domingo, 17 de enero de 2010

LA CONTROVERTIDA HISTORIA DE “LA REVERTE”: FUE UNA MUJER O UN HOMBRE…


Por El Zubi
La historia de “La Reverte” esta envuelta en la leyenda y la controversia. Su nombre al parecer fue María Salomé Tripiona. Se dice que decidió ser torera para emular la fama y la gloria de Las Noyas (Las Niñas Toreras Catalanas). Nació en un pueblo de la provincia de Almería llamado Senés, un 28 de agosto de 1878 y siempre se le tuvo como a un “ser de sexo ambiguo”. De joven fue una chica de complexión fuerte, de tal forma que en la finca de las Navas de Tolosa (Jaén), en la que vivía junto a su familia, le llamaban “La Marimacho”. Fue en esa finca jiennense donde se sintió atraída por un oficio varonil como el de torero, que requería valor y arrojo.
Ya se le ve toreando en Bilbao junto a “Frascuelina Chica”, “La Malagueña” y “Perchelita”. Todas dejaron marchar vivos a los corrales a sus enemigos, menos “La Reverte” que logró cortarle una oreja a su toro. Cuando toreaba siempre vestía como un hombre, con traje de luces completo (taleguilla y casaquilla), incluso vestía como un hombre fuera de la plaza, con camisa y pantalón. Toreo varios “mano a mano” con otra torera de moda de esa época “La Guerrita” y el 11 de noviembre de 1900 mató a un utrero en Madrid, siendo está tal vez una de sus tardes más triunfales de su desigual carrera taurina. Lo cierto es que “La Reverte” tuvo mucho cartel en los primeros años del siglo XX. Fue apoderada por un tal José Ramírez, que era natural de Santisteban del Puerto (Jaén). Gozó de mucha fama como novillera llegando a alternar con novilleros de lujo en aquella época como “Lagartijo” y “Machaquito”. Su carrera se vio truncada repentinamente con la orden del ministro de Gobernación La Cierva (2 de julio de 1908), que prohibía expresamente participar a la mujer en cualquier espectáculo taurino.
Cuando desapareció la prohibición con la llegada de la República “La Reverte” volvió a torear como tal señora, después de 24 años de absoluta inactividad taurina. Actúa el 15 de septiembre de 1934 en una novillada nocturna en Madrid creando una gran expectación. En aquella su última actuación hace un ridículo espantoso y obtiene un sonado y deseado fracaso. “La Reverte” contaba entonces sesenta años y ya era una anciana que no tenía facultades. Sin embargo para la ocasión vistió un traje de corto con chaquetilla blanca, pantalón negro y sombrero de ala ancha.
“La Reverte” se retira así de los ruedos y acaba sus días como “guardesa o guarda” en un coto minero de Vilchez (Jaén) donde respondía por el nombre de Agustín Rodríguez y vestía como un hombre. Murió allí en junio de 1942 con 65 años.
María Salomé “La Reverte” fue una mujer o un hombre...? esa es una cuestión que nunca se sabrá aunque opiniones las ha habido para todos los gustos. El periodista Antonio Santainés Cirés publicó el 18 de julio de 1974 un artículo en el Diario de Barcelona sobre “Las mujeres en la tauromaquia” y decía que “La Reverte” para poder torear se cambió de sexo y que un médico que la atendió de un percance en una plaza de toros, certificó que no era hembra sino varón y que respondía al nombre de Agustín. Sin embargo, el escritor Natalio Rivas Santiago habla en una de sus obras de un pleito que “La Reverte” tuvo en 1902 a causa de una pelea que tuvo por aquellas fechas con un hombre en el pueblo de Arquillos (Jaén). Según parece fue una discusión acalorada entre la torera y el hombre y “La Reverte” le propinó tal patada al su opositor que le fracturó el fémur. Según relata Natalio Rivas, en esos documentos jurídicos aparecen datos de la partida de nacimiento de “La Reverte” en la que se dice que figuraba como “niña” (hembra).
En todo caso María Salomé “La Reverte” ocupa un lugar en la historia de la tauromaquia, a pesar de su mediocridad como torera, tal vez por haber jugado bien ese papel de la “ambigüedad sexual” y el morbo que en aquellos años levanto esta circunstancia. Su paso por los ruedos levantó feroces críticas entre los revisteros de la época, y el nombre taurino de “La Reverte” pasó a la leyenda a las coplas populares.

sábado, 16 de enero de 2010

MARIBEL ATIENZAR: UNA EXCEPCION QUE CONFIRMA LA REGLA EN MEDIO DE TODAS LAS MUJERES QUE QUERIAN SER TORERAS


Por El Zubi

Tras la batalla titánica ganada por la alicantina Ángela Hernández en los tribunales de justicia para que las mujeres pudiesen torear en España en igualdad de condiciones que los hombres, surge en nuestro país un ramillete de mujeres que quieren ser toreras a costa de lo que sea. Algunas de ellas dejan las tablas de los escenarios para pasar de “vedettes” y folklóricas a toreras. Es el caso de la catalana Alicia Tomás, que en la década de los setenta formó pareja como novillera y becerrista, con la guapa colombiana Rosarito de Colombia, que instalada en Sevilla desde hacía años llamaba la atención de los públicos por su cualidades taurinas y también por su exótica belleza. Llevadas hábilmente por Manolo Lozano ocuparon mucho sitio en las páginas de revistas “rosas” y periódicos, y armaron mas de un escándalo que hizo que corrieran ríos de tinta, como aquella becerrada que iban a matar en el “holl” del Hotel Meliá de Madrid el 28 de noviembre de 1974, becerrada que finalmente no se celebró, pero que levantó una gran polémica y expectación durante varios meses. Ninguna de las dos llegó a nada como toreras y contribuyeron, desde mi punto de vista, a que los públicos comenzasen a tomarse a “guasa” la presencia de las mujeres en los ruedos.
Pero a principios de los años ochenta surge en España una gran figura del toreo entre las mujeres. Una de esas claras excepciones que confirman la regla. Una torera que estuvo a la altura de Juanita Cruz y de Conchita Cintrón, en cuanto a meritos, talento, arte e inspiración para torear. Se trata de la albaceteña Maribel Atienzar, que será la primera mujer española de esta época que tome la alternativa como matadora de toros (la primera fue en los años treinta Juanita Cruz). Con 1,56 metros de altura y sólo 43 kilos de peso logró en pocos años meterse a los públicos de toda España y América en el bolsillo de su diminuto traje de luces. Y lo consiguió con su simpatía, su valor, su arte, su garbo y su toreo femenino bueno de verdad.
Comenzó brillantemente su carrera de la mano de Paco Rodríguez Dorado como mentor. Debutó en las Ventas el 2 de julio de 1977, con ganado de Pérez Tabernero alternando con Manuel Rodríguez y Pepe Pastrana. Se levantó una gran polémica por su presentación en la principal plaza del mundo. Aquel día de su debut toreó divinamente y el público estuvo encantado con ella, pero el presidente el negó injustamente las orejas. Se armó tal escandalera en los tendidos con el presidente, que el público obligó a la pequeña novillera a dar tres vueltas al ruedo nada menos. “Demostré – dijo a la prensa la torera — que era capaz de despachar novillos de 500 kilos”. Cuenta Maribel también en la prensa que un día paseando con su apoderado Paco Rodríguez por Puerto Banús en Marbella, vio en la terraza de un restaurante a Antonio Ordóñez: “Le insistí a mi apoderado en que me presentara al torero que mas admiraba. Al final Paco accedió a mi petición y me lo presentó. Cuando Paco le dijo que yo era torera y que lo quería conocer porque sentía por él una gran admiración, Ordóñez nos contestó de muy malas maneras, y con muy poca educación me dijo que las mujeres donde deben de estar es en su casa criando niños y fregando platos. Desde aquel día murió el mito de Ordóñez en mi interior. ¡Qué decepción!. Luego cuando debuté en Las Ventas, cuando di la tercera vuelta al ruedo reparé en que Antonio Ordóñez estaba en primera fila de una contrabarrera. Me paré y subiéndome al estribo de la barrera le dije:’maestro...para que vea usted como las mujeres además de criar hijos y fregar platos... servimos también para torear...’.”.
Maribel Atienzar sufrió varios percances en su carrera que la mandaron al hule algunos meses: roturas de clavículas, cornadas en la ingle y la cara, costillas rotas, puntazos en los muslos... todas estas lesiones fueron un reguero de sangre durante su carrera. Toreó 115 novilladas en 1979 entre España y América, y mantuvo un promedio de 80 o 90 corridas por año mas 15 o 20 en América. Hay que decir que su punto débil fue siempre la espada, a causa de la cual perdió numerosos trofeos.
Tras triunfar por todas las plazas de España y ya con mucho oficio, viaja a México en 1981 donde toma la alternativa el 28 de noviembre en Pachuca, con Ernesto San Román de padrino y la matadora mexicana Raquel Martínez de testigo. Cortó 3 orejas ese día y se convirtió en la cuarta mujer matadora de toros de la historia (antes la tomaron Juanita Cruz, la colombiana Berta Trujillo “Morenita de Quindío” y la mexicana Raquel Martínez). Confirma su alternativa en Bogotá el 26 de agosto de 1982 con Leonidas Manrique de padrino y Emerson Murillo de testigo. Vuelve a España ese año con la aureola de la fama y el fervor de los aficionados hispanoamericanos, pero en España sigue encontrando los mismos problemas con el machismo fuera de los ruedos y en los despachos que cuando se fue un par de años antes. Incluso le pusieron como condición para torear que renunciara a la alternativa y volviese a ser novillera. Le cerraron todas las puertas. Viendo que no la dejaban torear en ningún sitio se despide de los ruedos un 11 de julio de 1987 en un festival en San Feliú de Guixols. Mató 2.200 reses en toda su carrera. Se fue de los ruedos amargada del trato tan injusto que recibió, ya que, al igual que hiciera Juanita Cruz, prefirió retirarse antes de renunciar a su alternativa como matadora. Tras su retirada Maribel Atienzar se fue a Paris donde se instaló definitivamente. Allí estudió Bellas Artes, se hizo pintora y escultora: Mas tarde contrajo matrimonio con un parisino y allí vive aún. En el verano del 2008 volvió a Albacete a su tierra, a recibir el justísimo homenaje de una afición que tenia una deuda pendiente con ella.

