viernes, 12 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (6ª parte)


Por El Zubi
Desde hace muchos años,  estuve yendo a Jerez a ver torear a Curro y a Paula, en comunión de dos entrañables amigos sevillanos, que comparten conmigo además de una buena amistad, una pasión común por el maestro de Camas. Se llaman Pepe Castro  y Antonio  de las Heras. Con ellos dos, descubrí varios placeres que eran tangenciales a Curro y a la Fiesta de los Toros. Me refiero a la buena mesa y a la buena sobremesa. Nosotros siempre nos íbamos para Jerez a la una del mediodía.  Siempre íbamos a comer al mejor restaurante o de Jerez o del Puerto de Santa María. Comer bien era fundamental antes de ir a ver a Curro, y lo sigue siendo para ver una buena corrida de toros. En realidad comer bien es fundamental en cualquier circunstancia o lugar de la vida. Para pasar fatigas es mejor quedarse en su casa de uno. Así que puestos en carretera, es importante tratar bien al estómago.  Aquel día en el Puerto de Santa María, después de una buena comida, tuvimos una agradable y tranquila sobremesa, con copa y un buen puro habano aderezado todo con una agradable conversación taurina que giró en torno a los pronósticos sobre la actuación que iba a tener ese día el viejo maestro. Tras este disfrute  terrenal nos fuimos con tiempo de sobra a Jerez. Aparcamos bien el coche y dimos un paseo tranquilo por el ferial. Saludamos a amigos y conocidos con los que nos tomamos una copa y después... a la plaza. Aquel 18 de mayo del año 2000, Curro cortó tres orejas y un rabo en Jerez, algo fuera de lo común, así que imaginen ustedes cuantísimo arte se destapó esa tarde en aquel albero.  Fue la tarde en la que Rafael de Paula se arrancó la coleta, al no poder matar ninguno de sus toros por la invalidez que tiene en las rodillas, pero el jerezano sin embargo toreó de maravilla a ambos toros de su lote con el capote y la muleta. Sonó esa “música callada del toreo”  de la que el poeta José Bergamin nos habla en su libro, del mismo nombre (“La Música callada del toreo), dedicado precisamente al torero jerezano. Y por último, Finito de Córdoba estuvo sensacional, cortándole una oreja a cada uno de sus toros.  La corrida fue muy emotiva, no sólo por la locura y el derroche de arte inmenso de Curro, sino por el gesto de Paula y el buen hacer de Finito. Aquella tarde en Jerez, los relojes se pararon a las siete de la tarde, y el maestro Curro Romero nos sorprendió de nuevo a todos  reinventando de nuevo el toreo. Volvió a crear el temple, el ritmo, el son, la lentitud y el sentimiento puro del arte de torear. Sin duda, aquella faena la llevaba el maestro en el corazón o fue tal vez que Dios ese día bajo a merendar a Jerez de la Frontera un chocolate con churros,  le picó el gusanillo de torear un poco al ver en los carteles a Curro y se dijo: ¡ea….hoy voy a torear un poquito!...y se reencarnó en Curro durante un par de horas. Lo cierto es que hizo una faena de embrujo con la que Curro detuvo el tiempo en Jerez de la Frontera.
Los tres amigos que allí fuimos acabamos la corrida muy nerviosos  y estresados, pues vivimos en pocas horas una serie de emociones muy fuertes.  Nos volvimos después a Sevilla nada más terminar el espectáculo. Llegamos a las diez menos cuarto de la noche o así. Nos  disponíamos ya a despedirnos y coger cada uno su coche para regresar a nuestras respectivas casas, y mi amigo  Antonio de las Heras nos dice a Pepe y a mí: “¿oye no tenéis hambre? yo estoy ‘desmayao’”.  Estábamos en la plaza de Cuba en la puerta del restaurante “José Luis” y nos dijimos: “pues mira vamos a tomarnos unas cervecitas, y nos relajamos un poco, porque es temprano y experiencias como la de hoy se viven pocas veces”. Total que... entramos en aquel establecimiento. He de decir que mi amigo Antonio es un especialista en las máquinas tragaperras. Mientras que Pepe Castro y yo  soñábamos en la barra de aquel bar, con medias verónicas, trincherillas, desplantes, pases de pecho y naturales con la izquierda, nuestro amigo Antonio estaba “ordeñando” a la maquinita tragaperras, a la que logró sacarle en pocos minutos unas 20.000 pesetas. ¡Dios es grande!.  Estaba claro que ese día los hados estaban con nosotros... ¿Qué hacer con ese dinero?, pues comer y beber hasta que se terminó  y después nos fuimos “cada mochuelo a su olivo”  aproximadamente cuatro horas más tarde.
De tal forma que eran las dos de la madrugada  ya del 19 de mayo, cuando me estaba metiendo en la cama como una serpiente, con gran sigilo para no molestar a mi mujer, y de pronto sentí  esa sensación de santa felicidad, de inmensa calma, como si estuviera en “gracias de Dios” y “levitara”, teniendo conciencia de haber disfrutado una barbaridad,  con mis amigos, con los toros, comiendo, bebiendo, y viendo torear de verdad  a Curro, a Paula y a Finito. Y antes de que Morfeo me envolviera con su manto dulce de tibieza y me transportara al País de los Sueños, pensé que la felicidad es muy barata. Que basta con tener buenos amigos, elegir alguna pasión con  la que ilusionarse y tener unas pocas pesetas en los bolsillos, para poder acceder a la plena felicidad. Claro que nosotros ese día tuvimos suerte. Tal vez  Dios ese día quería torear y bajó de los cielos a merendar en Jerez y de paso se encarnó en Curro Romero y deseo torear un rato, y por eso se lió el taco que se lió en Jerez. Qué se yo… Semanas después, el cantaor “El Turronero” le cantó aquella soleá que decía así:
“Romero, Romero, Romero,
cuando hace el paseillo,
qué temple y qué  majestad,
que hasta el albero se queja
cantando por soleá...
Los arcos de la Mestranza
al tendío  le comentan:
los lances que pega Curro
saben a limón y menta.
Si algún día te vas del toro
tós moriremos de pena
recordando aquella tarde
con aquel toro de Domecq
en  Jerez de la Frontera”.
 Les comento esta corrida de Jerez con tanto detalle para que vean como tras una afición o un sentimiento como el “currismo” se puede acceder  a otras esferas de la vida como la amistad, el hedonismo por el disfrute del buen comer y beber, y a la felicidad auténtica de sentirse absolutamente bien y libre.
 Sobre todo a la felicidad, porque yo tengo que manifestar que le tengo una gratitud enorme a Curro Romero, primero porque he sido muy feliz viéndolo torear, pero es que además gracias a su sentido del toreo, he encontrado el camino de la amistad, de la verdad y de lo auténtico. 
Quiero además contarles como a través  de esta profesión de periodista y de esta afición por la Fiesta, he encontrado uno de los más valiosos tesoros  que un ser humano puede tener: la amistad. Por un lado desde que en el año 1989 saliera en Córdoba la revista taurina “La Montera” no he dejado de escribir y publicar artículos taurinos y esto me ha servido para entrar en la amplia familia taurina de la ciudad de Los Califas y hacer grandes y profundas amistades con buenos aficionados de allí. Escribir de toros, es como la “guinda de la tarta” en mi profesión. Por otro lado me dio desde entonces el gusto de escribir conferencias cada año sobre la Fiesta y esto me ha permitido conocer por toda España a personas extraordinarias, como ustedes,  que comparten conmigo una gran amistad y una pasión común que es la Fiesta de los Toros.
Hace tiempo un buen amigo mío de Lucena, que se llama Javier Gómez Molero, que ahora vive en Bruselas, me dijo que con el tiempo “yo me había convertido en un coleccionista de amigos”, algo que es cierto pero que hasta ese momento yo no había observado. Yo tengo afición de coleccionar algunas cosas: radios antiguas, periódicos y revistas de eventos muy señalados, etc... Pero con el paso de los años me he convertido en un coleccionista de amigos. Una actividad que produce satisfacción pero que mezclada con los Toros es aún mayor, y si además estaba por medio Curro Romero y el “currismo”, la amistad y la satisfacción se multiplican por mil. Y eso es lo que  le está ocurriendo a mi vida, que a veces me da miedo ser tan feliz con  lo que tengo.

