miércoles, 19 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS VI


MUCHOS TOREROS VIERON TRUNCADA SU CARRERA A CAUSA DE LA GUERRA CIVIL, OTROS ABANDONARON LOS RUEDOS POR LA POLITICA
Por El Zubi
Cuando estalló la guerra civil Rafael Gómez El Gallo se encontraba en Madrid y anduvo por la ciudad cerca de mes y medio sin darse cuenta del conflicto que acababa de estallar  en su país. Su sobrino José Ignacio Sánchez Mejías contaba años después de la muerte de El Gallo, que su tío Rafael se enteró de la guerra de España seis semanas después de que esta comenzase. El 18 de julio le sorprendió en la pensión de la Carrera de San Jerónimo donde siempre se hospedaba, regentada por Serrano su mozo de estoques, que conociéndolo no le dijo nada de la guerra y  le comentó al principio que había en Madrid una huelga  con manifestaciones obreras, que incluso había tiros por las calles, razón por la cual El Gallo decidió meterse en la cama (su máxima afición)  de donde tan sólo se levantó algún tiempo  después en vista de que persistía el paro revolucionario. Su falta de voluntad no tenía medida, y así, a la espera de que se arreglaran los conflictos, aguantó recogido y acostado en su modesta casa de huéspedes los últimos calores del verano. El 30 de agosto los miembros de su cuadrilla fueron a por él a la pensión para que actuara en Las Ventas en un Festival Benéfico para las Milicias de la República. Al bajar a la calle y pisar la acera le dijo a uno de sus banderilleros: Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?”... 
No se había enterado de nada de lo que estaba ocurriendo en España. En Madrid pasó el trienio del conflicto lejos de Sevilla y de su familia (sus hermanas y sus sobrinos), por suerte nadie se metió con él porque era respetado y querido en ambos bandos. Toreó tres veces en estos tres años dentro de la zona republicana, y a la postre serían sus últimas actuaciones vestido de luces. Durante su largo cautiverio en la capital vivió condenado a la soledad, paliada sólo en ocasiones por la amistad de los “Caracoles” (padre e hijo) que iban a menudo a visitarlo. En abril de 1939 pudo regresar por fin a Sevilla, donde tras ser recibido con los brazos abiertos, pudo rehacer su vida, pero ya lejos de los ruedos.

JUANITA CRUZ
Distinta suerte corrió la madrileña Juanita Cruz que se encontraba en la cima de su carrera en España, a punto de tomar la alternativa como matadora de toros. Al comenzar la Guerra Civil y ante tantos problemas políticos Juanita se marcha a Venezuela buscando aires mas tranquilos. Allí siguió cosechando grandes y numerosos triunfos. Pasó a Colombia y Perú. Le llovían los contratos. Era tal su éxito que cobraba el 30 % de la entrada bruta en taquillas. Fíjense que nivel profesional y consideración tenía que el 13 de marzo de 1938 el empresario de la Plaza de Caracas pretendía formar cartel con un mano a mano entre Domingo Ortega y Juanita Cruz. Domingo Ortega se tomó la oferta a broma y el empresario le dijo: “Pues siento mucho que no quieras torear con ella, pero a mí la que me interesa que toree es Juanita Cruz más que tú”. Aquel día Juanita cortó 3 orejas y se convirtió en un auténtico ídolo de la afición hispanoamericana.
De ahí pasó a conquistar México, donde iba a encontrar los mismos prejuicios y zancadillas que había encontrado años antes en España, pero venció todos estos inconvenientes llegándosele a llamar con los sobrenombres de: “El Veneno de Pardiñas”, “La Reina del Toreo” y “Juanita Terremoto”. Tomó la alternativa en la Plaza de Fresnillo en Zacatecas, el Domingo de Resurrección, un 17 de marzo de 1940, de la mano del torero mexicano Heriberto García, con ganado de Cerro Viejo. Aquel histórico día cortó cuatro orejas a sus enemigos.
En 1940 intentó volver a España, apenas acabada la guerra,  pero ya pesaba aquí la prohibición del toreo para las mujeres, y no sólo eso, sino que se estableció  una censura en todos los medios de comunicación para que no se hablara ni comentara nada que se refiriera a los éxitos de Juanita Cruz en América. Al parecer el sindicato de los toreros de España corrió la voz de que Juanita era “roja”, con lo que le echaron una losa de mármol sobre su nombre en su país para siempre. Por tanto Juanita se quedó en América hasta 1946, aunque antes estuvo en Francia una temporada donde toreó sus últimas corridas. El 9 de diciembre de 1948 se casó con su apoderado Rafael García Antón en Madrid. En la década de los 60 volvió a su Madrid natal y nunca faltó a ninguna de las corridas de la feria de San Isidro, donde junto a su marido tenían sus abonos. Murió durante la Feria de San Isidro de 1981, el 18 de mayo. Su tumba, en el cementerio de La Almudena, es un mausoleo dedicado a ella obra del escultor Luis Sanguino y se ve a Juanita a tamaño natural brindando con la mano derecha y la muleta a la izquierda. En el pedestal lleva la siguiente inscripción: “A pesar del daño que me hicieron en mi patria... los responsables de la mediocridad del toreo de 1940 a 1950, brindo por España”.
 
