lunes, 15 de febrero de 2010

A JOSE MATA “El CANARIO” EL TORO “CARACOL” LE PARTIO LA FEMORAL DE UNA CORNADA


Momento de la cogida de "El Canario"

Por El Zubi

José Mata García, fue un matador de toros canario, nacido el 23 de julio de 1939 en Garafia, en la isla de La Palma en la provincia de Tenerife, que murió con 32 años, el 27 de julio de 1971 a consecuencia de la cornada que dos días antes le propinó el toro “Caracol” de la vacada de Luís Frías, en la plaza de toros de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), cornada que le partió la vena femoral.
José Mata debutó con picadores el 24 de junio de 1960 en Orduña (Vizcaya) anunciándose entonces en los carteles como “José Mata El Canario”. Debuta como novillero en Las Ventas el 5 de agosto de 1962, alternando con José Morán “Facultades” y Guillermo Sandoval, actuación que fue muy apreciada por la afición madrileña por su valor y pundonor torero. Tuvo una brillante trayectoria como novillero hasta que el 8 de agosto de 1965 toma la alternativa como matador en la Plaza de Benidorm, de manos de Manuel Benítez “El Cordobés” actuando como testigo Manuel Herrero, con astados de Pío Tabernero, ocasión en la que cosechó una buena actuación pues salió a hombros por la puerta grande tras cortarle una oreja a cada uno de sus toros. En septiembre de ese año le otorgan “La Oreja de Oro” en el ruedo francés de Ceret. Confirma su doctorado en Madrid el 12 de octubre de ese año, apadrinado por Andrés Vázquez y Enrique Trujillo como testigo. Durante estos años (1969-70) alternó su profesión de torero con la de actor de cine.
Su fecha fatídica fue el 25 de julio de 1971, en que toma parte en una corrida que se organizó para la inauguración de la Plaza de Toros de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), en sustitución de Juan Asenjo “Calero”. El cartel de aquel trágico día lo completaron Francisco Ceballos y Antonio Millán “Carnicerito de Ubeda”, lidiándose reses de la ganadería de Luís Frías Piqueras. Aquel día José Mata vistió un precioso terno salmón y oro que quedaría roto y manchado de sangre.
Ocurrió el percance al entrar a matar a “Caracol”, un toro negro y bragao, que le corneó de lleno en el muslo derecho en el momento del embroque, rompiéndole de cuajo los vasos femorales. En la enfermería de la Plaza se vieron desbordados por la gravedad de la herida por lo que le hicieron un torniquete en la pierna y lo trasladaron en ambulancia a Valdepeñas. Una vez allí vieron que tampoco podían operarlo ni hacer nada por él, por lo que la ambulancia llegó a Madrid al Sanatorio de Toreros cuatros horas mas tarde de que se produjera el percance, momento en el que fue operado.
La larga demora en la operación y el deambular en ambulancia de un lado a otro, parece ser que fue determinante para su proceso postoperatorio que no pudo superar, llegándole finalmente la muerte en las primeras horas de la noche del día 27. La demora en su atención fue muy criticada por la prensa de aquellos días. Las explicaciones posteriores dadas tras su fallecimiento no lograron aclarar la dinámica de la fatal complicación.
Su cuerpo descansa en el cementerio de La Almudena de Madrid, donde fue enterrado después de que el furgón fúnebre con sus restos mortales diera la vuelta al ruedo en la Plaza de Las Ventas donde el torero había triunfado en numerosas ocasiones. En Villanueva de los Infantes su muerte sobrecogió sobremanera, de tal forma que aun hoy se le recuerda pues el municipio manchego le erigió un busto en su memoria en 1972, al cumplirse el primer aniversario de su muerte.
José Mata fue un valiente torero que tuvo poca fortuna en esta profesión, ya que pasó casi desapercibido en una carrera plagada de cornadas e infortunios.



domingo, 14 de febrero de 2010

A AGUSTÍN GARCÍA ‘MALLA’ LO MATO UN TORO EN FRANCIA DE UNA CORNADA EN EL CORAZÓN


Por El Zubi
Agustín García Díaz “Malla”, fue un matador de toros nacido en Vallecas (Madrid) el 28 de agosto de 1886, que murió con 34 años en Lunel (Francia), el 4 de julio de 1920, a consecuencia de una grave cornada que le propinó un toro de la ganadería francesa de Agustín Lescot, que le partió el corazón.
Su primera profesión fue la de labrador en la hacienda de sus padres. Con 21 años decidió ser torero, mas por anhelos de fama y dinero que por vocación. Torea por vez primera en Vallecas el 17 de septiembre de 1907, alternando con su paisano Tomás Fernández “El Alfarerito” con novillos de la ganadería de don Ildefonso Gómez. Su actuación gustó mucho a pesar de sufrir un aparatoso percance ya que resultó herido en la boca de una cornada. Desde esa fecha su carrera fue ascendente, hasta que toma definitivamente su alternativa, un 27 de marzo de 1910, en Carabanchel, de manos de “Lagartijillo Chico”, con ganado de los hermanos García Aleas. El 25 de mayo de 1911 le confirma en Madrid la alternativa “Machaquito”, alternando con Vicente Pastor y Rafael Gómez “El Gallo”, en la lidia y muerte de ocho toros de Miura. Su actuación fue más bien discreta. Toreó desde entonces en las más importantes plazas de España y América. Fue, en todo caso, un torero muy castigado por los toros, circunstancia que le impidió pasar de la mitad del escalafón taurino en su época.
El 4 de julio de 1920 fue contratado para torear en Lunel (Francia), una corrida de la ganadería francesa de Agustín Lescot, alternando con José Gárate “Limeño”. El ganado resultó manso de solemnidad, ya que todos los toros lidiados sólo admitían trastearlos en la “querencia”. Agustín García “Malla” se enfrentó con valentía y voluntad al quinto toro de la tarde, negro zaino, que tomó 4 varas con codicia y mató 2 caballos, aún así, llegó al último tercio reservón y gazapeando. “Malla” comenzó su faena citando al toro de rodillas a media distancia, sin conseguir que el animal se arrancara. Dando muestras de sobrado valor, comienza a acercarse de rodillas paulatinamente al toro, quedándose temerariamente ante la cara del toro. Allí lo vuelve a citar jaleándolo con la muleta y la voz. El bicho reaccionó con un fuerte derrote de abajo a arriba, logrando enganchar al torero por el pecho, con una contundente cornada que dejó a Agustín García hecho un guiñapo, tirado en la arena. Le trasladan malherido y con urgencia a la enfermería de la plaza, donde muere pocos minutos después, ya que la cornada fue mortal de necesidad, de abajo a arriba le atravesó el corazón. Su cadáver fue trasladado desde Francia a Vallecas donde recibió sepultura. Allí reposan desde entonces sus restos.
La principal cualidad de este torero madrileño fue la valentía. Fue torero lidiador, ya que carecía de finura y elegancia. Se cuenta de él que le costaba horrores cuadrar a los toros para ejecutar la suerte suprema, que luego realizaba con mucho acierto y contundencia. Su principal defecto fue la falta de técnica y conocimiento de los toros, aunque su fama de eficiente estoqueador, suerte muy apreciada en aquella época, le valió para figurar en numerosos carteles tanto en España como en América. Así lo estuvo haciendo hasta que este toro de Lescot se lo permitió ese 4 de julio de 1920, un año en el que aún resonaban los lamentos y las lagrimas por la muerte tres meses antes en Talavera del “rey de los toreros” Joselito “El Gallo”.

sábado, 13 de febrero de 2010

A “CORCHAITO” LO MATO EL TORO “DISTINGUIDO” EN CARTAGENA


Por El Zubi
Fermín Muñoz González “Corchaíto”, fue un matador de toros cordobés, que murió a los 32 años en la Plaza de Cartagena en 1914, a consecuencia de una tremenda y dramática cornada. “Corchaíto” nació en El Viso de los Pedroches, el 11 de octubre de 1882. En 1901 vistió por primera vez el traje de luces como banderillero, a las órdenes de Manuel Jiménez “Chicuelo”. Desde entonces estoqueó novillos por diferentes plazas de la provincia de Córdoba, toreando en septiembre de 1902 en la propia capital, ya con cierto nombre. Un año después se presentó en Madrid con “Cocherito de Bilbao” y “Mazantinito”.
Llegó a ser de los novilleros preferidos de la afición madrileña. Tomó la alternativa el 8 de septiembre de 1907 en Madrid de la mano de Vicente Pastor, y actuó como padrino Rafael Gómez “Gallo”. En México tuvo un gran cartel. En 1909 en la plaza de Valladolid, fue cogido por un toro y sufrió una tremenda cornada en el pecho, con fractura de la sexta costilla y penetración de asta de toro en el pulmón. La cogida fue tan grave que le tuvo un año sin poder torear. En 1912 triunfa en Carabanchel en un mano a mano con “Ostioncito”. El cordobés “Corchaito” fue un valiente torero muy castigado por los toros. El 9 de septiembre de 1913 sufre otra cogida grave en Santa María de Nieva, en Segovia, de la que salvó la vida por los pelos.
La muerte le esperaba apenas un año después, el 9 de agosto de 1914, en la plaza de toros de Cartagena (Murcia). Una corrida en la que se lidiaron toros de la ganadería de don Félix Gómez, para “Lagartijo Chico”, “Corchaíto” y “Celita”. El ganado aquella tarde, resulto muy difícil. Eran toros huidizos y reservones. “Corchaito” vestía aquella tarde un bonito traje azul y oro. A la salida del toro que le correspondió en segundo lugar, de nombre “Distinguido”, un retinto oscuro, “Corchaito” lo observó muy bien antes de salir a su encuentro. Le hizo muy bien toda la lidia y lo toreó muy bien con el capote por verónicas y faroles. También estuvo muy bien aquella tarde con la muleta, sobre todo con la mano izquierda, logró darle con mucha valentía una rica serie de pases naturales y de pecho, que entusiasmaron al público. Llegada la hora de matar, el valiente cordobés cuadra al animal y le da una estocada delantera y atravesada que le hizo mucho daño al toro “Distinguido”.
El toro, malherido, se fue hacia las tablas buscando la querencia al lado de un caballo que había resultado muerto en la suerte de picar, y se echa a su lado. “Corchaito” algo contrariado ordena a sus peones que lo levanten y de esta forma entra varias veces a matar sin mucha suerte, pues en realidad sólo fueron pinchazos. El toro se echó de nuevo junto a las tablas y para allá fue el puntillero. Pero “Corchaito” le dio una voz y le dijo que no lo hiciera que quería matarlo él como Dios manda. De nuevo levantan al exhausto animal. “Corchaito” lo cuadra de nuevo y entra otra vez a matar, esta vez muy cerca de las tablas, y al dar la estocada, innecesaria porque el toro estaba medio muerto y hubiera bastado con apuntillarle, fue cuando “Distinguido”, sacando sus últimas fuerzas enganchó al torero con el pitón derecho por la ingle y girando su cuerpo sobre el asta va a caer contra la barrera de espaldas. El toro hace por él y lo engancha de nuevo por el pecho con el cuerno izquierdo y lo lanza al aire como a un pelele entre el estupor y el griterío aterrorizado de los tendidos. El toro cayó muerto a los pocos segundos y él quedó tendido en el albero inmóvil y maltrecho.
Sus compañeros lo recogen a la carrera y lo trasladan a la enfermería donde entra aun con vida. Una vez tendido en la camilla, “Corchaito” tenía la mirada vidriosa pero respiraba, y agarrando a alguien que estaba junto a él, le dijo: “¡Este toro má matao...!”. Y en efecto así fue, pues nada pudieron hacer los facultativos de la plaza por salvar la vida a este desafortunado torero cordobés, que presentaba en el pecho un enorme boquete por donde la sangre brotaba a borbotones. Murió en pocos minutos y el parte facultativo decía que “presentaba una cornada en la región precordial, cuarto espacio intercostal, con fractura de la cuarta costilla y heridas en el corazón y en la región inguinal”.
Vestido de alpaca negra y embalsamado, se trasladó el cadáver a Córdoba el 11 de agosto, donde el sentimiento popular se desbordó en su duelo.