jueves, 11 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (5ª parte)


Por El Zubi

Pero quiero contarles también, como conseguí llegar a la felicidad plena gracias a la afición al toreo de Curro. Miren ustedes, en esta vida descubrir algo que te puede llevar a la felicidad es la meta de cualquier humano. Lo que ocurre es que unos lo consiguen y otros no.  Hay personas a las que les cuesta mucho trabajo llegar a este estado de ánimo: ser feliz.  Casi todas las personas recordamos nuestra infancia como la época más feliz y mágica de nuestras vidas. Digamos que esa etapa de nuestras vidas es la más lúdica y mágica. Con cualquier tontería de juguetillo podíamos ser las criaturas más felices de la tierra. Aquel olor mezcla de plásticos, latón y pintura…que tenían los juguetes en nuestra época, que nos inundaba el corazón de gozo cuando los olíamos mientras jugábamos con ellos… Después nos hacemos mayores y todo cambia. Las personas mayores somos  más aburridas. Nos hacemos mayores y sólo pensamos en las mujeres (y las mujeres en los hombres), en el sexo, en el dinero, en los negocios, en los coches, en las copas, en el trabajo... pero nada de eso nos llena de felicidad ni nos proporciona aquella magia como un juguete cuando éramos niños. Es como si hubiera desaparecido por completo de nuestras vidas  aquel sentido lúdico que nos inundaba de alegría continuamente, aquel “Paraíso Perdido”. Nos descuidamos y perdemos la perspectiva de algunas cosas sencillas que son las que en realidad nos proporcionan la felicidad. Porque la felicidad, se encuentra en las pequeñas cosas.  Pensamos que un multimillonario tiene más posibilidades que cualquiera de nosotros de ser feliz y es una equivocación, porque la felicidad es muy barata. Su precio puede oscilar entre las 0 a las 15 o 20.000  pesetas de las de antes.  Permítanme que les cuente cual era mi receta, porque en ella, como no, también se encuentra mi afición a Curro Romero.
 En esos últimos años en la carrera del viejo maestro, hay varios hechos que a mí me hicieron inmensamente feliz. El más lejano fue el que ocurrió el sábado 17 de abril de 1999.  Aquella tarde el maestro Curro Romero convirtió la Mestranza en un auténtico manicomio. Menos mal que aquella corrida fue televisada por Vía Digital y lo pudo ver mucha gente en España, porque lo que allí ocurrió era difícil de explicar. La cosa es que aunque la corrida fue televisada por Vía Digital, la vivencia artística no es igual que estando allí en la plaza. Por televisión se pierde yo creo lo fundamental, que es el alma del momento y el auténtico ambiente. Había que estar allí para vivirlo. Aquello fue la “locura desatá”, el arte saliendo a borbotones hasta por las bisagras de la Puerta del Príncipe.  Al día siguiente, el diario El País, en su edición nacional del domingo, abría en primera página a cuatro columnas, con el triunfo de Curro en Sevilla. Lo mismo hizo el ABC, o El Correo de Andalucía. Tomen nota: un torero de 67 años era noticia de portada  a cuatro o cinco columnas en todos los periódicos nacionales más importantes, a causa de su actuación una tarde de toros en Sevilla.
 Otro hecho memorable fue un año después en Badajoz. Ese toro que Curro cuajó en Badajoz fue indescriptible. Su triunfo en Baeza en el 99 fue algo importante. Las citas en Antequera en el 98 y 99 fueron muy importantes también. De la corrida del 99 en Antequera recuerdo media verónica de Curro Romero tan lenta, que duró una eternidad. Allí logró Curro para de nuevo el tiempo. Recuerdo que mi amigo Pepe Castro, un currista empedernido como yo que estaba a mi lado, me dijo como una sentencia: “eso es lo que tiene Curro, que parece que hipnotiza a los toros. Cuando él se retire, esto ya no hay quien lo haga”. Media verónica valió más que la corrida entera. Además es que no recuerdo ya ni con quien alternó aquella tarde, sin embargo nunca se borrarán de las retinas de mi memoria aquella media verónica de ensueño.
  Pero la corrida de toros más preciosa, emotiva y artística que  yo jamás he vivido fue la del jueves 18 de mayo de 2000 en Jerez, unos meses antes de su retirada.  El cartel era de “campanillas”: Curro Romero, Rafael de Paula y Finito de Córdoba. Ganado de  Juan Pedro Domecq.  Todo era perfecto.
(Continuará mañana)

miércoles, 10 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (4ª parte)


Por El Zubi
Me van a permitir que les cuente una anécdota graciosa que me ocurrió en los tendidos de sombra de la Maestranza de Sevilla, hará unos diez años. Toreaba Curro en la Feria de San Miguel. Aquella tarde estuvo muy bien. En su primer toro estuvo inmejorable pero falló con la espada y sólo se llevó como trofeo unos ramitos de “romero” que el público le tiró desde arriba. En su segundo toro estuvo sensacional,...prodigioso, tanto con el capote como con la muleta, y aunque con una estocada no muy ortodoxa,  “cazó” al bicho  a la primera. Aquello le valió una oreja, que él recogió del alguacilillo con cierto asco y se la entregó inmediatamente a un subalterno.  Curro se mostraba alegre y feliz y comenzaba a dar la vuelta al ruedo. 
Sentado a mi izquierda había un buen amigo “currista” hasta la saciedad y sevillano de pro, al que le debo haber comprendido en Sevilla a la perfección la liturgia y las claves del “currista”. Me estoy refiriendo a Fernando Fabiani. Mi amigo y yo, durante la corrida  hablamos en diversas ocasiones de manera apasionada sobre Curro. Pues bien, cuando Curro pasaba por debajo de nuestros asientos en el tendido, por el ruedo con su ramo de romero en las manos, feliz por su triunfo, yo le comenté a Fabiani  mientras aplaudíamos,  que me daba la impresión de que Curro era un hombre feliz.  Fernando hizo un aspaviento, se separó unos centímetros de mí y  con una sonrisa de oreja a oreja y ,como si yo fuera un ingenuo idiota, me dijo así de claro: “Rafael, a Curro lo que le pasa es que está bien follao, ¿no te das cuenta…?”.  Yo me quedé algo  perplejo... y con una sonrisa asentí la grosera afirmación que mi entrañable amigo me había hecho.  Sin duda  era una conclusión llena de sabiduría e inspirada en la filosofía popular que es la más sabia. (Era la época en que Curro era novio de la bella señora Carmen Tello hoy ya su mujer). Y durante algún tiempo le di vueltas en la cabeza a esa afirmación y reflexione sobre la cuestión: “como una mujer puede tener una influencia tan importante en el devenir de un hombre, tanto para bien como para mal”. En este caso para bien, pues gracias a una mujer, a la hermosa y guapa Carmen Tello, mujer y señora ya de Curro, le debemos los aficionados y “curristas”, que Curro, felizmente enamorado, nos regalara esos últimos cinco o seis  años de arte, antes de que se retirara de los ruedos. Por eso hace años, cuando el maestro anunció a Fernando Fernández Román el 22 de octubre del año 2000 por la noche en RNE su retirada definitiva de los ruedos, experimenté varios sentimientos contradictorios a la vez. Por un lado tristeza enorme por no poder seguir soñando con el toreo con los ojos, con los oídos y el corazón. Pero por otro,  sentí una gran alegría por el bien ajeno: al menos Curro, con su edad, no va a estar expuesto a una mala cornada, y ahora con esta gran señora le esperan unos años de felicidad y tranquilidad que se los tiene muy bien merecidos.  La conclusión o moraleja de esta anécdota está en que el hombre que encuentra el equilibrio perfecto junto a una mujer, que se siente querido y amado por ella,  protegido por su cálido manto de amor, está preparado para llevar acabo las más grandes gestas. Y si este hombre es un artista y además es torero, pues puede ocurrir lo que a Curro Romero, que sus últimos cinco años de carrera profesional han sido de oro puro. Conclusión importante esta ¿no creen ustedes? Les estoy hablando de otra cosa ya distinta a los Toros. Les estoy  hablando del “Amor”.

