viernes, 21 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS VII


LA GUERRA CIVIL  CAMBIO LOS  CONCEPTOS DE LA TAUROMAQUIA
 
Por El Zubi
La guerra civil española llenó el país y a los españoles de ambos bandos de tragedia, hambres y sufrimiento,   y como no, también llegaron sus secuelas, y de que manera, a la escena taurina, pues a la vez que se redujo drásticamente la actividad taurina, numeroso toreros, subalternos y ganaderos murieron en ambos bandos, bien en los campos de batalla o fusilados. A otros se les cortó la carrera en seco, como fue el caso de la torera madrileña Juanita Cruz, que en aquellos años previos a la contienda tenía ilusionada a toda la afición de España. También se dañó gravemente la cabaña ganadera, y como consecuencia de ello se introdujo tras la contienda un toro más pequeño, con menos trapío, bravura y poder que vino a cambiar muchos conceptos de la tauromaquia.
Bartolomé Bennasar en su “Historia de la Tauromaquia”  apunta que en 1935 la fiesta en España gozaba de muy buena salud. Los toros tienen presencia y poderío, y hombres como Domingo Ortega, Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida, mantienen el brillo de la Fiesta. Sin embargo, la guerra civil  (1936-1939) va a afectar duramente a la tauromaquia. Los toreros, en general, no se comprometieron en principio con ningún bando y demostraron a menudo bastante menos valor en la vida civil que en los ruedos. Cualesquiera que fuesen sus convicciones íntimas, las figuras del momento participaron en el espectáculo adaptándose a las consignas de la época, según la zona donde actuaban. En Madrid, por ejemplo, en un festival, El Niño de la Palma, Cagancho, El Estudiante y otros tres menos famosos, hicieron el paseíllo con el puño en alto y al son de la Internacional. En Valencia, el 30 de agosto de 1936,  Domingo Ortega se vio obligado a participar en una “mini feria” organizada por los Milicianos. Tras la corrida se trasladó a Francia, a Dax, y aprovechó la ocasión para pasarse a la zona nacional. Las ganaderías caídas en zona republicana perdieron hasta su nombre en los carteles, y se anunciaban como “ganadería del Frente Popular”. En estos años algunas plazas de toros se convirtieron en huertos, como el ruedo de Las Ventas que durante 34 meses surtió de verduras y hortalizas a la población sitiada.  Así se mantuvo, como huerto hasta la caída de Madrid, que hubo que habilitarlo para dar el 24 de mayo la corrida de la Victoria. Otras como la de Badajoz, sirvió como cárcel y de cómodo y cruel escenario para los fusilamientos masivos que allí se hicieron a las ordenes del  teniente coronel Yagüe,  como detalla el periodista portugués Mario Néves en su interesante libro “La matanza de Badajoz” y mas tarde el investigador local Francisco Pilo Ortiz, en su libro “Ellos lo vivieron”.   
 
En 1937 pues, muchos toreros emigran provisionalmente a América, como es el caso de Juanita Cruz, o Cagancho, y otros más que se instalaron allí definitivamente hasta que terminó el conflicto. Otros sin embargo, se habían decantado abiertamente a favor de la España franquista, como es el caso de Marcial Lalanda que incluso militó en la Falange; Victoriano de la Serna que prestó sus servicios como médico en el hospital militar de Pamplona; Domingo González “Dominguín”, padre de Luis Miguel, llegó a alistarse como voluntario y fue herido en 1936 en el frente, aunque luego durante todo el franquismo fue un recalcitrante comunista camuflado en el “exilio interior”. El mismo Manuel Rodríguez “Manolete”, que el estallido de la guerra le pilló en Córdoba,  estuvo luchando con el Ejército Nacional en tres frentes: Peñarroya, Villafranca y Extremadura, encuadrado dentro del Regimiento de Artillería número 1, asentado en Córdoba, a las órdenes del coronel Manuel Aguilar Galindo y directamente del capitán José Gutiérrez Ozores. Por el contrario, Enrique Torres, Manolo Martínez y Félix Almagro tuvieron muy claras desde el principio sus convicciones republicanas. Muchos toreros de segunda fila murieron en el frente. Del lado franquista José García “Algabeño Chico” o el banderillero Fernando Gracia muerto en el frente de Aragón, su hermano Pepe Gracia, también torero, caído en el mismo frente; Félix García “Chico de la Arboleda” caído en el frente de Teruel. Del lado republicano el ex-matador navarro  Saturio Torón, capitán de la milicia popular, murió en el frente de Somosierra por la metralla de una bomba; el novillero Cayetano de la Torre “Moretaño”, enlace motorista caído en la carretera de Alcalá de Henares; el ex-novillero Ramón de la Cruz y varios banderilleros y picadores como :Pedro Gómez “Quirín” o Julio Grases “Girula”, José Duarte Acuña, José Sánchez “Zamoranito” y el novillero Ramón Torres, de Barcelona, aviador y muerto en accidente de aviación en la costa del golfo de Rosas cuando prestaba un servicio de reconocimiento. Las víctimas del mundo taurino en el frente no fueron las más numerosas, pues lo peor fueron las ejecuciones sumarias y los asesinatos perpetrados con los famosos paseos que se daban tanto en uno como en otro bando.
