viernes, 11 de junio de 2010

REFLEXIONES SOBRE EL DESCREDITO DE LA CORDOBA TAURINA


LA CORDOBA TAURINA…NO TIENE ARREGLO, O SI…
Por Rafael GONZALEZ ZUBIETA
Llevo muchos meses reflexionando…dándole vueltas a la cabeza sobre lo que ocurre en la Córdoba taurina que tanto dolor me proporciona. Me duele la indolencia, la envidia, el cainismo, la maledicencia….y como Córdoba… históricamente tira a sus ídolos del pedestal que se han ganado con su sangre. El colmo de la confusión me embargó cuando acabó la Feria Taurina de nuestra ciudad. Una Feria devaluada ya que los dos puntales fuertes de los carteles se cayeron por causas diversas. José Tomás por resultar corneado gravísimamente en Aguascalientes (México) y José María Manzanares por estar convaleciente de una reciente y delicada operación.
Visto así, los carteles de la feria se vinieron abajo  y solo los mantenía el interés de ver el mano a mano entre Finito de Córdoba (y también de Sabadell) y el torero cordobés de Dos Torres, José Luis Moreno. El tiempo demostró que Finito está fuera de cacho desde hace tiempo, con todo el dolor del corazón de gran parte del Jurado del devaluado Trofeo Manolete que este año no pudo concedérselo tampoco. Y para no concedérselo a Finito han creído conveniente que lo mejor era no dárselo tampoco otra vez a José Luis Moreno. Es verdad que la ausencia de José Tomas y de José María Manzanares era algo que no tenía una fácil solución: una fatalidad. Pero el remate de las desdichas es que ese grupo de sabios tan entendidos en tauromaquia hayan decidido dejar desierto ese galardón que ya vale menos que una perra chica de mis tiempos de la infancia. Ellos no lo saben, pues seguramente su capacidad intelectual no les da para más, pero ese resultado que votaron por unanimidad (dicen) contribuye a hundir aun más en el fango a la estragada y sufrida afición cordobesa, pues han conseguido quitarnos la poca ilusión y la fe que sentíamos por la Córdoba taurina todos los que amamos la Fiesta. ¿Y quienes son los que están ahí decidiendo sobre el bien y el mal?....pues los sabios del Ayuntamiento: Igualada y Ferrero, dos grandes aficionados a la Fiesta que deberían de ser contratados por alguna cadena de televisión, no importa de donde, para que se dedicaran a comentar espectáculos taurinos. Luego están los medios de comunicación, y dicen que el mejor representante de estos es el torero retirado José María Montilla, un buen torero en su día y una buena persona ahora, pero que de periodista tiene lo mismo que tengo yo de torero, pues periodistas somos los que  además de haber estudiado una carrera universitaria, tenemos como única y exclusiva profesión el escribir y hablar en los medios para ganarnos la vida, y Montilla, puede ser un buen comentarista pues conoce la Fiesta por torero, pero me niego a que represente a mi profesión.  Y completan el equipo los veterinarios y  el presidente de la Federación de Peñas, el señor Llergui…. del que me niego a opinar, pues ya saben lo que nos queremos él y yo…  A donde quiero llegar es que me sorprende la tozudez de este grupo de personas, que durante tres años consecutivos se mantienen con más orgullo  y soberbia que don Mendo en la horca, ante las criticas de toda la afición de Córdoba, manteniendo ellos su desacertado criterio frente  a la siempre equivocada afición cordobesa. ¿No se dan cuentan estos sabios del toreo que están haciendo el ridículo mas espantoso de su vidas y que hace años que deberían de haber dejado ese puesto a otras personas con criterios taurinos mas frescos?....y lo que es peor están haciendo un daño irreparable a la Fiesta en Córdoba. Me siento cansado, hastiado y ya sin ganas de opinar mas de esta mierda de Trofeo y todos ellos juntos tienen menos credibilidad que “la Murga el Regaera”….de ahí les viene  lo de cantamañanas….¿entienden lo que les quiero decir?  

Estos son los responsables de la situación creada en la Córdoba taurina: una pandillita de "cantamañanas". 