martes, 9 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (3ª parte)


Por El Zubi
Pero en el “currismo” hay mas cosas, y yo hoy aquí, se las quiero contar a ustedes a ver si logro que me comprendan a fondo. A mí me enamoró la magia del capotillo y la muleta de Curro. Sus  verónicas, sus medias verónicas tan lentas, eternas a veces. Sus inesperadas “resurrecciones” cuando nadie daba ya un duro por él. Sus trincherillas electrizantes, su toreo al natural con la izquierda. Sus andares en la plaza, su concepto del vestir en el torero. Su ser dentro de la plaza y fuera de ella. Su seriedad vital. El mismo Curro le confesaba al periodista Antonio Burgos cual era su verdadera concepción del toreo: “El toreo – le decía Curro -- es sentimiento. Es acariciar. Convertir algo violento en algo bello y todo de modo muy natural. Hay que hacer las cosas como le salen a uno de lo más profundo”. Y ese saber hacer las cosas, convirtió el toreo de Curro Romero en un arte mágico y prodigioso, surgido en esos instantes de sublime inspiración del artista, en que lograba sin proponérselo parar los relojes del tiempo.
En muchas ocasiones los  detractores de Curro Romero,  han venido ha decir, como un insulto, que Curro era un torero muy irregular pues de veinte corridas toreadas, estaba bien en una o dos solamente. Y yo con tristeza pensaba que al arte no se le puede aplicar las estadísticas. El arte surge cuando tiene que surgir. Cuando se dan las condiciones precisas, en que coincidan los astros, las buenas actitudes del toro, el estado de ánimo del torero, que esa tarde no haya viento...o que no haya discutido con la suegra  y qué sé yo, ...una serie de circunstancias que hacen que al torear un torero como Curro surja esa música callada del toreo de la que  nos habló el poeta José Bergamin: “Música para los ojos del alma y para el oído del corazón”;  que es el tercer oído del que nos habló el filósofo alemán Federico Nietzche: “el oído que escucha las armonías superiores”. Bergamín también se hizo eco de un pensamiento clave de las Santas Escrituras: “Oír con los ojos, ver con los oídos”. Para mí esa “música callada del toreo” es eso,  y es otro elemento fundamental e irrepetible del “currismo”.
Yo he aprendido además con Curro, que el torero no puede prestarse a “charangas” ni “panderetas”.  El torero tiene que ser serio. Torero dentro y fuera de la plaza, como lo fue el “Guerra”, Manolete, o “Gallito”, o Juan Belmonte, y ahora, Joselito, PonceMorante de la Puebla o el maestro Luis Francisco Esplá. Lo que no puede ser es que haya toreros, que sean más conocidos por sus faenas de “bragueta” que por sus faenas de muleta. Los toreros por tanto deben ser  personas serias, con sus vidas privadas  para ellos, pero con actitudes vitales de seriedad. Porque la Fiesta se merece creo yo, ese protocolo y esa liturgia sagrada de seriedad y máximo respeto. Ese saber estar o comportarse en sociedad, no como alguien cualquiera, sino como un torero, que es señoras y señores, tal vez el oficio más difícil del mundo. Y además debe de ser  fiel a sus propias convicciones por encima de las modas imperantes o los gustos de empresarios y del público  en general. Y Curro Romero siempre fue fiel a sí mismo y no a la galería. Actitud que le propinó en muchas ocasiones malos ratos y dolores de cabeza.  Todos  estos elementos han ido conformando en mi interior,  el “canon” de cómo debe ser un torero.
 En esos últimos años de la carrera profesional de Curro Romero, yo me convertí también en un peregrino, porque  presentía que la retirada del maestro de Camas podía estar cercana, y me propuse beber con deleite esas últimas gotas del “tarro de las esencias”.
Tengo que confesar que en esos últimos  años, le  seguí a muchas partes y que aprendí muchas cosas  útiles para ser más feliz, como es por ejemplo comprender mejor las cosas de la vida. Porque  el hombre es más feliz cuanto más sabio es  y logra entender mejor las cosas de la vida. Yo creo que a lo largo de nuestras vidas estamos siempre aprendiendo a vivir, y “saber vivir”  es un arte que puede aprenderse con el tiempo aunque no todos lo logran. (Continuará mañana).

lunes, 8 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (2ª parte)