  

 
Una veintena de ganaderos, entre ellos algunos de los más famosos, considerados fascistas fueron cruelmente asesinados: Tomás Murube, Argimiro Pérez Tabernero o el duque de Veragua que fue asesinado el 21 de septiembre de 1936 a pesar de la intervención del cuerpo diplomático. Los ganaderos fusilados durante la guerra fueron: Juan Manuel Puente, Tomás Murube Turmo, Argimiro Pérez Tabernero, Fernando Pérez Tabernero Clairac, Eloy Pérez Tabernero Clairac, Juan Pérez Tabernero Clairac, Cristóbal Colón, duque de Veragua, José Manuel García, José María García, Fermín Escribá, marqués de Alginet, Guillermo Escribá, marqués de Centellas, Demetrio Ayala López, Ricardo Ayala López, Ricardo Ayala Cueva y Emilio Bueno Bueno. También murieron fusilados algunos miembros de la familia de Marcial Lalanda: su primo Pablo, antiguo matador, junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este, que fueron ejecutados en su propia finca, cerca de Toledo (en total doce muertos de la misma familia). La misma suerte tuvo el matador Victoriano RogerValencia II” que fue denunciado de fascista por su amante para así apropiarse de su joyas y fusilado por falangista, o Pepe “El Algabeño” que en 1934 paseando por la Caleta, del hotel Plaza de Málaga, fue cosido a balazos por unos desconocidos, aunque murió unos años mas tarde asesinado a tiros, cuando paseaba a caballo por el campo entre las provincias de Córdoba y Jaén. También murió asesinado en 1938 de un tiro en plena calle en Barcelona el torero jerezano Juan Luis de la Rosa. Por su parte los tribunales franquistas condenaron a la pena capital a varios banderilleros anarquistas o comunistas. En fin, sin entrar en muchas profundidades por falta de espacio,  la contienda supuso un río de sangre para todos los españoles de todos los sectores y por tanto también en el taurino. Pero en lo que respecta al tema que tratamos, la conflagración tuvo unas consecuencias nefastas para el futuro de la Fiesta. La guerra civil produjo unos efectos que transformaron la tauromaquia. Hizo estragos en las ganaderías  de toros bravos; bastantes fueron exterminadas, aunque sólo fuese con la finalidad de proporcionar carne para el consumo; otras fueron diezmadas. En 1939 y en los años siguientes por ejemplo, ya era del todo imposible lidiar toros de 4 años y con presencia. Las ganaderías de la zona Centro, castigada por la guerra hasta el final, sufrieron especialmente sus efectos. Por limitarnos a las ganaderías pertenecientes a la U.C.T.L., ocho habían desaparecido por completo y 31 habían sido víctimas de liquidaciones masivas de las que nunca se pudieron rehacer. En esta zona citada, la U.C.T.L. había censado 5.083 cabezas antes de la guerra; a fines de 1937, sólo quedaban 323, de las que muchas eran becerritos de algunos meses y únicamente ocho toros. Las ganaderías de Andalucía y Salamanca habían sufrido menos, pues estas aunque habían caído en zona republicana, pronto se vieron libres del exterminio al ser reconquistadas por las tropas de Franco, pero debieron satisfacer también  las necesidades de carne para el consumo debido a la “hambruna” de aquellos días. Añadir por último, que en la zona republicana se celebraron muy pocos espectáculos taurinos, pues no estaba el horno para bollos, y durante estos años fue en la zona nacional, cada vez más amplia, donde mas espectáculos hubo. 
Queda claro que las ganaderías de bravo es España quedaron seriamente dañadas. El problema añadido fue que cuando acabó la contienda había que distraer y sustraer a la población de los sufrimientos pasados y de los que estaban por venir, y la decisión que se adoptó implicaba lidiar toros de menor edad y peso que el reglamentado. Algunos toreros se acomodaron muy bien a estas nuevas circunstancias. Es por tanto imposible  valorar objetivamente y en su justa medida la tauromaquia entre los años 1940 a 1952, sin tener en cuenta este hecho esencial tan a menudo ignorado por muchos historiadores. El decreto del 25 de marzo de  1941 deja en suspenso los artículos 19, 27, 28 y 104 del reglamento taurino de la época que establecía el peso mínimo de los toros según las categorías de las plazas: 470, 445 y 420 kilos en plazas de primera, segunda y tercera respectivamente. A partir de esa fecha se permite lidiar en corridas de toros a novillos de dos años o dos años y medio. 
Según Gustavo Codech “Barretina”, en 1943 por ejemplo, se lidiaron como toros en Zaragoza, Valencia, Bilbao, Sevilla  y Madrid, novillos de 16 arrobas (184 kilos en canal y menos de 300 en vivo). Como es natural las cornamentas de esos animales estaban en proporción a su edad y peso. Hubo una tímida reacción de las autoridades a finales de la temporada de 1943, fijando 423, 401 y 378 kilos los pesos mínimos de las tres categorías, pero con frecuencia esas estipulaciones no se cumplieron en muchísimas corridas, más porque no había ganado de ese peso que por no hacerlo deliberadamente.  Entre 1945 a 1947 se citan numerosos casos en los que se lidiaron toros de 18 arrobas, sobre todo cuando se anunciaban primeras figuras como Manolete o el mejicano Carlos Arruza. Hay además otro dato importante que gravó la situación aun más, y que muchos historiadores pasan por alto con ligereza: que España para colmo de males, padeció en esas fechas varios años seguidos de sequías tremendas. La de 1945 fue especialmente catastrófica pues arrasó todos los pastos de las dehesas.