miércoles, 9 de junio de 2010

LA AUTENTICA HISTORIA DE DON TANCREDO LOPEZ


LA FIGURA DE DON TANCREDO SE ESTA UTILIZANDO PARA REFLEJAR LA POLITICA DEL ACTUAL GOBIERNO
Por El Zubi
El Don Tancredo, o la suerte de Don Tancredo, era un lance taurino con cierta afición en la primera mitad del siglo XX. Consistía en que un individuo que hacía el Don Tancredo, esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino. El ejecutante iba vestido con ropas generalmente de época o cómicas, y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto ya que el saber de la tauromaquia afirmaba que al quedarse inmóvil, el toro creía que la figura blanca era de mármol, y no la embestía convencido de su dureza, y que si embestía contra ella se rompería los cuernos. Esta suerte comenzó a conocerse en España en 1899 exactamente. Se trataba de estremecer y conmover al público con la más dramática representación torera. En todo caso un precedente más chusco y primitivo del Don Tancredo lo protagonizó el malagueño Juan García, a quien llamaban “el tío Carrasquiña”, que en 1850 hizo una suerte muy parecida al Don Tancredo. Se cubría el cuerpo por completo de de abundante hierba verde recién cortada y se colocaba delante de toriles quieto como un árbol. Cuando salía el toro, se acercaba muy despacio a él y cuando se disponía a comer la hierba Carrasquiña se meneaba brusca e inesperadamente y el toro salía huyendo despavorido, y esto como es natural causaba un gran regocijo y carcajada entre el público. La suerte llamada de Don Tancredo consistía en subirse en centro del ruedo a un pedestal, vestido de blanco y con la cara empolvada de blanco, y esperar allí inmóvil la salida del toro, que  llegaba hasta el pedestal, lo olfateaba y se iba a otro lado de la plaza. Durante varios meses repitió el tenso espectáculo con gran regocijo del público. Se rumoreaba que Tancredo hipnotizaba a los toros. Él tenía otra explicación para el fenómeno: el toro creía estar ante una estatua de mármol y temía romperse los cuernos si la embestía.
El origen de la práctica del Don Tancredo es pues en 1899, y se debe a un torero español natural de Valencia, de poca fortuna y nombre Tancredo López comenzó este espectáculo como un medio desesperado de ganar dinero en las postrimerías del siglo XIX.  Se sabe que Tancredo López en su juventud fue novillero pero tuvo poca suerte. Sus andanzas le llevaron unos años por América para probar suerte, y parece ser que estando en La Habana, en 1898, vio practicar este experimento a un mexicano José María Vázquez apodado el Orizabeño también conocido con el alias de “El Esqueleto taurino” , y debió pensar practicarlas en los ruedos españoles, sin que el destino le deparara el  desafortunado fin del mexicano, que practicando esta suerte murió aparatosamente de una fuerte cogida. Fue en Cuba donde Tancredo tuvo la idea del hombre-estatua al presenciar una parodia taurina de Don Juan.
Fue el 19 de noviembre de 1899 cuando practicó por primera vez la suerte del Don Tancredo en su Valencia natal, con un toro de Flores y con un éxito arrollador. Repitió la misma hazaña en idéntica plaza unos días mas tarde, el 26 de noviembre con igual éxito. Durante 1900 se prodiga por multitud de plazas francesas y españolas, presentándose en Madrid el 30 de diciembre de 1900 en la antigua Plaza de la calle Alcalá con un toro de Trespalacios, que por casualidades de la vida se llamaba Espantavivos, un cárdeno, lucero y corniabierto. El 1 de enero de 1901 repite su actuación en Madrid esta vez con un toro de Miura, que le volteó infiriéndole un puntazo en la espinilla de la pierna izquierda. El 13 vuelve a practicar la experiencia  también en Madrid con un toro de Biencinto. El espectáculo,   según las crónicas de la época fue impresionante, pues el toro llegó se acercó despacito a la fingida estatua, la olfateó y se despidió del pedestal repentinamente dando un fuerte hozicazo, persiguiendo luego a Don Tancredo por toda la plaza por piernas, hasta que pudo tomar el olivo y saltar la barrera. Pero la cogida mas aparatosa la sufrió en Madrid el 13 de junio de ese mismo año, en que un novillo de Anastasio Martín le infirió una grave cornada. El ministro de la Gobernación prohibió desde entonces el espectáculo y pasaron unos años sin que se practicara en nuestro país. Mas tarde volvió a autorizarse y surgió una legión de imitadores  que verificaban la suerte, y algunos de ellos con variantes, bien en color del traje, bien por la postura  o con cualquier circunstancia.   Tancredo López fue un novillero fracasado, natural de Valencia, que alcanzó cierta celebridad a principios del siglo XX introduciendo en el toreo el principio de la inmovilidad en una época en la que el toreo era más arte de destreza y de movimientos. Murió olvidado de todos en un hospital de Valencia en 1923. Con su muerte comienza una época de ademanes hieráticos en la tauromaquia. Entre los  numerosos imitadores se pueden mencionar: El Cojo Bonifa, Manuel Álvarez, El Arrongatito, El Fideísta, y las mujeres Olga Miñón, la francesa Mercedes Barta y la propia esposa del artista, María Alcaraz, Doña Tancreda, que sufrió en Madrid una grave cornada. Don Tancredo obtuvo un éxito extraordinario, y pronto se reflejó en los cuplés.»      
Normalmente el Tancredo era interpretado por personas desesperadas a la búsqueda de ganar dinero fácil y con poco que perder, ya que eran numerosas las cogidas que se producían. Así las cosas el Tancredo fue prohibiéndose por las autoridades, y ya a mediados del siglo XX realizaron las últimas representaciones. Una de las apariciones más populares del Don Tancredo es el interpretado por Fernando Fernán Gómez en la película "El Inquilino”. Este es pues el origen taurino del personaje, que tiene más aplicaciones de las que nos gustaría.
ZAPATERO Y DON TANCREDO
Decía el pensador y filosofo español, José Ortega y Gasset, que no podía conocerse la historia de España en su verdadera dimensión sin conocer previamente la historia de la tauromaquia. Y es que hay “Don Tancredos” en política y en el ámbito laboral. En cualquier parcela en la que alguien en lugar de “agarrar el toro por los cuernos” (otra metáfora taurina) se queda quieto esperando a que el problema pase de largo, tenemos un Don Tancredo. En el ámbito laboral los hay a puñados.
El periodista Miguel Ángel Aguilar decia hace pocos años en El País que “en Vitoria el lehendakari parece subido a su propuesta componiendo la figura de don Tancredo como si, acogido a la moral de la convicción, pudiera desentenderse de las consecuencias en la hipótesis de "la solución a tortas".  Se  asocia así la figura del torero Don Tancredo subido a su pedestal, ignorando el peligro que provoca poniéndese ante un toro bravo, con la figura del ex lehendakari vasco Ibarretxe subido a su “plan” o propuesta sin temor a que el rechazo de su plan lleve a una “solución a tortas”, cosa que él dijo quería evitar con su plan.
La expresión componer la figura de don Tancredo, hacer el don Tancredo, tener una postura tancredista, etc. se ha aplicado en la prensa al actual jefe de Gobierno al que se le achaca con ello que no se alarme ni adopte una postura más dura ante los planes independentistas de los nacionalismos periféricos y no vea el peligro que corre la unidad territorial de España si no se atajan a tiempo estas propuestas extremas. La expresión hacer el don Tancredo sería lo contrario de la expresión entrar al trapo (También no es equiparable a solo ante el peligro - título de la película clásica de Fred Zinnemann, con Gary Cooper como protagonista, Solo ante el peligro significa tener el valor de enfrentarse a alguna cosa sin ayuda de nadie. En los festejos cómico-taurinos, hoy en vías de extinción, era habitual la figura de don Tancredo, ese personaje que, subido sobre un pedestal en el centro de ruedo, esperaba a que el novillo saliera de chiqueros, permaneciendo inmóvil como una estatua, de suerte que el astado, tras observar con extrañeza semejante bulto, hacía caso omiso y dirigía su atención hacia otro lado. En política se entiende por 'dontancredismo' la deliberada pasividad frente a los problemas, confiando en que con el paso del tiempo acaben solucionándose solos. Cuenta determinada leyenda urbana que Franco tenía sobre la mesa dos carpetas con los siguientes epígrafes: «Asuntos que el tiempo ha resuelto» y «Asuntos que el tiempo resolverá».
Reminiscencias franquistas aparte, no cabe duda de que el político español contemporáneo que más se recrea en ese lance es Mariano Rajoy, un consumado especialista en encarnar a don Tancredo. Zapatero, menos experimentado en la suerte, ha querido practicarla con el toro de la crisis económica y el morlaco lo ha embestido, atropellándolo de muy mala manera. El problema es que las consecuencias del percance las sufre en sus carnes todo el graderío, y especialmente el sufrido tendido de sol.  Es evidente que si, en lugar de obstinarse en minimizar el alcance de la crisis, Zapatero la hubiera combatido activa y decididamente desde el minuto uno en torero con buenos lances valientes en vez de hacer el “Don Tancredo”, no se habría visto obligado dos años después a cargar una buena parte de la factura sobre las espaldas de los funcionarios públicos y de los pensionistas. Pero esto de lo que hablamos es otra historia…..que no sabemos si acabará con cogida grave, puntazo o simplemente con un revolcón. El tiempo dirá.En todo caso hay que apostillar que Tancredo López fue mas valiente que Ibarretxe, Zapatero y Rajoy juntos, pues él se enfrentaba cada tarde a la muerte y los politicos se lo llevan calentito a casa sin arriesgar nada. 