Por El Zubi
Como les decía ayer, el “currismo” es pues un sentimiento. Un sentimiento estético, de amor a la verdad como esencia del todo o de lo absoluto. Un sentimiento estético acompañado de una fuerte carga de estoicismo, con la que sufrir y aguantar sin variar nuestras convicciones, los fracasos con los que muchas tardes nos premió Curro en muchas plazas de España. Y estoicismo también, para aguantar y sufrir las risitas maliciosas de todas aquellas personas que nunca se tomaron en serio el concepto de la “verdad en el toreo”, y que con una o dos tardes desafortunadas del maestro encontraron un argumento fácil para burlarse cruelmente de cualquier “currista”. Ese “estoicismo”, ese espíritu de calma en el sufrimiento, de saber aguantar estoicamente las burlas de la gente y de saber esperar la llegada del júbilo ante el momento de inspiración y genialidad del “maestro” sin desfallecer, también es un elemento importante dentro de esta filosofía de la que les hablo.
Otro aspecto importante en esta filosofía del “currismo” es su “no posible ubicación” en un lugar geográfico concreto. En cierta ocasión, hace ya algunos años, me encontraba yo en Ronda, para ver una corrida goyesca, y en la reunión de personas en la que estaba, hubo alguien que me dijo a mí en un tono un tanto despectivo que cada vez comprendía menos a los “curristas”: “vosotros los sevillanos, - me dijo - es que tenéis ahí una cosa con Curro...“; como si ser sevillano y “currista” significara no tener objetividad y sí solo pasión por un mito. Naturalmente le respondí que yo no era de Sevilla, sino de Lucena (Córdoba), pero que si mi madre me hubiera parido en Moscú y yo hubiera tenido la oportunidad de ver torear a Curro como él sabía una sola vez…, seria igualmente un moscovita “currista”. A mi no me hubiera importado ser de Sevilla, de Almodóvar del Campo, o de Granada, ...o de Alicante, o de cualquier lugar, pues nadie elige a la carta el lugar donde debe de nacer. Porque ser de allí o de allá, no es ningún mérito nuestro, ni somos más o menos que nadie por ser de un lugar u otro. Mucha gente comete el error, por tanto, de ubicar el fenómeno del “currismo” a Sevilla. Es como si quisiéramos ubicar a Picasso, en Málaga, o a Velázquez en Sevilla, cuando Picasso al igual que Velázquez y Curro Romero, son tres artistas universales, de los que nadie se puede apropiar sometiéndolos a absurdos localismo o paisanajes.
No crean ustedes que el “mito de Curro Romero” me tuvo esclavizado y que me hizo perder la objetividad. No soy un esclavo ni del “mito” ni de las “religiones”. Es más, huyo de mitificar a nadie ni a nada, porque si lo miran bien, el lenguaje original del mito es simbólico y casi siempre se vale de personajes y hechos irreales o cuya realidad ha sido transformada, para los fines inspiradores de determinadas doctrinas. En pocas palabras, que los mitos son simples fraudes urdidos “ex profeso” para motivar una adhesión a algo. Por eso creo que a Curro Romero no se le puede mitificar, no necesita que se le mitifique, porque la majestad, la hondura y la pureza de su toreo, se producía cada tarde mágicamente como un milagro en los ruedos de este país, y ese hecho era algo real y tangible para los buenos aficionados a la Fiesta que hemos sabido ver y diferenciar “la verdad auténtica” de las verdades a medias. Es más, pienso que el que sea buen aficionado a la Fiesta y no haya sido “currista” es que no tiene perdón de Dios.
Se sorprenderían además si les dijera la de veces que he abroncado al “maestro” en esas tardes aciagas, más de las que hubiéramos querido todos, en las que Curro estuvo desastroso, y tras el fracaso nos decíamos: “hoy no pudo ser ¿estará acabado el maestro?... Me he reído mucho también de él. De esas estocadas “pezcuezeras”, de sus miedos en el ruedo, de sus triquiñuelas de “perro viejo”. Pero yo creo que mi admiración por el torero no está reñida con mi sentido del humor. Decía Sigmund Freud que: “el mito unido al humor libera los fantasmas de la mente”, o sea que de vez en cuando es muy sano para nuestras mentes reírnos, no solo de los mitos y los dioses, sino de hasta de nuestra propia sombra y también de la sombra de los demás. Y esto es algo que yo llevo a la práctica continuamente, seguramente porque me considero con una buena salud mental. (Continuará mañana).

domingo, 7 de marzo de 2010

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (1ª parte)


Por El Zubi
Es un privilegio para mi hablarles hoy sobre una de mis grandes pasiones: la Fiesta de los Toros, y sobre todo lo que ése sentimiento o filosofía conocida como “currismo o romerismo” ha aportado de bueno a mi existencia. He de confesar que lo hago con gran pudor y respeto. Pudor porque les voy a abrir mi corazón de par en par, y respeto, porque torear en plazas como esta, la blogosfera universal, en la que hay tan entendidos y buenos aficionados, pues no es fácil e infunde mucho respeto.
En estos momentos quiero hacer un esfuerzo mental e imaginar los sentimientos de un torero segundos antes de salir al albero, cuando en la puerta de cuadrillas esperan la orden del presidente, con el sonido de fondo del murmullo del público en los tendidos, ansiosos de espectáculo, con la montera calada hasta las cejas, el sol de frente y el capote de seda pegado al cuerpo con la fuerza de un puño en el costado. La boca seca y un fuerte pellizco en el estómago fruto del nerviosismo. Es el miedo al resultado incierto. El miedo a lo desconocido. El miedo a esa muerte negra y con cuernos, que espera impaciente en la umbría de toriles. Algo parecido es lo que en estos momentos siento yo, salvando las distancias, así que igual que los buenos toreros, voy a parar el toro, templarlo y torearlo con el corazón abierto.
Dicho esto, debo de adelantarles que a lo largo de mi exposición, les voy a hablar lo menos posible de los valores taurinos de Curro Romero de todos ya conocidos, y mucho de mí mismo: de un ser humano sensible a las expresiones plásticas y estéticas de la Fiesta de los Toros, que es donde mejor quedan creo yo expresadas estas cuestiones de índole superior y del alma. Les voy a hablar de mis reflexiones filosóficas sobre la vida, sobre el amor, sobre la felicidad, la amistad y sobre la
“verdad absoluta” cómo el único camino plausible de un ser humano que pretende cruzar la ruta de su vida con honradez y dignidad. Todo ello, claro esta, alumbrado desde la Fiesta de los Toros y desde la fuerza espiritual que da el sentirse todavía profundamente “currista”, que para mí es un estado, como estar en “gracia de Dios” o lo que es lo mismo, en el camino de la “verdad absoluta”. He de confesar que yo fui un advenedizo en esto. Vamos que llegué a esto de los Toros un poco tarde. Aunque mi padre me aficionó a la Fiesta desde que yo era muy niño, nunca como en estos últimos años de mi vida he sentido este espectáculo como ahora, como una auténtica pasión que me llega a lo más profundo de mi alma. Digamos que el “enamoramiento” por el toreo de Curro Romero, la Fiesta y su entorno, lo descubrí hace unos veinte años. Precisamente cuando vivía en Granada, donde tuve una actividad como aficionado taurino muy febril, ya que incluso llegué a ser uno de los socios fundadores de la Peña Taurina “Frascuelo”. Allí fue donde descubrí el arraigo profundo y certero que esto de los “Toros” tiene en nuestra idiosincrasia y en nuestro ser cultural. Dice el refrán que “más vale tarde que nunca”, y al menos, estarán de acuerdo conmigo, en que con el paso de los años, ya estoy dentro de esta familia de lo taurino, con pleno derecho, pues ejerzo como crítico taurino de la revista “La Montera” desde hace ya catorce años.
Fue en aquella Peña Taurina ”Frascuelo” de Granada, donde conocí a un hombre mayor, que se llamaba “Pepín Pérez Siles”, que por desgracia murió hace unos años, con el que me gustaba mucho hablar y que era un auténtico
“peregrino” de Curro Romero. Pepín era ya un jubilado septuagenario cuando yo le conocí, que no se cansaba de contarme que había bautizado a su último nieto envuelto en un capote de seda que le regaló hacía muchos años Curro Romero. Me llamó la atención como una persona de su edad (unos setenta años, con hijos mayores y varios nietos), podía sentir una fe tan ciega hacia el hacer de Curro Romero y tener a su edad una ilusión tan fuerte por algo. Él me lo fue explicando todo de manera muy sencilla y trasmitiéndome sus sentimientos y conocimientos, y yo... sin darme cuenta, un buen día comprendí que me había convertido en un “currista” sin remedio, como él. Después el destino me llevó a Sevilla y allí encontré algunas claves para comprender aun mejor este fenómeno sentimental que se había producido en mi interior.
El
“currismo” es en su esencia, ni más ni menos, un sentimiento estético. Don Miguel de Unamuno decía que: “Los sentimientos son pensamientos en conmoción” y la emoción del toreo, tanto para el que lo hace como para el que lo ve, nace de ese sentimiento conmovido. He leído también, como Joselito “El Gallo” decía que: “En el toreo se puede aprender todo menos eso, menos el sentimiento, porque eso es un don que cada uno trae al mundo y el que no lo trae no será nunca un torero de verdad”. Y yo creo, que Curro Romero ha sido uno de esos toreros que lo han sido de verdad, y por suerte o por desgracia hoy en día hay muy pocos toreros de verdad. Lidiadores muchos, pero toreros de verdad, son aquellos a los que se les llama, yo creo que con desdén y mal definidos: “artistas”. Pienso que por la misma regla de tres, a los que no lo son se les debería de llamar “lidiadores”, que es una cosa muy distinta. (Continuará mañana).