No quiero yo aquí restarle méritos a los toreros de la época, que los tuvieron y muchos, pero al pan, pan y al vino, vino. Santiago Arauz de Robles en su biografía sobre Pepe Luis Vázquez no dice ni una palabra sobre los toros que lidiaba en esos años el diestro sevillano y su escasa presencia a veces insignificante. Y Vicente Zabala se contradice, pues si por un lado denuncia en sus escritos la “perdida total de rigor de la fiesta” en aquellos años y deplora que “se hayan lidiado en plazas de primera categoría auténticos becerros” de  “un tamaño inadmisible”, por otro ve en Pepe Luis a uno de los toreros mas grandes de la posguerra (que lo fue sin duda), pero olvida que los años 1940 a 1949 son precisamente aquellos en los que este torero realizó su carrera, a la cabeza del escalafón en las temporadas de 1941 y 1942., aunque bien es cierto que la mayoría de su actuaciones fueron en Sevilla, Bilbao y Madrid, que eran las plazas más serias y se llevaba el ganado que tenía más presencia. Lidió por ejemplo, 35 Miuras, 32 Pablo Romero y aún más del Conde de la Corte, tres de las ganaderías más respetables en aquellos años. Nadie pone en duda el arte y el conocimiento intuitivo de los toros de Pepe Luis Vázquez  o el valor desmedido y la aplastante personalidad de Manolete, tal vez dos de los toreros mas grandes que han existido, pero también conociendo estas circunstancias históricas que he expuesto, no podemos considerar de manera objetiva “toreros de época” a quienes se enfrentaron durante su carrera a toros apenas aceptables hoy en plazas de tercera categoría. No obstante los españoles de aquella época tenían hambre y tristeza...pero por suerte, tenían a Manolete. El cordobés fue el hombre de una época de hambre, en la que, como decía el maestro Joaquín Vidal,   “el alimento eran los símbolos y con ellos los héroes”. Manolete no hizo nada personal para que lo relacionasen con el régimen de Franco, por mucho que algunos historiadores lo hayan querido relacionar, pero es verdad que ayudó a los españoles a pasar ilusionados esos años de la autarquía llenos de tristeza y amargura. Ocupaba las mentes de los españoles y los hacía soñar. Representaba una especie de milagro permanentemente expuesto como modelo a una sociedad dolorida y triste por las secuelas de la guerra civil, una sociedad sometida a un régimen político represivo y prisionera de dificultades económicas cotidianas muy graves. Su sucesor en esto de representar a un régimen fue Manuel Benítez “El Cordobés”.
La segunda parte del episodio, la estamos padeciendo desde los años 60 a nuestros días. La mayoría de las ganaderías españolas, con unos fines meramente comerciales, se han ido adaptando a los gustos de los toreros, de los empresarios y de los públicos. Los ganaderos no pueden nadar a contracorriente y recurren a la sangre del toro de Juan Pedro Domecq, para adaptarse a los tiempos y a los gustos. Surgen nuevas ganaderías y nuevos hierros pero esta sangre Domecq invade ya casi el noventa por ciento de las ganaderías que en estos momentos hay en nuestro país.  Ahí reside creo yo, uno de los muchos, pero principales problemas que tiene la fiesta en estos momentos: el toro carrilero, sin peligro, fácil de muletear, que rueda por los ruedos a la primera de cambio y que ya exigen muchos toreros a los que llaman “figuras”. En resumidas cuentas: “toros de chocolate”.
(Continúa mañana) 
 




                       

miércoles, 19 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS VI


MUCHOS TOREROS VIERON TRUNCADA SU CARRERA A CAUSA DE LA GUERRA CIVIL, OTROS ABANDONARON LOS RUEDOS POR LA POLITICA
Por El Zubi
Cuando estalló la guerra civil Rafael Gómez El Gallo se encontraba en Madrid y anduvo por la ciudad cerca de mes y medio sin darse cuenta del conflicto que acababa de estallar  en su país. Su sobrino José Ignacio Sánchez Mejías contaba años después de la muerte de El Gallo, que su tío Rafael se enteró de la guerra de España seis semanas después de que esta comenzase. El 18 de julio le sorprendió en la pensión de la Carrera de San Jerónimo donde siempre se hospedaba, regentada por Serrano su mozo de estoques, que conociéndolo no le dijo nada de la guerra y  le comentó al principio que había en Madrid una huelga  con manifestaciones obreras, que incluso había tiros por las calles, razón por la cual El Gallo decidió meterse en la cama (su máxima afición)  de donde tan sólo se levantó algún tiempo  después en vista de que persistía el paro revolucionario. Su falta de voluntad no tenía medida, y así, a la espera de que se arreglaran los conflictos, aguantó recogido y acostado en su modesta casa de huéspedes los últimos calores del verano. El 30 de agosto los miembros de su cuadrilla fueron a por él a la pensión para que actuara en Las Ventas en un Festival Benéfico para las Milicias de la República. Al bajar a la calle y pisar la acera le dijo a uno de sus banderilleros: Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?”... 