lunes, 7 de junio de 2010

Reflexiones sobre el “Trofeo Manolete”: CONSUMATUM EST


Por Salvador Giménez
Roto por la rabia, abandonado, ausente y con lágrimas en los ojos, un hombre vestido de torero circunda el ruedo de Los Califas. Momentos antes, ese mismo hombre, había escrito una página histórica en los anales de la tauromaquia cordobesa. Páginas de oro escritas con una faena cumbre, pura, preñada de ortodoxia y verdad. El toreo en su máxima dimensión. El toreo que prende. El toreo como debe de ser. El toreo perfecto. Sin calificativos. Faena forjada con el espíritu, el cuerpo estaba ausente, para remover los cimientos del toreo en sí. La liturgia taurómaca se cumplía muletazo a muletazo. Domeñar la fuerza bruta de la fiera con la razón humana. El bruto iba por donde la mano del hombre le marcaba con firmeza. Despaciosidad también como nuestros pasos de palio, cada primavera, reviran en nuestras esquinas encaladas y blancas. Al ralentí, a cámara lenta…de salón, como en un sueño. Sueño de todo aquel que se reviste de Mitra y salta a la arena dispuesto a perpetuar una tradición milenaria. Faena que puso a todos los presentes de acuerdo. A todos. A los de las dos Españas de Machado, a tirios y troyanos, a los ortodoxos y a los heterodoxos, a los festivos y a los más serios. Todos, absolutamente todos, tras el borrón de la rúbrica de la espada, gritaron al unísono, a coro, TORERO, TORERO, TORERO. El toreo universal, el que marca, el infinito había obrado el milagro y había quedado grabado en las retinas y memorias de los que presenciaron tan magna obra.
Días más tarde se reunió el sanedrín de sabios. En teoría el de los iniciados, los puros de corazón y alma, los encargados de perpetuar la pureza y la verdad del toreo, los que salvaguardan los principios y normas de un ritual en que se dan cita la vida y la muerte. Los que juzgan algo, como toda arte, injuzgable. Entre todos los miembros del sanedrín de sabios, presididos por un Caifás de clavel en la solapa, no fueron capaces de ver lo que todos habían visto. La grandeza de la faena se les escapaba de las manos. Tanto que decidieron valorarla, pero no darle su visto bueno. Sanedrín del que no se duda su conocimiento, pero que si ha demostrado su falta de sensibilidad y razón. Sanedrín que no ha sabido ver algo tal vez irrepetible. Algo único e histórico. ¿Cuál es el motivo? ¿Aversión hacía el celebrante vestido de grana y oro?    ¿El cumplimiento de unas frías normas escritas carentes de sensibilidad? ¿O quizás el excesivo afán de protagonismo?
Ellos, todos los miembros del Sanedrín, tienen la respuesta. Sabia tal vez, pero carente de alma, de sentimiento y de corazón.
Consumatum est (todo se ha cumplido). Un año más una obra de arte ha quedado sin premio, sin reconocimiento oficial. Otros años había excusas. Este año no. La de la espada no vale. Lo dice el quinto mandamiento. No matarás. La excusa no tiene excusa. El toreo es un arte, tal y como se pudo ver el sábado de feria, y las artes no se miden, ni se calibran, ni se juzgan. Son obras de arte y punto. Con esta ‘sabia’ decisión se han ninguneado al artista, a la prensa que lo contó, al público que lo vivió y disfrutó, a la historia del toreo de una ciudad, a la ciudad misma y se ha devaluado un premio que debería de desaparecer. Si, desaparecer. Por la falta de criterio, por la falta de sensibilidad, por el mal llamado ‘senequismo’, por la injusticia y sobre todo por llevar el nombre de alguien que tuvo la honradez de sacrificar su vida por algo que muchos, a pesar de su conocimiento en la materia, no han llegado ni llegaran a comprender.