sábado, 6 de marzo de 2010

“MANUEL BENITEZ, EL V CALIFA… POR FIN CORDOBA HIZO JUSTICIA”


Por El Zubi
Fue en la Feria de Mayo del año 2004 cuando me enteré de la noticia de que el Ayuntamiento de Córdoba iba a otorgar institucionalmente a Manuel Benítez “El Cordobés” el título de V Califa del Toreo, y he de confesar que sentí una inmensa satisfacción interior por ello, ya que desde las páginas de la revista La Montera yo he venido defendiendo desde hace años esa concesión ya que soy de los que piensan que Córdoba tenía una deuda histórica con este hombre.
Desde entonces he leído y oído opiniones de todos los gustos: que si el Ayuntamiento no es quien para conceder estas distinciones sino que es el sentir popular el que pone a un torero en ese pedestal. Otros dicen que Manuel Benítez no da el perfil perfecto para este título, y otras opiniones indolentes de aficionados a los que lo mismo les da que les da lo mismo cualquier cosa. Pues miren ustedes, mi opinión es que la iniciativa del Ayuntamiento de esta ciudad ha sido acertadísima, pues denota que la que en su día era alcaldesa de la ciudad, Rosa Aguilar y los miembros de la Corporación que la secundaron, tienen sensibilidad, cultura y memoria histórica para reconocer unos méritos de sobra acumulados por este inmenso torero. Una sensibilidad y cualidades no demostradas por otras Corporaciones Municipales anteriores, que no solamente no le reconocieron a Manuel Benítez lo que de sobra le corresponde, sino que además cometieron la torpeza y desfachatez, de pagarle a este hombre lo mucho que Córdoba le debe, con humillaciones y malos tratos.
Soy de los que piensan que los hombres debemos de escupir de nuestras almas la soberbia y el orgullo, la ira y el odio, y que hay que perdonar siempre, aunque no se deben de olvidar las cosas. A mi no se me olvida el dolor que me produjo, a mi sensibilidad como aficionado y admirador de El Benítez, aquella detención por un “supuesto” y ridículo escándalo público y los malos tratos causados al torero en los calabozos municipales donde se le desnudó y se le trató como si fuera un delincuente o un perro rabioso. Unos hechos que fueron noticia en todo el mundo y que a mí me hicieron sentir una tremenda vergüenza, inmensa tristeza y pena por la gran injusticia que se cometió en aquellas fechas con esta gran persona que es Manuel Benítez, unos hechos que a partir de ahora prefiero ya olvidar.
Y digo todo esto porque el torero Manuel Benítez “El Cordobés”, no solo ha sido un “dictador” mas que un “revolucionario” en la historia de la Tauromaquia (como dice mi sabio y buen amigo Rafael Salinas), sino que no me cabe ninguna duda de que, hasta la presente, ha sido el torero que más ha mandado en la Fiesta de toda la historia del toreo. Tengamos memoria histórica, y recordemos las “procesiones de empresarios” a Villalobillos, sus incontables triunfos por todo el mundo, su manera de estar en una plaza de toros, su concepción revolucionaria del toreo y el resplandor que a la palabra “Córdoba” dio este hombre en todo el universo como si fuera un aleteo de estrellas en el firmamento. Ni Lagartijo, ni Guerra, ni Machaquito, ni Manolete, mandaron tanto como Benítez en la Fiesta. ¿Por qué ha tardado esta ciudad tanto tiempo en reconocerle todo esto?... seguramente porque él es un hombre sencillo que en vez de irse a vivir a Miami como las grandes estrellas, prefirió pasar su vida cerca de los suyos en su casa, en su tierra y compartir con muchos lo mucho que tiene ganado con su sangre exponiendo miles de veces su vida. Defectos tenemos todos, pues humanos perfectos aun no los conozco, y por tonterías y un “quítame de ahí esas pajas” no se le puede negar a este hombre, que es un “monstruo” del toreo (el V Califa y segundo “Monstruo” después de Manolete), el reconocimiento que por justicia merece. Por eso tampoco entendi como el Ayuntamiento no le ha concedio ese año el Trofeo Manolete a este hombre, después de haber cortado los máximos trofeos y haber sido el triunfador indiscutible de la pasada Feria de Mayo. Pero en fin... allá cada cual con su conciencia, pues la historia nos pondrá a cada cual en su sitio.
Lo cierto es que hoy tiene plena validez aquel dicho de “más vale tarde que nunca”, y Manuel Benítez “El Cordobés” es ya el V Califa de Córdoba, y yo me siento muy satisfecho y feliz por que por fin se haya hecho justicia con él. Y al que no le guste pues que no me lea… ¿no creen ustedes?... Pues eso.

(Manuel Benítez “El Cordobés” fue nombrado “V Califa de Córdoba” en un acto institucional organizado por el Ayuntamiento de Córdoba en el mes de octubre de 2004. El acto fue presidido por la que en aquellos días fue alcaldesa de la ciudad, doña Rosa Aguilar).

viernes, 5 de marzo de 2010

“CÓRDOBA TENIA UNA DEUDA CON MANUEL BENITEZ”


Por El Zubi
Hace años que me preguntaba por qué la ciudad de Córdoba no le había otorgado aún a Manuel Benítez “El Cordobés” el título de “V Califa del Toreo”. Es un reconocimiento, una deuda que la ciudad aún tenía pendiente con él, y daba vergüenza ver como iban pasando los años y a penas nadie decía ni pio. “El Cordobés” se merecía ese título más que ningún torero cordobés en los últimos sesenta años e hizo méritos más que sobrados para ahora, mientras que está vivo, tuviera este homenaje por parte de su ciudad. Ignoraba quien o quienes eran los que concedían este reconocimiento. Imaginaba que no era ninguna institución oficial, sino el pueblo llano y su memoria, pero en todo caso seria una pena que este reconocimiento le hubiera llegado a este gran torero dentro de sesenta o cien años, cuando todos los de ahora seamos ya calvos.
Hace unos años, en mi retiro veraniego y de playa, leía el libro de la colección “La Tauromaquia” recién publicado por Espasa Calpe, “Lances que cambiaron la Fiesta” de Santi Ortiz, y me alegré al comprobar como ya, en los libros de historia de la tauromaquia estaban poniendo a Manuel Benítez “El Cordobés” en el sitio que le corresponde aunque Córdoba no quisiera enterarse. En el citado libro, Santi Ortiz dedica gran parte del último capítulo al ciclón de Palma del Río. Este libro está escrito de una manera ingenua y pedagógica. El planteamiento literario es el de navegar desde los orígenes de la tauromaquia hasta nuestros días, a través de la castiza e interesante conversación de dos viejos aficionados: el sastre Jacinto Rabanales y un catedrático de literatura jubilado, Juan Barrera. Ambos recorren con su conversación la historia de la Fiesta, recreándose en aquellos toreros que fueron un hito histórico en el toreo. Reproduzco aquí un pequeño párrafo a modo de botón de muestra, que resulta de lo más ilustrador:
RABANALES.-- Hombre... Es que creo que ya va siendo hora de situarnos en el tiempo del último torero de época. En el del último Califa del toreo...
JUAN.-- Pues en Córdoba hay quien le niega el título...
RABANALES.-- Papanatas hay en todos sitios.
JUAN.-- Papanatas, no... se lo niegan porque nació en Palma del Río, y, según dicen, para aspirar al califato hay que ser del mismo Córdoba.
RABANALES.-- Eso son pamplinas. Para ser Califa lo que hay que hacer --naciendo en Córdoba o en su provincia-- es mandar en el toreo como Lagartijo, Guerrita y Manolete, o como llegó a hacerlo este Cordobés. Además, a los detractores que se lo niegan se les ve el plumero.
JUAN.-- ¿Por qué lo dice?
RABANALES.-- Porque son los mismos que querían otorgarle el titulo a Finito, que siendo buen torero, no tiene fuelle ni para ser emir, y además... ¡nació en Sabadell!
.....
La conversación sigue y Rabanales y Juan ponen a Manuel Benítez “El Cordobés” en su sitio dentro de la historia de la Tauromaquia, junto a Juan Belmonte, Manolete y Guerra, porque con su estilo heterodoxo genial que rompe con lo establecido arrolló a todos los de su época: a Antonio Ordoñez, Bienvenida, Diego Puerta, Curro Romero, El Viti, Paco Camino, etc... Pudo con todos. Con una extraordinaria personalidad y un valor espartano. Llenó las Plazas, mandó en la Fiesta y además creo escuela. Si Belmonte, por lo que fuera cambió el destino de la fiesta arrimándose al toro, “Benítez” se arrimó a los toros hasta darle con los muslos en los cuernos, llevándolos muy bien toreados y ligando series magníficas con esa muñeca prodigiosa con que Dios le premio. No olvidemos todos una cosa muy importante: nosotros los aficionados podíamos negarle ahora a este hombre algo que es suyo por derecho propio, pero en su época, siempre obtuvo el respeto, el reconocimiento y admiración de los toreros, que son los que de verdad aprecian en toda su dimensión todo lo que hacia aquel ciclón con flequillo, que logró ilusionar a todo un país que vivía sumido en la tristeza de una dictadura. Córdoba tenía una deuda pendiente con “el Benítez”: reconocerle sin titubeos que es el V Califa del toreo, junto a Lagartijo, El Guerra, Machaquito y Manolete. No lo duden, porque lo que él hizo, hecho está y no lo cambian opiniones de nadie. El tiempo me dio la razón.