No se había enterado de nada de lo que estaba ocurriendo en España. En Madrid pasó el trienio del conflicto lejos de Sevilla y de su familia (sus hermanas y sus sobrinos), por suerte nadie se metió con él porque era respetado y querido en ambos bandos. Toreó tres veces en estos tres años dentro de la zona republicana, y a la postre serían sus últimas actuaciones vestido de luces. Durante su largo cautiverio en la capital vivió condenado a la soledad, paliada sólo en ocasiones por la amistad de los “Caracoles” (padre e hijo) que iban a menudo a visitarlo. En abril de 1939 pudo regresar por fin a Sevilla, donde tras ser recibido con los brazos abiertos, pudo rehacer su vida, pero ya lejos de los ruedos.

JUANITA CRUZ
Distinta suerte corrió la madrileña Juanita Cruz que se encontraba en la cima de su carrera en España, a punto de tomar la alternativa como matadora de toros. Al comenzar la Guerra Civil y ante tantos problemas políticos Juanita se marcha a Venezuela buscando aires mas tranquilos. Allí siguió cosechando grandes y numerosos triunfos. Pasó a Colombia y Perú. Le llovían los contratos. Era tal su éxito que cobraba el 30 % de la entrada bruta en taquillas. Fíjense que nivel profesional y consideración tenía que el 13 de marzo de 1938 el empresario de la Plaza de Caracas pretendía formar cartel con un mano a mano entre Domingo Ortega y Juanita Cruz. Domingo Ortega se tomó la oferta a broma y el empresario le dijo: “Pues siento mucho que no quieras torear con ella, pero a mí la que me interesa que toree es Juanita Cruz más que tú”. Aquel día Juanita cortó 3 orejas y se convirtió en un auténtico ídolo de la afición hispanoamericana.
De ahí pasó a conquistar México, donde iba a encontrar los mismos prejuicios y zancadillas que había encontrado años antes en España, pero venció todos estos inconvenientes llegándosele a llamar con los sobrenombres de: “El Veneno de Pardiñas”, “La Reina del Toreo” y “Juanita Terremoto”. Tomó la alternativa en la Plaza de Fresnillo en Zacatecas, el Domingo de Resurrección, un 17 de marzo de 1940, de la mano del torero mexicano Heriberto García, con ganado de Cerro Viejo. Aquel histórico día cortó cuatro orejas a sus enemigos.
En 1940 intentó volver a España, apenas acabada la guerra,  pero ya pesaba aquí la prohibición del toreo para las mujeres, y no sólo eso, sino que se estableció  una censura en todos los medios de comunicación para que no se hablara ni comentara nada que se refiriera a los éxitos de Juanita Cruz en América. Al parecer el sindicato de los toreros de España corrió la voz de que Juanita era “roja”, con lo que le echaron una losa de mármol sobre su nombre en su país para siempre. Por tanto Juanita se quedó en América hasta 1946, aunque antes estuvo en Francia una temporada donde toreó sus últimas corridas. El 9 de diciembre de 1948 se casó con su apoderado Rafael García Antón en Madrid. En la década de los 60 volvió a su Madrid natal y nunca faltó a ninguna de las corridas de la feria de San Isidro, donde junto a su marido tenían sus abonos. Murió durante la Feria de San Isidro de 1981, el 18 de mayo. Su tumba, en el cementerio de La Almudena, es un mausoleo dedicado a ella obra del escultor Luis Sanguino y se ve a Juanita a tamaño natural brindando con la mano derecha y la muleta a la izquierda. En el pedestal lleva la siguiente inscripción: “A pesar del daño que me hicieron en mi patria... los responsables de la mediocridad del toreo de 1940 a 1950, brindo por España”.
 
JOAQUIN MIRANDA
Un caso distinto fue el del novillero sevillano Joaquín  Miranda  que entre los años 1938 a 1944, desempeñó el cargo de Gobernador Civil en la provincia de Huelva. Joaquín Miranda González, no llegó a matador de toros por mediocre y  fue conocido en su profesión como subalterna y peón de confianza de varios espadas punteros en esos años. Miranda era sevillano nacido en Triana en 1894. Tras varios años como novillero pasó a ser banderillero de “Maera”, “Algabeño” y Marcial Lalanda. Abandonó los toros al casarse y tener que ocuparse de los negocios de construcción de su suegro, hombre rico y hacendado. Se afilió a Falange Española y organiza la central Nacional-Sindicalista de Sevilla. Estaba en la cárcel por motivos políticos cuando el Alzamiento militar del 18 de julio. El general Queipo de Llano tras tomar Sevilla, lo sacó de la  cárcel para que se ocupara de las Milicias de la Falange en Andalucía occidental. El antiguo novillero llegó a alcanzar un gran predicamento político en estos años en la zona nacional, tanto que hasta el mismísimo Franco le mandó llamar a Salamanca en marzo de 1937 para intervenir en la Unificación, nombrándolo Consejero Nacional, antecesor de Raimundo Fernández Cuesta  como Secretario General del Movimiento. En 1930 le nombran Gobernador Civil de la provincia de Huelva.