viernes, 15 de enero de 2010

LA ROCAMBOLESCA HISTORIA TAURINA DE LUISITA JIMÉNEZ “LA ATARFEÑA”


Por El Zubi
Eran poco mas de las seis de la tarde del 2 de septiembre de 1934 en la vieja Plaza del Triunfo de Granada, cuando el toro “Estrellita”, de Moreno Santamaría, atravesaba con rabia el vientre del novillero Miguel Morilla “Atarfeño”. Su mujer Maria Luisa Jiménez que estaba en uno de los palcos de la plaza, daba un grito espeluznante como si le hubieran quitado la vida. Corrió como una gacela hacia la enfermería donde habían llevado a su marido herido de muerte por asta de toro. No querían dejarla entrar por el aspecto tan horrible que tenía la herida, pero finalmente no tuvieron mas remedio. Su marido yacía inerte en la camilla. Sin conocimiento. El brazo izquierdo había quedado descolgado del resto, caído como señalando cruelmente un enorme charco de sangre que se había formado en el suelo. Maria Luisa se aferró al cuerpo de su marido entre lágrimas y sollozos, y sólo fue separada de él cuando el médico le confirmó que el torero estaba muerto. Fue una cornada terrible que ni siquiera permitió a la pareja poder despedirse, pues El Atarfeño murió en realidad cuando lo llevaban en volandas las asistencias desde el ruedo. La pareja había dejado a su hijo pequeño de poco mas de un año, Miguelillo, en casa de los abuelos maternos. La noticia corrió como un reguero de pólvora por la ciudad y en el Ayuntamiento colocaron a las pocas horas de hacerse oficial la noticia, crespones negros en señal de luto. En Granada se quería mucho a Miguel Morilla “El Atarfeño” pues tenía ilusionada a la afición. Ese día precisamente se despedía de la afición como novillero porque un mes más tarde se había comprometido a darle la alternativa el mismo Juan Belmonte. No pudo ser. El entierro se celebró al día siguiente y fueron impresionantes las muestras de dolor de toda la ciudad hacia la familia del torero y su viuda. Granada sintió con mucho dolor la muerte de su torero, tanto que se organizó una función taurina benéfica para la viuda y el niño huérfano. Se recaudó más de treinta mil pesetas que se utilizaron para comprar una casa para María Luisa y su hijo, y por petición de la madre se inscribió en el registro a nombre de Miguelillo.
Había pasado ya un año de la muerte del torero y la ciudad olvidada ya de la tragedia, se despertó un 4 de junio de 1935 de manera inesperada con la noticia que en titulares daba el periódico La Estampa: “María Luisa Jiménez, la viuda de Atarfeño se entrenaba asiduamente para presentarse en la misma plaza de Granada donde había caído muerto no hacía ni un año su marido”. ¿Estamos ante un caso de afición intensa, o ante una voluntad decidida a no olvidar al muerto por amor y lealtad?... María Luisa Jiménez era una guapa morena de veintitrés años, de ojos negros rasgados, no muy alta, fina de tipo y muy atractiva. Le llamaban “La Pasionaria del Albaicín”. El cartel anunciador de su presentación decía así: “Se lidiarán, banderillearán, y serán muertos a estoque seis hermosos novillos de la acreditada ganadería de la señora viuda de Villamarta, con divisa verde botella y oro viejo. Primera parte, dos bravos becerros para la presentación de la valiente Luisita Jiménez “Atarfeña”, viuda del infortunado diestro Atarfeño, que alternará con Alfonso Ordóñez “Niño de la Palma II”de Ronda y Enrique Millet “Trinitario II” de Málaga”.
Los días previos al espectáculo se vivieron con una gran expectación en la ciudad y por fin llegó su debut: el 22 de junio de 1935. La muchacha salió vestida de torero del hotel Internacional hacia la plaza del Triunfo. Prefirió no salir de su casa para evitar la despedida de su madre y de su hijo. No vistió aquel día traje de luces, sino que vistió de corto: pantalón negro no muy ceñido y chaquetilla de piqué blanco, sobre una camisa de seda de cuello abierto. Sobre su pelo ondulado se encasquetó una gorrilla que le daba un bello aspecto de niña atrevida y traviesa.
Emilo Fornet, el revistero del periódico La Estampa, le hizo una entrevista para la ocasión y decía ella con toda franqueza: “Yo no era aficionada a los toros hasta que le conocí a él hace cuatro años. Tuvimos relaciones nada más que unos diez días, pues enseguida nos casamos. Yo soy granadina, nacida en Guadix, y desde que nos conocimos me entró una gran afición a la fiesta de los toros. Yo he presenciado todas sus corridas desde que nos casamos, todas, hasta la fatal... En vida de Miguel yo iba también a las dehesas a torear con él, y el me adiestraba. Se hablaba incluso de que yo iba a debutar con él en un festejo en Granada. Yo lo he visto torear en Madrid y estaba tranquila. No pensaba en nada trágico, ni en que nuestro pequeño pudiera quedarse huérfano. Ahora tiene dos años, se llama Miguel, como su padre. No quiero que sea torero. Lo que yo deseo ahora es ganar dinero con los toros para que él no lo sea y viva bien”.
Para el empresario que gestionaba la plaza del Triunfo, Vidal Carrasco, no había duda: “la Atarfeña sólo quería torear para que sonara el nombre de su esposo muerto. Lo que quiere es mantener vivo el fuego sagrado de la gloria”. María Luisa Jiménez hace el paseíllo sobre la misma arena donde su marido había dejado un reguero de sangre unos meses antes. Llevaba una estrecha cinta negra en el brazo izquierdo en recuerdo a su marido. Aquel día La Atarfeña cosechó un ruidoso fracaso. No llegó siquiera a matar al novillo pues tuvo que ser sacada en brazos de sus subalternos del ruedo, porque sufrió un repentino desvanecimiento o mareo, según cuentan los revisteros de la época producido por el miedo. Lo cierto es que después de su presentación Luisita Jiménez continuó preparándose y toreando. Actuó sobre todo en plazas andaluzas y sólo en dos ocasiones participó en espectáculos más arriba de Despeñaperros. Pocas referencias existen sobre sus actuaciones, aunque si hay una muy llamativa de cuando toreó en Zaragoza, la tarde del 10 de agosto de 1935, en que al parecer fue detenida por las autoridades en la misma plaza y pasó la noche en los calabozos de la comisaría, a causa de una escandalera que se produjo al negarse La Atarfeña a matar su primer novillo. Ocurrió que el público consideró a su primer toro muy pequeño. Hubo muchas protestas y el animal fue devuelto a los corrales por falta de presencia. Salió el segundo y la Atarfeña consideró que este era demasiado grande. No sólo no lo mató sino es que no le dio ni un capotazo. Se lió por tanto un fuerte escándalo que obligó a las fuerzas de seguridad a actuar.
La cierto es que la Atarfeña estuvo poco mas de un año en activo. Su última actuación tuvo lugar el domingo 3 de mayo de 1936 en Guadix, su ciudad natal. Acabado el espectáculo, la cuadrilla de Atarfeña regresó a Granada mientras que ella se quedaba en casa de unos familiares a pasar la noche para descansar mejor. Les dijo a sus subalternos que al día siguiente volvería a Granada, pero ni ese lunes ni en toda la semana se le vio el pelo por Granada. Su entorno comenzó entonces a preocuparse por su misteriosa y repentina desaparición, y mas cuando contactaron con Guadix y allí se les dice que se había marchado el día 4 de madrugada. ¿Qué otra tragedia se cernía sobre esta pobre muchacha?... Durante diez días este fue el tema de conversación en todos los mentideros y tertulias de bares de Granada. Aun tuvieron que pasar un par de semanas más de temores y especulaciones sobre el destino de la Atarfeña, hasta que José Quílez, un avispado revistero de La Estampa dio con ella en Sierra Nevada. Su repentina desaparición se debió a un suculento y bien remunerado contrato que le había hecho una productora de cine de Hollywood para protagonizar una película de tema taurino, en la que tendría que conducir coches, nadar, montar a caballo y esquiar sin vacilación ni torpezas. Como esquiar era la única actividad que no se le daba bien, Luisita Jiménez se había retirado a Sierra Nevada, al refugio del Veleta, donde se sometía a lecciones de esquí durante seis horas diarias con un profesor especializado que había contratado. José Quílez publicaba en La Estampa el 30 de mayo de 1936 una entrevista con la torera sobre su misteriosa desaparición: “No es que me persiga nadie –declaró Atarfeña al periodista—pero tenía que huir de la curiosidad de la gente. Me hice torera para sacar adelante a mi hijo y he visto que hay muchas mujeres ya toreando y la competencia es muy dura. Mi secreto es que me retiro de los toros pues hace un mes una poderosa empresa norteamericana me ha firmado un fabuloso contrato, que pondrá a cubierto de necesidades y agobios para mucho tiempo a mi hijo”.
María Luisa Jiménez emprendió así un largo viaje a las Américas junto con su hijo Miguelito y no se volvió saber más de ella en muchos años. Vino la guerra civil y sus fuertes sacudidas de odio y muerte... y en Granada se olvidaron por completo de su torera. De fuentes cercanas a la familia de María Luisa Jiménez se sabe que regresó con su hijo a Granada en la década de los sesenta. Hizo su película en América y treinta años mas tarde volvió con mucho dinero ahorrado durante este tiempo, que invirtió en la compra de numerosos inmuebles por la ciudad, con cuyas rentas vivió holgadamente toda su vida junto a su hijo. Otras versiones cercanas a los mentideros taurinos de la citada ciudad señalan que “La Atarfeña” se instaló desde un principio en México donde ejerció la prostitución. Murió en Granada muy mayor. Su hijo Miguelillo aun vive en Granada. En la actualidad cuenta 74 años y es una persona respetada y querida por la afición, que ha dedicado mucho tiempo de su vida a dar gloria a la figura taurina de su padre Miguel Morilla “Atarfeño”. Hace dos años vi personalmente en una exposición taurina muy bonita que se celebró en Granada, varios trajes del torero expuestos, entre ellos el que llevaba la tarde de la fatal cogida que le costó la vida en la plaza antigua del Triunfo.