sábado, 22 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS y VIII




LA MAYOR PARTE DE LAS GANADERIAS FUERON EXTERMINADAS Y AFECTADAS POR LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

El toro bravo sirvió para paliar la “hambruna” en zona republicana y sólo se lidió en zona nacional


Por El Zubi
La guerra civil española afectó gravemente a la cabaña de toro bravo española debido fundamentalmente, a las necesidades que en aquellos años se generaron de dar de comer a las tropas de ambos bandos, sobre todo a la tropa republicana, y también por venganzas populares de dar muerte y destrucción a lo que las hordas populares llamaban “señoritos del campo”. Hubo algunas razas de toro bravo que desaparecieron por completo del mapa ecológico. Por fortuna para nuestra cabaña de bravo, el exterminio de las vacadas tan sólo afectó seriamente a la zona centro de la península, la de Colmenar Viejo principalmente, y en menor medida, a otras radicadas en provincias como Toledo, Jaén, Córdoba, Ciudad Real, Guadalajara, Albacete, Cuenca... cuyos territorios, de manera total o parcial en sierras centrales o en la alta Andalucía, permanecieron hasta el final bajo el mando del Gobierno de Madrid.  Sin embargo, el mal estaba hecho y hubo algunas castas, sangres y razas de toro bravo que desaparecieron para siempre. En todo caso, este exterminio indiscriminado ha dejado secuelas para siempre en la tauromaquia.
Remontándonos al más lejano origen de la raza Jijona la encontramos en los ganaderos José y Manuel Jijón, famosa ya en el siglo XVIII, por la finura de su raza, se distinguió por las dificultades que ofrecían sus toros en la suerte suprema, la de matar, la más importante en aquellos tiempos. Eran toros listos que aprendían fácilmente y por tanto eran muy peligrosos. De la derivación de esta casta por la línea de Vicente Martínez (a consecuencia de subdivisiones por herencias y ventas a creadores de nuevas ganaderías), estaban ligados al origen de los Jijón los de Antonio Pérez, de Salamanca, una de cuyas partes  fue continuada por Juan Manuel Puente en 1936, que llevó a cabo una complicada selección con nuevos sementales de Fructuoso Flores, el marqués de Cúllar y Celso Pellón. Juan Manuel Puente Sanz fue asesinado por milicianos rojos en Colmenar Viejo el 19 de septiembre de 1936 y su ganadería totalmente exterminada.
Otra ganadería entroncada con la anterior al dividirse la rama de Vicente Martínez, era la  de Julián Fernández. La raza Jijona con cruces de Muñoz e Hidalgo dio nombre a la ganadería de la condesa de Salvatierra. Toros duros, bravos, celosos y buenos para la suerte de varas. Esta ganadería fue mejorando hasta llegar a posesión del  mencionado Julián Fernández Martínez,   a quien le sorprendió la guerra, sufriendo su hacienda las consecuencias de la misma por lo que la ganadería fue casi totalmente destruida. Al terminar la contienda se pudieron recuperar 46 vacas y 22 becerros, que más adelante fueron vendidos al duque  de Pinohermoso.
De la misma raza Jijona pero de la derivación del marques de Villasequilla (que fue fundada en Jaén en el siglo XVIII), parte de Agudo, era la ganadería de Antonio Pérez de Herrarte Orellana, marqués de Albaida, de Madrid, aniquilada casi por completo. Las reses recuperadas fueron vendidas al por menor, a tratantes, desapareciendo así la rama totalmente. La raza Jijona que ha sido importantísima para el desarrollo del toro bravo, continuó también a través de la rama de Gil Flores, ganadero de Vianos (Albacete), que en el siglo XVIII ya hizo algunos cruces para depurar la casta con sangre directa del tronco antecesor. En el siglo XIX se hicieron algunas subdivisiones y ya en 1936 eran propietarios de una de las partes los ganaderos Demetrio y Ricardo Ayala López, de Ciudad Real. Ambos fueron asesinados el 17 de diciembre de 1936, fusilados en Carrión de Calatrava, además del hijo de este Ricardo Ayala Cueva. La ganadería quedó tan esquilmada  que sus herederos enajenaron las escasas reses que pudieron salvarse de la guerra. Derivada del mismo tronco era la rama  de Agustín Flores, fundada en Pañascosa (Albacete) en 1830. Tras sucesivas herencias y particiones, mejorada con sangre ibarresa, en 1936 era su propietaria Manuela Agustina López Flores. Le fue incautada por el Frente Popular, que envió las reses al matadero directamente, y los residuos que dejaron no sirvieron para rehacer la ganadería. Desapareció.
Manuel Aleas  fue el continuador, en el siglo XVIII,   de otra de las ramas de Jijón, llegó a alcanzar un gran renombre en Madrid. La ganadería de Colmenar Viejo se subdividió. Antonio Arribas, propietario de una parte, no pudo hacer realidad sus ilusiones de criador. La ganadería desapareció totalmente en los primeros meses de la guerra. Otra parte, la de Manuel García Aleas, de Colmenar Viejo, quedó reducida a 45 vacas y un semental; la mitad de las reses morirían poco después a consecuencia de las sequías de los años 1944 y 45. En el siglo XVII, en Colmenar Viejo, José Rodríguez formó ganadería con raza jijona, que derivó en parte por herencia, a Manuela Bañuelos, que introdujo mejoras selectivas con sementales de Saltillo. En 1926 fue a parar esta ganadería a Leopoldo Abente García de la Torre, y diez años mas tarde, recién empezada la guerra fue totalmente aniquilada. 