viernes, 12 de febrero de 2010

CÓRDOBA: ENTREGADOS LOS PREMIOS DEL XI CERTAMEN NACIONAL DE FOTOGRAFÍA TAURINA MEMORIAL LADISLAO RODRIGUEZ BENÍTEZ "LADIS"






En la sala de exposiciones de Cajasur (calle Reyes católicos) ha quedado abierta la exposición de fotografía Taurina del XI Certamen. En dicho acto de inauguración, se procedió a la entrega de premios a los galardonados. Javier Cebrián, de la Obra Social y Cultural de Cajasur, entregó el primer premio, que recayó en Javier José Viciano Ferrández, de Onda (Castellón), En su nombre lo recogió Ángel Mendieta, miembro del Jurado. Antonio Galán, subdirector de diario CÓRDOBA, entregó a Rafael Becerra el premio al Mejor Autor Andaluz. Por su parte, el matador de toros Rafael González "Chiquilín" entregó a Juan Vacas el premio La Montera al Mejor Autor Provincial y Alejandro Rodríguez, miembro del Jurado recogió, en nombre de Gorka Azpilicueta, de Navarra, la Mención Especial del Jurado. La exposición estará abierta al público hasta el próximo día 26 de Febrero.

jueves, 11 de febrero de 2010

EL MIURA ‘CHOCERO’ LE PARTIÓ LA YUGULAR AL BANDERILLERO ‘LLUSÍO’ EN MADRID


Por El Zubi
Mariano Canet Lozano “Llusío”, fue un banderillero nacido en Valencia el 1 de septiembre de 1843, que murió con 32 años en la Plaza de Toros de Madrid, un 23 de mayo de 1875, de la cornada que el miura “Chocero” le dio en la yugular, en la parte izquierda del cuello.
“Llusío” figura como banderillero en 1864 en fiestas de pueblos de su provincia. Aparece por primera vez en corridas de toros en Valencia, el 20 de julio de 1866 a las órdenes del “Tato”. Su muerte le sobrevino, actuando a las órdenes del diestro “Cara-Ancha”, el 23 de mayo de 1875 en la corrida de la Beneficencia. Su cogida la describe Antonio Peña y Goñi en su libro “Lagartijo y Frascuelo y su tiempo”, ya que el citado autor fue testigo presencial de los hechos.
En esta corrida se lidiaron tres toros de Veragua, tres de Saltillo y dos de Miura, para los diestros “Lagartijo”, “Currito” y “Cara-Ancha”. Precisamente “Lagartijo” dio aquel día la alternativa a “Cara-Ancha” y según cuenta la crónica, la corrida fue muy accidentada y peligrosa para los toreros.
El miura “Chocero” se lidió en sexto lugar. Era un toro castaño, ojo de perdiz, meleno y astillado del izquierdo. Tomó siete varas y mató tres caballos. Una vez cambiado el tercio salió a banderillear un peón desconocido hasta entonces en Madrid: Mariano Canet “Llusío”, que insistió además en hacerlo cuando sus compañeros se disponían a hacerlo. Canet cogió los palos y se fue hacia la res por derecho, llegó al centro, clavó el par un poco bajo a la derecha y se quedó parado en el embroque. El toro humilló y lanzó un hachazo que alcanzó violentamente al torero volteándole. Antes de que “Llusío” llegara al suelo, el toro le dio un segundo derrote seco. Ya en la arena “Llusío” trató de incorporarse, pero “Chocero” lo empitonó de nuevo con gran ímpetu y lo volvió a cornear y a pisotear con rabia y furia, hasta que el toro salió del encuentro por su viaje natural. Canet se levantó llevándose la mano izquierda al cuello, donde se le apreciaba claramente una tremenda herida que sangraba abundantemente.
Las asistencias le cogieron con rapidez, en el momento en que el torero dejó caer sus brazos y se desmayó, siendo conducido rápidamente a la enfermería. Allí llego desangrándose por la yugular izquierda, que la tenía completamente cercenada. Testigos presenciales cuentan que “Llusío” gritaba agónico: “¡Agua que me ahogo! ¡Madre mía de mi alma no te volveré a ver!. Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, ya que Mariano Canet moría segundos después, a los quince minutos de ocurrirle el percance.
Antonio Peña y Goñi en su crónica, a modo de reproche, apunta que “ni un capote, ni uno tan sólo acudió a socorrer al torero” cuando fue alcanzado por el astado la primera vez, y acusa a toreros y banderilleros que allí actuaron aquel día de haber dejado a “Llusío” a merced de una fiera encelada. Su muerte causó una gran conmoción, por lo accidentado de la corrida y por ser la primera que ocurría en la enfermería de la nueva plaza madrileña. Mariano Canet “Llusío” recibió sepultura el 25 de mayo en Valencia, su tierra natal.

UNA FOTO PERIODÍSTICA GENIAL


EL PITÓN COMO UNA NAVAJA

2008. CÓRDOBA. TOREABA ALEJANDRO TALAVANTE Y EN MEDIO DE LA FAENA, AL DAR UN NATURAL CITANDO DE FRENTE, EL TORO PISÓ LA MULETA Y EN VEZ DE PRODUCIR UN DESGARRO EN LA TELA, ATRAVESÓ LIMPIAMENTE LA FRANELA CON UNOS PITONES MAS QUE SOSPECHOSOS..
LA GENIAL FOTO PERIODISTICA DE LADIS DA IDEA DEL GOLPE CERTERO DE UN PITÓN, QUE PENETRA COMO UNA CUCHILLA, Y ESO QUE NO ES UN PITÓN ASTIFINO....

miércoles, 10 de febrero de 2010

“NACIONAL II” MURIÓ DE UN BOTELLAZO EN LA CABEZA EN LA PLAZA DE TOROS DE SORIA


Por El Zubi
El torero aragonés “Nacional II” murió el 6 de octubre de 1925, a consecuencia del botellazo recibido en la Plaza de Toros de Soria, en el transcurso de una trifulca ocurrida en los tendidos donde se encontraba como espectador. Contaba 28 años y se encontraba en el mejor momento de su carrera como matador de toros. El destino le había puesto la muerte en una plaza de toros, pero no para morir como cualquier torero, de una cornada, sino de un golpe en la cabeza propinado por un espectador con quien compartía el tendido. Sarcástico destino para un torero como él, que tenía todas las papeletas para morir corneado por un toro, pues Nacional II fue un torero de valor brutal y temerario que incluso ha pasado a la historia de la tauromaquia por su dramático pase “el puente trágico”. Cosas del destino.
Se llamaba Juan Anlló y Orrío, matador de toros aragonés nacido en Alhama de Aragón (Zaragoza), el 11 de enero de 1897, hermano de los también toreros Ricardo “Nacional I”, Eduardo “Nacional III” y Ramiro Anlló “Nacional IV”. Vistió por primera vez el traje de luces en Cáceres en 1918 alternando con los novilleros Pacorro e Hipólito. El 3 de agosto de 1919 hizo su presentación en Madrid, donde dejó una muy buena impresión a pesar de tener un toreo muy basto, violento y temerario.
El 21 de septiembre de 1921 tomó la alternativa en Oviedo de manos de José García “Alcalareño”, con toros de Matías Sánchez. La confirmó cuatro días mas tarde en Madrid con toros de la misma ganadería de manos de Luis Freg. Durante esa temporada obtuvo sonados éxitos que lo situaron en un lugar destacado del escalafón taurino. Sin duda fue un torero de valor, que se arrimaba mucho al toro. “Nacional II” supo mantenerse en la cima durante las temporadas sucesivas, siendo un torero solicitado y discutido en todas las plazas durante los años sucesivos. Se encontraba en el mejor momento de su carrera profesional como matador de toros, solicitado y admirado en todas las plazas de toros de España.
El 4 de octubre de 1925 asistió a una corrida en Soria como espectador, y allí murió víctima de un incidente que fue muy comentado por la prensa y la afición en todo el país. De tal forma la muerte de este valiente torero ocurrió al margen de su profesión.
Durante la mencionada corrida se suscitó una reyerta en la que tomó parte activa Juan Anlló, pues salió en defensa de uno de los espadas amigo suyo, que aquel día actuaban, Emilio Méndez, a quien un desaprensivo espectador dirigió desde el tendido unas frases ofensivas. Agriada la cuestión en términos muy violentos, de las palabras se pasaron a las manos y a la agresión personal, y “Nacional II” recibió un fuerte botellazo en la cabeza que lo dejó maltrecho, aunque en un principio no se le dio demasiada importancia a la lesión. El diestro herido, fue detenido por las fuerzas de seguridad y conducido a la celda de la comisaría de Soria, por haber participado en aquel escándalo que atrajo la atención de todo el público de la plaza.
Una vez en la celda se fue agravando el estado de Nacional II como consecuencia de la brecha que tenía en la cabeza. Avisada su familia se requirió la presencia de los médicos con urgencia. Allí mismo en la comisaría se le practicó la trepanación, que finalmente no sirvió para nada, ya que dejó de vivir dos días después, el 6 de octubre de 1925. Su muerte tuvo una amplia repercusión en la prensa, por ser él quien era y por la extraña manera de morir de un torero de valor.
Su muerte produjo una penosa impresión entre la afición taurina que le tenía un gran aprecio. Al respecto José María Cossío dice de él: “...así desapareció de la escena taurina un diestro en el que la valentía, el amor propio y la voluntad formaban una poderosa fuerza motriz, y por esto fue tanto más sensible para los aficionados tal pérdida”.
Juan Anlló “Nacional II” fue uno de los maestros más representativos del toreo aragonés, con un valor, según cuentan los críticos contemporáneos a él, rayano en la brutalidad. Se ceñía a los toros en los lances de capa y con la muleta. Para acrecentar el efecto echaba el busto sobre el morrillo de los toros, y debido a su gran estatura, la suerte producía una dramática sensación, a la que gráficamente llamaron en aquella época “el puente trágico”.