jueves, 14 de enero de 2010

LAS HERMANAS PALMEÑO, SURGIERON AUSPICIADAS POR LA ESTELA CREADA POR JUANITA CRUZ

Enriqueta y Amalia actuaron casi siempre juntas y ahí residió en parte su éxito



Por El Zubi
Al amparo de la conmoción que la torera madrileño Juanita Cruz llevó a la España taurina de los años treinta, surgieron otras “señoritas toreras” de menor entidad, que si bien destacaron por su valor y talento, nunca llegaron a hacer sombra a la inmensa torería de la madrileña. Este es el caso de las Hermanas Palmeño, Enriqueta y Amalia Almenara (que así se llamaban), que cosecharon en su breve carrera taurina notables éxitos por toda España. Al parecer eran de Castellón, hijas ambas del novillero Pedro Almenara Díaz, y de ahí les vino a ellas la afición al toreo.
Enriqueta Palmeño llegó a debutar en las Ventas en novillada con picadores el día 5 de abril de 1936, tres días después que lo hiciera Juanita Cruz, y en sustitución precisamente de Juanita, ya que la madrileña unos días antes resultó lesionada de una muñeca, aunque remató con éxito su actuación. Con Enriqueta alternaron aquel día Paco Hidalgo y Daniel Luca de Tena. Enriqueta actúo en solitario tres años sin rozar desde luego las alturas que escaló Juanita con su talento, aunque el éxito de las hermanas Palmeño fue más rápido, menos trabajado que el de Cruz. Sin duda se debió a que Enriqueta y Amalia actuaban juntas y con su reclamo, solían llenar las plazas. Hacia 1934 las dos hermanas actuaron mucho en espectáculos mixtos, parte cómica y seria, corriendo ellas con la segunda parte, la seria. Les gustaba interpretar variados adornos al alimón, suerte que tenían muy bien ensayada. La crítica contemporánea a ellas decía que Enriqueta, la hermana mayor, tenía mas empaque en su toreo y solía recibir a los toros sentada en el estribo. Su característica era el valor y el manejo con soltura del capote y la muleta. Sin embargo, la hermana pequeña Amalia era mucho más fina toreando, y lo hacia con mucha quietud. Llegó a banderillear con mucho garbo. Dicen las crónicas de la época que muleteaba primorosamente y que imprimía a su toreo una gran emoción. Sus mayores éxitos los lograron sin duda en Vista Alegre. En 1934 torearon 38 espectáculos y en 1935 completaron 46 contratos. La temporada de 1936 podría haber sido la más importante de sus carreras a tenor del número de contratos que atesoraban, pero el estallido de la Guerra Civil truncó también sus carreras como a otras muchas toreras.
El 30 de mayo de 1935 tuvieron una actuación memorable en La Monumental, de la que se hizo eco el Heraldo de Madrid: “La reaparición de las hermanas Palmeño en el coso Monumental fue bastante acontecimiento para llevar a miles de ciudadanos, a pesar de lo desagradable de la temperatura de la noche del sábado. Y es que estas señoritas toreras han demostrado una y otra vez en el coso madrileño un valor que para sí quisieran más de cuatro varones, y un arte poco común. Ganadoras un día de la “oreja de oro” en buena lid con otras artistas en tauromaquia, las hermanas Palmeño son una garantía para quienes gusten de ver torear clásicamente”.
Sólo en Albacete habían actuado en cinco ocasiones durante 1936, año en que incorporaron como fijos en su cuadrilla a los banderilleros Miguelín y El Sordo. Ya en 1935 habían actuado en Albacete tres veces en una misma semana, y el domingo 14 de abril en esa misma plaza, matando erales de doña Dolores Azpiro, cuenta las crónicas de la época que Amalia dio a su primer novillo la “mejor estocada de su vida torera, que le valió dos orejas”, y que a su hermana Enriqueta, en la misma corrida, por una faena superior a su primero, al que recibió de rodillas en tierra, se le concedieron orejas y rabo. “No creemos—comentaba el cronista manchego—que en España pueda haber otra señorita torera más torera que Enriqueta Palmeño”. Claro que no todo fueron críticas favorables, pues en su actuación de la XIX corrida de Abono de la Plaza de Madrid de 1935, el famoso crítico taurino Carito, siempre contrario a la presencia de las mujeres en los ruedos, en la revista Torerías (num.799, de 4 de agosto de 1935, pag.5) en su crónica “Una mojiganga más”, las pone a bajar de un burro y termina su crónica muy enfadado diciendo: “Pero, señores, ¿hasta cuando hemos de aguantar estas parodias taurinas?”. Sin embargo el antifeminista crítico Carito, no tuvo reparos unos meses más tarde para apoderar a una señorita torera que se hizo famosa, mas por sus encantos femeninos y habilidades en las tablas de los escenarios como vedette, que por su talento como torera: su nombre Mari-Greta. (¿...).
El 1 de junio de 1936, Enriqueta Palmeño actúa en solitario en Cáceres dentro de la parte seria del Espectáculo “Universal”, con la banda infantil cordobesa “Los Califas” donde empezó toreando Manolete. El día 7 del mismo mes estaban anunciadas las dos hermanas en Málaga, con los hermanos Manolo y Paco Ortiz, y el 27 de julio las esperaban en la cuarta novillada de la feria de Tudela. La última actuación de la que se tiene noticia de las hermanas Palmeño fue en Bilbao, el 21 de julio de 1936. Se lidiaron novillos de Celso Pillón y Ramón Lacruz y compartieron cartel con el novillero baracaldés Isaías Tarradillos.
Después de todo esto vino la guerra y todo se fue al traste. Se deshizo el dúo y por circunstancias de la contienda, las hermanas se separan: Enriqueta se marchó a América y Amalia, años después contrajo matrimonio y se estableció en Barcelona. Nunca más se supo de ellas. Hay que decir, pues es de justicia, que las hermanas Palmeño mientras que estuvieron en activo, dieron mucha guerra en los ruedos y tuvieron muchísimos seguidores entre la afición española, sin embargo sin querer restarle sus merecidos méritos, hay que decir que tuvieron la suerte de seguir la estela abierta por una genial torera surgida en Madrid, y que se llamaba Juanita Cruz.

