponden firmas como las de José de Laserna alias “Aficiones”, Eduardo de Palacio “Sentimientos”, que escribía sus crónicas taurinas en caló, con una gracia, un desparpajo y  espíritu burlón que hacia las delicias de sus lectores, que esperaban con ansiedad la salida de sus crónicas.
Una concepción nueva de la revista taurina la implantó un ingenioso revistero taurino que firmaba con el seudónimo de “Don Modesto”, de nombre José de la Loma y Milego, que se hizo célebre desde las columnas del diario El Liberal hacia 1890, por la manera tan personal con que enfocaba sus crónicas taurinas. Esta etapa periodística en España, coincide con el movimiento impresionista en Europa y sin duda esta tendencia artística influyó en la manera de concebir el periodismo, pues Don Modesto hacía unas crónicas taurinas absolutamente “impresionistas”, escogiendo para ello los momentos más expresivos del suceso en sus relatos, con anécdotas, detalles y amenidades que daban a sus escritos una expresión personal extraordinaria. Los toreros que esos días ocupaban las páginas de periódicos y revistas eran  Ricardo Torres “Bombita” y el cordobés Machaquito, por la rivalidad que existió entre ellos en los ruedos, y luego entre Bombita y Gallito, rivalidad de la que salió victorioso siempre el diestro del Gelves que prácticamente retiró de los ruedos al de Tomares. A Don Modesto se deben multitud de frases graciosas y los apodos ingeniosos que les caían a los toreros en sus crónicas “hiperbólicas”. Llamaba “Papa” del toreo a Ricardo Torres Bombita, “Cardenal secretario” a Machaquito, “Papa negro” al padre de los Bienvenida, “Emperador” a Joselito y “Recomendado” a Guerrita, y otras  veces al Califa de CórdobaMozo de espada” del torero de Gelves. Puso de moda el “ascensor” (una novedad en aquellos años) de la casa de Vicente Pastor. Estuvo escribiendo hasta 1915 con el advenimiento de Joselito y Belmonte.
Alejandro Pérez Lugín firmaba con el seudónimo de “Don Pío”, y hacía sus crónicas en La Tribuna. Al ser un apasionado “gallista” chocaba con frecuencia con los gustos de su oponente periodístico “Don Modesto”, creándose gran rivalidad entre los  periódicos en los que ambos periodistas trabajaban. Esta rivalidad era seguida con pasión por los lectores y hacía que las ventas de ambos diarios subieran como la espuma. “Don Pío” hacía unas crónicas absolutamente “hiperbólicas” utilizando palabras y frases gallegas (siendo como era  más madrileño que “Cascorro”), que resultaban muy graciosas al ser utilizadas para comentar hechos taurinos. Todos pensaban que era paisano del célebre torero gallego “Celita” por sus celebres vocablos: “Ey carballeira” y “Arrengote lemo”. Hay que decir que Alejandro Pérez Lugín era sordo como una tapia, gordo y barbudo, licenciado en Derecho e incluso comenzó a ejercer de este oficio como fiscal acusador municipal hasta que comprendió que no era ese su oficio sino el de periodista. Cronista ameno, desenvuelto y fácil, “gallista” hasta la enfermedad, tanto que sus artículos defendiendo el magistral toreo de Rafael y José levantaron continuas polémicas con “Don Modesto” de El Imparcial,  que a la postre beneficiaron a la Fiesta y a los periódicos para los que ambos revisteros trabajaban. Escribió famosas novelas que lo cubrieron de gloria y de billetes: “La Casa de Troya”, “Currito de la Cruz”, novela ésta última de tanto éxito que el Ayuntamiento de Sevilla le nombró hijo adoptivo de la ciudad. Escribió su famoso “Ki-ki-ri-kí”, canto dedicado a Rafael El Gallo y él fue el que bautizó al genial torero sevillano con el apelativo de “Divino calvo”.  Pasó por la redacción de muchos periódicos: El Pensamiento Galaico, El Globo, El Correo, El Mundo, España Nueva, La Mañana, La Tribuna, Hoy, La Libertad, El Liberal, Heraldo de Madrid y El Debate, siempre como periodista taurino, con crónicas repletas de gracia y humorismo que eran el deleite de sus lectores.
Periodista de fama fue Enrique Quirós “Rubores” a quien el maestro Marquina le dedicó su famoso pasodoble “Rubores”. Era capitán de Infantería aunque se dedicó al periodismo escribiendo de toros en La Correspondencia Militar y en El Radical. Fundó y dirigió varios semanarios taurinos en Madrid.