martes, 9 de febrero de 2010

“PEPE-HILLO MURIÓ HACE 200 AÑOS EN MADRID, DE UNA CORNADA EN EL ESTOMAGO”


Por El Zubi

José Delgado Guerra Pepe-Hillo nació en Sevilla el 14 de marzo de 1754 y murió con 48 años en la Plaza de Toros de Madrid, un 11 de mayo de 1801, hace ahora mas de 200 años, a consecuencia de las cornadas que le infirió en el estómago el toro “Barbudo” de la ganadería de Joaquín Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).
Pepe-Hillo se decantó desde niño por el toreo. Pronto su fama fue creciendo en Andalucía, pero es en Madrid donde adquiere su plenitud como torero de leyenda. Mantuvo una gran rivalidad en los ruedos con el legendario maestro rondeño Pedro Romero, una rivalidad que llegó a desembocar en enemistad personal entre ambos, a causa de la afición que se dividió entre las dos escuelas: la rondeña, profunda y seria, y la sevillana, alegre y vistosa. La fama de Pepe-Hillo se incrementa en gran parte tras la publicación de su “Tratado de la Tauromaquia”, cosa que ocurrió en Cádiz en 1796. Este fue el primer libro publicado sobre esta materia, que desde entonces se convirtió en esencial para conocer la evolución del toreo. Al parecer el libro fue redactado por José de la Tixera, amigo personal del torero. José Delgado iba cada día adquiriendo mayor fama de tal forma que se convirtió en un ídolo popular, adorado por el pueblo y la nobleza.
En 1801 fue contratado para torear en Madrid el 11 de mayo, en la tercera corrida de abono. Fue aquella una corrida larguísima, duró todo el día ya que se lidiaron 16 toros: 8 colmenareños, 6 de Villarubia de los Ojos y 2 de Peñaranda de Bracamonte. Pepe-Hillo alternó cartel aquel día con Costillares y Pedro Romero. Por la mañana Pepe-Hillo sufrió un leve percance pero siguió en el ruedo. A primera hora de la tarde comenzó a resentirse un poco y se baraja la posibilidad de que el diestro abandone la corrida, pero el torero no accede.
Ya por la tarde sale el séptimo toro, de nombre “Barbudo” de la ganadería de Joaquín Rodríguez. Un toro negro de capa de una gran envergadura. Tomó sólo cinco varas y llegó a la muleta con mucha fuerza y un poco crudo, al parecer no le castigaron adecuadamente. Pepe-Hillo le dio dos naturales y uno de pecho cerca de chiqueros. El torero prepara al toro para la muerte cerca de la querencia de las tablas. Quiere matarlo recibiendo pero el toro no acude al cite, y es el espada el que se arranca a volapié dejándole media estocada en todo lo alto. Pero en el encuentro resultó empitonado por la pierna izquierda, volteado y lanzado con fuerza a tierra, donde queda tendido conmocionado y sin conocimiento. El torero cayó boca arriba, con los brazos en cruz, quedando a merced del toro, que en efecto hizo por él, de tal forma que le hundió violentamente el pitón izquierdo en el estómago y lo levantó como a un pelele campaneándole. Un vez que le quitaron al bicho de encima, pues se enceló con el cuerpo del torero, las asistencias le llevaron a la enfermería en estado agónico y allí falleció a los 20 minutos.
Su muerte causó una gran conmoción en todo el país, incluso se suspendieron en Madrid las corridas de toros durante lo que restaba de mes de mayo en señal de luto. El torero tenía entonces 48 años y le había dado tiempo a amasar una gran fortuna. Su viuda María Salado, percibió el importe de esta última corrida toreada por su marido: 2.800 reales. Pepe-Hillo fue enterrado entre un duelo multitudinario en Madrid, en la parroquia de San Ginés, que se encuentra en la calle Arenal número 13.

lunes, 8 de febrero de 2010

“PAREJITO” LLEVÓ LA FIESTA DE LOS TOROS A BUDAPEST Y A ROMA Y FUE MUY ADMIRADO POR BENITO MUSSOLINI

Por El Zubi

Francisco López Parejo “Parejito”, fue un matador de toros cordobés, nacido en Lucena (Córdoba) el 3 de septiembre de 1899. Murió a los 33 años en un hospital de Madrid a consecuencia de la cornada que un novillo le dio dos años antes en Jaén.
A “Parejito” se le tenía como de la capital, porque desde muy joven vivió en ella, pero él era de Lucena. Precisamente ha sido el único matador de toros que ha dado esta ciudad cordobesa. Toreó por primera vez como novillero el 6 de abril de 1919 en Córdoba junto a “Josito de Córdoba”, donde triunfó y creó muchas esperanzas pues tuvo una etapa novilleril muy brillante. Sobre todo sonó mucho su apoteósico triunfo en Madrid el 15 de junio de 1922, junto a Villalta y Carralafuente. A partir de 1923 comienza a languidecer su fama, aunque el 24 de junio de 1925 Ignacio Sánchez Mejías le concede la alternativa en la Plaza de Cabra (Córdoba), completando la terna de matadores con “El Algabeño”. Lidiaron ganado de Conradi.
Según los críticos de la época “Parejito” tiene el mérito de haber llevado la fiesta de los toros a Budapest y a Roma, donde se le admiraba mucho siendo el jefe del Gobierno italiano Benito Mussolini, uno de sus más entusiastas seguidores por su valiente y artístico modo de torear. Toreó mucho también en Francia y Portugal.
Tras esta etapa y sin saberse aún bien las causas, “Parejito” renuncia a su alternativa en 1927, y torea de nuevo novilladas. Comienza muy bien para él la temporada de 1930, pero el 20 de abril, toreando una novillada en Jaén junto a Escrivá y Tirado, un novillo de Antonio García le infirió una gravísima cornada en el bajo vientre, que tras dos años de horribles sufrimientos, le produjo la muerte el 5 de abril.
Mi padre, Francisco González Huertas, que además de ser un gran aficionando a los toros era de Lucena, tuvo cierta amistad con “Parejito”, seis años mayor que él. Me contó en cierta ocasión que estuvo con él en Madrid unos días antes de que muriera. En 1932 mi padre estudiaba en Madrid la especialidad médica de oftalmología en el Instituto Rubio, y al parecer se encontró con “Parejito” un día por la calle la Montera, poco antes de que le operasen por última vez. Al parecer caminaba con mucha dificultad. Estuvieron un rato hablando. Parejito estaba muy desmejorado y su salud estaba muy deteriorada. Le contó a mi padre que había venido a Madrid para operarse, porque no acababa de cicatrizarle la herida del vientre que le ocasionada tremendos dolores. Al parecer, el matador lucentino murió varios días después de este encuentro con mi padre. Exactamente el 5 de abril de 1932 en el Sanatorio del Rosario. Tal vez mi padre fuera al último lucentino con quien hablase este singular torero.
Los cronistas de su época no acabaron de comprender que ocurrió con “Parejito”, un torero que tantas expectativas creó en sus comienzos, y que finalmente decepcionó de manera terminante y radical. Dicen los cronistas que “Parejito” cuando empezó en esto de torear tenía valor y ejecutaba perfectamente cuanto intentaba, pero de pronto lo perdió todo y no llegó a nada quien parecía que iba a ser mucho.
Juan José Bonifaz, dice de él en su libro “Víctimas de la fiesta”: “...los niños que vimos a ‘Parejito’ triunfar en el verano de 1920 en la localidad serrana de Cerdedilla (Madrid), le consideramos siempre, en nuestro brumoso recuerdo, como un dios de la tauromaquia...”
El 24 de junio de 2000 se cumplieron 75 años desde que el pequeño-gran torero de Lucena, Francisco López Parejo “Parejito” tomara la alternativa en la Plaza de Toros de Cabra, de manos del legendario Ignacio Sánchez Mejías, actuando de testigo Joselito García “Algabeño”, y con toros de la ganadería de Juan Bautista Conradi. El diestro lucentino, cuentan que se vistió para tal ocasión de verde y oro, y que la corrida, con ceremonia de padrinazgo incluida, fue un éxito absoluto, para los tres matadores. Las entradas de ‘general de sombra’ costaban catorce pesetas y las de ‘sol’ seis. Dicen las crónicas de la época que aquel día de San Juan de 1925 la ciudad egabrense se vistió con su mejores galas y la plaza de toros registró un lleno hasta la bandera, por la expectación que concitó el diestro de Lucena y la presencia del mítico Ignacio Sánchez Mejías ( “¡Qué gran torero en la plaza! ¡qué buen serrano en la sierra!” que diría años más tarde de él Federico García Lorca). Me pregunto ahora en la distancia, qué tipo de relación hubo entre el lucentino “Parejito” y el sevillano Sánchez Mejías... Tuvieron que ser sin duda buenos amigos, para que Ignacio fuera a Cabra a apadrinar al lucentino. Fue aquel, por muchas circunstancias, un acontecimiento importante.
Por cierto que el aniversario de su alternativa pasó completamente desapercibido en su ciudad natal, Lucena. Una ciudad emprendedora y rica, que vive de espaldas a su propia historia y cultura, y que trata con ignorancia e indolencia en muchas ocasiones, a sus hijos más ilustres. Y digo esto porque “Parejito” ha sido el único matador de toros que ha dado esta ciudad, que ya apenas si lo recuerda. No ocurrió igual en Cabra, donde hay una grande y honda afición a lo taurino y a recordar lo importante acaecido en su ciudad a lo largo de la historia. El 3 de junio la ciudad de Cabra dedicó un homenaje especial a la alternativa de “Parejito” con la IV Becerrada de “Manolete”, donde cinco chicos y una chica, intentaron tocar la gloria con sus dedos. En Cabra aún se recuerda el paso de Ignacio Sánchez Mejías, además se da la circunstancia de que es era la primera alternativa que se concedía en esa plaza.
Esta fecha de la alternativa de “Parejito” hace días que me ronda con dolor en el corazón, y por dos razones muy claras, que brevemente se las voy a explicar. Bueno, la primera ya ha quedado expuesta. La indolencia y el olvido imperdonable de la ciudad de Lucena por un hijo ilustre que deslumbró hasta al mismísimo Benito Mussolini, y que dejó boquiabiertos con su arte a media Europa. Pero otro olvido imperdonable es el que se viene manteniendo hacia un lucentino llamado Juan López “Juanele” que nació en 1928 y que desde que hizo la “mili” en Barcelona, vive allí llevando a Lucena en el corazón. El caso de “Juanele” es excepcional. Un extraordinario crítico taurino de prestigio internacional que se hizo a sí mismo (es autodidacta) y que a pesar de sus setenta y cinco años y algunos achaques de salud, sigue al pie del cañón, llevando a diario Lucena y Andalucía al corazón de los andaluces que viven en Cataluña, a través de los micrófonos de la emisora “Radio Sant Boi”. Juan López “Juanele” además, dirige en Barcelona la revista taurina “Caireles” y tiene además el mérito, de haber publicado la única biografía sobre el diestro lucentino Francisco López Parejo “Parejito”. Queda dicho desde “Larga cordobesa”, que en esta fecha tan señalada, un lucentino como yo se acuerde con cariño del pequeño gigante de la torería que fue “Parejito”, y también de su apasionado biógrafo, mi amigo en la distancia “Juanele”. Un recuerdo emocionado a “Parejito” y un abrazo para ti “Juanele”.