jueves, 4 de marzo de 2010

2002: “QUIEN TUVO... RETUVO”. LA ÚLTIMA RETIRADA…


Fotos de Ladis. Sacadas de la revista "La Montera".

Por El Zubi

La despedida de Manuel Benítez “El Cordobés” fue sin duda para mí lo más destacable de aquella Feria de Córdoba del 2002. Su presencia en el ruedo siguió irradiando espectáculo, emoción y diversión, como producto de su tremenda y seductora personalidad, de esa complicidad que sabe mantener con el público, y lo que es más importante, lo que le falta al toro se lo puso él. Lo de "el Benítez" fue un caso único e irrepetible en la historia de la Tauromaquia.
Lo cierto es que en esto de torear, la disposición de los toreros en el ruedo es algo fundamental y lo que marca las diferencias, al margen de las cualidades personales de cada uno. El día anterior a la despedida de El Cordobés, vimos en el coso de Los Califas a un par de toreros amargados y tristes (me refiero a Morante y a Finito, que no a José Luis Moreno), no sé sí porque tenían a alguien de la familia malo o porque encontraron un atasco grande al ir hacia la plaza o es que estaban cansados y con la digestión mal hecha…o simplemente habían discutido con la suegra... Toreros que no ponen nada de su parte ante un toro con dificultades, no arriesgan, no educan al toro y dicen para sus adentros: “como tu no embistas yo no voy a mover ni un dedo”. Lo cierto es que los toros eran iguales de mansurrones que los del día siguiente y Manuel Benítez “El Cordobés” salió a la plaza alegre, seguro, como si le hubiera tocado la lotería, se hubiera casado de nuevo o se hubiera comprado un automóvil nuevo y otra finca, derrochando ilusión y ganas y lo demostró en el ruedo, con el segundo de su lote. Con 66 años, este veterano torero sigue teniendo intacto su mejor tesoro, el valor, la personalidad y muchos “cojones” (con perdón de la palabra) pues se jugó la vida varias veces con un mérito extraordinario. Estuvo por encima de sus dos toros. Al segundo de su lote le sacó todos los pases que no tenía y le dio alegría a su faena. En un par de ocasiones fue casi una máquina de cortar en rodajas de mortadela al mansurrón “juenpedro”. Actitudes estas que muchos jóvenes toreros deberían de adoptar. Debo de confesar que siempre fui “cordobesista” y que el pasado 1 de junio disfruté muchísimo, pues “El Cordobés” por momentos me quitó a mí y a mis amigos treinta años de encima. A esta despedida acudí a Los Califas con mis amigos de la infancia de Lucena: Aurelio García Álvarez, Manolo García Tubio y Rafalin Montes Torres. “El Cordobés” consiguió emocionarnos a todos, incluso a mi amigo Aurelio, que es muy purista y muy exigente en esto del toreo, no podía disimular la emoción del momento con una risilla nerviosa que le traicionaba. Y es que “el Benítez” es mucho “Benítez” y a pesar de los años sigue conservando intacta toda su personalidad, solo que ahora el “salto de la rana” lo hace mas torpemente que antes. Pero yo también estoy ya canoso, "calvereta" y hasta barrigón, amigo mío, que los años pasan para todo el mundo igual. Sin embargo el que “tuvo retuvo” y “El Cordobés” sigue teniendo la fuerza de un ciclón. Por eso creo que se merece no sólo el V Califato sino el VI y VII, porque en la historia del toreo ha marcado un hito tan importante como lo marcó Manolete, Guerrita, Belmonte o Joselito El Gallo. Gracias Manuel Benítez por haber sido torero de Córdoba y por haber hecho que nos sintamos tantas veces orgullosos de ser cordobeses. Gracias por habernos dado tantos ratos de felicidad y emoción. Qué vivas muchos años más con la vitalidad que todavía tienes.

miércoles, 3 de marzo de 2010

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (y 3ª parte y última)