IGNACIO GONZÁLEZ APODERADO POR CHIQUILÍN


El matador de toros Rafael González "Chiquilín" va a apoderar al novillero cordobés Ignacio González. Ambos han sellado el acuerdo con un apretón de manos. El compromiso les ata solamente esta temporada, y si las cosas ruedan bien, se puede prolongar.
Ignacio, que la temporada pasada toreó 16 tardes y consiguió importantes éxitos, entre ellos la Oreja de Oro del Club Calerito, en la feria de Córdoba y la Espiga de Oro de la Feria del Arroz de Calasparra, se encuentra muy ilusionado con su nuevo apoderado.
Por su parte Chiquilín, que confía plenamente en el novillero, tiene planificada la temporada con actuaciones en plazas importantes y espera que en ellas, Ignacio González, ratifique el buen momento en que se encuentra.
De momento Ignacio González se preparará, con vistas a sus futuros compromisos, en varias fincas ganaderas.- Foto Ladis

miércoles, 13 de enero de 2010

La Edad de Oro del Cartel Taurino: CARLOS RUANO LLOPIS FUE SU MAXIMO EXPONENTE



Por El Zubi

La verdadera y quizá irrepetible “Edad de Oro” del cartel taurino, del cartel de la Fiesta Nacional, transcurre desde el inicio de la Dictadura de Primo de Rivera (1923) hasta la Segunda República (1931). Recibe este nombre en función de que es en estos momentos cuando se fija y uniformiza de manera definitiva el cartel taurino, sentando las bases, las claves y características que le son propias y que perdurarán hasta la actualidad. Y en esta “Edad de Oro” del cartel taurino, hubo muchos artistas que trabajaron y aportaron buenas cosas a este género artístico, pero entre ellos destaca como una inmensa montaña entre suaves lomas, el artista alicantino Carlos Ruano Llopis, sin duda el mas grande cartelista taurino de la historia: el mas artista, el más torero, el mas castizo de los que ha habido y habrá. En este tiempo brilla y emula con él el pintor Roberto Domingo. Junto a ellos dos, también hay que citar al cordobés Julio Romero de Torres y al murciano Alcaraz, a J. Reus, Saavedra, a Antonio Casero, a García Campos, a Martinez de León (que ilustró el libro de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte), Alvarez Carmena, Ballestar, Cros Estrem y otros muchos más que hay que considerarlos mas de segunda fila al lado de Ruano y de Domingo . Dicen los entendidos que Roberto Domingo era mejor pintor que Ruano, pero por sus ascendencia francesa (nació en Francia y desde pequeño vivió en España), nunca llegó a pronunciar como Dios manda las “erres”. El genial Roberto Domingo reconoció con nobleza en 1950 (año en que murió Ruano): “...en eso del cartel, Carlos ega el númego uno”. Dicen también que Ruano canturreaba pasodobles taurinos mientras pintaba los carteles y claro... así le salían: con una fuerza y una arte contundentes.
Carlos Ruano Llopis nació en Orba (Alicante) en 1879 y muere en México en 1950. En 1932 se marchó a México porque comprendió bien lo que se veía venir bajo los cielos de aquella España llena de nubarrones políticos: la guerra civil. En México fue muy querido, pues le acogieron con los brazos abiertos desde su primera exposición allí en 1933, con lances de Armillita, de canario y plata, y del malogrado matador Alberto Balderas, de grosella y oro. En México se casó con una hermosa dama de Oaxaca, doña Hortensia y tuvieron una hija, Carola, que siempre le profesó un inmenso amor a sus dos patrias: España y México.
Cursó sus estudios de arte en la Academia de San Carlos de Valencia. Publicó sus primeras pinturas taurinas poco antes de 1910 en abanicos y láminas que acompañaban cajas de cerillas (el papel de fumar“Mefisto”) con lances del tiempo de la retirada de Antonio Fuentes y de los comienzos de Bombita y Machaquito. Reflejó también en estos trabajos los tiempos de José y Juan, de Rafael El Gallo y Manolo Granero, trabajos que lo elevaron a la cumbre como cartelista.
Carlos Ruano Llopis fue heredero de la sensibilidad del aragonés Marcelino de Unceta y de la fuerza de Emilio Porset. Poseía la luminosidad mediterránea de su Orba natal, en Alicante y tenía en su interior las luces de Sorolla y de los hermanos Mariano y José Benlliure. Desde un punto de vista plástico, se puede considerar como heredero del “luminismo” plenairista --que se había desarrollado a principios del siglo XX fundamentalmente en la zona valenciana—del que se extraen sus últimas consecuencias: factura libre y autónoma, abocetamiento, paleta amplia y brillante, luminosidad, captación de la vibración y movilidad del espectáculo. Fue testigo a través de sus carteles, de los años que enlazan los tiempos de Guerrita con los de Manolete. Divide el cartel en dos registros: encabezamiento y centro. Incluye ya unas características definidas que serán persistentes en sus diseños durante todos estos años: el encabezamiento que contiene, además la frase “Plaza de Toros de...” en grafía decorativa, alguna escena secundaria con especial predilección por el tema femenino como protagonista de la Fiesta. Generalmente son majas o manolas ataviadas de forma típica con el mantón de Manila, mantilla de encaje o simplemente con flores en el cabello. Al fondo de estas figuras (que suelen ser de busto o tres cuartos) introduce distintos elementos parlantes que hacen directa alusión, bien a la ciudad donde se celebra el festejo (la Giralda, la Torre del Miquelet, la Puerta de Alcalá) o bien motivos relacionados con el desarrollo de la lidia, como testas de toro y de caballo adornadas con trastos taurinos. Un recurso muy utilizado por Ruano Llopis es el empleo de secuencias circulares, seguramente como clara alusión a la propia estructura formal del ruedo. Son panderetas, bastidores o tambores portados por figuras femeninas en cuyo interior o parche desarrolla una escena taurina. Este recurso lo inventó él y posteriormente fue utilizado por muchos otros cartelistas. Todos estos encabezamientos actúan en realidad, como tema introductorio al principal, que es el que se desenvuelve en el centro del cartel, ocupando las tres cuartas partes del mismo. Por lo que se refiere a la iconografía, Ruano Llopis siempre usa claramente tres temas fundamentales: la mujer –que sigue siendo protagonista en el centro del cartel—, las suertes de lidia y el toro.
Sus carteles recogen a los principales toreros de los años 30: Marcial Lalanda, de violeta y oro en el quite de mariposa; a Villalta de ceniza y oro en sus tafalleras y derechazos. Plasmó con la lealtad de una fotografía la revolera de Cagancho, de morado y oro; la media verónica de Antonio Máquez, de heliotropo y oro, con las vueltas del capote azules. En su obra está Vicente Barrera, componiendo con serenidad la muleta con la espada frente al toro, vestido de verde botella y oro; Feliz Rodríguez, de grosella y oro dando un pase de pecho; Chicuelo, de verde esmeralda y oro, dando el pase que lleva su nombre; Victoriano de la Serna en el pase de las flores. De su etapa mexicana, Ruano Llopis dejó geniales carteles con Manolete dando su estatuarios y manoletinas, de grana y oro. Sus apuntes a lápiz editados en 1932 se sienten como una imagen en vivo, por como captó con su lápiz el movimiento, el garbo de cada lance de capa, el aire marchoso de los banderilleros, la solemnidad de los pases de muleta y la grandeza de la suerte suprema, la estocada. Allí están los toreros de la II República: los comienzos de Pepito Bienvenida, de Alfredo Corrochano, El Estudiante, Jesús Solórzano, y Enrique Torres y de sus ídolos en el recuerdo: Manolo Granero, Manuel García “Maera” y Gitanillo de Triana.
Ruano Llopis va evolucionando progresivamente en su concepción del cartel hacia la escena única, dejando de lado la composición en dos registros, con lo que consigue uniformar definitivamente el género. La escena única se impone en torno a los años 1929-1932. En estos carteles elimina ya el encabezamiento, en el que ahora únicamente es protagonista la palabra “Plaza de Toros” en grafía decorativa, y rellena todo el resto con un solo tema. Desde el punto de vista plástico, la obra de Carlos Ruano Llopis se ha relacionado con el movimiento impresionista, quizás motivado por la abusiva identificación que tradicionalmente se hacía de cualquier pintura abocetada con el ismo francés. Ruano Llopis, como ya dije anteriormente, se debe de considerar como un cartelista heredero del “luminismo” valenciano, aunque adopta los presupuestos de éste de una forma más decidida que muchos de sus antecesores en el género. Aunque insuficientemente estudiado, Ruano Llopis ha sido el primer cartelista taurino en lo que se refiere a cantidad de carteles y modelos realizados a lo largo de su vida. A él se le debe la fijación definitiva de las características del género, aunque también es posible criticarle la falta de técnica, así como el hecho de que se trata de un artista que practica lo que en la historia del arte contemporáneo se conoce como el “diseño industrial o gráfico” , y por tanto, repetidor de fórmulas, con temas y factura manoseada, que cae en el adocenamiento y en las soluciones de recetario. A pesar de lo cual, para mal o para bien, los carteles de Ruano Llopis marcarán un esquema, una iconografía, una factura y un colorido que permanecerán prácticamente invariables hasta la actualidad. En 1993 Daniel Medina de la Serna publicó en México un espléndido libro dedicado a su memoria, a su vida y a su inmenso arte, y así lo tituló: “El arte de Carlos Ruano Llopis”. Una obra que yo mismo recomiendo a quien quiera saber mas sobre la vida de este genial artista alicantino que murió en tierras mexicanas y cuyo concurso como cartelista ha sido fundamental para la concepción actual de los carteles de toros.