domingo, 7 de febrero de 2010

“GUERRITA” TIENE UN LUGAR EN LA GLORIA DE LOS TOREROS


Por El Zubi
Hace pocos años se cumplió un siglo, desde que el torero Rafael Guerra Bejarano, decidiera retirarse de los ruedos. Una fecha histórica sin duda, y que dejo a la afición sumida en la mayor orfandad taurina, hasta que apareciera algunos años más tarde la figura de Joselito. Ha pasado un siglo, digo, y me da la sensación de que aún no se ha puesto a este genial torero en el lugar que le corresponde. No me refiero a Córdoba, donde sé de sobra que aún se venera su memoria. Me refiero a la figura de “El Guerra” en la historia de la tauromaquia, a la importancia que tuvo todo cuanto hizo para el desarrollo del toreo moderno. Sus enseñanzas fueron recogidas y perfeccionadas por Joselito, aunque la crítica histórica quiera erróneamente, creo yo, atribuirle en exclusiva estos méritos a Juan Belmonte.
Estoy convencido que Guerrita tuvo dos cosas en su contra. Una fue haber vivido como torero en una época en la que los medios de comunicación se encontraban en un estadio casi prehistórico. De haber nacido en estos tiempos, lo suyo hubiera sido un auténtico fenómeno sociológico a nivel mundial. La otra fue, que por su buen oficio no se dejó matar de una cornada en la plaza. Y no ocurrió porque lidiaba siempre rozando la perfección, ya que conocía muy bien el comportamiento de los toros y sus terrenos.
En aquella época, (lo sé por todo cuanto he leído sobre él y lo que me ha contado su nieto Rafael Guerra, que por desgracia murió hace pocos años), Guerrita fue el más grande y no había otro. Dotado de un don y un talento especial para este oficio, y resulta que lo hacía todo bien. A esto le acompañaba un carácter irreductible e insobornable, que le hacia ir por derecho siempre y en todas las facetas de la vida. Esta rectitud suya y su conocida “tozudez” chocó con los públicos caprichosos y miserables que siempre ha habido en la villa y corte de Madrid, y como se dice vulgarmente, los mandó a todos a “freír puñetas” y se retiró a su Córdoba natal a vivir la vida. Eso sólo lo hace alguien que es muy grande, y dejo dicho: “En Madrid que atorée San Isidro…”
Me contaba hace años su nieto Rafael, que en cierta ocasión invitaron a su abuelo a participar en una montería en Andújar, a la que también asistía el rey Alfonso XIII con quién le unía una gran amistad. Al parecer Guerrita llegó un poco más tarde que los demás invitados. De tal forma que cuando llegó estaba todo el mundo en la plazoleta del cortijo haciendo los preparativos para comenzar la cacería. Guerrita llego en su limusina, conducida por su chofer. La llegada fue espectacular. Rafael Guerra bajó del coche envuelto en su capa con forros de seda color morado, y se acercó al resto de los invitados. El rey Alfonso XIII, que tenía gran predilección y afecto por este legendario torero, se acercó a él y bromeando, le dijo: “Rafael, que con esa capa perece usted un obispo”. El Guerra, con una sonrisa en los labios, comprendió la broma, y le contestó inteligentemente al rey: “Perdone usted Majestad, pero yo en lo mío, soy el Papa”. Todo el mundo, incluido el rey, rieron con la salida tan divertida y ocurrente que tuvo el Guerra. Una anécdota que denota esa fina inteligencia natural que este hombre tuvo para todo en la vida. Y la seguridad que tenía de sí mismo, de saber que era el más grande. No se equivocó cuando sentenció: “después de mi, naide, y después de naide, Fuentes”. Fue torero dentro y fuera de los ruedos has ta la muerte. Un hombre que tuvo una vocación casi sacerdotal, con una dimensión profesional de las más grandes que han existido en este difícil mundo de los toros. Por eso, yo quiero hoy poner un granito de arena más para engrandecer aún más su memoria, e intentar poner a este monstruo del torero en el lugar que le corresponde: la gloria.

sábado, 6 de febrero de 2010

Caso insólito en la historia: JOSELITO TORRES HA SIDO EL UNICO TORERO QUE, SIN PROPONÉRSELO, CONSIGUIO DAR UNA LARGA CAMBIADA A PORTAGAYOLA A UN CURA


A pesar de poseer muy buenas facultades como torero, la miopía le impidió triunfar en los ruedos