Por El Zubi
Pocos críticos se explicaban como en la azarosa vida de “El Cordobés”, salvo leves casos, salió siempre indemne del tráfico terrestre. En los ruedos, donde practicó suertes inverosímiles y arriesgadas, apenas sufrió una docena de cogidas de las que sólo menos de la mitad pudieron calificarse como verdaderamente graves.
¿Qué es lo que lleva dentro de sus entrañas este monstruo intocable? Porque... si lo miran bien, fue respetado de manera inverosímil por la tierra y el mar, los cielos y las fieras y hasta por los inevitables enemigos personales que en aquellos años los tuvo a docenas. Sin duda, Manuel Benítez tuvo una mágica estrella a favor, lo que los terrenales entendemos como “suerte” o una “flor en el culo”. En el ámbito de su oficio estuvo dotado de una extraordinaria intuición e inteligencia natural, para discernir con toda claridad los terrenos propios y los del enemigo. Esa fue otras de las claves de su éxito. Además de la buena estrella que le permitió escapar indemne de los infinitos peligros que en cada plaza, en cada viaje y en cada esquina le acecharon. La característica personal más importante que tuvo fue su fondo, su aguante, su indomable perseverancia en la tarea que se impuso desde un principio: torear mucho y sin descanso. Su “extraterrestre” resistencia física le hizo permanecer indiferente vestido de luces, sin distraerse ante otras cosas y tentaciones que la vida ofrece a estos héroes a cada paso: me refiero a las mujeres. Nada ni nadie pudo con él. Nadie se le resistió. Pudo con todos sus compañeros, con los empresarios, apoderados, públicos difíciles... juntos y por separado, hasta vencerlos uno a uno y a todos juntos.
El diestro de Palma del Río, tuvo además la inmensa fortuna de surgir en el momento preciso, cuando los públicos estaban abúlicos del panorama que había en la Fiesta en aquellos años. Unos años en que este país era pobre y estaba triste, pues sólo unos pocos años antes había salido de una dramática guerra civil. Un país que puso en un pedestal a un hombre que era pobre de solemnidad y que con su audacia, tenacidad, perseverancia y arrolladora personalidad, se convirtió en el modelo ideal a seguir de todo un país que tras él, también deseó ser torero de buena estrella. Coincidió además con la aparición en este país de un fenómeno social nuevo: el turismo. En 1960 se registran ya en España más de seis millones de visitantes, de los que más de dos millones proceden del Midi francés, muy interesados por la Fiesta. Esto hace que proliferen en estas décadas (60 y 70) la construcción de nuevas plazas de toros en localidades de veraneo: Lloret de Mar, San Feliú de Guixols, Palamós, Benidorm, Marbella, Fuengirola, Benalmádena. Incluso la Feria de Málaga aumenta el número de espectáculos taurinos. Y todo ello ocurre por la irrupción de este hombre en la Fiesta de los Toros.
Hay otro aspecto de este maestro de la Tauromaquia que por emotivo y humano, yo no quiero obviar y que es justo reseñar. Personajes “galácticos” con menos méritos que él, se han subido a la parra de la fama, con escoltas, guardias personales, se han endiosado dentro de sus “castillos de naipes”. Nada de eso le ha ocurrido a este ser humano extraordinario que es Manuel Benítez “El Cordobés”, que siendo una de los personajes más famosos que hubo a nivel mundial, jamás olvidó su cuna humilde. Una cuna que le llevó y le lleva siempre por los caminos de la humildad, la sencillez y la bondad como ser humano. En vez de vivir en mansiones en Miami o en algún lugar del mundo reservado para los “galácticos”, Manuel Benítez optó por vivir aquí en Córdoba, en su tierra, cerca de los suyos, de sus amigos y de su gente como un ser humano normal y corriente. Este gesto vital suyo, que muchas veces no ha sido comprendido ni observado y valorado por esta ciudad, le ennoblece y lo humaniza, y desde mi punto de vista le convierte aun más en un “héroe legendario”.
¡Cuánto te echamos de menos, Manuel, los aficionados a la Fiesta! ¡Ojalá surgiera en estos años un “Cordobés” como tú! Pues falta le hace a la Fiesta en estos momentos, ya que se ha convertido en un espectáculo aburrido e irritante: toros sin fuerza, toreros acomodados en las poltronas y que no arriesgan nada a pesar de que saben torear, empresarios desaprensivos y ganaderos peseteros que sólo piensan en el dinero fácil y públicos “feriantes” que sólo quieren ver a las “figuritas” en sus carteles, dejando a un lado a los toreros valientes que arriesgan y se juegan la vida en las pocas corridas que se les ofrece.
Por eso yo quiero con mis humildes palabras, tributar un merecido y humilde homenaje a un hito del toreo. Los buenos aficionados cordobeses y del mundo no te olvidamos. Dios te guarde todavía muchos años de vida, “Califa”... y nosotros que lo veamos.

martes, 2 de marzo de 2010

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (2ª parte)


Por El Zubi
La irrupción de Manuel Benítez “El Cordobés” en la Fiesta yo creo que pilló con el paso cambiado a los críticos taurinos y a la prensa de aquella época en general. No tenían capacidad histórica para entender la trascendencia de su toreo, al que llamaban “tremendista”, “encimista” y lo criticaban con cientos de calificativos que todos hemos oído y que no pienso hoy repetir aquí por falsos y equivocados. Hoy, con el paso del tiempo, vemos cómo esos críticos taurinos hicieron el ridículo más espantoso en la historia del periodismo taurino. Ellos estaban acostumbrados a unos conceptos clásicos y artificiosos del toreo y no supieron entender este nuevo concepto del toreo. Yo creo que los periodistas de aquellos años, por su afán de ponerle etiqueta a todo sintieron con angustia que este nuevo toreo que mostraba “El Cordobés” no lo tenían incluido en su catálogo y como era algo nuevo y revolucionario, en vez de ponderarlo lo menospreciaron erróneamente. Porque Manuel Benítez era distinto a todos los toreros del momento. Llegó a la Fiesta mostrando su aplastante personalidad: sin riesgo no se concibe este espectáculo y la sensación del peligro ennoblece a la Fiesta y la hace más auténtica y es lo que él hizo: arriesgar cada tarde, y lo hace aun ahora cuando a veces se pone delante de un toro.
Manuel Benítez fue consciente de sus posibilidades y de sus carencias e hizo uso de unas y desuso de otras, apoyándose en su valor natural y complementándose con un carácter personal y una inteligencia privilegiada. Trajo una nueva forma de hacer el toreo, sin duda por la influencia de su temperamento. Se quedó quieto, se clavó en la arena haciendo girar al toro en torno a él y rompió con todos los moldes de colocación y distancias que se concebían en esos años. Si la clave de la Tauromaquia de José Gómez “Gallito” fueron sus piernas, y la de Juan Belmonte sus largos brazos, la clave de la Tauromaquia de Manuel Benítez fue su juego de muñeca complementada por una cintura prodigiosa.
Si en aquellos años Antonio Ordoñez era el arte personificado, “El Cordobés” fue la personificación del valor. Frente a la suavidad y el temple de Ordoñez aparece una mano izquierda prodigiosa, una muñeca poderosa, mágica y tremendamente eficaz, acompañada de un juego de cintura inverosímil. Virtudes que le llevaron sin duda al éxito absoluto, destrozándole la moral a los “anticordobesistas” a los que le amargó la vida para siempre, pues no hubo quien le apease de su pedestal de gloria. Porque en este mundo del toro, quien llena la plaza es el único que debe de llevarse a casa la bolsa del millón (de entonces), y los demás son meros comparsas. Mientras Manuel Benítez ganaba por corrida un millón de pesetas, las empresas pagaban la mitad o menos a los toreros artistas del momento. Supo domesticar a los empresarios más encopetados de aquellos años, en colectividad y por separado, como lo demostró cuando la famosa almohada y la procesión empresarial a Villalobillos. En pocas palabras, Manuel Benítez los trajo a todos al retortero. De lo que se deduce que este hombre es un torero irrepetible en la historia de la Tauromaquia.
Si poca guerra le dieron a “El Cordobés” los toreros veteranos de la década de los sesenta (me refiero a Ordoñez, Bienvenida, Luis Miguel Dominguín,...) tampoco se la dieron los toreros de los setenta: ni Paco Camino, ni El Viti, ni Manolo Vázquez, ni Curro Romero, ni Diego Puerta, ni Antoñete, ni Jaime Ostos, ni Miguelín, ni Sebastián Palomo “Linares”... ninguno pudo con él. Los agoreros decían que este torero era “flor de un día”, una moda del momento que pasaría de un año a otro. El tiempo se ha encargado de mostrarles su gran equivocación y ha puesto a cada cual en su sitio.
La explicación de esa realidad y de ese éxito arrollador, puede residir en la monotonía que practicaban todos esos toreros “artistas” citados y en su cómodo paso profesional frente a la terrible peripecia de “Benítez” en su deslumbrante carrera. Frente al “guante blanco” de los demás toreros, “El Cordobés” era la “garra”. Era la monotonía irritante, el “sota, caballo y rey” frente a la rebeldía, el espectáculo, la entrega, la emoción y lo novedoso. La masa disfrutaba con el toreo y la personalidad rebelde y desafiante de Manuel Benítez, mientras que la cátedra bostezaba ante sus ídolos artistas. Si los dos Antonios (Ordoñez y Bienvenida) marcaban la norma, “El Cordobés” era el vendaval. Si Camino y Puerta señalaban el tono, él era la nota discordante, y si Curro Romero era el sabor y la hondura, Benítez era el valor desmedido, y esto... gustaba a rabiar a los públicos de todo el mundo.
Muchos críticos, toreros, empresarios y aficionados clasicistas esperaban su pronta caída del pedestal, pero esta nunca llegó, porque este hombre siguió en su carrera como manzana de la discordia, colocándose como pilar indiscutible del espectáculo de los toros y la Fiesta, y ustedes saben que la Fiesta de los Toros o es espectáculo o no es nada. Recuperó por tanto para las plazas a los públicos huidizos y aburridos de aquellos años de principios de los sesenta. Hizo que se dispararan en vertical hacia arriba los honorarios de los demás toreros y fue el trampolín de la escalada económica de este sector hasta nuestros días. (Continua mañana).