martes, 12 de enero de 2010

JUANITO BELMONTE Y LA VEDETTE CELIA GAMEZ ESTUVIERON A PUNTO DE CASARSE, PERO LA DIFERENCIA DE EDAD LO IMPIDIO


Por Rafael González Zubieta

Es casi una tradición secular, la atracción amorosa que a lo largo de la historia ha habido entre los toreros y las tonadilleras, cantantes y artistas del mundo del espectáculo. Ejemplos tenemos muchos pero baste citar los casos de Rafael “El Gallo” y Pastora Imperio, por irnos lejos, a los mas cercanos a nuestra época como los de Paquirri y La Pantoja u Ortega Cano y Rocío Jurado. Algo parecido ocurrió, nada mas acabar la guerra civil, entre el torero sevillano Juanito Belmonte Campoy y la vedette argentina Celia Gámez. Una relación que acabó siendo tormentosa, porque ella nunca vio claro que aquel apasionado y sincero romance pudiera culminar algún día en algo formal. Celia Gámez, como cualquier mujer, al final lo que mas deseaba era una boda por la Iglesia, pero tenía el problema que Juanito Belmonte era diez años mas joven que ella, y esa idea de la diferencia de edad, llegó a obsesionar tanto a la cupletista, que fue mas fuerte que el amor que sentía por el torero. La ruptura fue una medida inevitable para ella y en el fondo debió ser el remedio a un fracaso presentido.
Juanito Belmonte Campoy, fue hijo natural del mítico Juan Belmonte, y como torero tuvo su propia personalidad, llegando a brillar con luz propia dentro del escalafón. Interpretaba con gran fortuna los lances y pases afarolados, aunque su mayor personalidad la tuvo con la muleta. No fue Manolete el único novillero brillante en aquella época, pues en Sevilla, una ciudad que siempre ha sido partidaria de la rivalidad entre parejas de toreros, hacia furor la formada entre Juanito Belmonte Campoy y José Ignacio Sánchez Mejías, dos toreros con apellidos ilustres, e hijos de sus padres. La niñez del hijo natural de Juan Belmonte fue más bien triste y lamentable, pues el padre tardó muchos años en reconocerlo como hijo y en darle su apellido, y cuando lo hizo, se ocupó bien poco de él, pues lo único que hacía era entregarle a la madre treinta duros cada mes para que pagara la educación del hijo que tuvo con la sevillana Concha Campoy. “Yo fui un niño como todos los niños –llegó a declarar el torero a una revista de la época, cuando ya era un figura del toreo–. En el colegio de los Salesianos de Utrera todo el mundo sabía que era hijo de Juan Belmonte, pero yo no me llamaba Belmonte. En el mismo colegio estaban los hijos de los hermanos de mi padre, mis primos. Ellos sí eran Belmonte. Yo, solamente Juan Campoy”.
Fue Eduardo Pagés, el histórico empresario de La Maestranza, el tutor taurino de Juanito Belmonte, y quien se ocupó de lanzar la carrera profesional del hijo natural de Juan Belmonte, que tomó la alternativa el 12 de septiembre de 1938 en Salamanca, cuando se estaban librando batallas decisivas de nuestra guerra civil. Lo hizo con un cartel de campañillas: padrino Marcial Lalanda y testigo Domingo Ortega. En 1940 ya llegó a ocupar el primer lugar del escalafón por delante de Vicente Barrera, de Marcial y de Ortega. Confirmó la alternativa en Madrid conjuntamente con Manolete, de manos de Marcial como padrino y de testigo su padre Juan Belmonte como rejoneador. En 1942 toreó un mano a mano con Manolete, el 17 de septiembre en Madrid. Durante toda esta etapa en la que Manolete estuvo en su trono inexpugnable, Juanito Belmonte estuvo siempre entre los primeros del escalafón. Pero este torero vivió siempre sentimentalmente acosado por las circunstancias de su vida. Ya en su madurez llegó a confesarle al crítico taurino Vicente Zabala, con quien tenía una gran amistad: “Por culpa de mi padre, perdí parte de lo más hermoso de la trayectoria de un hombre: la niñez y la adolescencia”. Estas circunstancias tan poco felices, imprimieron cierta aceleración a su vida y a su carrera como torero que fue fulgurante y meteórica, como si quisiera en pocos años recuperar el tiempo perdido, ganando dineros y complacencias vitales. En todo caso, su retirada se produjo el 29 de agosto de 1947, en Almería, que alternó aquel día con Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y Parrita, con toros de don Felipe Bartolomé, e influyó de manera decisiva en esta decisión, la trágica muerte de Manolete un día antes en Linares, a quien admiraba como al ídolo que era.
Uno de sus grandes desengaños en la vida fue precisamente este tropiezo sentimental al que nos hemos referido desde el principio: sus amoríos con la famosa vedette Celia Gámez, que no tuvieron el final feliz que él hubiera deseado. Celia tenía diez años más que él y era la gran figura en España de la revista y de los escenarios. Haberla conquistado, ya fue para el torero todo un éxito social, pues en aquellos momentos era una de las mujeres mas deseadas de España. Eso equivalía para Juanito Belmonte un triunfo tan grande como los que lograba en las plazas mas postineras. La verdad es que levantaba envidias entre la gente de su profesión. “Nos quisimos intensamente. Fue un amor sincero y profundo. Nunca amé tanto a un hombre”, llegó a declarar ella a una revista de modas de los años ochenta, y justificó su ruptura con el torero con estas palabras: “Nunca dejaba de pensar en los años que nos separaban. Era una idea obsesiva, que enturbiaba mi felicidad. Traté por todos los medios de alejar de mí aquel pensamiento. Era inútil. La idea volvía tenazmente, interponiéndose una y otra vez entre nosotros y era mas fuerte que mi amor”. Como ven, Celia Gámez nunca pudo superar esta circunstancia porque intuyó un futuro incierto en esa relación pues miren lo que decía: “Cuando yo esté en el ocaso, él estará aun en la flor de la vida. Y seguirá habiendo muchachas bonitas y jóvenes que serán atraídas por él. La ruptura fue una medida quirúrgica muy dolorosa, pero sinceramente creo que nos evitó a los dos sufrimientos mayores”.
Así que cada uno siguió su camino sentimental y profesional por separado. Ella cuando llegó de Argentina, no tuvo problemas para integrarse en la sociedad española, pues era hija de padres malagueños emigrados al país de la plata. Su éxito le granjeó las simpatías de todo un país, buenas amistades y un lugar distinguido en la vida social madrileña de aquellos años. Los Reyes don Alfonso y doña Victoria acudieron a verla actuar a los teatros en varias ocasiones, e incluso la invitaron una vez al Palacio de El Pardo a tomar el té, donde les interpretó un tango. Hasta su muerte conservó la perla que le regalaron los Reyes aquel día. Según cuanta el historiador Ricardo de la Cierva, Alfonso XIII también tuvo una aventura breve, pero intensa, con la entonces jovencísima Celia Gámez, aunque su primer gran amor fue Darío López, que murió en 1941 y que era bastante mayor que ella. Mantuvo otro idilio amoroso con Fernando Amboage, marqués de Amboage, que murió en combate durante la guerra civil. Con Juanito Belmonte estuvo cerca del matrimonio, pero conoció en San Sebastián al odontólogo José Manuel Goneaga y se casó con él el 1 de julio de 1944 en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid, y curiosamente, fue llevada al altar del brazo mutilado del general Millán Astray. Cosas de aquella época. Celia murió en Buenos Aires en 1992.y Juan Belmonte Campoy en Fuenterrabía, el 20 de julio de 1975. Esta es la historia de dos vidas cruzadas y de un amor imposible.