Por El Zubi

Alguien tenia que hacerlo y he decidido ser yo quien cuente la insólita historia torera de José Torres Castro, para que un hecho tan extraordinario como el que él protagonizo en el año de 1959, quede escrito en letra impresa y pase al anecdotario taurino de la tauromaquia y de la ciudad de Córdoba para siempre, ya que su gesta es aun hoy única en la historia de la Tauromaquia mundial, a pesar de que hayan transcurrido mas de cincuenta años desde que acontecieran aquellos hechos, y es por eso que merece ser contada.
Joselito Torres es un personaje muy cordobés, que desde su más tierna infancia ha estado ligado al mundo taurino de la ciudad de Córdoba. Siendo muy joven sintió la llamada taurina y no dudo nunca en dedicarse a esto del toro. Desde muy pequeño jugaba al toro en la calle con sus amigos, y ya con doce años comienza a torear vaquillas y toretes por tentaderos y capeas, así como festivales organizados con fines benéficos, educativos y lúdicos. Bueno hay que decir, para quien no lo sepa, que Joselito Torres es mozo de espada. Un gran mozo de espada, que conoce muy bien los comportamientos y los terrenos del toro, pues no en vano antes de cocinero fue fraile. Durante muchos años ha desempeñado este sabio oficio acompañando al maestro Rafael González ”Chiquilín”. Actualmente es mozo de espada en la Escuela Taurina del Circulo Taurino de Córdoba, y allí, ejerce su maestría en el arte de entrar a matar, ilustrando y aconsejando sabiamente a los jóvenes aspirantes a toreros, que como a él le ocurrió en su día, sueñan con alcanzar la gloria y triunfar en el arte de “Costillares” y “Pedro Romero”. Pero Joselito Torres es además un gran torero de la vida, una extraordinaria persona, amigo de sus amigos, amante de las mujeres, de todas las mujeres del mundo, incluso de la suya propia, una afición esta que le pierde... y ser de esa manera... reconozcámoslo, es como “estar lleno de arte” en el mundo.
He de decir que los hechos que a continuación voy a relatarles los conozco porque el mismo Joselito Torres que fue el protagonista, me los relató de viva voz y han sido además ratificados por algunos testigos que asistieron a aquel famoso evento, como es el caso de Andrés Dorado, ex novillero y ahora extraodinario crítico taurino, que por aquel tiempo también se encontraba embrujado con el veneno del toreo.
Resulta que en el año 1959, con motivo de la festividad de San Juan Bosco, patrón de los Salesianos se organizaron en el Colegio de Córdoba, una serie de actividades festivas para conmemorar aquel día del patrón. Entre las actividades programadas estaba la suelta de dos vaquillas bravas: una para que fuera corrida por los alumnos del centro, a fin de que ejercieran una de las actividades mas primitivas que se conocen en la relación del hombre con el toro, que es la de jugar al toro, y la otra vaca, un poco más hecha y con más envergadura de cornamenta y trapío, se destinó para que fuera lidiada y muerta a manos de un conocido novillero local, alumno también de aquel colegio, que prometía por sus buenas maneras: Joselito Torres, que en aquellas fechas contaba con 14 años de edad. Para la ocasión le acompañó como subalterno el que años más tarde sería el famoso banderillero cordobés José León “El Fiera”.
Joselito Torres tuvo mucho mérito pues quiso ser torero siendo un miope de categoría. El me contó un día, que le cupo la gloria de ser el primer cordobés de la historia que llevó lentillas en esta ciudad de los Califas. Unas lentillas al parecer, que fueron mandadas hacer por su padre en Japón, las primeras que llegaron a Córdoba. Un torero no puede llevar gafas, porque entonces ni es torero ni es “ná”, sino un fantoche ¿no es cierto? Y Joselito Torres era torero y llevaba sus lentillas y toreaba con ellas “divinamente”.
Para aquel festival taurino de los Salesianos, se improvisó una placita de toros en mitad del campo de fútbol del patio del Colegio Salesiano de Córdoba, con una tronera muy larga que servía de toriles para la suelta de los animales. Joselito Torres se hizo para la ocasión un precioso traje corto, ya que se trataba de un festival y no de una corrida. Y aquello comenzó. Hizo su paseíllo acompañado por José León “El Fiera” jaleado por el fervor de todos sus compañeros del colegio. Una vez en la barrera y cambiada la seda por el percal sonó el clarín para que soltaran la vaca. Joselito Torres, con sus lentillas puestas, se dirige decidido a toriles para recibir a la vaca con una larga cambiada a “portagayola”. Se hinca de rodillas y despliega heroicamente la bamba de su capote en el suelo, dispuesto a recibir al bicho con una “larga cambiada”. El público comenzó a aplaudir entusiasmado aquel gesto tan torero de Joselito, …allí solo ante el peligro, de rodillas, a jugarse la vida como un héroe mitológico.
Abrieron la puerta de toriles, que como quedó dicho anteriormente, era una larga tronera de viguetas de madera hasta el camión donde estaba encajonada la vaca que se iba a lidiar. Pasaban los minutos y la vaca no salía. El público se impacientaba y el torero también, pues llevaba ya mas de cinco minutos de rodillas mirando al frente. Su subalterno, José León ”El Fiera”, le hizo un gesto de complicidad para que el torero no perdiera la calma, y se metió con cuidado por la tronera para intentar sacar a la fiera. Pasaban los minutos y ni El Fiera ni la vaca salían, y Joselito Torres allí seguía de rodillas con “cara de póker” y comenzaba ya a impacientarse. Aparece por fin el subalterno caminando muy despacio y confiado por la tronera de toriles como si tal cosa, y le dice al novillero: “¡esta vaca no quiere salir José, ‘pa’ mi que es mansa! El público estudiantil estaba ya muy impaciente y para que el asunto no fuera a mayores, pues ya se oían abucheos del respetable, uno de los curas salesianos con su sotana negra y cuellos blancos de hule que andaba por allí, decidió terciar y meterse en la tronera a fin de convencer a la vaca para que saliera y acabar con el conato de escándalo colegial que se estaba produciendo. Habían transcurrido ya cerca de quince minutos y Joselito Torres seguía allí… estoicamente, sufriendo,…de rodillas con su capote desplegado en la puerta de toriles esperando la embestida de la fiera.
“Yo no se que es lo que se le antojó a la vaca ---me contaba de viva voz el propio Joselito Torres--- cuando vio a aquel cura con la sotana negra remangada… La cosa es que por arte del diablo se le arrancó de pronto, y el cura salió corriendo con todas sus fuerzas tronera abajo… que parecía un “cien-pies”,…para que no lo pillara la vaca. Yo que no veía mucho ni siquiera con lentillas, vi que se acercaba rápidamente un ‘tropelío’, una cosa negra envuelta por mucho polvo y que hacia mucho ruido, y me dije: ‘Joselito ahí viene la vaca’, y resulta que era el cura. No me lo pensé dos veces y le di una larga cambiada al cura… que no se la quita ni el Papa. El cura salió por la derecha “toreao” y la vaca por la izquierda a su aire…” …
Aquella tarde Joselito Torres estuvo sembrado. Toreó “divinamente” pues logró cortarle a la vaca las dos orejas y el rabo, y además lo sacaron a hombros los alumnos de los Salesianos por la puerta grande. Aquella sin duda, fue una gran gesta digna de un gran torero. Pero lo que merece pasar para siempre a la historia de la Tauromaquia cordobesa, es el hecho de haber sido Joselito Torres el único torero en el mundo que le ha dado una larga cambiada de rodillas y a portagayola a un cura de los de antes, de los de la España en blanco y negro, de los de sotana negra y cuello blanco duro de hule.
Meses más tarde toreó una novillada en Cabra vestido de luces. Estuvo muy bien con la muleta pues logró hacer una faena muy aseada. Al entrar a matar el novillo, parece ser que del esfuerzo se le cayeron las lentillas. A la vez que el torete caía muerto de una gran estocada, la plaza se volvió de pronto para el torero en una visión borrosa que le confundía y Joselito Torres, que se vio perdido en la nebulosa, le dijo a José León “El Fiera”: “Oye que he perdido las lentillas al entrar a matar y no veo donde está la presidencia. Yo me voy a agarrar a tu brazo y cuando tu te inclines, es la señal para que yo salude al presidente ¿vale?”. El subalterno se mostró de acuerdo y ambos comenzaron a andar. Cuando habían caminando unos cuatro metros aproximadamente El Fiera tropezó con la punta de una banderilla que había en el ruedo. Se inclinó a cogerla y Joselito Torres automáticamente alzo su brazo con la montera y mirando a los tendidos dijo: “con su permiso señor presidente...” El Fiera le dijo rápidamente: ¡que ahí no está la presidencia, que ese es el tendido de sol, que es que me he clavado una banderilla que había en el suelo…”. Joselito Torres enfadado por la contrariedad le contestó: “Idiota si es que no veo ‘ná’ sin gafas, ‘pa’ que te inclinas hombre... ¿no sabes que no veo ‘ná’ sin gafas? ... la madre que te parió...”. Joselito Torres tenia muy buenas maneras de torero y de no ser por su acentuada miopía, a buen seguro hubiéramos disfrutado de un torero de época, pues era valiente y tenia un estilo lleno de pureza y sentimiento, pero su defecto en la visión impidió que se cumplieran sus sueños, y solo pudo llegar a ser uno de los mejores mozos de espada que hay en la actualidad. Qué gran torero fue en la plaza mientras estuvo, que gran persona es en la vida, que gran mozo de espada es José Torres Castro “Joselito Torres”.

viernes, 5 de febrero de 2010

EL GENERAL PRIMO DE RIVERA IMPUSO EN 1928 LA OBLIGATORIEDAD DEL USO DEL PETO EN LOS CABALLOS


“Las dos rayas del tercio se reglamentaron en 1923”

Por El Zubi

Durante todo el siglo XIX las corridas de toros fueron un espectáculo sangriento similar al de un circo romano, pues los ruedos se cubrían de caballos muertos o agonizantes despanzurrados en la arena. La proporción de caballos muertos en las plazas cada temporada era tres veces superior a la de los toros. El periódico taurino madrileño “El Enano” sin ir mas lejos, daba en 1855 la noticia de que en esa temporada se habían matado en Madrid 191 toros mientras en ese ruedo habían muerto por asta de toro 412 caballos, 14 de ellos en las cuadras a consecuencia de las heridas producidas por los toros. Es más, la bravura de los toros se media entonces por el número de caballos muertos en la suerte de varas. Era normal oír en las plazas el grito del público al toro bravo: ¡Caballos, caballos! pidiendo más sangre... que ya era el colmo de la crueldad. Por otro lado, en 1785 por ejemplo, el producto de la venta de las colas de los caballos que sucumbían en las plazas, sin duda para aprovechar sus cerdas, se destinaba para una novena al “Cristo de los Traperos”, cuya imagen se veneraba en la Iglesia de la Concepción Jerónima de Madrid.
Sin embargo la sensibilidad del público fue cambiando con la llegada del nuevo siglo, y ya a principios del siglo XX los aficionados veían desagradable la muerte inútil de tanto caballo en los ruedos. Era algo que iba limando las conciencias de los aficionados. Se hacía ya insoportable para los públicos la repugnancia que transmitía la suerte de varas con los jacos muertos y despanzurrados con los mondongos fuera y esparcidos en los ruedos.
Fue a finales de los años 20, en plena dictadura del general Primo de Rivera, cuando se implantó la protección o petos a los caballos. La chispa que colmo el vaso ocurrió en una corrida de toros celebrada en Aranjuez a principios de temporada de 1928, a la que asistió el presidente del Gobierno Primo de Rivera acompañado de una distinguida dama extranjera, ligada familiarmente a un ministro francés. Ocupaban un asiento preferente de barrera y ocurrió que unos de los toros, tras romanear y campanear a sus anchas a uno de aquellos escuálidos caballos, salpicó con sus tripas y con parte de lo que estas contenían a todos los espectadores que se hallaban presenciando el espectáculo en la zona donde se encontraba la ilustre pareja. El dictador tuvo que pasar un mal rato tan grande, que tras el espectáculo dio la orden tajante a su Ministro de la Gobernación de que adoptara las medidas oportunas para acabar para siempre con tan salvaje y vomitivo espectáculo. Y de ahí vino directamente la imposición del peto en los caballos que practicaran la suerte de varas. Oficialmente se implantó en el año 1928, estando como ministro de la Gobernación el general Martínez Anido, que dispuso en La Gaceta de Madrid, que a partir del día 8 de abril de ese año se prescribía el uso obligatorio de los petos protectores para los caballos de picar en las plazas consideradas de primera categoría, entre ellas la de Tetuán de las Victorias en Madrid, una plaza en la que anteriormente y durante un año se habían llevado a cabo los pruebas del peto. Esta disposición fue después ratificada por Real Orden de 13 de junio, que ya extendía su obligatoriedad a todas las plazas de España.
Pero ya en la temporada de 1926 (dos años antes de la imposición legal), el general Primo de Rivera encargó a una Comisión el estudio de las posibles reformas que habría de acometer en el primer tercio de la lidia. El sentir popular era unánime a favor de acabar con aquel repulsivo espectáculo y se hicieron en aquellos años muchas y variadas propuestas para solucionar el problema. Se pensó incluso en suprimir la suerte de varas y poner un rejón de castigo por parte de un rejoneador, pero se comprendió que eso vulneraría la esencia del toreo y de la lidia. Ignacio Sánchez Mejías fue una de las voces autorizadas que se mostró en contra de ese rejón de castigo: “suprimir la suerte de varas es suprimir la Fiesta” dijo.
Así pues ya en 1927 se celebraban corridas con petos de prueba y hubo incluso un concurso de ideas en la Plaza de Tetuán de las Victorias con varios modelos de distintos materiales como cuero, caucho, rejilla metálica, tela o guata. A aquel concurso se presentaron petos de la Viuda de Bertoli, de Manuel Nieto Bravo, de Esteban Arteaga y de Juan Andrés Yuste, que a la sazón fue quien ganó el concurso de ideas. Su peto presentado era de una sola pieza, con la parte exterior de paño fuerte, de color gris y la interior, de lonas de algodón y se terminaba con guarnición de ribetes de cuero. Llevaba también un faldoncillo enguatado de una cuarta de largo para proteger la bragada del caballo.
En 1934 se aprobó otro modelo que pesaba 15 kilos. Fue presentado por Cipriano Reyes Ortiz, e introducía la innovación de una pieza que cubría la parte posterior del caballo, y llevaba dos lonas impermeabilizadas con una capa de algodón impermeabilizado y con un moteado de cáñamo, dos telas rectoras de gran calidad, con otra capa del mismo algodón, cubriendo esta última con una lona de color marrón y un moteado que cogía todas las telas y lonas del artefacto protector. Su coste era de 350 pesetas de 1934.
El ganadero Manuel García-Aleas vio con buenos ojos la imposición del uso del peto pues así se impedía que los ácidos de las tripas de los pobres caballos, volvieran burriciegos a los toros en el transcurso de la lidia, y además se podía medir mejor las fuerzas de estos al romanear al caballo, al peto y al picador. En aquellos años ocurrió que los picadores no estaban de acuerdo con la imposición del peto, porque según decían ellos, practicar la suerte así era muy peligroso. ¡Qué equivocados estaban! Eso ocurrió en una novillada experimental celebrada el domingo de Piñata de 1927 en Madrid, un 6 de marzo. Alternaban en el cartel Curro Puya, Carlos Susoni y el debutante malagueño Ramón Corpas, que se las vieron con un encierro de la ganadería sevillana de Rufino y Moreno Santamaría, novillos-toros con los que se probaron varios modelos de peto. La prueba resultó mal pues a pesar de los artefactos protectores los caballos murieron en la suerte de varas. Los más reacios a la nueva imposición, como no, fueron los propios picadores, que no comprendieron que con el paso de los años serían los más beneficiados, ya que iban a ir subidos en un auténtico tanque blindado a prueba de bomba. Y con esta novedad desaparecería prácticamente la suerte de quites. Una suerte que se creo para quitar a los toros de encima de los caballos y que ha llegado a desaparecer por innecesaria. En la actualidad, con la poca fuerza de estos toros surgidos tras la Guerra Civil y con los tanques blindados en que se han convertido los caballos, a quien hay que quitar de encima del toro es a los propios caballos. Se han invertido los papeles: el verdugo ha pasado a ser víctima y la víctima el verdugo.
La prensa de la época también opinó mucho sobre el tema y movió mucho la opinión de los aficionados. Así vemos por ejemplo como el crítico “Triquitraque” en El Correo de Andalucía titulaba su crónica de la primera corrida de toros con petos en Sevilla con un irónico: “Chalecos de fantasía”, y en la que se oponía tajantemente a la imposición de los petos, porque según él dejaba a los picadores indefensos (¿..?), fíjense que gran error estaba cometiendo. También el ABC de Madrid se mostraba contrario a la utilización de los petos, y así lo mostraba su cronista Rafael Sánchez-Guerra que decía: “ni petos, ni corazas. Para picar sólo vale el brazo firme del picador“. Otros periódicos vislumbraban en el uso del peto el inicio del fin de la Fiesta de los Toros. Una visión que ahora en el siglo XXI ya, lejos de ser exagerada resulta bastante certera, pues la suerte de varas se ha convertido en el auténtico “fielato” de la Fiesta. Como decía Ignacio Sánchez Mejías: “en el temple del picador nace el de la muleta”, pensando que en el caballo se prepara a los toros para el último tercio. Pero la realidad es muy otra. Hoy en día es en el caballo donde sucumben la mayoría de los toros.
Con la imposición del peto, se puso en práctica en la suerte de varas otra medida que dio una nueva dimensión a esta suerte. Me refiero a prohibir a los picadores estar en el ruedo a la izquierda de chiqueros cuando el toro salía de toriles, tal y como se venía haciendo desde los tiempos de Paquiro, que fue quien puso orden en las corridas de toros. A partir de ahora sólo pueden salir al ruedo los caballos de picar cuando el toro haya sido recibido y lanceado con los capotes y el presidente del festejo lo ordene.
Lo mismo ocurrió con las dos rayas para picar en el tercio de donde no se puede salir el picador mientras ejecuta la suerte. Antiguamente cuando los caballos aun iban sin protección, se podía picar en cualquier punto del ruedo incluidos los medios, sin que hubiera marca alguna divisoria donde hacer la suerte. Como en esta práctica hubo también su picaresca en los del castoreño, tanto para los toros que eran bravos como para los mansos, se impuso en estos años una circunferencia a siete metros de la barrera de donde no podían salirse. Esta marca se reglamentó como obligatoria en 1923, y en 1959 y a propuesta del matador Domingo Ortega, se impuso la segunda raya delimitando así la zona del toro y la zona del picador: una raya interior a siete metros de la barrera y otra exterior a nueve metros de las tablas.
En la nueva reglamentación de la Fiesta de 1992 se aumentó un metro la distancia de separación, quedando la raya exterior a 10 metros de las tablas. Estas nuevas normativas iniciadas en los años 20 han marcado el transcurrir de la Fiesta desde mediados del siglo XX a nuestros días, añadiéndole además circunstancias como la fuerza que desde entonces adquirieron los picadores dentro del Sindicato de Toreros, que como saben está en manos de banderilleros y picadores. Por esta razón es inamovible esa puya piramidal y canallesca, con bordes cortantes como cuchillas, que más que picar lo que hace es barrenar en los morrillos de los toros dejándolos ya para el arrastre. Y es lo que dice el refrán: con estos mimbres tenemos estos cestos... y esto no hay quien lo arregle, pues la sartén de la Fiesta la tienen los picadores cogida por el mango.