lunes, 1 de marzo de 2010

RAFAEL REYES, NUEVA ESPERANZA TORERA CORDOBESA


Ayer, Día de Andalucía, se celebró en Estepona el II Encuentro de las Escuelas Taurinas de Andalucía, en el Festival Taurino que se dio por la mañana, participaron siete chavales de las distintas escuelas que lidiaron otros tantos becerros de la ganadería de Santa Teresa.
Por la escuela de Córdoba, participó el joven de 16 años Rafael Reyes que superó con creces el nerviosismo de su debut en público y de matar un becerro por primera vez.
Con las carencias lógicas de todo el que empieza, Rafael estuvo muy bien. Con el capote y con la muleta arrancó fuertes ovaciones del público asistente. Se le vió sereno ante la res y sabiendo lo que se traía entre manos. Mató de una estocada y descabello y paseó triunfante las dos orejas de su enemigo, saliendo de la plaza a hombros.
Nos congratulamos del éxito de este joven alumno de la escuela cordobesa, hijo de un prestigioso aficionado, Cristóbal Reyes, de abundante historial taurino. Fue fundador de la Tertulia Taurina La Montera, de la que llegó a ser Presidente y actalmente ostenta el cargo de Secretario en la Federación Provincial Taurina de Córdoba.
Al padre y al hijo paciencia y a la madre de Rafael, paciencia que esto del toro es una profesión muy dura.

LAS CLAVES SOBRE LA TAUROMAQUIA DE MANUEL BENITEZ “EL CORDOBES” (Parte 1ª)


Por El Zubi
Era yo apenas un chaval de diez años cuando vi por primera vez en persona a Manuel Benítez “El Cordobés”. Fue en la puerta de la Plaza de Toros de Lucena, una tarde a principios de mayo de 1962. Aún era novillero y recuerdo que junto a otros muchos niños nos agolpamos en la puerta de la antigua Plaza de Toros de Lucena, para ver entrar al torero, que ya en aquellos días era un fenómeno de masas. Iba vestido con un traje blanco y plata, y recuerdo con envidia que un policía municipal de Lucena, que se llamaba “Calvillo” y que representaba la autoridad allí, lo saludó al entrar a la Plaza y le dijo: ¡suerte Manolo”, como si lo conociera de toda la vida. Aquel día sentí una envidia enorme de aquel humilde y presuntuoso policía municipal de Lucena, por haber estrechado la mano del héroe y me sentí desgraciado por no poder entrar a la plaza y verlo torear. Casualmente y por desgracia, que todo hay que decirlo, fue aquel el último espectáculo que se celebró en el coso taurino de Lucena, pues ya en esas fechas estaba casi en ruinas, y supe años después que ese último espectáculo se celebró con temor por parte de las autoridades, pues no sabían si el edificio iba a soportar la gran cantidad de público que “El Cordobés” concitó en Lucena. Años mas tarde, cuando ya tenía 16 años, me saque la espina, pues mi padre me llevó desde Jaén (donde yo estaba interno en el Colegio de los Hermanos Maristas) a Granada a ver torear a “El Cordobés” ya como matador de toros consagrado, número uno indiscutible, a la Feria del Corpus de Granada. Aquel día mandó a una plaza de Granada llena a rebosar, directamente al manicomio, cortando cuatro orejas y dos rabos y poniendo el mundo y hasta la Alhambra boca a bajo.
Si esos eran mis sentimientos cuando era joven imagínense cuales son ahora. Sigo sintiendo una profunda admiración por este extraordinario torero que gracias a Dios, la historia ha puesto ya en el pedestal de la Tauromaquia que le corresponde. Así que hoy es para mi una inmensa satisfacción dirigirme a ustedes para hacerles un boceto de lo que creo que ha sido Manuel Benítez en la Tauromaquia. De tal modo que este acto es para mí casi como un sueño. Un sueño que se me cumple después de casi cuarenta años de espera.
He dicho en alguna ocasión que yo no soy esclavo ni de mitos ni de religiones. Es más huyo de mitificar a nadie ni a nada, y hoy tampoco lo voy a hacer con Manuel Benítez “El Cordobés” ya que no lo necesita, pues sólo la muerte por hasta de toro convierte en mito a un torero. La inmortalidad de su Tauromaquia queda en la historia por los meritos que mereció mientras estuvo en activo. No lo quiero mitificar además, porque si lo miran bien, el lenguaje original del “mito” es un lenguaje simbólico y casi siempre se vale de personajes y hechos irreales o cuya realidad ha sido transformada para los fines inspiradores de determinadas doctrinas. En pocas palabras, que los mitos son simples fraudes urdidos “ex profeso” para motivar una adhesión a algo que difícilmente pueda existir.
Por eso creo que a “El Cordobés” no se le debe mitificar, no necesita que se le mitifique, porque la fuerza, la rebeldía, la entrega, el tirón, la personalidad aplastante, su fuerza de comunicación con los públicos y la autenticidad de su toreo, se produjeron y se producen cada tarde como un milagro cuando se viste de luces y pisa cualquier albero, pues él con su personalidad aplastante lo llena todo, y ese hecho ha sido y es algo tan real y tan tangible para los buenos aficionados a la Fiesta que sabemos discernir entre lo verdadero y lo falso, y por tanto no necesita ser mitificado. Creo además, que aun hoy en día no tenemos todavía la perspectiva y el prisma que el tiempo da a los personajes para enjuiciarlos justamente para la historia. Lo hecho en la Historia del Toreo por Manuel Benítez “El Cordobés” fue tan grande, tuvo tanta trascendencia y tal tirón en el mundo, que se me antoja a mí que aun hoy no podemos calibrar en su justa medida la importancia que este hombre tuvo en la Historia de la Tauromaquia, porque lo que él hizo no lo hizo nunca antes ningún torero en la historia. Donde él llegó y la revolución que su toreo supuso fue tan inmensa que no sé si nosotros que somos contemporáneos a su vida y a su carrera como torero, tenemos la objetividad que da la historia a las personas. No obstante, podemos basarnos en esos hechos insólitos de los que hemos sido testigos directos para saber que nunca ha habido un torero con esta personalidad, de tanto tirón, ni que haya llegado más lejos que él. Nunca ningún torero mandó mas que él en la Fiesta y estas cosas si las valoramos debidamente, con objetividad y justicia, y hace que pensemos que aun tenemos entre nosotros a uno de los toreros mas grande que ha dado la historia. (Continua mañana).