 
Otra de las razas que recibieron un duro golpe en la contienda fue la raza Vistahermosa. Creada en 1770 por Pedro Luis de Ulloa, conde de Vistahermosa que compró la vacada unos años antes a los hermanos Rivas,  de Dos Hermanas en Sevilla. Esta ganadería ha pasado a ser una de las básicas que todavía hoy enriquecen la casta de muchos hierros. Más tarde, al dividirse un lote fue a parar a Joaquín Giráldez y una pequeña punta fue cedida más tarde al canónigo de la catedral de Sevilla, Diego Hidalgo Baquero.  Aquella valiosísima semilla de la ganadería de lidia fue continuada con el tiempo en los campos de Toledo por el matador de toros Marcial Lalanda, que cumplió su sueño de mejorar su hierro con sementales y vacas de Veragua, Santa Coloma y conde de la Corte. Cuando la ganadería del torero estaba en su mejor momento y su divisa se cotizaba como el oro estalló la guerra. Mientras Marcial Lalanda lograba huir de la zona republicana y pasarse a zona nacional a través de  Francia, su ganadería fue materialmente desecha y exterminada, con saña y crueldad, pues Lalanda siempre se mostró conservador en tiempos tan tumultuosos. Sólo encontraría tras la contienda 19 cabezas, un semental, 10 vacas y 8 erales.
Otra parte de la primitiva  ganadería Vistahermosa fue vendida a Salvador Varea en 1823, pasando por sucesivas manos hasta llegar a Pedro Lasaca. Alcanza su esplendor en el siglo XIX siendo propiedad del hijo de aquel José Lesaca, y se consideraba estas reses las más bravas de Andalucía. Los “lesacas” pasaron mas tarde a formar parte de otra ganadería que ocupa puestos privilegiados: la de Murube, una de cuyas subdivisiones por línea de Sánchez Rico sirvió para formar la vacada de Sánchez Mangas y otra para la del conde de Antillón, de Madrid. Ambas ganaderías fueron totalmente eliminadas entre 1936 y 1937, de tal suerte que finalizada la guerra, no pudieron venderse más que los derechos del hierro (sin semilla) del conde de Antillón, como tal marca. Derivada de la línea de Salvador Varea se hizo célebre la ganadería del marqués de Albaserrada, una de cuyas ramas sería adquirida después por Bernardo Escudero Bueno, de Madrid, y fue afectada tan seriamente por las incautaciones del Ejército republicano que el ganadero desilusionado acabó vendiendo lo que pudo salvarse que fue bien poco. Por suerte, del tronco de Vistahermosa hubo muchas ramificaciones que permitieron reponer algunas ganaderías de las que habían quedado dañadas por la guerra, aunque como vamos viendo hubo pérdidas irreparables. También fue muy dañada por la contienda el encaste Espinosa-Hidalgo Baquero.
 Del campo de Salamanca Maria Antonia Espinosa se llevó una punta de ganado a las dehesas de Arcos de la Frontera a mediados del siglo XVIII. Dos generaciones más tarde, gran parte de esta raza era propiedad de Diego Hidalgo Barquero, de Sevilla. Fue vendida una parte de ella a fines del siglo XIX a Esteban Hernández Martínez que en 1909 dividió en dos partes la ganadería reservándose él una. La mayor fue vendida a unos nuevos criadores de Escalona de Alberche (Toledo) Luis Grandona y Ángel Sánchez Cabezudo, llegando finalmente a poder de Celso Cruz del Castillo, de Maqueda (Toledo). La guerra la destruyó casi por completo. La parte de Esteban Hernández se mantuvo hasta que llegó la guerra, realizando afortunados cruces con sementales de Trespalacios, procedentes de Veragua, a través de su hijo Esteban Hernández Plá, hasta que al estallar la guerra fue totalmente sacrificada con destino al abastecimiento del Ejército republicano. Por fortuna, Esteban Hernández Martínez había vendido la parte anteriormente citada a Grandona y Cabezudo, que se pudo salvar en parte. De no haber sido así la raza Espinosa hubiera desaparecido para siempre.
Hubo otras ganaderías entroncadas con las estirpes más puras del toro ibérico que sufrieron las consecuencias de la guerra. La de Augusto Perogordo, del El Escorial, procedente de Castrojanillos, por línea del duque de Tovar, con cruces de Vistahermosa, Parladé y Argimiro Pérez Tabernero. La destrucción de la ganadería fue casi total  pues sólo quedaron 8 vacas y un semental. Con los mismos orígenes, vía Argimiro Pérez Tabernero vemos la ganadería de Emilio Bueno Bueno, de Villanueva del Arzobispo (Jaén), que la aumentó con vacas de Santa Coloma y Aleas. La vacada resultó muy deteriorada aunque se pudo rehacer a duras penas. A quien no se pudo recuperar fue a Emilio Bueno, que fue asesinado en diciembre de 1936, fusilado por un piquete comunista. La ganadería continuó después a nombre de su viuda Francisca Marín Millán. Procedente de la famosa divisa de Miura fue la ganadería toledana de doña Emilia Mejías García, esposa de Marcial Lalanda: quedó totalmente extinguida.
Andrés Sánchez de Coquilla creo una prestigiosa ganadería con vacas de Udaeta, Veragua y Miura. Mas tarde hizo cruces de muy buen resultado con vacas de Albaserrada y un semental de Santa Coloma consiguiendo mantener una casta pura de Vistahermosa. Dividida en cuatro partes (entre ellas la de Villagodio y Sánchez Fabrés), la de José María López Cobo fue casi totalmente destruida en el primer año de guerra, pues sólo se pudieron rescatar 50 vacas.