JOAQUIN MIRANDA
Un caso distinto fue el del novillero sevillano Joaquín  Miranda  que entre los años 1938 a 1944, desempeñó el cargo de Gobernador Civil en la provincia de Huelva. Joaquín Miranda González, no llegó a matador de toros por mediocre y  fue conocido en su profesión como subalterna y peón de confianza de varios espadas punteros en esos años. Miranda era sevillano nacido en Triana en 1894. Tras varios años como novillero pasó a ser banderillero de “Maera”, “Algabeño” y Marcial Lalanda. Abandonó los toros al casarse y tener que ocuparse de los negocios de construcción de su suegro, hombre rico y hacendado. Se afilió a Falange Española y organiza la central Nacional-Sindicalista de Sevilla. Estaba en la cárcel por motivos políticos cuando el Alzamiento militar del 18 de julio. El general Queipo de Llano tras tomar Sevilla, lo sacó de la  cárcel para que se ocupara de las Milicias de la Falange en Andalucía occidental. El antiguo novillero llegó a alcanzar un gran predicamento político en estos años en la zona nacional, tanto que hasta el mismísimo Franco le mandó llamar a Salamanca en marzo de 1937 para intervenir en la Unificación, nombrándolo Consejero Nacional, antecesor de Raimundo Fernández Cuesta  como Secretario General del Movimiento. En 1930 le nombran Gobernador Civil de la provincia de Huelva.
MELCHOR RODRIGUEZ O EL “ANGEL ROJO”
Melchor Rodríguez fue un torero sevillano nacido en Triana que, aunque la buscó, no tuvo mucha suerte como torero. Su infancia fue difícil porque su familia no tenia posibles. Quedó huérfano de padre siendo aun un niño, al morir aquel en un accidente en los muelles del Guadalquivir. Su madre, costurera y cigarrera, tuvo que ocuparse sola, a partir de entonces, de sacar adelante a Melchor y a sus dos hermanos. Melchor Rodríguez estudió en la escuela del asilo hasta la edad de trece años. A partir de entonces, acuciada su familia por una pobreza extrema, comenzó a trabajar como calderero en un taller de Sevilla. Ya en su adolescencia intentó labrarse camino en el mundo del toreo y abandonó su casa para recorrer diversas ferias y capeas con mejor o peor suerte. José Mª Cossío en su enciclopedia “Los Toros”, hace una referencia a Melchor Rodríguez, por haber combinado  el toreo con la política. Melchor toreó en Sanlúcar de Barrameda en 1913  y posteriormente en plazas cada vez más importantes hasta llegar a la de Madrid. Allí sufrió una grave cogida en Agosto de 1918, retirándose en 1920 tras algunas corridas en Viso, Salamanca y Sevilla. Finalizada su aventura taurina Melchor se trasladó a Madrid, donde comenzó a trabajar como chapista en 1921. Pronto se sintió atraído por los movimientos de lucha obrera de la capital, y se afilió a la Agrupación Anarquista de la Región Centro inmediatamente después de su fundación. Poco después fue nombrado presidente del Sindicato de Carroceros, de corte anarquista, y pasó a militar en las filas de la CNT. Allí comenzó su lucha en favor de los derechos de los reclusos, incluso de aquellos de ideología contraria a la suya, lo que le costó la prisión en innumerables ocasiones durante la monarquía y la República.
Al estallar la Guerra Civil en 1936  las organizaciones anarquistas cooperaron con el gobierno. El 10 de noviembre, Melchor Rodríguez fue nombrado delegado especial de prisiones de Madrid. Desde este puesto parece ser que intentó detener las sacas de presos de las cárceles de Madrid (traslados de grupos de reclusos que eran posteriormente fusilados en Paracuellos de Jarama y otros lugares cercanos a la capital), aunque ante las distintas presiones e interferencias surgidas para que éstas prosiguiesen dimitió el día 14. Retomó su puesto el día 4 de diciembre tras las protestas del Cuerpo Diplomático y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano Gómez. Sin embargo esta vez lo hizo con poderes plenipotenciarios como Delegado General de Prisiones, otorgados por el entonces ministro de Justicia del Gobierno republicano, el anarquista García Oliver. Solo entonces consiguió Melchor Rodríguez detener las matanzas de Paracuellos del Jarama y la situación de terror que los presos vivían en  las cárceles. Se enfrentó enconadamente en varias ocasiones con algunos dirigentes comunistas que pretendían seguir con ello, unos enfrentamientos en los que corrió un gran riesgo su vida, según testimonios de numerosos testigos presenciales.
Una de las primeras medidas tomadas por Melchor Rodríguez como delegado de prisiones fue la implantación de una norma según la cual quedaba prohibida sin su autorización personal la salida de presos de las cárceles entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana. Esta orden supuso en buena medida el fin de los “paseos” nocturnos de prisioneros. La expresión era un eufemismo de la época para denominar a los numerosos asesinatos de reclusos que habían sido puestos en libertad poco tiempo antes, lo que solía suceder durante las horas de la noche. Una de las actuaciones más destacadas de Melchor Rodríguez tuvo lugar durante unos disturbios, después de que el Ejército de Franco bombardease el campo de aviación de Alcalá de Henares  en diciembre de 1936. Una concentración de protesta, en la que participaban milicianos armados, llegó a la prisión de Alcalá, entrando los cabecillas hasta el despacho del director, donde exigieron la apertura de celdas para linchar a varios presos. Rodríguez acudió a la prisión y se enfrentó a la turba, dando incluso la orden de proporcionar armas a los reclusos en caso de que los asaltantes persistiesen en su empeño. En esta y otras intervenciones similares como en la Cárcel Modelo de Madrid,  consiguió impedir personalmente vejaciones o ejecuciones arbitrarias de reclusos, que habían sido práctica común hasta su llegada al cargo. Así salvó in extremis la vida de muchas personas, algunas de las cuales dieron después testimonio de la  humanidad de Rodríguez García. Por ejemplo los militares Agustín Muñoz Grandes,  Valentín Gallarza y Serrano Suñer,  que luego formaría parte de los gobiernos de Franco. También ayudó al médico Mariano Gómez Ulla, a los hermanos Rafael, Cayetano, Ramón y Daniel Luca de Tena, al futbolista Ricardo Zamora y al  falangista Rafael Sánchez Mazas entre otros. Todas estas acciones, verdaderamente dignas del espíritu anarquista de los ideales que preconizaba, le valieron para ser conocido por las gentes de la derecha como "El ángel rojo". A él, se atribuye también la famosa máxima: "Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas".
Al acabar la guerra civil Melchor Rodríguez fue detenido, juzgado y condenado a la pena de seis años y un día de prisión por sus actividades anarquistas y su actuación en la administración republicana. Contó con testimonios favorables de personalidades de la derecha, particularmente el general Muñoz Grandes que recordaron cómo había defendido la vida de sus rivales políticos, y fue puesto en libertad al cabo de un año y medio. Durante el franquismo, continúo con el activismo y propaganda de los ideales ácratas, participando activamente en la CNT clandestina.
A su muerte en 1972  acudieron al sepelio muchas personas de ideologías enfrentadas; anarquistas y falangistas entre otros. Actualmente, en la madrileña localidad de Alcalá de Henares, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (Ministerio del Interior) inauguró el día 7 de Julio de 2009, un Centro de Inserción Social con su nombre en honor a su persona y como reconocimiento a su labor en favor de la inserción y resocialización de los internos.(Continua mañana)