Antonio Asenjo “Niscuito” fue otro revistero madrileño de gran éxito. Fue también autor teatral pues estrenó cerca de un centenar de sainetes y comedias en la capital de España. Terminó sus días como director de la Hemeroteca Municipal de Madrid. Su principal ocupación profesional y la que le dio fama y prestigio, fue como cronista taurino del diario El País.
Otro periodista taurino de importancia en esos años fue Manuel Serrano García Vao “Dulzuras”, seudónimo que se puso porque desde muy joven y durante bastantes años trabajo como aprendiz y dependiente en una confitería de Madrid. Trabajó en la redacción de El Enano. Compró el semanario taurino El Tío Jindama y en 1903 Suárez de Figueroa se lo llevó al Diario Universal donde adquirió gran prestigio durante un lustro. De ahí pasó a El Mundo y más tarde entró en ABC donde permaneció hasta su muerte. Dirigió la revista Los Toros que durante 1909 y 1910 cautivó a los aficionados, llevando también las secciones taurinas de Blanco y Negro y Actualidades, ambas publicaciones de la empresa Prensa Española. Comenzó a escribir el anuario estadístico famoso Toros y Toreros, que a su muerte continuaron “Recortes” (Bruno del Amo), “Marcelo” (Marcelino Alvarez), “Uno al Sesgo” (Tomás Orts), “Don Ventura” (Ventura Bagües) y en su última época “Don Luis” (Luis Uriarte). Era partidario de Bombita y Machaquito, y tan trabajador incansable que acabo loco en el manicomio.
Hay dos periodistas  taurinos que eran militares también y que en el 36 murieron fusilados en Paracuellos del Jarama: Fernando Sillis “Claridades” y José Casado Pardo “Don Pepe”.  “Claridades” fue un “belmontista” empedernido y claro defensor del toreo del cordobés Machaquito. Escribió en El Mundo y era periodista de recio temperamento, muy polemista al no tener pelos en la lengua para expresar sus sentimientos y opiniones. Escribió el libro “Machaquito, el torero de la emoción” que puso en armas a los seguidores de Vicente Pastor. Le gustaba y sabía torear, cosa que hacía en Festivales y tentaderos. 
“Don Pepe” se hizo muy popular en las columnas del diario El Debate  y El Día, y en las revistas ilustradas Arte Taurino y Palmas y Pitos está última fundada por él junto al caricaturista Karicato. Fundó el periódico taurino El Toro. Era vallisoletano y escribió varias obras teatrales y algunas zarzuelas de éxito como “El Soldado de Cuota”.
Eduardo Muñoz “N.N.”, sustituyó en El Imparcial a Mariano de Cavia “Sobaquillo”. Fue formidable escritor y periodista madrileño de adopción, se le consideraba cordobés, pero en realidad nació en Jaén. Trabajó como jefe de la sección taurina en El Globo donde firmaba con el seudónimo de “El Chiquito”. Periodista muy documentado, fue muy conocedor del mundo del toro y sentía especial predilección por los toreros de Córdoba. En cierta ocasión estuvo a punto de matar de un tiro en la cabeza al torero Vicente Pastor en el transcurso de una cacería. Tanto susto pasó por el incidente que le prometió al torero no hablar mal de él nunca más aunque sus actuaciones fueran  desastrosas en las plazas.
A su muerte le sucedió en El Imparcial el periodista Joaquín López-Barbadillo y González–Hontoria, que era nacido en Sanlúcar de Barrameda y firmaba sus crónicas con su nombre y sus cuatro apabullantes  apellidos. Escribía unas crónicas taurinas brillantísimas y reveladoras de conocer a fondo el toreo en sus distintas manifestaciones.  Hombre jovial y dicharachero murió muy joven y su muerte fue muy sentida ya que su estilo literario estaba marcando ya la modernidad de la crónica taurina. En estos años en La Correspondencia de España aparece la firma brillante de “Tinito” seudónimo de Agustín R. Bonat hombre simpático, algo obeso, de buen color, bigote espeso de guías hacia arriba, muy de moda en 1900. Fue escritor ingenioso que comenzó en El Globo pasando después al Nuevo Mundo. Sus crónicas eran magistrales y han quedado para siempre en El Imparcial, La Acción y Diario Universal.