En el campo de Andujar (Jaén) la ganadería de los Herederos de Flores Albarrán gozaba de gran prestigio por su origen “jijona” cruzada con Gil Flores, y a partir de 1932 con vacas procedentes de Albaserrada y un semental de Vicente Martínez. Recuperada la dehesa, durante algunos años no pudo lidiarse ningún toro de este hierro, pues todos habían sido sacrificados.  Salió adelante gracias a los añojos salvados con algunas madres y unos pocos sementales. También fue destruida en gran parte la de la Viuda de Félix Gómez, en Colmenar Viejo, procedente de los Jijón y cruzada con Parladé. Sólo se recuperaron un semental y 54 vacas. En el término de Aldeaquemada (Jaén)  pastaban los toros de Pacomio Marín Ginés. Fundada en 1910 por Luis Baeza con sementales de raza “jijona”, hizo cruces con vacas de Veragua y un extraordinario semental de Julián Hernández, puro Vicente Martínez. El ganadero fue perseguido por los republicanos, que le sometieron a las más crueles humillaciones y padecimientos que le llevaron a la muerte en 1938. La vacada sufrió un grave quebranto, aunque se pudo rescatar una parte y ser continuada por su viuda y su hijo Eugenio.
Carlos Núñez formó en 1938 una ganadería comprando a Indalecio García Mateo de Córdoba, la punta que pudo salvar de la destrucción en el primer año de la guerra. Benjumea, Nandín y Parladé son castas que favorecieron la selección llevada acabo por García Mateo. El matador Domingo Ortega, que formó su ganadería con Vistahermosa y Murube por la línea de Varea y Barbero de Utrera, vio como la guerra destrozaba su sueño como ganadero: sólo pudo salvar de la quema 30 vacas que pastaban en dehesas salmantinas. La ganadería de Celso Pellón Villavicencio refrescada con vacas del duque de Tovar y un semental de Santa Coloma fue prácticamente aniquilada. Parladé puro eran los toros de Samuel Hernández que tras la guerra pudo continuar con la ganadería de milagro  pues le sacrificaron innumerables camadas, a nombre de “ganadería del Frente Popular”. Al llegar las tropas nacionales a la finca de “El Palomar” en Albacete, sólo quedaban 3 sementales, varias vacas y becerros. Milagrosa y extrañamente, quedaba también una corrida cuatreña completa. Quedó totalmente extinguida la del Conde de Casal en Madrid, con sangre Veragua y Vistahermosa. Fue adquirida a Antonio Nátera de Almodóvar del Río (Córdoba) en 1930 y trasladada a Madrid donde fue saqueada en la guerra y sacrificada por las milicias populares. Desapareció por completo a causa de la guerra una de las más antiguas ganaderías españolas, la de Patricio Sanz, de San Agustín (Madrid): fue creada en 1895  con reses “colmenareñas”. Lo mismo le ocurrió a la ganadería  Herederos del duque de Tovar que fue pasto de la intendencia republicana. Desaparecieron ganaderías como las de Lorenzo Cortés y Ruiz Dayestán, así como otras muchas ganaderías de inferior categoría que fueron arrebatadas a sus dueños y consumidas por el Ejército rojo en los dramáticos tiempos de lucha fraticida. Sólo en la región o Zona Centro se calcula que fueron sacrificados unos 12.000 toros bravos. La depredación, incluyendo parte de Andalucía, alcanzó a 32 de las mejores ganaderías; 8 desaparecieron por completo sin posibilidad de recuperación, de ellas 3 correspondían a castas oriundas de raza  Jijona, 2 de Vistahermosa, una de Espinosa y otras 2 no identificadas; 23 ganaderías conservaron algunas reses, aunque su conjunto no pudiera calificarse de ganadería, pues se trataba ya de ejemplares sueltos que, en algunos casos, murieron poco después a consecuencia de la tremenda sequía de los años 1944 y 1945. De la situación en que había quedado la cabaña del toro bravo, se derivaron unas consecuencias muy importantes para el desenvolvimiento de la Fiesta durante los primeros años del franquismo,  llegándose a situaciones que han permanecido hasta los años sesenta, en que ya se inicia una recuperación del toro como elemento básico y primordial del espectáculo nacional.






viernes, 21 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS VII


LA GUERRA CIVIL  CAMBIO LOS  CONCEPTOS DE LA TAUROMAQUIA
 
Por El Zubi
La guerra civil española llenó el país y a los españoles de ambos bandos de tragedia, hambres y sufrimiento,   y como no, también llegaron sus secuelas, y de que manera, a la escena taurina, pues a la vez que se redujo drásticamente la actividad taurina, numeroso toreros, subalternos y ganaderos murieron en ambos bandos, bien en los campos de batalla o fusilados. A otros se les cortó la carrera en seco, como fue el caso de la torera madrileña Juanita Cruz, que en aquellos años previos a la contienda tenía ilusionada a toda la afición de España. También se dañó gravemente la cabaña ganadera, y como consecuencia de ello se introdujo tras la contienda un toro más pequeño, con menos trapío, bravura y poder que vino a cambiar muchos conceptos de la tauromaquia.
Bartolomé Bennasar en su “Historia de la Tauromaquia”  apunta que en 1935 la fiesta en España gozaba de muy buena salud. Los toros tienen presencia y poderío, y hombres como Domingo Ortega, Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida, mantienen el brillo de la Fiesta. Sin embargo, la guerra civil  (1936-1939) va a afectar duramente a la tauromaquia. Los toreros, en general, no se comprometieron en principio con ningún bando y demostraron a menudo bastante menos valor en la vida civil que en los ruedos. Cualesquiera que fuesen sus convicciones íntimas, las figuras del momento participaron en el espectáculo adaptándose a las consignas de la época, según la zona donde actuaban. En Madrid, por ejemplo, en un festival, El Niño de la Palma, Cagancho, El Estudiante y otros tres menos famosos, hicieron el paseíllo con el puño en alto y al son de la Internacional. En Valencia, el 30 de agosto de 1936,  Domingo Ortega se vio obligado a participar en una “mini feria” organizada por los Milicianos. Tras la corrida se trasladó a Francia, a Dax, y aprovechó la ocasión para pasarse a la zona nacional. Las ganaderías caídas en zona republicana perdieron hasta su nombre en los carteles, y se anunciaban como “ganadería del Frente Popular”. En estos años algunas plazas de toros se convirtieron en huertos, como el ruedo de Las Ventas que durante 34 meses surtió de verduras y hortalizas a la población sitiada.  Así se mantuvo, como huerto hasta la caída de Madrid, que hubo que habilitarlo para dar el 24 de mayo la corrida de la Victoria. Otras como la de Badajoz, sirvió como cárcel y de cómodo y cruel escenario para los fusilamientos masivos que allí se hicieron a las ordenes del  teniente coronel Yagüe,  como detalla el periodista portugués Mario Néves en su interesante libro “La matanza de Badajoz” y mas tarde el investigador local Francisco Pilo Ortiz, en su libro “Ellos lo vivieron”.   
 