MELCHOR RODRIGUEZ O EL “ANGEL ROJO”
Melchor Rodríguez fue un torero sevillano nacido en Triana que, aunque la buscó, no tuvo mucha suerte como torero. Su infancia fue difícil porque su familia no tenia posibles. Quedó huérfano de padre siendo aun un niño, al morir aquel en un accidente en los muelles del Guadalquivir. Su madre, costurera y cigarrera, tuvo que ocuparse sola, a partir de entonces, de sacar adelante a Melchor y a sus dos hermanos. Melchor Rodríguez estudió en la escuela del asilo hasta la edad de trece años. A partir de entonces, acuciada su familia por una pobreza extrema, comenzó a trabajar como calderero en un taller de Sevilla. Ya en su adolescencia intentó labrarse camino en el mundo del toreo y abandonó su casa para recorrer diversas ferias y capeas con mejor o peor suerte. José Mª Cossío en su enciclopedia “Los Toros”, hace una referencia a Melchor Rodríguez, por haber combinado  el toreo con la política. Melchor toreó en Sanlúcar de Barrameda en 1913  y posteriormente en plazas cada vez más importantes hasta llegar a la de Madrid. Allí sufrió una grave cogida en Agosto de 1918, retirándose en 1920 tras algunas corridas en Viso, Salamanca y Sevilla. Finalizada su aventura taurina Melchor se trasladó a Madrid, donde comenzó a trabajar como chapista en 1921. Pronto se sintió atraído por los movimientos de lucha obrera de la capital, y se afilió a la Agrupación Anarquista de la Región Centro inmediatamente después de su fundación. Poco después fue nombrado presidente del Sindicato de Carroceros, de corte anarquista, y pasó a militar en las filas de la CNT. Allí comenzó su lucha en favor de los derechos de los reclusos, incluso de aquellos de ideología contraria a la suya, lo que le costó la prisión en innumerables ocasiones durante la monarquía y la República.
Al estallar la Guerra Civil en 1936  las organizaciones anarquistas cooperaron con el gobierno. El 10 de noviembre, Melchor Rodríguez fue nombrado delegado especial de prisiones de Madrid. Desde este puesto parece ser que intentó detener las sacas de presos de las cárceles de Madrid (traslados de grupos de reclusos que eran posteriormente fusilados en Paracuellos de Jarama y otros lugares cercanos a la capital), aunque ante las distintas presiones e interferencias surgidas para que éstas prosiguiesen dimitió el día 14. Retomó su puesto el día 4 de diciembre tras las protestas del Cuerpo Diplomático y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano Gómez. Sin embargo esta vez lo hizo con poderes plenipotenciarios como Delegado General de Prisiones, otorgados por el entonces ministro de Justicia del Gobierno republicano, el anarquista García Oliver. Solo entonces consiguió Melchor Rodríguez detener las matanzas de Paracuellos del Jarama y la situación de terror que los presos vivían en  las cárceles. Se enfrentó enconadamente en varias ocasiones con algunos dirigentes comunistas que pretendían seguir con ello, unos enfrentamientos en los que corrió un gran riesgo su vida, según testimonios de numerosos testigos presenciales.
Una de las primeras medidas tomadas por Melchor Rodríguez como delegado de prisiones fue la implantación de una norma según la cual quedaba prohibida sin su autorización personal la salida de presos de las cárceles entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana. Esta orden supuso en buena medida el fin de los “paseos” nocturnos de prisioneros. La expresión era un eufemismo de la época para denominar a los numerosos asesinatos de reclusos que habían sido puestos en libertad poco tiempo antes, lo que solía suceder durante las horas de la noche. Una de las actuaciones más destacadas de Melchor Rodríguez tuvo lugar durante unos disturbios, después de que el Ejército de Franco bombardease el campo de aviación de Alcalá de Henares  en diciembre de 1936. Una concentración de protesta, en la que participaban milicianos armados, llegó a la prisión de Alcalá, entrando los cabecillas hasta el despacho del director, donde exigieron la apertura de celdas para linchar a varios presos. Rodríguez acudió a la prisión y se enfrentó a la turba, dando incluso la orden de proporcionar armas a los reclusos en caso de que los asaltantes persistiesen en su empeño. En esta y otras intervenciones similares como en la Cárcel Modelo de Madrid,  consiguió impedir personalmente vejaciones o ejecuciones arbitrarias de reclusos, que habían sido práctica común hasta su llegada al cargo. Así salvó in extremis la vida de muchas personas, algunas de las cuales dieron después testimonio de la  humanidad de Rodríguez García. Por ejemplo los militares Agustín Muñoz Grandes,  Valentín Gallarza y Serrano Suñer,  que luego formaría parte de los gobiernos de Franco. También ayudó al médico Mariano Gómez Ulla, a los hermanos Rafael, Cayetano, Ramón y Daniel Luca de Tena, al futbolista Ricardo Zamora y al  falangista Rafael Sánchez Mazas entre otros. Todas estas acciones, verdaderamente dignas del espíritu anarquista de los ideales que preconizaba, le valieron para ser conocido por las gentes de la derecha como "El ángel rojo". A él, se atribuye también la famosa máxima: "Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas".
Al acabar la guerra civil Melchor Rodríguez fue detenido, juzgado y condenado a la pena de seis años y un día de prisión por sus actividades anarquistas y su actuación en la administración republicana. Contó con testimonios favorables de personalidades de la derecha, particularmente el general Muñoz Grandes que recordaron cómo había defendido la vida de sus rivales políticos, y fue puesto en libertad al cabo de un año y medio. Durante el franquismo, continúo con el activismo y propaganda de los ideales ácratas, participando activamente en la CNT clandestina.