Por último, no podemos olvidar a Angel Caamaño “El Barquero” del Heraldo de Madrid. Dirigió la revista El Toreo Cómico (1888) que fue donde empezó su carrera. Pasó por El Enano. En su primera juventud tuvo varias profesiones  en las artes gráficas, aunque quiso ser actor y torero (con el sobrenombre de El Conejo), pero fracasó en ambos oficios. Escribió numerosas obras de teatro, algunas de mucho éxito pero donde conoció el éxito fue en su estafeta taurina de  El Heraldo. Correcto y fácil versificador,  dejó una gran estela de periodista y escritor. No podemos terminar esta época sin citar al menos a los críticos: el Tío Campanita, Uno al Sesgo, Corinto y Oro, Curro Castañares, Ginés Carrión, Don Ventura, Don Criterio y Don Quijote, que formaron una brillante pléyade de periodistas taurinos en el primer cuarto del siglo XX español.

(Continúa mañana)


miércoles, 5 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA DESDE FINALES DEL XVIII A NUESTROS DIAS (Capítulo II)


“LA PREHISTORIA DE LA PRENSA ESPECIALIZADA”


Por El Zubi
El origen de la prensa taurina hay que buscarlo en el “Diario de Madrid”. Fue un 20 de junio de 1793 cuando se publicó por primera vez  una revista de toros. Era una especie de separata dentro del periódico mencionado en la que se informaba de manera monográfica, de la cuarta corrida de Feria celebrada el 17 de junio del año citado en la Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá, a beneficio de los Reales Hospitales. Aquel día se lidiaron 6 toros por la mañana y 12 por la tarde, estoqueados por los hermanos Pedro, José y Antonio Romero. Todo este trabajo periodístico iba firmado bajo el seudónimo de “Un Curioso”. Nunca se supo a ciencia cierta quien se escondía detrás de ese seudónimo y sin proponérselo, implantó la costumbre entre los revisteros taurinos de esconderse tras la firma de sus seudónimos. Lo cierto es que la publicación tuvo una gran acogida entre los lectores madrileños, ávidos siempre de lectura de periódicos y más aun si esta se refería a hechos ocurridos en la Plaza de Toros de Madrid. A partir de esta fecha el “Diario Madrid” siguió incluyendo de manera asidua  la reseña informativa de las corridas que se celebraban en la capital. La idea fue copiada por los demás periódicos capitalinos y dio pie a que se iniciase una nueva era en la Historia del Periodismo español,  pues comienzan a darse los primeros pasos de lo que se ha dado en llamar la “prensa especializada”.
La primera publicación de carácter exclusivamente taurino vio la luz en 1819 y se titulaba “Estado que manifiesta las particularidades ocurridas en esta corrida”. Esa era, digamos, la cabecera y la marca de la revista y salía a la calle al día siguiente del acontecimiento taurino sucedido en Madrid. Llegaron a salir catorce números de esta publicación.
En 1820 aparece otra revista taurina que tuvo vida efímera: “Cartel de Toros” era su cabecera y no se conoce ninguna otra publicación de este tipo hasta que en 1845 que sale  “El Toro, colección de biografías y retratos de los más célebres lidiadores”, que naturalmente no tenía un carácter informativo inmediato a los hechos acontecidos, sino que era una publicación sobre tauromaquia y sobre toreros. De 1847 es otra publicación llamada “La Flor de la Canela”.
En Sevilla también sentían las mismas inquietudes periodísticas taurinas que en la capital de España, pues en 1849 José Velázquez y Sánchez bajo el seudónimo de “Don Clarencio”, saca la famosa publicación “Cartas Tauromáquicas” que tuvo un éxito arrollador entre el público y abrió nuevos caminos en este tipo de prensa, ya que se recoge en ella reseñas periodísticas en verso de las corridas celebradas en la Maestranza sevillana. Estuvo publicándose durante 20 años hasta 1869.  También en esta ciudad andaluza salió en 1848 otra buena revista taurina “La Tauromaquia”, que si bien tuvo una corta vida,  marcó de manera contundente un modelo ya de revista especializada en toros. Su creación fue iniciativa de  Manuel María de Santa Ana, que fue su fundador, regente y redactor.
En Madrid en 1850 sale un periódico que se hizo famoso pronto: “El Clarín”, cuya marca decía “Periódico taurómaco, bullicioso y retozón...”. Tenia periodicidad semanal con salida los miércoles y duró sólo un año. Lo fundó y dirigió Joaquín Simán, amigo apasionado del entonces famoso torero Juan León. Estos años en la capital de España era un hervidero de periódicos y revistas. Estamos en lo que en la Historia del Periodismo español se vino en llamar “Periodismo Ideológico y de Opinión” referido claro está a la política, pero que tuvo su influencia en todo lo referente a lo taurino. En sus contenidos predominaba la opinión a la información y formaban parte de esa historia apasionante y disparatada que fue el siglo XIX español, en que lo taurino se daba la mano con lo político y viceversa.
En 1851 aparece en Madrid un periódico taurino que vino a suceder a “El Clarín” tras su desaparición y que tendrá una longeva vida: la cabecera era “El Enano” y en su marca rezaba: “Periódico picante, burlón y pendenciero”. Era predominantemente de contenido taurino aunque también daba cabida a la crítica teatral, modas y costumbres, chismes, poesías... y sobretodo a las loterías. Tanta importancia le fue dando a estos últimos contenidos relacionados a las apuestas al azar, que en 1858, cuando iba ya por el número 394 cambia de cabecera para llamarse “Boletín de Loterías y Toros”  y así se estuvo llamando hasta 1887 en que en el número 1.781 vuelve a adoptar la cabecera anterior de nuevo: “El Enano”, volviendo a prestarle su máxima atención a los toros. El alma de este gran periódico fue José Carmona y Jiménez que compró la cabecera a Joaquín Simán y Manuel López Azcutia, sus antiguos propietarios. En 1885, a la muerte de Carmona, le sucede  Jiménez Pastor que retoca la cabecera llamándole “El Enano de Madrid”.