En 1937 pues, muchos toreros emigran provisionalmente a América, como es el caso de Juanita Cruz, o Cagancho, y otros más que se instalaron allí definitivamente hasta que terminó el conflicto. Otros sin embargo, se habían decantado abiertamente a favor de la España franquista, como es el caso de Marcial Lalanda que incluso militó en la Falange; Victoriano de la Serna que prestó sus servicios como médico en el hospital militar de Pamplona; Domingo González “Dominguín”, padre de Luis Miguel, llegó a alistarse como voluntario y fue herido en 1936 en el frente, aunque luego durante todo el franquismo fue un recalcitrante comunista camuflado en el “exilio interior”. El mismo Manuel Rodríguez “Manolete”, que el estallido de la guerra le pilló en Córdoba,  estuvo luchando con el Ejército Nacional en tres frentes: Peñarroya, Villafranca y Extremadura, encuadrado dentro del Regimiento de Artillería número 1, asentado en Córdoba, a las órdenes del coronel Manuel Aguilar Galindo y directamente del capitán José Gutiérrez Ozores. Por el contrario, Enrique Torres, Manolo Martínez y Félix Almagro tuvieron muy claras desde el principio sus convicciones republicanas. Muchos toreros de segunda fila murieron en el frente. Del lado franquista José García “Algabeño Chico” o el banderillero Fernando Gracia muerto en el frente de Aragón, su hermano Pepe Gracia, también torero, caído en el mismo frente; Félix García “Chico de la Arboleda” caído en el frente de Teruel. Del lado republicano el ex-matador navarro  Saturio Torón, capitán de la milicia popular, murió en el frente de Somosierra por la metralla de una bomba; el novillero Cayetano de la Torre “Moretaño”, enlace motorista caído en la carretera de Alcalá de Henares; el ex-novillero Ramón de la Cruz y varios banderilleros y picadores como :Pedro Gómez “Quirín” o Julio Grases “Girula”, José Duarte Acuña, José Sánchez “Zamoranito” y el novillero Ramón Torres, de Barcelona, aviador y muerto en accidente de aviación en la costa del golfo de Rosas cuando prestaba un servicio de reconocimiento. Las víctimas del mundo taurino en el frente no fueron las más numerosas, pues lo peor fueron las ejecuciones sumarias y los asesinatos perpetrados con los famosos paseos que se daban tanto en uno como en otro bando.
  

 
Una veintena de ganaderos, entre ellos algunos de los más famosos, considerados fascistas fueron cruelmente asesinados: Tomás Murube, Argimiro Pérez Tabernero o el duque de Veragua que fue asesinado el 21 de septiembre de 1936 a pesar de la intervención del cuerpo diplomático. Los ganaderos fusilados durante la guerra fueron: Juan Manuel Puente, Tomás Murube Turmo, Argimiro Pérez Tabernero, Fernando Pérez Tabernero Clairac, Eloy Pérez Tabernero Clairac, Juan Pérez Tabernero Clairac, Cristóbal Colón, duque de Veragua, José Manuel García, José María García, Fermín Escribá, marqués de Alginet, Guillermo Escribá, marqués de Centellas, Demetrio Ayala López, Ricardo Ayala López, Ricardo Ayala Cueva y Emilio Bueno Bueno. También murieron fusilados algunos miembros de la familia de Marcial Lalanda: su primo Pablo, antiguo matador, junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este, que fueron ejecutados en su propia finca, cerca de Toledo (en total doce muertos de la misma familia). La misma suerte tuvo el matador Victoriano RogerValencia II” que fue denunciado de fascista por su amante para así apropiarse de su joyas y fusilado por falangista, o Pepe “El Algabeño” que en 1934 paseando por la Caleta, del hotel Plaza de Málaga, fue cosido a balazos por unos desconocidos, aunque murió unos años mas tarde asesinado a tiros, cuando paseaba a caballo por el campo entre las provincias de Córdoba y Jaén. También murió asesinado en 1938 de un tiro en plena calle en Barcelona el torero jerezano Juan Luis de la Rosa. Por su parte los tribunales franquistas condenaron a la pena capital a varios banderilleros anarquistas o comunistas. En fin, sin entrar en muchas profundidades por falta de espacio,  la contienda supuso un río de sangre para todos los españoles de todos los sectores y por tanto también en el taurino. Pero en lo que respecta al tema que tratamos, la conflagración tuvo unas consecuencias nefastas para el futuro de la Fiesta. La guerra civil produjo unos efectos que transformaron la tauromaquia. Hizo estragos en las ganaderías  de toros bravos; bastantes fueron exterminadas, aunque sólo fuese con la finalidad de proporcionar carne para el consumo; otras fueron diezmadas. En 1939 y en los años siguientes por ejemplo, ya era del todo imposible lidiar toros de 4 años y con presencia. Las ganaderías de la zona Centro, castigada por la guerra hasta el final, sufrieron especialmente sus efectos. Por limitarnos a las ganaderías pertenecientes a la U.C.T.L., ocho habían desaparecido por completo y 31 habían sido víctimas de liquidaciones masivas de las que nunca se pudieron rehacer. En esta zona citada, la U.C.T.L. había censado 5.083 cabezas antes de la guerra; a fines de 1937, sólo quedaban 323, de las que muchas eran becerritos de algunos meses y únicamente ocho toros. Las ganaderías de Andalucía y Salamanca habían sufrido menos, pues estas aunque habían caído en zona republicana, pronto se vieron libres del exterminio al ser reconquistadas por las tropas de Franco, pero debieron satisfacer también  las necesidades de carne para el consumo debido a la “hambruna” de aquellos días. Añadir por último, que en la zona republicana se celebraron muy pocos espectáculos taurinos, pues no estaba el horno para bollos, y durante estos años fue en la zona nacional, cada vez más amplia, donde mas espectáculos hubo. 
Queda claro que las ganaderías de bravo es España quedaron seriamente dañadas. El problema añadido fue que cuando acabó la contienda había que distraer y sustraer a la población de los sufrimientos pasados y de los que estaban por venir, y la decisión que se adoptó implicaba lidiar toros de menor edad y peso que el reglamentado. Algunos toreros se acomodaron muy bien a estas nuevas circunstancias. Es por tanto imposible  valorar objetivamente y en su justa medida la tauromaquia entre los años 1940 a 1952, sin tener en cuenta este hecho esencial tan a menudo ignorado por muchos historiadores. El decreto del 25 de marzo de  1941 deja en suspenso los artículos 19, 27, 28 y 104 del reglamento taurino de la época que establecía el peso mínimo de los toros según las categorías de las plazas: 470, 445 y 420 kilos en plazas de primera, segunda y tercera respectivamente. A partir de esa fecha se permite lidiar en corridas de toros a novillos de dos años o dos años y medio. 
Según Gustavo Codech “Barretina”, en 1943 por ejemplo, se lidiaron como toros en Zaragoza, Valencia, Bilbao, Sevilla  y Madrid, novillos de 16 arrobas (184 kilos en canal y menos de 300 en vivo). Como es natural las cornamentas de esos animales estaban en proporción a su edad y peso. Hubo una tímida reacción de las autoridades a finales de la temporada de 1943, fijando 423, 401 y 378 kilos los pesos mínimos de las tres categorías, pero con frecuencia esas estipulaciones no se cumplieron en muchísimas corridas, más porque no había ganado de ese peso que por no hacerlo deliberadamente.  Entre 1945 a 1947 se citan numerosos casos en los que se lidiaron toros de 18 arrobas, sobre todo cuando se anunciaban primeras figuras como Manolete o el mejicano Carlos Arruza. Hay además otro dato importante que gravó la situación aun más, y que muchos historiadores pasan por alto con ligereza: que España para colmo de males, padeció en esas fechas varios años seguidos de sequías tremendas. La de 1945 fue especialmente catastrófica pues arrasó todos los pastos de las dehesas.