jueves, 4 de febrero de 2010

REFLEXIONES SOBRE EL ORIGEN DEL CORTE DE OREJAS Y RABOS EN LA FIESTA DE LOS TOROS



Por El Zubi

Muchos aficionados a la Fiesta, no han reparado aún sobre el origen del corte de los apéndices en la Fiesta de los Toros y por qué a un torero cuando triunfa en una plaza se le premia con una o dos orejas e incluso con el corte del rabo y la pata del animal y no de otra forma. Pues todo tiene su origen y su porqué. Una fecha y una explicación lógica que no ha sido producto del capricho ni del azar.
Como la imposición del uso del traje de luces, el uso de la montera y el orden de la lidia fue impuesto por Francisco Montes “Paquiro”, o el hecho de sortear los lotes antes de su lidia en los ruedos fue impuesto por Luis Mazzantini, o la obligatoriedad del uso de los petos en los caballos de picar fue producto de una orden de Primo de Rivera a su ministro de Gobernación, el corte de las orejas a los toros tuvo también unos orígenes y una causa.
El corte de los apéndices taurinos tuvo su origen en una costumbre humana y entrañable, puesta en vigor por los Caballeros Maestrantes de Ronda y de Sevilla, propietarios de las respectivas Plazas de las Maestranzas, cuando regalaban el toro muerto y arrastrado al espada que se había lucido en su lidia para que este invitara con las carnes del animal a su cuadrilla, amistades y acogidos a centros benéficos. Pasado el tiempo al comercializarse el negocio y arrendar las Maestranzas el servicio de carnes de las Plazas, los contratistas adjudicatarios ya no podían perder sus ganancias regalando la carne a nadie ya que ese era su negocio. Por tanto los Maestrantes instauraron como trofeo simbólico de la entrega de todo el toro, entregar al espada triunfador una oreja del enemigo vencido. En aquella época una oreja simbolizaba la entrega del toro completo, el máximo galardón, y era lo razonable en la línea de los actuales aficionados torístas que ven inadecuado dar dos orejas (que serian dos toros en aquellos años) y menos el rabo y hasta la pata.
La primera oreja concedida en España tuvo lugar en Madrid, al matador de Algeciras José Lara “Chicorro”, por su faena al toro “Medias Negras”, de Benjumea, el 29 de octubre de 1876, con Alfonso XII en el palco real. La segunda oreja la cortó el 2 de octubre de 1910 Vicente Pastor al toro “Carbonero”, de Concha y Sierra. Sevilla no concedió la primera oreja hasta el año 1915 y lo hizo a su paisano Joselito, el 30 de septiembre que se encerró en la Maestranza con seis “santacolomas”. “Cantinero” era el nombre del toro desorejado por el torero de Gelves. Desde entonces hasta hoy, unas veces con justicia otras con desaprensión y alegría, se han concedido despojos taurinos suficientes como para surtir lo que resta del nuevo siglo las casquerías de todo este país. Actualmente en plazas como Madrid y Sevilla esta proscrito el corte de rabos y menos aún de patas.
En Madrid entre los años 1918 a 1942 sólo se cortaron 10 rabos, los tres primeros en la plaza vieja y los restantes en la Monumental de Las Ventas: el primero lo cortó José Roger “Valencia I” de novillero, a un novillo de Pablo Romero un 11 de agosto de 1918. El segundo rabo fue para Joselito cortado a un toro de Guadalest el 10 de octubre de 1918. Matías Lara “Larita” cortó el tercer rabo un toro de Palha el 8 mayo de 1921. El cuarto rabo fue para Juan Belmonte, a un toro de Carmen de Federico el 24 de octubre de 1934, precisamente en la corrida que sirvió como segunda inauguración de Las Ventas. Belmonte cortó el quinto rabo un año después a un toro de Coquillo el 22 de septiembre de 1935. Ese año fue señero en la historia de la Tauromaquia madrileña pues se cortaron tres rabos más en el transcurso de siete días, de domingo a domingo, entre el 22 al 29 de septiembre de 1935: Alfredo Corrochano el mismo día 22 de septiembre y a un toro de la misma ganadería, y el 29 de septiembre de ese año Curro Caro y el mejicano Lorenzo Garza a dos toros de la ganadería de Emilia Mejías. El noveno rabo fue para Manolo Bienvenida el 4 de junio de 1936 un mes antes de que comenzase la Guerra Civil, a un toro de Sánchez Fabrés, y ya concluida la contienda civil, Marcial Lalanda el 18 de octubre de 1942 a un toro de Antonio Pérez Tabernero, aunque este último rabo de Lalanda, no tuvo el mismo valor que los demás ya que, aunque existen fotos de Lalanda con él en la mano ese día, al parecer fue cortado fraudulentamente por un subalterno de nombre Cadenas, sin la orden del presidente de la corrida, que ese día era el un tal Sánchez García. Tuvieron que pasar 40 años para se concediese otro rabo más en Las Ventas, en una Feria de San Isidro de 1972 a Sebastián Palomo Linares, el único hasta nuestros días. Durante toda la posguerra ni Manolete, ni Pepe Luis Vázquez, ni Antonio Bienvenida, ni Ordóñez, ni Paco Camino, ni Diego Puerta, ni Curro Romero cortaron este apéndice en Madrid, una costumbre que con la excepción de Palomo Linares, se ha impuesto como oficial en la primera plaza del mundo y en las demás plazas importantes de este país como son las de Sevilla, Valencia o Bilbao. No obstante el corte de los apéndices e incluso el de la pata se siguen prodigando tontamente en muchas plazas y ferias de pueblo, pero todo esto tiene su origen en aquella iniciativa de los Maestrantes hace ya dos siglos y medio. Por suerte, tras la Guerra Civil y con el paso de los años, han aparecido e instaurado en el Reglamento y la costumbre de los aficionados otros premios menos cruentos y tan válidos como los citados, como son el saludo desde el tercio, las vueltas al ruedo, la música durante la lidia o las salidas a hombros por las Puertas Grandes. Como saben, estos reconocimientos a los méritos de los toreros, se solicitan por el público agitando un pañuelo blanco...pero por desgracia siempre han tenido mas valor para los presidentes de las plazas de toros del mundo los pañuelos de los tendidos de sombra que los de sol...

miércoles, 3 de febrero de 2010

XI CERTAMEN NACIONAL DE FOTOGRAFÍA TAURINA


JAVIER JOSÉ VICIANO FERRÁNDEZ GANA EL PREMIO LADIS DE FOTOGRAFÍA TAURINA

AL CERTAMEN SE HAN PRESENTADO CIENTO NOVENTA Y TRES OBRAS PROCEDENTES DE TODA ESPAÑA.