En 1867 sale otro periódico taurino de gran repercusión: “El Mengue”, cuyo redactor y director fue Mariano Garismán Blanco que firmaba bajo el seudónimo de “Mariané”. El periódico usaba un lenguaje duro, audaz y a veces hasta violento, pero lo hacía con inteligencia y gracia. Criticaba el toreo de adornos y filigranas, de recortes y quiebros. Esta era la época en que había una apasionante rivalidad en la afición entre los partidarios de El Tato y los de El Gordito.
En estos años Madrid supera de manera abismal al resto de España  en cantidad y calidad  de periódicos y semanarios taurinos. No obstante hay que resaltar que en Sevilla y Cádiz había en estos años algunas importantes publicaciones que vale la pena reseñar. En Sevilla se publicaba “Cartas de Don Florencio” de Policarpo Cantaclaro, que no era otra cosa que una mera imitación de las “Cartas Taurómacas” de Velázquez y Sánchez anteriormente citado. En Cádiz se publicaba por estos años (1875) “El Chiclanero. Revista Taurina”. En esa ciudad andaluza unos años antes (1852) se publicaban varias cabeceras taurinas de renombre en la zona “El Látigo”, y otras como “Cartas Taurómacas”, “El Criticón” (1856) y “Antón Perulero” (1864). En Barcelona por ejemplo, la primera revista taurina no apareció hasta 1852 y su nombre era “La Lid”, que por cierto duró bien poco. En 1863 salió otra publicación que se llamaba  “Fra-Diávolo”.
En Madrid alcanzaron notoriedad “El Tábano” fundado en 1870 por José Santa Coloma, que firmaba con el seudónimo de “Pilatos” y estuvo en la calle durante 11 años. Hay que decir que este tal “Pilatos” fue mejor aficionado que escritor ya que sus escritos dejaban mucho que desear en cuanto a calidad literaria. “El Tío Jindama” fue una revista taurina muy popular y de larga vida que vio la luz  en 1879. Por estos años del siglo XIX sale  a la luz la mejor revista de toda esta época y que abre nuevos caminos para el futuro de la prensa taurina por su calidad en la edición y en sus cuidados contenidos. Fue el espejo en el que se mirará toda la prensa taurina del siguiente siglo. Me refiero a “La Lidia”, editada por  Julián Palacios, que tuvo la habilidad de introducir los más sofisticados medios técnicos de imprenta que había en esos años y todas las mejoras registradas en las artes gráficas y que perdurarían ya hasta bien pasada la mitad del siglo XX.  Fue sin lugar a dudas el mejor periódico de la  época por su calidad en el papel y su cuidada edición. Introdujo por primera vez en una publicación periódica el color, y publicó en el transcurso de su larga vida una colección de estampas con escenas taurinas a color que desde entonces han sido objeto de la especulación entre coleccionistas de diferentes siglos. Por este periódico pasaron las firmas más acreditadas: colaboraciones de escritores taurinos afamados, revisteros, aficionados y verdaderos eruditos y maestros como: Carmena y Millán, el Doctor Thebussem, Sánchez de Neira, Pascual Millán, Martos Jiménez alias “Alegrías”, Peña y Goñi, Mariano de Cavia que era conocido por el seudónimo de “Sobaquillo”... A raíz de estos adelantos tecnológicos referentes a las artes gráficas, comienza a evolucionar también el cartel taurino, que va a ser sin duda un reflejo del diseño gráfico e industrial de cada época.
La historia del toreo de estos años va íntimamente ligada a la historia del periódico “La Lidia”,  y otras muchas publicaciones, aprovechando el tirón de este magnífico medio de comunicación y de los adelantos técnicos en cuanto a artes gráficas se refiere, salen a la calle en busca de nuevos públicos con otras cabeceras. Unos son diarios y otros de carácter semanal: “El Arte de la Lidia” (1833), “La Nueva Lidia” (1884), “Pan y Toros” (1896). En Sevilla corren los mismos aires que en Madrid. Allí salen a la calle “El Arte Taurino” (1896), “El Arte Andaluz” (1894). Pero sin duda, ninguna de estas publicaciones logra la vida dilatada y el prestigio y calidad de “La Lidia”, que tras su muerte, reapareció de nuevo en 1914 en su segunda etapa, con el mismo empuje y el mismo prestigio que en la primera.
Aprovechando los adelantos técnicos de fotograbado e imprenta a finales del siglo XIX sale una importante revista: “Sol y Sombra” (1897), que cobijó entre sus páginas a escritores como Guillén Sotelo que firmaba con el seudónimo de “El Bachiller González de Ribera”, o revisteros como Eduardo Rebollo  alias “El Tío Campanita”, incorporando además ya algo nuevo en la Historia del Periodismo español, que es la creación de corresponsalías en Sevilla y Barcelona. Sus dueños eran los Carrión y se mantuvo en la calle durante 20 años sin decaer, y cuando lo hizo, aún tuvo una segunda época bajo la dirección de Valentín Bejarano, gran escritor taurino, hasta que con la muerte de este en 1940 murió con él la afamada revista. Este fue el final de esta primera etapa del periodismo taurino, que dará paso a la siguiente en la que las grandes cabeceras dejarán de tener protagonismo para dárselo a las firmas de los periodistas de diarios de información general que incorporaron sus estafetas taurinas entre sus columnas. Una época sin duda apasionante desde el punto de vista periodístico e histórico.  
(Continúa mañana)  
       