No quiero yo aquí restarle méritos a los toreros de la época, que los tuvieron y muchos, pero al pan, pan y al vino, vino. Santiago Arauz de Robles en su biografía sobre Pepe Luis Vázquez no dice ni una palabra sobre los toros que lidiaba en esos años el diestro sevillano y su escasa presencia a veces insignificante. Y Vicente Zabala se contradice, pues si por un lado denuncia en sus escritos la “perdida total de rigor de la fiesta” en aquellos años y deplora que “se hayan lidiado en plazas de primera categoría auténticos becerros” de  “un tamaño inadmisible”, por otro ve en Pepe Luis a uno de los toreros mas grandes de la posguerra (que lo fue sin duda), pero olvida que los años 1940 a 1949 son precisamente aquellos en los que este torero realizó su carrera, a la cabeza del escalafón en las temporadas de 1941 y 1942., aunque bien es cierto que la mayoría de su actuaciones fueron en Sevilla, Bilbao y Madrid, que eran las plazas más serias y se llevaba el ganado que tenía más presencia. Lidió por ejemplo, 35 Miuras, 32 Pablo Romero y aún más del Conde de la Corte, tres de las ganaderías más respetables en aquellos años. Nadie pone en duda el arte y el conocimiento intuitivo de los toros de Pepe Luis Vázquez  o el valor desmedido y la aplastante personalidad de Manolete, tal vez dos de los toreros mas grandes que han existido, pero también conociendo estas circunstancias históricas que he expuesto, no podemos considerar de manera objetiva “toreros de época” a quienes se enfrentaron durante su carrera a toros apenas aceptables hoy en plazas de tercera categoría. No obstante los españoles de aquella época tenían hambre y tristeza...pero por suerte, tenían a Manolete. El cordobés fue el hombre de una época de hambre, en la que, como decía el maestro Joaquín Vidal,   “el alimento eran los símbolos y con ellos los héroes”. Manolete no hizo nada personal para que lo relacionasen con el régimen de Franco, por mucho que algunos historiadores lo hayan querido relacionar, pero es verdad que ayudó a los españoles a pasar ilusionados esos años de la autarquía llenos de tristeza y amargura. Ocupaba las mentes de los españoles y los hacía soñar. Representaba una especie de milagro permanentemente expuesto como modelo a una sociedad dolorida y triste por las secuelas de la guerra civil, una sociedad sometida a un régimen político represivo y prisionera de dificultades económicas cotidianas muy graves. Su sucesor en esto de representar a un régimen fue Manuel Benítez “El Cordobés”.
La segunda parte del episodio, la estamos padeciendo desde los años 60 a nuestros días. La mayoría de las ganaderías españolas, con unos fines meramente comerciales, se han ido adaptando a los gustos de los toreros, de los empresarios y de los públicos. Los ganaderos no pueden nadar a contracorriente y recurren a la sangre del toro de Juan Pedro Domecq, para adaptarse a los tiempos y a los gustos. Surgen nuevas ganaderías y nuevos hierros pero esta sangre Domecq invade ya casi el noventa por ciento de las ganaderías que en estos momentos hay en nuestro país.  Ahí reside creo yo, uno de los muchos, pero principales problemas que tiene la fiesta en estos momentos: el toro carrilero, sin peligro, fácil de muletear, que rueda por los ruedos a la primera de cambio y que ya exigen muchos toreros a los que llaman “figuras”. En resumidas cuentas: “toros de chocolate”.
(Continúa mañana)