A su muerte en 1972  acudieron al sepelio muchas personas de ideologías enfrentadas; anarquistas y falangistas entre otros. Actualmente, en la madrileña localidad de Alcalá de Henares, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (Ministerio del Interior) inauguró el día 7 de Julio de 2009, un Centro de Inserción Social con su nombre en honor a su persona y como reconocimiento a su labor en favor de la inserción y resocialización de los internos.(Continua mañana)



 




martes, 18 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS V

Arriba en la imagen el novillero Parrita empuñando un fusil. A la derecha mostrnadolo a seguidoras. Abajo el novillero Cayetano Torres "Morateño" y a la derecha portada de La Estampa con "Litri II"

QUIENES FUERON ESOS TOREROS QUE LUCHARON CON LA 96 BRIGADA MIXTA DEL EJERCITO POPULAR O BRIGADA DE LOS TOREROS
Por El Zubi
Pero realmente quienes fueron en los ruedos esos humildes toreros casi anónimos para los públicos,  que tan audaz y ferozmente lucharon en la 96 Brigada y antes con las Milicias de los Toreros en duras batallas como la de Somosierra o la de Teruel… Lo cierto es que fueron toreros de muy segunda fila… casi desconocidos de la afición y que desde luego merecen un reconocimiento por parte de la historia, por la difícil vida que les toco vivir. Aquí vamos a hablar brevemente de unos pocos que se señalaron o bien como toreros en algo, o bien como oficiales en la 69 Brigada Mixta. Entre julio y octubre de 1936 se sabe que lucharon en las mismas milicias que Litri II y Fortuna Chico toda una serie de novilleros, banderilleros y subalternos a los que se le pierde la pista documentalmente hablando, pues ni aparecen como jefes ni oficiales en los documentos que quedan de la citada Brigada. Seguramente unos fueron destinados a otras unidades o tal vez murieron en combate o heridos gravemente a lo largo de 1936 y 1937. 
El mas conocido de todos fue  Luis Prados Litri II, que  toreo en 1927 doce novilladas con picadores. En 1928 tuvo una actuación importante en Barcelona y un año mas tarde debutó oficialmente en Madrid, un 3 de marzo, con toros de Bernaldo de Quirós, alternando con Pedro Montes y con Fortuna Chico,  con quien entablaría desde entonces una cierta amistad. José Mª de Cossío en su enciclopedia, lo considera un novillero de segunda fila, que a pesar de poseer mucho valor y templanza delante de los toros,  no tuvo fortuna en su debut en Madrid por lo que tuvo que lidiar muchas novilladas duras en los pueblos de Castilla y en la Mancha. Tuvo un gran protagonismo en el conocido “pleito de los toreros mexicanos” que hizo al sindicato de toreros enfrentarse al Gobierno de la República. Seguramente Litri II  fue mejor militar que torero, al menos en el campo de batalla se distinguió por su dotes de mando y su valor frente al enemigo.
Cuando Luis Prados fue juzgado por un Consejo de Guerra, fue defendido por el abogado José García de Mesas. Fue juzgado en Colmenar Viejo y en Teruel. Marcial Lalanda y el mismo Manuel Mejías Rapela Bienvenida, “el Papa Negro” intercedieron a favor de él calificándolo como siempre fue un hombre de orden. También abogó en su favor el torero Luis Fuentes Bejarano, así como el abogado Victoriano Santisteban Capetillo, que expuso como Luis Prados intervino personalmente para que dejasen en libertad al marqués de Orobio. Se le impuso una pena de 20 años de reclusión mayor por un delito de rebelión. En el mismo proceso y sentencia fueron juzgados sus compañeros de armas  y también toreros Juan Mazquiarán, jefe del 383 Batallón, León Amorós, comisario político del mismo batallón, Rafael Palacios y Guillermo Martín Bueno, este último fue también matador de toros en la vida civil. Luis Prados salió en libertad en el verano de 1943, fijando su residencia en la calle Polier, en el barrio de Salamanca de Madrid. Regresó a su oficio de torero no como matador sino como subalterno o banderillero, en la cuadrilla de Pablito Lalanda (sobrino del famoso Marcial). También estuvo unos años en la cuadrilla de la rejoneadora Conchita Cintrón y de Antonio Bienvenida, que a la postre fue quien le cortó la coleta. Sus actuaciones como subalterno las alternaba con la explotación de dos bares en Madrid, uno era Bar Casa Litri, en el Paseo de las Delicias 129, esquina Embajadores cerca de la plaza de Legazpi, y el otro el Bar El Alcachofo en la calle Francisco Silvela. Estos dos negocios fueron sin duda su mayor fuente de ingresos para él y su familia. Falleció en Madrid el 8 de septiembre de 1959 a los 56 años. 
A la izquierda arriba, la Milicia Taurinas en el cuartel de la Montala. A la derecha Juan Mazquiarán "Fortina Chico" vestido de militar con su familia. Abajo a la izquierda Silvino Zafón "El Niño de la Estrella". A la derecha, el matador Saturio Torón reponiendose de sus heridas rodeado de su familia. Abajo la ficha militar del torero Guillermo Martín. 