martes, 4 de mayo de 2010

HISTORIA DE LA PRENSA TAURINA DESDE FINALES DEL XVIII A NUESTROS DIAS (Capítulo I)


INTRODUCCIÓN
Por El Zubi
Iniciamos hoy una serie de reportajes sobre la Historia de la Prensa Taurina en España, con la intención de desenterrar del pasado todas esas cabeceras periodísticas que duermen indolentemente en el olvido de la historia y de los aficionados desde hace varios siglos. Del mismo modo nos proponemos rendir un emocionado homenaje a esos valeroso periodistas, grandes aficionados a la Fiesta, que desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días, han ido escribiendo día a día en sus periódicos y revistas,  la historia de lo acontecido en las Plazas de Toros de España: desde “Un Curioso” del Diario Madrid, pasando por firmas como Don Modesto, Don Pío, o Sobaquillo, hasta K-Hito, Gregorio Corrochano, Vicente Zabala y Joaquín Vidal, ya en nuestros días. Veremos cabeceras como El Clarín, El Enano, Antón Perulero, El Tío Jindama, La Lidia,  Dígame o El Ruedo y otras muchas.  Todas ellas nacidas, como La Montera de Ladis, de manera altruista por el impulso y la gran afición  de personas, con nombre y apellidos, que en la mayoría de los casos arriesgaron sus economías familiares en aras de la afición a nuestra Fiesta y por vivir la apasionante aventura del periodismo escrito.
Veremos como ha evolucionado los medios de comunicación: la radio y la televisión en un siglo. En este aspecto veremos las huellas de grandes monstruos como Matías Prats, Rafael Campos de España y muchos otros, así como Mariví Romero o Manolo Molés, que se convirtieron en unos pioneros en televisión y ahora en nuestros tiempos, en auténticas estrellas tan valoradas y criticadas como los propios toreros. 
 Tampoco podemos olvidar los nuevos tiempos de la crítica taurina condicionada y alentada por la irrupción de las nuevas tecnologías informáticas. Me refiero a Internet y los críticos taurinos internautas: las web y los blogs  taurinos, entre ellos este que usted está leyendo hoy Larga Cordobesa que se han convertido en auténticos medios de comunicación, verdaderas revistas de información taurina, consultables las 24 horas del día, con la capacidad de ser medios interactivos, que establecen comunicación de ida y vuelta, entre el lector y el crítico.
(Continúa mañana)

lunes, 3 de mayo de 2010

ANTROPOLOGIA DE LA FIESTA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA HISPANICA (Capitulo VII y último)