lunes, 11 de enero de 2010

EL PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN TAURINA DE CÓRDOBA DEBERÍA DE DIMITIR Y MARCHARSE A CASA



Por Rafael González Zubieta

Querido y admirado portavoz del grupo de “Cantamañanas” que, injustamente, no otorgaron el Trofeo “Manolete” al torero cordobés José Luis Moreno: me satisface que le haya agradado tanto mi respuesta a su absurdo y obsoleto escrito (lo de obsoleto es por el estilo literario tan decimonónico que utiliza. Amigo…a ver si lee un poco más y actualiza su redacción al siglo XXI), publicado en la Revista de la Federación Provincial Taurina que además creo, que usted preside. Celebro que por fin haya dado la cara, pues ahora se que A. Sanz es en realidad Antonio Sanz Llergo, presidente de la Federación de Peñas Taurinas de Córdoba, y que me haya dicho a la cara lo que piensa de mi persona. Yo sabía que detrás de tanta actitud protocolaria y de las buenas actitudes sociales de su trasnochada literatura, escondía el veneno que ahora escupe. También decirle que tengo la leve sospecha…la duda, de que su capacidad intelectual le haya permitido escribir esta visceral respuesta… y que además es que pienso que no es usted el autor… ¿no se la habrá escrito ese ayudante escribano que tiene ahí y que le escribe todos los folletos de la Federación….? Le digo esto porque a pesar de que me llame tonto no lo soy, y compruebo con fruición que la redacción y el estilo literario de este escrito y el anterior suyo son diametralmente distintos… No hiere pues quien quiere sino quien puede, y usted señor Antonio Sanz Llergo, no tiene capacidad intelectual ni cultural ni siquiera para hacerme un arañazo pues compruebo que no sabe ni escribir, y si lo que quiere es guerra pues la va a tener y va a escuchar mi protesta por la injusticia cometida al torero José Luis Moreno hasta la saciedad.
Debo de decirle antes de entrar en ninguna otra consideración que mi apellido primero es González….que heredé con mucha honra de mi padre. Le digo esto para no desorientar a la gente…. que me llamo Rafael González Zubieta. Suponga que yo le llamo a usted Sr. Llergo. En Córdoba dirán y este tío….Llergo… quien coño es…? Le ruego pues, que en adelante me llame por mi nombre completo para que todo el mundo sepa a qué patán, inculto, analfabeto e indocumentado se esta refiriendo usted, Sr. Llergo. También se dirige a mí con el nombre que mis amigos familiarmente utilizan para llamarme: “Zubi”. ¿Quién es usted para llamarme de esa manera? ¿Le he dado yo acaso permiso para hablarme con esa familiaridad? ¿Hemos comido en la misma mesa alguna vez usted yo? Bien, yo le sugiero, que ante su tardía pero demostrada afición al periodismo escrito (o al dictado….) podría usted utilizar en adelante y para que lo conociéramos todos en Córdoba el seudónimo periodístico de “Llergi”, y ya que es aficionado a presidir cosas, organismos e instituciones… incluso podría dejar su actual profesión de platero y solicitarle a nuestro presidente Rodríguez Zapatero, que lo incorporara en algún puesto dirigente de su Gobierno. Estoy seguro que allí haría usted un gran papel, pues muchos más indocumentados que usted, están triunfando en estos días de gloria para este país.
Mire usted… Sr.Llergi, su escrito es un monumento a la ingenuidad, pues comienza usted diciendo que no quiere salpicar con esta guerra que usted y solo usted ha comenzado, al torero José Luis Moreno, en un intento, inconsciente de seguro, de disfrazar la situación, de desviar las miradas hacia usted, hacia mí y hacia los “Cantamañanas”, cuando bajo todo este hipócrita disfraz literario que usted plasma en su lamentable escrito, lo que se esconde es la polémica, la tremenda injusticia y el irremediable daño que le han infligido usted y los “Cantamañanas” al torero. A mi no me tiene que convencer de que José Luis Moreno es una excelente persona y un excelente profesional. Yo también lo conozco personalmente, y profesionalmente le admiró más cosas que las que usted tan hipócritamente ha apuntado: empaque, pureza, arte….bla-bla-blá….y se olvida de los aspectos más importantes de este torero que son el valor, la inmensa y depurada técnica que posee, su sentimiento y su entrega a esta difícil profesión. José Tomas tiene mucho valor…incluso sentimiento, pero de técnica anda más bien flojo ¿no cree? Mira por donde ya le estoy sacando de su ignorancia….y le estoy haciendo un favor a pesar de las cosas tan insultantes que en su despreciable escrito dice sobre mí. A mi me gustan estas guerras dialécticas, créame. Son mi especialidad pues me crié periodísticamente en ellas… Fíjese si me hace feliz que ya estoy deseando leer su respuesta (que la habrá….pues usted Sr. Llergi tiene todavía mucho veneno dentro que escupir). Usted quiere disimular el inmenso daño que los “Cantamañanas” le han causado al torero José Luis Moreno. Un perjuicio que ahora ya… por mucho que nos intercambiemos escritos de replica y contrarréplica sobre los “Cantamañanas”… nadie le va a quitar, y esa es precisamente la cuestión, que el escándalo que el jurado del Trofeo Manolete ha causado en esta ciudad va a pasar a la historia por injusto y cruel, con un torero cuyo único pecado es ser humilde y no vivir del cuento del rebufo de la muerte….que es lo que hacen otros. A mi me gustaría que esta polémica (se lo pido por favor Sr. Llergi, no se retire del campo de batalla aún…) se dilatara en el tiempo hasta que llegase la próxima Feria de la Salud. Y lo anhelo por la sencilla razón de que me gustaría que todos cuantos formaron parte de ese jurado paguen su pecado ante la opinión pública, se les caiga la cara de vergüenza día a día durante los 365 días del año, y no vuelvan nunca mas a aceptar ser jurado de nada, pues con su decisión, a la que yo califico de pueblerina y cateta (como su actitud Sr.Llergi), han conseguido desprestigiar ese galardón y hacerle un daño inconmensurable al mejor torero que en estos momentos hay en Córdoba y seguramente uno de los mejores del mundo….y si no….al tiempo.
Ese Trofeo Manolete al que tanto usted defiende con unas y dientes, debe de cambiar de concepción y de estructura, pues tal y como actualmente esta concebido transpira antigüedad, injusticia, tiranía, dictadura, absolutismo y sin lugar a dudas, esta fuera de los tiempos democráticos que vivimos. Despierte ya Sr.Llergi… que estamos en el siglo XXI y que el mundo no se acaba en los términos municipales de Córdoba y su provincia, sino que es un poco mas amplio…créame. Lo que me llama la atención es que un Trofeo como este que es concedido por el Ayuntamiento de Córdoba y que esta concebido bajo unos cánones dictatoriales, anclado en el pasado bajo el prisma del más puro franquismo trasnochado, no haya sido ya modificado, renovado y actualizado. Este galardón no puede estar cerrado al dictamen de 10 sabios (o al menos así los calificaría usted que es tan decimonónico) en una sociedad que es abierta, plural y participativa. Me alucina aun más que un Ayuntamiento regido por un partido que es comunista, no haya reparado en esta circunstancia y haya mantenido intacta su estructura, su organización y su concepción, sin propiciar en él la tan cacareada Participación Ciudadana. Mi propuesta, la que le hice a usted como presidente de la Federación (que tan mal dirige) en mi anterior escrito de defensa a su ataque injustificado, es que este Trofeo Manolete se abra a la afición, que los propios aficionados cordobeses puedan votar al merecedor de este galardón y que no recaiga toda y exclusivamente la responsabilidad en los diez “Cantamañanas” de turno ¿entiende usted de lo que le estoy hablando? Desde mi punto de vista Sr. Llergi, existen ya medios tecnológicos para propiciar que la afición opine, ya sea con encuestas, con votos cibernéticos, con mensajes SMS a un 905….Con las nuevas tecnologías informáticas hay mil medios y maneras de que la gente pueda opinar. Yo propongo que la opinión de la afición cordobesa tenga un valor equitativo a la opinión de los miembros del jurado: un 50% cada parte, jurado y afición. Sería una buena manera de prevenir los escándalos que se vienen sucediendo durante dos años sucesivos con este desdichado premio, y sobre todo seria la solución para evitar mas injusticias como las que llevamos sufriendo. Claro…me hago cargo que usted en estas cosas no piensa como presidente de la Federación Provincial Taurina, porque debe de estar muy ocupado con promocionar la carrera de su hijo o en responderle con escritos insultantes a un profesional de la información y de la comunicación obligado en conciencia a opinar, que no puede entender de toros porque ni es padre de torero, ni es propiamente torero, ni banderillero, ni ganadero….ni veterinario…ni presidente de la Federación Provincial Taurina… ¡Ay Sr.Llergi….Sr.Llergi….qué mala cabeza tiene usted….y en qué jardines se mete sin necesidad….!
Por último me habla usted de moral… de principios éticos… y le quiero decir una cosa que al parecer usted pasa por alto: que en cualquier parcela de esta vida donde se presida o se mande, no se puede ser juez y parte. Es mas… es que no esta bien ser juez y parte. Que usted esta presidiendo una institución que debería de haberse pronunciado en mas de una ocasión y no lo han hecho. Que deberían de haber adoptado una postura clara sobre este y otros escándalos que están ocurriendo en Córdoba en el mundo taurino y no lo han hecho (porque la Federación que usted preside hacer… lo que se dice hacer hacen bien poco o nada, a nos ser figurar socialmente). Que todos sabemos que usted es el padre de un matador de toros y no se puede presidir una institución teniendo que defender en muchas ocasiones unos intereses paternales, de todos comprensibles, que están en contraposición con ese sillón que ocupa. Le pido por tanto que, por motivos precisamente éticos y de dignidad, dimita, se vaya y se ocupe de su platería. De lo contrario vive usted instalado permanentemente en el ámbito del umbral de la negra sospecha, y eso… sin yo acusarle a usted de nada en concreto, es algo irreconciliable. Y como bien dice usted Sr. Llergi en el escrito que ha dictado, quiero terminar con humor: “Zapatero a tus zapatos” y….para concluir sólo dos cosas: por favor dimita y váyase a su casa y se guarda sus principios éticos donde pueda. Y la otra cosa es un ruego: respóndame por favor… a ver si llegamos con este toma y daca hasta el mes de mayo, manteniendo así viva la llama de la polémica y la discordia. ¡Que todo sea en aras de nuestra mutua admiración al torero José Luis Moreno….hombre ¡.