Guillermo Martín Bueno fue matador de novillos madrileño nacido en 1908. Antes de 1936 vivió varias temporadas en Portugal  donde estuvo toreando. Su carrera taurina pasó prácticamente desapercibida para la afición, aunque como militar llegó a ser teniente en la Brigada de los Toreros, y capitán ayudante en la Comandancia Militar de Gandía, llego a formar parte del Estado Mayor con el grado de capitán. Fue detenido junto a Litri y a Fortuna en Murcia. Fue puesto en libertad en 1942.
Un caso similar fue el del torero Manuel Vílchez del Río Parrita, matador de novillos nacido en La Línea de la Concepción (Cádiz) en 1905. En 1925 cosecho varios éxitos en los ruedos andaluces debutando en Madrid el 18 de julio de 1926, con novillos de Veragua, alternando con Lorenzo de la Torre y Clásico. En 1926 actuó en 20 novilladas, en 1927 en 17. Su estrella como torero se fue apagando paulatinamente pues tras torear en 1932 diez novilladas, en 1933 dejó de torear novillos y comenzó su carrera como subalterno. Parrita ingresó en la Brigada de los Toreros a inicios de 1938, tras ser gravemente herido en la cabeza un año antes en el frente de Pozoblanco. Fue nombrado capitán de la 4ª Compañía del 383 Batallón as las órdenes de Fortuna Chico.  Fue declarado en rebeldía por el Ejercito Republicano, pues en 1939 logró salir al exilio fuera de España.  
Luis Mera Sánchez, fue novillero y banderillero natural de Badajoz, donde nació en 1898. Su carrera como torero estuvo mas llena de pena que de gloria, pues apenas si se le conocía. Se presentó en la plaza de Carabanchel el 6 de junio de 1920, donde cosecho una actuación muy notable pues fue sacado a hombros por el público. Todo prometía una carrera brillante pero los éxitos no le acompañaron en otras plazas. El 19 de febrero de 1922 se presenta en la Plaza de Madrid cuajando una corrida regular. Volvió a la misma plaza el 28 de agosto de 1927 obteniendo un fuerte fracaso que le supuso su retirada como matador de novillos y pasar a ser subalterno en las cuadrillas de el Negro Aquilino y en la de el Niño del Barrio. Era vecino de Madrid en 1936 y luchó con las Milicias Taurinas en el frente de Somosierra y después como voluntarios en la 96 Brigada Mixta llegando a ser sargento de intendencia en esta unidad. Cuando a acabó la guerra volvió a Madrid y empezó a torear de nuevo como banderillero en la cuadrilla de Luis Díaz Madrileñito. Fue detenido el 7 de mayo de 1939 con 41 años en plena Gran Vía, momentos antes de comenzar una corrida de toros, al ser acusado por un colega de ser un “torero rojo”. Fue puesto en libertad días mas tarde.
Silvino Zafón el Niño de la Estrella, era natural de Estrella, una aldea de Mosqueruela (Teruel), donde nació en 1902. A los 12 años se traslada a Barcelona donde aprende la profesión de panadero. Allá fue donde se envenenó del ambiente taurino y donde aprendió a usar la capa y la muleta. Torea como novillero en Vinaroz en 1928 anunciándose como Silvino Rodríguez. Tras  unos años toreando por los pueblos debuta en Madrid el 28 de junio de 1930, alternando con Eliseo Capilla. Su carrera como novillero va ascendiendo en actuaciones y va toreando en las principales plazas españolas. En 1936 forma parte de la junta directiva de su Asociación presidida por Marcial Lalanda, teniendo junto a los demás un fuerte protagonismo en el “pleito con los toreros mexicanos”. Toma la alternativa  el 16 de mayo de 1937 en Barcelona, ya metidos en plena guerra civil, de manos de Pedro Basauri Pedrucho, con ganado de Pellón y alternando de testigo Jaime Noaín. Toreó dos corridas mas en Barcelona y pasa a incorporarse a la 96 Brigada entrando en combate en el frente de Teruel, donde al parecer tuvo el grado de comisario político. Al acabar el conflicto armado vuelve a su profesión pero ya no le reconocen la alternativa que tomo en 1937 en Barcelona y regresa al escalafón de novilleros. Reaparece el 8 de junio de 1939 en la plaza de las Arenas de Barcelona, pero su estrella como torero se va apagando paulatinamente a causa de la marginación que los públicos y empresarios le someten por haber participado en la guerra en las filas republicanas. En 1945 es detenido por colaborar con el maquis de las provincias de Teruel y Zaragoza. En 1947 es puesto en libertad y torea en la plaza de Linares. Decide finalmente emigrar a Francia presionado por los servicios secretos españoles, donde fija su residencia aunque sigue vinculado al mundo taurino. Muere en Orange en un accidente de moto el 14 de marzo de 1963 cuando contaba 54 años.