Por El Zubi
Aun más curioso es el hecho de que los tres tercios de la lidia y sus distintas suertes tienen su plasmación lingüística  en la relación entre el hombre y la mujer. Desde que el toro sale a la plaza o desde que comienza una relación amorosa, hay un lenguaje paralelo “toro-mujer” y esto se ve en frases tan divertidas como estas: “la chica embiste con clase” o “acude bien a los engaños” ,“se deja torear con nobleza y humillando”. Se suele decir de una mujer difícil que “hay que llevarla muy bien toreada”. Si tiene temperamento se dice de ella que “está encastada en Santa Coloma, que tiene mucho que torear” o “ una mujer con mucho peligro”. También el hombre dice chulescamente cuando no ha sabido conquistar a una mujer:  “que  la chica no tenía un pase”, seguramente para disimular que “es novillero” y no supo lidiar la res  debidamente (dicho sea esto con el máximo respeto a las mujeres que hoy nos alumbran hoy aquí con su presencia).
Antes del tercio de varas (que por supuesto supone un castigo para bajarle los humos al “toro”), el torero o el conquistador, “cambia la seda por el percal”, “trastea al toro” y “brega” con él, “lo templa y lo para”. “Está al quite” para no “sufrir una cornada”. Con frecuencia “cambiamos de tercio” para hacer otra cosa, como poner banderillas (que también es un castigo) “citando en corto y por derecho” o “a toro parado”. Al “toro” o mujer, se le puede hacer una “faena de aliño” con  “los trastos de matar”, “quedándose en la cara del toro” y “recreándose en la suerte”,  haciendo “una faena cumbre” , “cruzándose”, llevando al “toro” (o sea a la mujer)  “con la muleta baja” , o utilizar aquella frase que popularizó Joselito El Gallo  dirigida a uno de su peones de confianza: “Blanquet, un  capotazo y fuera “, frase que indica una acción hecha con brevedad sin dar cabida a ningún tipo de adorno o detenimiento.
Al conquistador se le puede “quedar el toro en la querencia “. Con la montera el torero “hace un brindis al sol” (que es la demagogia) y “se aprieta los machos” antes de salir a la plaza. Si la mujer es difícil hay que “doblarse con ella”, “con mano izquierda”  por si “se crece en el castigo”. Pero es la suerte suprema, la última, la de matar, la que conlleva una connotación sexual mayor por aquello de que el estoque es sin duda un símbolo fálico. Ejemplos hay muchos  de todos sabidos, que por cuestión de buen gusto prefiero obviarlos.
En relación al triunfo o al fracaso en la  relación hombre-mujer se suele oír frases como estas: ”le corté las dos orejas y el rabo””me puse el mundo por montera””salí a hombros por la puerta grande“ o “le he hecho un faenón”. En esto de la lidia o “la conquista” uno puede “estar en figura”, “ser  un primer espada del cartel”, “un novillero”, “un maletilla”  y bajando mas el escalafón “un arenero”. La frase que mejor refleja el fracaso sexual del conquistador es sin duda:  “le dieron los tres avisos y le devolvieron el toro vivo a los corrales”.
Seguro que habrá alguna mujer aquí presente que con estas reflexiones lingüísticas mías me tache de machista  y posiblemente no le faltará razón, aunque créanme, es solo una apariencia. No obstante diré en mi defensa, que todo esto es una plasmación de una curiosa realidad cotidiana que a diario oímos a nuestro alrededor  y que merece ser observada con ojos antropológicos. No obstante admito cualquier crítica, pues como  dice ese refrán taurino: “Estocada por cornada, ni el toro ni yo nos debemos nada”.
Ustedes se preguntarán por qué razón el hombre asocia a la mujer con el toro. Pues bien, esta trasposición del vocabulario taurino en las relaciones eróticas entre hombres y mujeres, dice el profesor Enrique Tierno Galván, que surgen de la elemental y primigenia oposición entre el macho y la hembra. Es la  eterna tensión entre lo masculino y lo femenino. Él lo llama  graciosamente “la metátesis tauroerótica”. Tierno Galván explica el hecho de que los españoles veamos la conquista y logro de una mujer como la conquista y el vencimiento de un toro bravo, porque “el hombre ve a la mujer como a una entidad rebelde y bravía a la que hay que domeñar por los mismos medios y técnica  que se emplean en la brega taurina”.
Por otro lado, el periodista y aficionado a la Fiesta, Carlos Abellá, en su libro “Derecho al toro”, al referirse a este tema concluye en la teoría de que: “esto no es despreciar a la mujer. Al contrario, la identificación mental con el torero frente al toro al hablar de mujeres, es producto de un cierto y evidente complejo de inferioridad masculino, en el que por un lado se pretende demostrar una superioridad frente al toro (la mujer), que al mismo tiempo provoca un considerable e irracional temor, como el que sólo se le tiene a quien consideramos superior”.
Lo cierto es que la Fiesta de los Toros  no ha dejado indiferentes a los españoles en ninguna época. Y a pesar de lo que digan sus detractores, la cultura del toro es nuestra gran fiesta nacional. Así lo ha vivido este país hispánico a lo largo de los siglos, sobre la piel de toro en este ruedo ibérico en que vivimos.  José María de Cossío  dice que “al fin y al cabo, la corrida de toros es, en su última esencia un misterio religioso, el sacrificio de un dios (totemizado el toro) por un sacerdote (el torero) ante una masa de fieles que palpita, grita, participa, enronquece, se embriaga de pasión, de sangre, de entusiasmo y de sol frenético, en catarsis dramática y feroz. La corrida de toros es el único espectáculo verdaderamente clásico, mágico, grandioso y auténtico que se conserva en el mundo”.
Son innumerables las metáforas  que definen la relación misteriosa entre el hombre y el toro: destino trágico, dolor, virilidad, ambición, triunfo, derrota, amor, deseo, nobleza... Todo está aquí: es la filosofía popular española. Nuestra actitud  ante las tres heridas: la de la vida, la del amor y la de la muerte...
Pero todo esto, tiene su inicio en  el campo, y se forja lentamente, como los metales en la fragua. Lentamente, en la soledad y el silencio de las dehesas verdes y ocres, interminables, de la España brava, donde el toro tiene aun su gran templo sagrado. El campo




domingo, 2 de mayo de 2010

ANTROPOLOGIA DE LA FIESTA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA HISPANICA (Capitulo VI)