sábado, 9 de enero de 2010

RICARDO TORRES "BOMBITA" ESTUVO A PUNTO DE CASARSE CON LA CUPLETISTA "LA GOYA", PERO PUDIERON MAS LAS DIFERENCIAS ENTRE ELLOS



Por El Zubi

Ricardo Torres “Bombita”, triunfador indiscutible en las plazas de toros y una de las grandes figuras del toreo de su época, fracasó en el amor. Un hombre que fue adorado por multitud de mujeres, acabó solo y dedicando toda su atención a su madre y a sus hermanas. Es verdad que las relaciones entre toreros y cupletistas nunca han sido fáciles, pues el machismo imperante en aquellos años, obligaba a las mujeres artistas a la retirada definitiva de los escenarios, y si ella se resistía pues los planes de boda se frustraban, y esta es precisamente la historia que hoy les quiero contar, la frustrada historia de amor entre el torero sevillano Ricardo Torres “Bombita” y la cupletista Aurora Mañanos Jauffret “La Goya” , que en su día fue la pareja de moda en la incipiente prensa del corazón del primer cuarto del siglo XX y que no llegó a cuajar por los recelos del torero a atarse a una mujer y también por la diferencia cultural entre La Goya y él.
“Bombita” y “La Goya” formaron una pareja admirada en todos los círculos de la moda en aquel Madrid de los años veinte. Daban la impresión de un enamoramiento a toda prueba y, sin embargo no llegaron al matrimonio. Ninguno de ellos acepto la retirada, ni él de los ruedos ni ella de los escenarios. Ella es verdad que dejó los escenarios años más tarde pero más bien obligada por un cambio en la moda de los espectáculos. El cuplé comenzó a dar paso a las vedettes, a las mujeres de cuerpo diferente y a los espectáculos con mujeres ligeras de ropa.
Ricardo Torres “Bombita” torero de la dinastía de “los Bombas”, hermano de Emilio y Manuel, nació el 20 de febrero de 1879 en Tomares (Sevilla). Fue como sabemos, una de las grandes figuras del toreo de la época. Un torero dominador y valiente hasta el máximo límite. Muy castigado por los toros, pasó a la historia, además de por ser un gran torero, por ser el creador e impulsor del Montepío de Toreros. Mantuvo cierta rivalidad en los ruedos con el cordobés Machaquito, aunque nunca pudo con él. Si fueron sus grandes rivales los hermanos Gallo, Rafael y José, que irrumpieron de una manera extraordinaria en la Fiesta, el uno por sus genialidades y el otro por su regularidad en las plazas.
Coetánea de Raquel Meller fue La Goya, cuyo verdadero nombre fue Aurora Mañanos Jauffret, nacida en Bilbao en 1891, tuvo una esmerada educación que la diferenciaba del resto de cupletistas, la mayor parte de ellas casi analfabetas, condición que sin duda le llevó a adoptar en el escenario actitudes mas recatadas. Vestía hasta los pies y únicamente se le veían desnudos los brazos. Para cada copla que interpretaba se cambiaba de traje, lo que hizo que sus actuaciones fueran siempre muy lucidas y espectaculares. El seudónimo le vino regalado por el mejor de los historiadores de la época del cuplé, Alvaro Retana, novelista erótico y letrista tanto de picarescas como de románticas letras. En un principio le sugirió que se anunciara como La Tirana, pero claro ya había existido otra cupletista de este nombre hacía más de un siglo. Al parecer el pintor Francisco Goya y Cifuentes pintó a La Tirana, y ambos creyeron que el apellido del pintor de Fuendetodos podía ser un buen reclamo para su carrera artística. No fue por tanto una estrella de la picardía sensual que era lo que entonces mas se llevaba. Este recato de La Goya en los escenarios fue sin duda la circunstancia que contribuyó al enamoramiento del torero por ella. Como artista tuvo la singularidad de dramatizar magníficamente las canciones que cantaba, de añadir al texto la interpretación teatral, por eso la llamaban en su época la “actriz del cuplé”. Su esmerada educación le llevó a hablar perfectamente el inglés, francés e italiano, y además pintaba y tocaba el piano estupendamente, circunstancia que hicieron que la crítica la bautizaran como la “tonadillera intelectual”. El autor teatral Joaquín Dicenta escribió de forma expresa para ella su obra Juan José, una de las obras de mayor éxito en el teatro español. El propio Dicenta, después de la representación de La Goya, comentó casi lamentándolo que era casi imposible rescatar para la comedia a una mujer como ella, porque en la tonadilla y los cuplés ganaba ella mucho más. La Goya además fue una mujer tan apreciada por los intelectuales que para ella escribieron además de Dicenta, Ricardo Baroja, los Álvarez Quintero, Benavente, Martínez Sierra, Linares Rivas y Valle-Inclán. Cobraba por actuación cien pesetas por día, en tiempos en que la mayoría de sus colegas sólo se llevaban dos duros del empresario de turno. Sus canciones mas famosas fueron La tirana de Tripili, música de Ruperto Chapí y letra de Retana; la habanera Ven y ven, música de Rafael Gómez y letra de Retana; El balancé, al que puso letra Ernesto Teglen y música Ricardo Yust, y el famosísimo Tápame, tápame, de Ricardo y Francisco Yust.
Ricardo Torres y Aurora Mañanos “La Goya” vivieron un noviazgo muy de sus tiempos. Con mucho recato, con carabinas en muchos casos, como la madre de la cantante, que solía acompañarlos en las salidas nocturnas. No se sabe si el interés de Bombita por la artista fue todo lo intenso que debiera ser, lo cierto es que tras una larga relación sentimental el noviazgo llegó a romperse. Está claro que la vida de un torero está llena de precauciones y de una dedicación por entero a la profesión en la que esta permanentemente en riesgo la vida, y esta atención constante a su oficio para no distraerse en ninguna aventura amorosa fue la que precipitó que Ricardo y Aurora no acabaran de entenderse. Ricardo Torres “Bombita” no supo digerir bien la ruptura del noviazgo con La Goya y junto al desengaño y a la pelea a la que le estaban sometiendo los hermanos Rafael y José Gallo decidió retirarse de los ruedos. Esto ocurrió en Madrid el 19 de octubre de 1913. Alternaron con él ese día Rafael y José “Gallo”, y Regaterín, que sustituía a Juan Belmonte que estaba herido.
La Goya organizaba e su casa tertulias literarias y en esas reuniones conoció al escritor Tomás Borrás, cronista oficial de la Villa de Madrid, con el que finalmente se casó. La educación de ambos era más parecida, ya que con Bombita existieron demasiados celos profesionales y evidentes desniveles culturales. Ricardo Torres “Bombita” ganó en su época cuatro millones de pesetas y fue un hombre poco dado a fiestas y saraos. Le gustaba vivir en Madrid para ir al teatro, mientras que en Sevilla el ambiente que había era de copeo en las tabernas, cosa que él aborrecía ya que no le gustaba el alcohol. Tras su ruptura con La Goya hizo unas manifestaciones en la revista La Unión Ilustrada, que se editaba en Málaga, en la que manifestaba que tenía “carácter de casado. Siempre he hecho una vida ordenada. Jamás he pasado una noche fuera de casa. Ahora bien, yo creía que mientras tuviera que andar con los toros estaba obligado a no crear una familia. Tenía el ejemplo de que el casamiento había acabado con muchos toreros. Además…el público quiere al artista soltero”.
En realidad Bombita tenía vocación de solterón pegado a las faldas de su madre. La Feria de Abril por ejemplo, no podía pasarla si no era junto a su madre. Tan preocupado estaba por su madre que se retiró de los ruedos también por darle gusto a ella. Era, a la postre, un hombre adorado por las mujeres de su familia, de las que se dijo en su día que juntas, habían batido todos los record de rezos. Ya retirado y durante una determinada época Ricardo Torres se dedicó a negocios de exportación con una empresa barcelonesa, y tenía mucho cuidado con las inversiones que hacía pues siempre buscaba lo seguro. Años mas tarde visitó de nuevo Madrid, pero no para saludar a su antigua novia, sino a comprar bonos del Tesoro.
De esta frustrada historia de amor cabe concluir que Aurora Mañanos “La Goya” fue una mujer de personalidad mas fuerte y de un nivel cultural mas elevado que el del torero, un hombre que nunca acabó de salir de las faldas de su madre. Mucho barco para tan poco marinero, que dice el refrán… para que nos entendamos.