Juan Mazquiarán Fortuna Chico fue también un torero madrileño aunque de origen familiar vizcaíno, nacido en San Salvador de Valle, cerca de Sestao (Vizcaya). Se trasladó a Madrid en 1916 con nueve años, pasando a vivir con su tío el famoso torero Diego Mazquiarán Fortuna, a quien acompañaba a tientas y a capeas, que fue donde le entró su afición al toreo. Debutó como novillero en Madrid 19 de marzo de 1926. Un mes después sufrió una fuerte cornada en Valencia y en septiembre una más fuerte aun en Alcoy. En 1927 sufrió en Bilbao otra grave cogida. Tanta cornada mermaron las facultades y la afición del torero de tal forma que en 1933 su carrera entraba en un hondo bache, y que dieran al traste las ilusiones que la afición se había hecho con su toreo. Cuando acabó la guerra, estuvo siete años encarcelado en la Prisión Provincial de Zaragoza de donde salió el20 de marzo de 1946. Tras salir en libertad actuó una o dos temporadas como banderillero en la cuadrilla de Victoriano Valencia. La edad le obligó a retirarse.  La amistad con Litri II perduró hasta la muerte, siendo un asiduo del Bar Litri en el paseo de las Delicias.
Enrique Torres Herrero, fue un matador de toros valenciano y fue uno de los muchos toreros de segunda fila que empuñaron las armas por defender la causa republicana. Alcanzó durante la guerra el grado de Teniente en la Comandancia Regional de Milicias de Valencia. Aunque nacido en Valencia, en 1923 se traslada a vivir junto con sus padres a Sevilla, y allí es donde se impregna del ambiente taurino que lo embruja y empuja a dedicarse a esta profesión. Lo cierto es que en octubre de 1927 toma la alternativa en su ciudad natal Valencia de manos de Juan Belmonte actuando como testigo Victoriano Roger Valencia II, y lo hizo con el toro “marismeño” de la ganadería de Guadalest.  Poco después se marcha a México donde logra triunfar de manera extraordinaria en la plaza de El Toreo. Regresa a España y el 2 de mayo de 1928 confirma su alternativa en Madrid. Estuvo unos tres años toreando bastantes corridas hasta que en 1932 comienza su decadencia al comprobarse que había perdido la ilusión del principio. Sufre una fuerte cogida en Barcelona el 17 de agosto de 1935 que para en seco su carrera hasta su definitiva retirada de los ruedos. Al iniciarse la guerra civil, el 26 de septiembre toma de nuevo la alternativa en Valencia de manos de su paisano Manuel Martínez participando en varias corridas más en su tierra. Por estas fechas debió de incorporarse en el frente como voluntario en las milicias republicanas donde alcanzó el grado de Teniente. Finalizada la guerra se marchó a México donde fijo su residencia en Tlanepantla, un suburbio de México D.F. Allí siguió toreando y el 20 de noviembre de 1949 un toro le pego una fortísima cornada en el hígado en Caracas de la que logró recuperarse.  Enrique Torres murió en México en 1980 de  un infarto de miocardio. Ha sido uno de los toreros mas grandes que ha dado Valencia. Artista de una gran calidad, excepcional en el toreo de capa, cuyo temple enloquecía a los públicos, sobre todo los mexicanos. Toreaba con un gusto y una parsimonia  impresionantes. Valencia se enamoró de su toreo y muchos vieron en él al digno sucesor del malogrado  Manuel Granero. Se sabe por la prensa que su muerte fue muy sentida en México donde se le admiraba mucho como torero.   
 A la izquierda arriba, Saturio Torón. A la derecha unos asíduos del Bar Casa Litri, en la Avenida de las Delicias de Madrid. Abajo Enrique Tirres lancea con la verónica y en la misma actitud Litri II en su época de novillero.
Saturio Torón Goyanes el León Navarro, fue un matador de toros natural de Tafalla que tuvo cierto predicamento como torero, tal vez fue de todos los torero que formaron parte de la 96 Brigada Mixta, el que era mas conocido y el que había llegado mas lejos en la profesión. Tras un breve paso por el mundo novilleril toma la alternativa el 8 de agosto de 1º930 en Pamplona con toros de Concha y Sierra, apadrinado por Marcial Lalanda y actuando como testigo Félix Rodríguez. Debuta en Madrid confirmándose como matador el 12 de abril de 1931 con toros de Bernaldo de Quirós, junto a Fausto Barajas como padrino de la ceremonia y Antonio Posada como testigo. Fue un torero valiente que banderilleaba muy bien, unas actitudes que a la postre marcarían su futuro profesional, pues por falta de contratos dejó el oficio de matador para engrosar el de subalternos. Como matador estuvo en algunos buenos carteles, como en los sanfermines de 1931 que alternó con Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Posadas, el Niño de la Palma, y otros pero no llegó a triunfar como matador de toros. Fue un torero que tuvo un gran arrojo y valor delante de los toros, por eso le pusieron el apodo de “León”. Antiguo falangista, cuando estalló la guerra civil, se alistó en las milicias taurinas del Batallón Galán a las órdenes de Litri II luchando  en la Sierra de Guadarrama. Llegó a ser capitán por sus méritos y heridas en el frente. El 1 de enero de 1937 muere en el frente de Madrid al estallarle muy cerca una granada.
Rafael Barberán, fue un novillero valenciano que también perteneció a la 96 Brigada Mixta luchando en los frentes junto al ya citado Litri II . Fue…como los demás un novillero de muy segunda fila que cuando estalló la guerra civil trataba de abrirse camino en esta siempre difícil profesión. En 1926 tuvo muchas actuaciones como novillero en su tierra. Llegó a torear en Madrid en 1926 en una novillada nocturna donde tuvo una discreta actuación. Dos años después actúa de nuevo en Madrid, donde fue herido por su segundo oponente. En 1934 deja de aparecer en los carteles, ignoramos la causa. 
(Contunúa mañana)