Por El Zubi
El léxico taurino impregna nuestro lenguaje coloquial yo creo que por la importancia trascendental que la Fiesta de los Toros tiene.  No son pues los intelectuales  los que han hecho la Fiesta, sino el pueblo. Una Fiesta que no es ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, sino de todos. El lenguaje taurino no es precisamente intelectual, nace de la experiencia inmediata y es visual, intuitivo y pintoresco y por eso lo adopta el pueblo. Es un lenguaje con el que se refleja los avatares de nuestras vidas, y si no vean estas frases a modo de ejemplo: “Fulanito se duele en banderillas”; “Chorrea hasta la pezuña”; “le han puesto un par en todo lo alto”; “ciertos son los toros”; “ este chico es desecho de tienta”; o esa expresión que dice :”vete al cuerno”, que es lo mismo que mandarte a hacer gárgaras. Expresiones como “estar entre los cuernos del toro”, “coger al toro por los cuernos”, “Ver los toros desde la barrera”, “entrar en corto y por derecho” , “vaya un embolado en el que me han metido”  o “le tengo mas miedo que a un toro de Miura”, “tiene peores intenciones que un Vitorino”, son frases que a diario las estamos utilizando en nuestra conversaciones cotidianas de la vida. La Fiesta refleja nuestras peculiaridades psicológicas, la llevamos metida en la masa de la sangre y en  nuestros cerebros.
Es un lenguaje que no solo lo utilizan los aficionados para referirse a las corridas de toros, sino  que lo usa  cualquier hablante de nuestra cultura hispánica al referirse a la vida en cualquiera de sus aspectos. Es la filosofía popular española. No ocurre lo mismo por ejemplo con el lenguaje de los médicos, de los economistas, o de los juristas. La Fiesta de los Toros es algo eminentemente popular,  y si se ha mantenido a través de los siglos es porque el pueblo lo ha considerado como algo propio. 
Ocurre además algo curioso y es que este lenguaje taurino lo utilizan con absoluta naturalidad incluso aquellos a los que no le interesa la fiesta, porque sirve para referirse metafóricamente a la vida en general. Por ejemplo en el mundo de la política la utilización del lenguaje taurino es continua y amplia. Recuerdo que en un debate sobre el Estado de la Nación  en el Congreso de los Diputados, en aquellos años en que gobernaban los socialistas, Aznar acusó a Felipe González de que “toreaba para la galería... que  hacía un brindis al sol... y que tenía que bajar a la arena”.  Recuerdo que Aznar le dijo esta frase: “si el Gobierno sólo dialoga cuando le conviene pinchará en hueso...”. Estos símiles taurinos los utilizan continuamente, políticos, empresarios, banqueros...hasta entrenadores de fútbol.
Sin embargo donde el lenguaje taurino adquiere unas dimensiones expresivas gigantescas es en el exótico y cotidiano mundo de las relaciones amorosas entre el hombre y la mujer, ya que en el juego amoroso de la conquista se identifica al toro con la mujer. Los hombres utilizamos determinadas expresiones taurinas para ilustrar mejor nuestra  relación con la mujer. Por ejemplo ese refrán  que dice: “para torear y casarse, hay que arrimarse”. De tal forma que podemos encontrar cierto paralelismo entre el juego taurino y el juego amoroso.
El hombre  tiende a utilizar con frecuencia metáforas taurinas, no sólo para describir a la mujer y su maravillosa anatomía, sino para describir sus relaciones con ella. Con frecuencia oímos expresiones como estas referidas a una mujer: “Vaya pitones que lleva, que parece un Vitorino”; ”Vaya remos”, “Qué mujer, qué bien armada está”, “Qué cuartos traseros” o “Qué trapío tiene al andar”, o “la gachí entró en el bar  se paró, nos miró y se encampanó” (es la actitud desafiante, de las modelos en las pasarelas, por ejemplo).