El jurado de la XI edición del Certamen Nacional de Fotografía Taurina Memorial Ladislao Rodriguez Benítez “Ladis”, emitió el siguiente fallo: El Premio Nacional, de 800 € y diploma, patrocinado por Cajasur, lo consiguió Javier José Viciano Ferrández, de Onda (Castellón) con la fotografía “Frente al toro”; el Premio al Mejor Autor Andaluz, de 300 € y diploma, patrocinado por Diario CÓRDOBA, se lo adjudicó Rafael Becerra Cañete, de Córdoba, con la fotografía “Composición”; el premio al Mejor Autor Cordobés, de 150 € y diploma, patrocinado por Tertulia Taurina La Montera, fue para Juan Manuel Vacas Muñoz, de Córdoba, con la fotografía “Ignacio González”.
El jurado acordó, de manera excepcional, conceder una mención especial a la fotografía “En formación”, cuyo autor es Gorka Azpilicueta González, de Sarriguren (Navarra).
A esta undécima edición se han presentado ciento noventa y tres obras provenientes de Málaga, Madrid, Sevilla, Segovia, Alicante, Barcelona, Navarra, Logroño, Ávila, Castellón, Pamplona, Andújar, Cabra, Puente Genil, Palma del Río y Córdoba, de las que se han seleccionado 156 para la exposición que se inaugurará el próximo día 11 de Febrero en la Sala de Exposiciones de Cajasur en la calle Reyes Católicos, donde se procederá a la entrega de premios.
El jurado estuvo compuesto por Manuel Gahete, Antonio Galán Ortiz, Alejandro Rodriguez Galán, Ana Segado Ochoa, Rafael Mir Jordano, Luis Rodriguez López, Rafael González Zubieta, Rafael Salinas González, Ángel Mendieta Baeza y Víctor Molino.

PREMIO NACIONAL

MEJOR AUTOR ANDALUZ

PREMIO: MEJOR AUTOR CORDOBÉS

MENCION HONORIFICA

UNO DE LOS LEGADOS QUE NOS DEJO “PAQUIRO” FUE EL TRAJE DE LUCES



Por El Zubi
Uno de los principales legados que nos dejó Francisco Montes Reina “Paquiro”, además de ordenar la lidia en tres tercios e instaurar el “paseíllo”, fue el “traje de luces” y el tocado de los toreros, la “montera” así llamada por el apellido Montes del torero de Chiclana (1805-1851). En su afán por elevar el rango social de los toreros de a pie diseño de nuevo su indumentaria sentando las bases de lo que hoy es el atuendo de los toreros.
Los toreros anteriores a él (Pedro Romero, Pepe-Hillo y Costillares) usaban redecilla y peineta, y antes que estos se usaba un chambergo de alas anchas, utilizado en muchas ocasiones como muleta a la hora de estoquear al toro. Tanto el chambergo como la capa larga, fueron prohibidos en 1766 por aquel odiado ministro de Carlos III llamado Esquilache, que provocó un violento motín que le costó su destitución en el cargo. La capa se recortó y más tarde, bajo el mandato del ministro Floridablanca, el chambergo fue definitivamente sustituido, primero por el sombrero de medio queso y más tarde por el de dos picos o “de candil”, ascendiente inmediato de la “montera”. Tras los ensayos citados en el tocado de la testa de los toreros Paquiro introduce definitivamente la “montera” hacia 1835 aproximadamente. Desde entonces a nuestros días, este “sombrero taurino” tan peculiar no ha cambiado en lo sustancial, aunque si ha tenido una evolución continua sujeta a las modas reinantes de cada época. Lo sustantivo de la “montera” es que está adornada por cordonería y pasamanería negra, rematada a cada lado con una borla o macho, cuya forma y dimensiones han variado mucho con el paso de los años como se dijo antes.
A Paquiro hay que considerarlo también como el inventor del “traje de luces”, por ser el primero que incorpora pedrería y lentejuelas al vestido de torero, que ya Costillares dotó de galón de plata y después Curro Guillen y Sentimientos de bordados de oro. Francisco Montes “Paquiro” suplió la tradicional tela de gusanillo por la seda, y agrandó el tamaño y barroquismo de las hombreras y así enriqueció la vistosidad del “traje de luces”, agregando las borlas o machos, los alamares y los caireles. Acortó de manera notable la chaquetilla, de tal forma que puesta asome dos dedos de la faja, y sustituyó definitivamente el antiguo cinturón de cuero por la faja.
Poco ha variado el vestido de torear desde entonces a nuestros días, salvo los leves vaivenes propios de la moda y en lo referente a técnica textil e incorporaciones de nuevos materiales, como la sustitución del cartón por el plástico en el armazón de las chaquetillas. Impuso las camisas blancas con bordados, debajo de la chaquetilla y la gran corbata o pañuelo de antes por el corbatín que aún impera.
Esta modificación de la indumentaria que lleva a cabo Paquiro, fue sin duda un intento de elevar el rango social del lidiador, pues la utilización del hilo de oro y la llamativa pedrería en los bordados del “traje de luces”, supone para los toreros una distinción. Hay por tanto un afán de equiparar a los toreros con los representantes de los grupos sociales más elevados, gentes de la aristocracia y la nobleza, los únicos que en esas fechas (1840) podían disfrutar del privilegio de unos vestidos lujosos y distinguidos respecto a otros grupos sociales.

martes, 2 de febrero de 2010

“PAQUIRO” PUSO LOS CIMIENTOS A LA FIESTA ACTUAL APORTANDO UN ORDEN LOGICO EN LA LIDIA



Por El Zubi
A Francisco Montes Reina “Paquiro”, matador de toros de Chiclana, le debemos toda la grandiosidad que hoy tiene la Fiesta de los Toros. A él y a nadie más se debe en esencia el modelo de corrida que actualmente tenemos y en particular, el paseíllo. Antes de Paquiro las corridas de toros eran de otra forma. Esa manera de hacer el paseíllo, el brillo de los trajes de los toreros, el tocado de la “montera” (por su apellido Montes), y la división de la lidia en tres tercios (el de varas, de banderillas y de muerte), son fruto de las reformas implantadas por el torero de Chiclana allá por los años 1835 a 1840.
Antes de él, la lidia de los toros carecía del orden, de la brillantez y el argumento que le asistieron más tarde, cuando Paquiro puso cada cosa en el lugar que le corresponde. Se puede decir por tanto, que Paquiro fue a las formas del toreo lo que Juan Belmonte al fondo. Si con Belmonte nació el toreo moderno, Paquiro puso los cimientos de la corrida actual, y en su afán de elevar el rango del lidiador de a pie, innovó su indumentaria sentando las bases de lo que hoy es el atuendo de los toreros.
Francisco Montes antepuso los toreros de a pie a los de a caballo, contrariamente a lo que venía siendo habitual hasta entonces. Ya desde Costillares (1760) era evidente la subordinación de los antiguos varilargueros a los matadores, sin embargo en algunos carteles de toros de la época todavía seguían figurando primero los picadores, aunque no en todos. En 1845 en Sevilla ya figuran los espadas antes que los piqueros, sin embargo existen carteles de esos años de la Plaza de Madrid en los que todavía se le da prioridad a los del castoreño. No obstante a la hora de hacer el paseíllo la jefatura de Paquiro no distinguía coletas de castoreño, y no se puede interpretar la medida como menosprecio a los picadores, sino que el torero de Chiclana delante del toro valía mas que todos los de su cuadrilla.
En realidad, Paquiro con su culto a las reglas y al uso de la razón como instrumento de su arte, lo que hace es plasmar en el toreo las directrices básicas del Neoclasicismo: la actitud estética de la Ilustración, que es el pensamiento preponderante de la Europa del siglo XVIII. En esta época el nexo de unión que armoniza la naturaleza y el hombre es la razón. Por eso el Rey Fernando VII creó la Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla (1831), al igual que se creara la Real Academia Española de la Lengua y la Real Academia de la Historia. Se busca en estos años establecer los cánones perfectos en todos los órdenes de la vida y conservarlos para que todo el mundo los tome como modelo.
Paquiro estableció los tercios de la lidia de los toros, algo que hasta entonces era inexistente. Limitó la presencia de los picadores en el ruedo hasta la conclusión de la suerte de varas, pues antes permanecían todo el rato en el ruedo participando anárquicamente todo el mundo en la lidia del toro, con lo cual las corridas de toros antes de que las ordenara Paquiro debieron de ser de lo más farragosas. Formalizó también el segundo tercio, el de banderillas, que lo hizo separar del de varas, y el posterior de muerte con estoque mediante el oportuno toque de clarín.
Lo que se consiguió con este ordenamiento de la lidia es evitar que intentaran torear todos a la vez: picadores, banderilleros y matadores, y hacerle las cosas bien a los toros para que su comportamiento diera más brillantez al espectáculo. Se establece un orden lógico a la lidia poniendo a cada uno en su sitio, porque al fin y al cabo el toreo es orden, colocación, técnica, sabiduría y buen gusto...
Desde aquellos tiempos a nuestros días, y con los cimientos puestos por Francisco Montes “Paquiro” se ha construido un espectáculo capaz de convertir la lucha en armonía. La belleza ha enmascarado al riesgo. La muerte, latente siempre en los ruedos, queda oculta por el arte. Por medio hay dos siglos y medio de sangre, sueños y sacrificios. De tal forma vemos como las reformas implantadas por Paquiro fueron de los hechos ocurridos más importantes en el transcurso histórico de la Fiesta de los Toros.