viernes, 8 de enero de 2010

LAS ALMAS DE MANOLETE Y CAMARÁ, EN LA SIERRA NORTE DE SEVILLA



Fotos LADIS

Por El Zubi

Es difícil creer que en pleno Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, cerca de Constantina, se encuentren las almas de Manolete y Camará, en el Salón Taurino del Cortijo de Las Bernabelas, propiedad de los hijos de Manuel Flores Cubero “Manolo Camará”. Es difícil de creer pero así es. Manolo Camará dedicó, con muchísimo cariño y mimo, dos amplios salones de su finca de Las Bernabelas a dar cobijo a multitud de objetos, recuerdos, carteles taurinos y maravillosas fotografías, testimonios de las vidas de dos hombres que han dejado una profunda huella en la historia de la tauromaquia, binomio perfecto que fueron Manuel RodríguezManolete” y José Flores Camará. Para los que sentimos con el corazón todo lo relacionado con la Fiesta, aquel salón taurino es casi un santuario, que…a primera vista emociona y sobrecoge, pues se siente que el espíritu de estas dos personas está allí, quieto, adormecido y tranquilo, con el canto de los jilgueros y los gorriones del exterior como sonido de fondo. Manolo Camará llevaba ya tres años retirado del mundo del toro, antes de que la muerte le sorprendiera en Marbella en un mes abril de hace unos años, y vivía la mayor parte de su tiempo refugiado en aquel paraíso terrenal que se encuentra en el norte de la provincia de Sevilla. Allí pasaba los días rodeado de su amplia y maravillosa familia, con sus recuerdos, sus pájaros perdices, entre jabalíes, corzos y ciervos, y la satisfacción de haber dejado a la “Casa Camará” en el mismo pedestal que la dejara su padre. Tuvo la inmensa bondad, por la amistad que nos profesabamos, de mostrarnos este maravilloso secreto suyo y de su familia. Es como si nos hubiese abierto su propio corazón, pues nos fue mostrando con entusiasmo paulatinamente, todos los objetos que allí permanecen con el tiempo parado a sus espaldas.
El salón taurino de Las Bernabelas tendrá una superficie de unos treinta metros cuadrados. Una estancia agradable con una amplia chimenea al fondo y una cabeza de toro disecada a la izquierda. Los techos con gruesas biguetas antiguas, y todo enjalbegado con cal al estilo antiguo. Entrando a la izquierda en una vitrina de tres cuerpos se exponen con extremado mimo, diversos objetos que presidieron las vidas de Manuel Rodríguez “Manolete” y José Flores “Camará”. Todos los objetos expuestos van acompañados de sus correspondientes fotografías que testifican su autenticidad. Impresiona al primer golpe, el traje de luces con el que Manolete tomo la alternativa en Sevilla el 17 de julio de 1939 de manos de Chicuelo, un traje heliotropo y oro ya descolorido por el paso implacable del tiempo, así como un pantalón beige y los zapatos de paseo que Manolete llevó puestos a Linares aquel fatídico 28 de agosto de 1947, antes de vestirse de luces para ir a encontrase con la muerte. Allí están los pasaportes de Manolete y Camará, la coleta de José Flores Camará, la maquinilla de afeitar que uso Manolete la tarde de Linares, aun sin limpiar, pues el diestro cordobés acostumbraba a hacerlo al volver de la plaza. Aquel día no pudo volver, y esta conserva aun el jabón seco y los pelillos de su barba pegados en la cuchilla. Su pitillera y la cerillera. El reloj Longines que se compró en 1940 junto a su apoderado después de hacer la primera liquidación.
Colgadas en el centro de la vitrina están las medallas que Manolete llevaba colgadas al cuello el día de su muerte junto al escapulario que perteneciera a El Guerra. A la izquierda las gafas de sol con las que tantas veces fue fotografiado Camará. El abotonador usado por Camará para abrochar la taleguilla al torero. En la parte derecha se encuentra la capillita que Manolete llevaba consigo a los hoteles a la que rezaba y se encomendaba cada tarde antes de salir a las plazas a jugarse la vida: una estampa del Cristo de los Faroles, una capilla de San Rafael Arcángel, una estampa de la Virgen de los Dolores, una foto con la imagen del Cristo de la Salud de Ecija y un altarcillo con la Virgen del Pilar que fue propiedad de “Lagartijo”. Una tía de José Flores emparentada con “Lagartijo” se la regaló a Manolete y le tenia un especial apego.
Allí se encuentra también ese importante documento que ha marcado un hito en la historia del apoderamiento, en el cual Manolete otorga a Camará amplios poderes notariales para administrar todos sus bienes a su antojo. Se expone una radiografía de la clavícula izquierda del torero, fruto de una lesión sufrida en Alicante en 1945, y las agendas de mano de Camará de los años 1944 y 1945, donde el apoderado iba apuntando los lugares por donde toreaba Manolete, los trofeos que lograba y el dinero que cobraba en cada plaza (entre 215.000 a 250.000 pesetas de la época). En la vitrina casi escondido, está el guante blanco de piel de una señora de Barcelona que fue “Miss Ojos” y que se lo tiró a la plaza a Manolete una tarde de triunfo. Ese guante iba siempre en el equipaje del torero como un talismán que le daba suerte.
Dentro de la vitrina se ven fotos insólitas como una en la que el torero cordobés se ríe a carcajada limpia, otra con el pintor Zuloaga, con Arruza y Gitanillo de Triana, o dando la vuelta al ruedo en la Maestranza en 1941 con el rabo de un toro de Villamarta en las mano derecha, algo bastante inusual en la plaza sevillana. Imágenes del torero vistiéndose de luces con sus ayudantes o descansando en el hotel y una de Juan Belmonte dedicada al torero de Córdoba.
Colgada en uno de los pilares de esta sala se encuentra enmarcada una carta manuscrita de Wiston Churchuill dirigida a Manolete, en la que le daba las gracias por haberle regalado la cabeza de un toro de Baltasar Iban, disecada que llevaba en la testuz la V blanca de la victoria. Un documento curiosísimo y desconocido que da idea de la dimensión social que llegó a tener el torero cordobés. Al otro lado del pilar cuelga una foto de Manolete toreando en Barcelona a un toro de Miura y debajo la reproducción litográfica de esa imagen dedicada y firmada por Antonio Ordoñez a quien en esos días era su apoderado José Flores Camará, en la que dice textualmente refiriéndose a Manolete que “ese era su torero”, al que siempre admiró.
En la sala contigua al Salón Taurino del Cortijo Las Bernabelas, una mesa de billar preside la estancia, y en sus paredes se cuelga una extraordinaria colección de carteles taurinos de la época de novillero de Manuel Rodríguez “Manolete”, junto a trofeos y fotos de la vida taurina de Manuel Flores Cubero, mezcladas con las de su padre y varias litografías de La Lidia y revistas de 1920 alusivas al torero José Flores, que una vez retirado seria el apoderado más importante que ha dado la historia.
Para Manuel Flores Cubero “Manolo Camará” el futuro de este pequeño pero maravilloso museo esta claro: “si algún día mis hijos no pueden mantener esto he dejado dispuesto que todo lo que hay aquí vaya a parar al Museo Taurino de la Real Maestranza de Sevilla, donde sé con certeza que van a valorar y cuidar muchísimo todo esto”.