(Continúa mañana)

sábado, 1 de mayo de 2010

ANTROPOLOGIA DE LA FIESTA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA HISPANICA (Capítulo V)


Por El Zubi
Otro aspecto muy importante de la Fiesta de los Toros es el edificio arquitectónico que la alberga: las Plazas de toros.  Hemos visto como en el siglo XVIII se produce un cambio radical: del juego mas o menos espontáneo pasamos al espectáculo. Los protagonistas ya no son los nobles a caballo lanceando al toro, sino gente del pueblo, profesionales, toreros de a pie que comienzan a tener un contacto directo con la fiera. Ahí nace en realidad la Fiesta tal como la entendemos  en el sentido moderno de la palabra, y este cambio requiere un recinto especial para este espectáculo. En los siglos XVI y XVII los toros se lidiaban en las plazas mayores de las ciudades. Plazas que eran cuadradas o rectangulares. Los toros cuando estaban heridos y mermados en sus fuerzas buscaban refugio en los ángulos de estas plazas, y allí era muy difícil lidiarlos. El catedrático, historiador y barroquista Antonio Bonet  Correa dice  que “la plaza de toros es fruto de la Ilustración, tiene la geometría mas adecuada y perfecta para su uso y función”. La Ilustración fue el Siglo de las  Luces, los arquitectos comenzaron a diseñar este edificio arquitectónico de forma circular para adaptarlo a la verdadera función que tenían con el nuevo concepto del toreo a pie, el de lidiar a las reses bravas cuerpo a cuerpo, sin  darle oportunidad a los toros de encontrar ningún refugio ni ventaja frente al lidiador.
Pero lo que a mí mas me ha llamado la atención de las plazas de toros es su forma circular, estructurada en círculos concéntricos  de mayor a menor. Desde  la fachada externa, el tejado a dos aguas, la grada, los tendidos, la contrabarrera,  el callejón, la barrera, el ruedo y sus dos tercios. Son círculos, anillos dentro de otros anillos, de mayor a menor, que hace que el espectador se sienta parte de  un torbellino convergente, cuyo clímax es el torero y el toro, el sacrificio del tótem. Los toros es el espectáculo en el que se da una mayor concentración local, visual y psicológica, circunstancia que no ocurre en ningún otro espectáculo como puede ser el fútbol, las carreras de caballos o la opera. Incluso la faena del torero tiende a ser circular como la tendencia circular general del espectáculo. De esta forma, los espectadores  nos encontramos sensorialmente  predispuestos a la entrega incondicional al acontecimiento que estamos presenciando.
Curiosamente, Andrés Amorós  cree que para los españoles, sean apasionados o no a la Fiesta, la plaza de toros es una metáfora básica de nuestra existencia. Así lo vio también don Miguel de Unamuno, que no era precisamente aficionado a los toros, decía así: “Aquí, en esta plaza del mundo, en esta vida que no es sino trágica tauromaquia”. La Plaza de toros pues, siempre se ha visto como una metáfora de nuestras vidas, el escenario donde el hombre ve su vida y libra sus luchas contra los problemas y donde se reciben las “cornadas de la vida”
Además las corridas de  toros son un espectáculo que, curiosamente, necesita de la valoración cognoscitiva y colectiva del público  para  que pueda llegar a su plenitud. El espectador de los toros es parte necesaria para que exista  el acontecimiento, ya que el espectador es notario de lo allí acontecido, dando así autenticidad al hecho allí  acontecido.
Es un acontecimiento  que ha evolucionado hacia la espectacularidad a través de la belleza y en esto,  los toreros del Sur, siempre han influido más que los de ningún lugar de la península ibérica.  Al torero ya se le llama “artista” por reunir en sí mismo belleza y galanura ante la muerte. El toreo ha ido estilizándose del tal forma, que la burla y la aventura con la muerte se cumple dentro de los cánones estilísticos y movimientos acompasados. Lidiar dentro del concepto de la belleza, lo que entendemos  por “templar”. Llevar al toro “toreao” muy despacito con la muleta sin que llegue a tocar el trapo.
La Fiesta de los Toros por tanto, es el espectáculo mas nacional, o como lo calificó el poeta Federico García  Lorca : “la Fiesta más culta  que hay en el mundo”.  Una  pasión colectiva en la que comulgamos muchos y nos reconocemos como pueblo. Los toros son además cultura en sí mismos: impregnan  nuestro lenguaje,  nuestro pensamiento  y nuestra vida cotidiana, hunden sus raíces en el inconsciente colectivo. Las corridas de toros van unidas a ritos y mitos primitivos, son una manifestación  privilegiada de la peculiar existencia hispana. El mundo del toro no va unido a ninguna ideología ni actitud política, ni a una manera de ver  y entender la realidad. La Fiesta es a la vez popular, culta, española y universal,  y en eso creo yo, reside una de sus mayores grandezas.
La Fiesta de los Toros ha agregado además  un nuevo aspecto a las palabras que utilizamos para comunicarnos. Digamos que ha renovado el subsuelo plástico de su intuición. La trasposición del vocabulario taurino a las relaciones humanas, define el alto nivel de “acontecimiento” de este espectáculo y su influencia en nuestra concepción existencial. La plaza es  escenario de vida  y de muerte. Es la identificación de los aconteceres cotidianos de nuestras vidas con una corrida de toros.
(Continúa mañana)