lunes, 1 de febrero de 2010

ALEJANDRO RODRÍGUEZ, NUEVO EMBAJADOR DEL TORO DE CUERDA DE CARCABUEY


Según nota de prensa remitida por la Asociación “Toro de Cuerda” de Carcabuey (Córdoba), Alejandro Rodríguez Galán, crítico taurino de la revista La Montera, ha sido nombrado Embajador del Toro de Cuerda de Carcabuey, en reconocimiento a la difusión y verdadera valoración de nuestro festejo en sus numerosos artículos y colaboraciones literarias sobre el particular.
Tras la reunión celebrada el 22 de enero en la sede de la Asociación Toro de Cuerda de Carcabuey, la Junta Directiva acordó por unanimidad el nombramiento de Alejandro Rodríguez Galán como Embajador del Toro de Cuerda de Carcabuey , al quedar atesorados en él los meritos establecidos para la concesión de esta distinción honorífica. Entre ellos, cabe reseñar sus colaboraciones en distintos medios de comunicación provincial y blogs taurinos, así como sus ya innumerables artículos en la revista especializada la Montera, en la que el Toro de Cuerda llegó a ocupar la portada del número del pasado mes de agosto.
Alejandro, al igual que sus tres hermanos, nació en Córdoba, y de la mano de su progenitor, el insigne periodista gráfico Ladis, fue conociendo los entresijos de la Fiesta desde muy temprana edad, despertando en él una pasión que, junto a la de escribir, se vería culminada, con el paso del tiempo, con la publicación en todos los medios cordobeses de artículos y crónicas taurinas, siendo desde la creación de la revista de información taurina La Montera, su crítico titular, gozando en la actualidad de un gran prestigio, gracias a la credibilidad de su siempre brillante pluma.
Vinculado desde siempre a los ambientes taurinos, Alejandro Rodríguez Galán ha sido socio fundador de la Tertulia Taurina “La Montera” y de la Tertulia Taurina “San Acisclo”, de las que llegó a ser presidente, formando parte igualmente de varios jurados taurinos, siendo, en tres ocasiones, miembro del jurado del Trofeo Municipal “Manolete”.
El nombramiento de Alejandro Rodríguez Galán como Embajador del Toro de Cuerda de Carcabuey se hará oficial el próximo 20 de marzo en el transcurso de los actos a celebrar en la nueva sede de nuestra Asociación, ubicada en los salones de las naves de La Mendaña, propiedad de Francisco Javier Garrido, que se inaugurará oficialmente ese día. Entre éstos cabe reseñar una Mesa Redonda en la que con la participación de reconocidos profesionales de los medios de comunicación y profesionales taurinos, se analizará el papel de la prensa en la difusión y defensa del Toro de Cuerda, además de otros aspectos relacionados con los Festejos Populares, celebrándose posteriormente una jornada de convivencia de los integrantes de la Asociación con todos los invitados que se den cita en el acto.
Cabe recordar que el nombramiento de Embajador del Toro de Cuerda fue creado en el año 2008 en el seno de nuestra Asociación con el objetivo de reconocer públicamente el trabajo realizado por periodistas, críticos, informadores taurinos o profesionales relacionados con la Fiesta, en pro de la difusión, defensa y verdadera valoración del Toro de Cuerda, recibiendo el primer galardón el periodista y crítico taurino Rafael Cobo Calmaestra.

LOS ALGUACILILLOS SON UNA PARTE IMPORTANTE DE LA FIESTA QUE TIENEN MUCHA HISTORIA Y SENTIDO



Por El Zubi
A la hora señalada, aparecerá un pañuelo blanco por el balconcillo del Presidente del festejo. Suenan clarines y timbales, y segundos después un pasodoble taurino inunda de alegría hasta los rincones más recónditos de la plaza. Uno de los empleados del recinto, descorre el enorme cerrojo de la puerta de cuadrillas y hasta su patio penetrará el resplandor dorado del albero y el vocerío del público que, nervioso y ansioso, comienza a aplaudir porque el espectáculo va a comenzar. Dos caballeros montados en bellos corceles, (dicen que “tataranietos culturales” de aquellos ayudantes de los “corregidores” de los siglos XVI y XVII) ataviados de negro a la usanza del siglo XVII, justo a la moda de la época de Felipe IV, cruzan al paso con sus caballos por el centro del ruedo hasta llegar al palco donde se encuentra la Presidencia.
El hecho de que los “alguacilillos” realicen el “despejo” de la plaza, es ahora un arcaísmo ritual, pero hace siglos era una operación obligatoria para limpiar el redondel de espectadores, cuando los espectáculos taurinos se celebraban en las plazas mayores (generalmente cuadradas) de los pueblos y ciudades de España. Realizado el simulacro y tras saludar a la máxima autoridad, volverán al galope circunvalando el ruedo, al hilo de las tablas, a la puerta de cuadrillas. En las corridas de toros cada uno hace el regreso por su parte mientras que en las novilladas regresan juntos en línea recta. En algunas plazas de toros de España, se les permite la licencia de dar algunas carreras al hilo de las tablas para exhibir el vuelo de sus capas con el galope de los caballos. En Madrid se cruzan girando en sentido contrario a las manecillas del reloj.
En la puerta de cuadrillas ya asoman, de oro y plata, los toreros con sus cuadrillas, embutidos todos en sus capotes de paseo, dispuestos a hacer el paseíllo al son del pasodoble, que en pocos segundos se ha hecho el dueño indiscutible del recinto. Por fin los “alguacilillos” se colocan al frente de la comitiva de toreros para volver a cruzar la arena abriendo “el paseíllo”. El “paseíllo”, dicho sea de paso, vale por sí sólo el precio de la entrada que se paga, por su inmensa belleza y porque en esos momentos todo son expectativas: en esto puso máximo cuidado y esplendor Paquiro, cuando a mediados del siglo XIX organizó adecuadamente las diferentes fases de una corrida de toros. Comienza pues el espectáculo. La alegría lo inunda ya todo. Música, colores, olores a perfumes profundos de bellas mujeres y a lujosos habanos. Lo que llaman belleza plástica de la fiesta. En los tendidos multicolores, no cabe un alma y los murmullos y aplausos del público indican que el espectáculo está ya servido.
Una vez terminado el paseíllo, y mientras los toreros estiran el percal de los capotes, simulando unas verónicas de ensueño, los alguaciles dan una media vuelta al ruedo al galope, en direcciones opuestas, para encontrarse ambos bajo la barandilla del Presidente, que desde arriba les tira las llaves de los toriles, donde se encuentran los toros encerrados en sus chiqueros. Uno de los alguaciles se dirige hacia el torilero, que aguarda pacientemente en la puerta del toril y le entrega la llave para que, a la señal del Presidente y al toque de trompeta y timbales, se preste a abrir la puerta para que salga el primer toro de la corrida y comience el espectáculo.
Hasta aquí el relato de lo que actualmente los alguaciles hacen en cualquier plaza de toros. Pero hay una serie de cosas que muchos aficionados desconocen sobre los orígenes y funciones de los “alguacilillos” y que a continuación y de manera resumida vamos a ir desgranando. Era y son los alguaciles empleados de la autoridad administrativa, teniendo funciones de subalternos, funciones siempre ejecutivas. Esta circunstancia les ha acarreado una legendaria mala fama, y con frecuencia han sido el blanco de sátiras y burlas de los públicos en todos los tiempos.
En todo caso las funciones de los alguaciles están perfectamente especificadas en la “Ley y Reglamento de Espectáculos Taurinos”. El despeje que acabamos de describir de manera narrativa está recogido en el artículo 69.5 de la citada Ley, mientras que en el artículo 82.2 se reseña que será el alguacil quien entregue al matador las orejas del toro concedidas por el Presidente, como premio a una buena actuación. Y dice la Ley además, que esas orejas han de ser cortadas al animal en presencia de un alguacil.
Hay que decir también que la llave que el alguacil recibe de manos del Presidente del festejo y lo que le llaman “correr la llave”, es un simulacro. Incluso la misma llave es simulada. Durante la corrida y desde las tablas de la barrera, reciben y comunican las órdenes del Presidente a los lidiadores. Conservan por tanto aun en las plazas de toros, su carácter de agentes ejecutivos de la autoridad que preside este espectáculo de masas. En Madrid se permiten incluso la licencia de reprender a los toreros que cometan alguna incorrección durante su faena de muleta, como engancharse a los lomos del toro con el brazo izquierdo para prolongar un pase en redondo. Cuando eso ocurre, el alguacil golpea con la fusta las tablas de la barrera y le llama la atención al torero.
En Córdoba por ejemplo, siempre han actuado como alguacilillos los miembros de la Policía Local de la ciudad, cuyo Cuerpo de Caballería es de los mas antiguos de España. También se ha dicho siempre que “los alguacilillos” de la Plaza de Toros de Córdoba son los mejor vestidos y los más elegantes de España. Este es un hecho cierto y fácilmente comprobable. Sólo hay que acudir algún día de festejo al coso de los Califas.
En realidad la intervención de los alguaciles en la Fiesta es consecuencia inmediata de la presencia de la autoridad en la plaza y eran pues, sus agentes para ejecutar las órdenes de la autoridad. Cuenta José Mª de Cossío, que hubo en Madrid un alguacil, que fue además torero a caballo y de mucho valor. Al parecer se llamaba Pedro Vergel, que fue muy elogiado por Luis de Góngora, y a quien incluso Lope de Vega dedicó su comedia “El mejor mozo de España”. Parece ser que la existencia de este alguacil-torero fue cierta y está confirmada por un documento encontrado en el Archivo Municipal de Madrid, en el que se suplica “que le den a Pedro Vergel el valor de dos toros por su intervención en la fiesta de San Juan de 1622, según costumbre y ayuda de costas por un caballo que le mató un toro”.
Han pasado a la historia algunos otros alguaciles por algún hecho notable realizado. Este es el caso del toledano Pedro Tacones, que era cojo, a quien según las crónicas un toro enmaromado zamarreó en la plaza de Zocodover en Toledo, donde antaño se celebraban los festejos taurinos, hasta que la Ilustración concibió arquitectónicamente las Plazas de Toros como edificio para una función concreta y específica.
En el siglo XIX, por decreto de 23 de abril de 1821, se les suprime a los alguaciles toda clase de regalías por asistir a las fiestas taurinas, y se ordena que concurran como empleados públicos sin recibir nada. Alguna vez los alguaciles han sido sustituidos por agentes de policía, pocas por suerte, pues daba muy mala sensación que un Policía con la pistola al cinto se dirigiera a un torero para transmitirle una orden. Lo cierto es que la presencia de “los alguacilillos” en la Fiesta es algo consustancial ya a sí misma, una tradición tan antigua como las corridas de toros. Con sus lujosas vestimentas de época, sus plumeros en los vuelos del sombrero, dan una impronta de romanticismo y autenticidad a este antiguo, mágico y bello espectáculo, que si Dios quiere y los políticos que nos gobiernan lo permiten, existirá siempre en este país de la piel de toro.