 




martes, 18 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS V

Arriba en la imagen el novillero Parrita empuñando un fusil. A la derecha mostrnadolo a seguidoras. Abajo el novillero Cayetano Torres "Morateño" y a la derecha portada de La Estampa con "Litri II"

QUIENES FUERON ESOS TOREROS QUE LUCHARON CON LA 96 BRIGADA MIXTA DEL EJERCITO POPULAR O BRIGADA DE LOS TOREROS
Por El Zubi
Pero realmente quienes fueron en los ruedos esos humildes toreros casi anónimos para los públicos,  que tan audaz y ferozmente lucharon en la 96 Brigada y antes con las Milicias de los Toreros en duras batallas como la de Somosierra o la de Teruel… Lo cierto es que fueron toreros de muy segunda fila… casi desconocidos de la afición y que desde luego merecen un reconocimiento por parte de la historia, por la difícil vida que les toco vivir. Aquí vamos a hablar brevemente de unos pocos que se señalaron o bien como toreros en algo, o bien como oficiales en la 69 Brigada Mixta. Entre julio y octubre de 1936 se sabe que lucharon en las mismas milicias que Litri II y Fortuna Chico toda una serie de novilleros, banderilleros y subalternos a los que se le pierde la pista documentalmente hablando, pues ni aparecen como jefes ni oficiales en los documentos que quedan de la citada Brigada. Seguramente unos fueron destinados a otras unidades o tal vez murieron en combate o heridos gravemente a lo largo de 1936 y 1937. 
El mas conocido de todos fue  Luis Prados Litri II, que  toreo en 1927 doce novilladas con picadores. En 1928 tuvo una actuación importante en Barcelona y un año mas tarde debutó oficialmente en Madrid, un 3 de marzo, con toros de Bernaldo de Quirós, alternando con Pedro Montes y con Fortuna Chico,  con quien entablaría desde entonces una cierta amistad. José Mª de Cossío en su enciclopedia, lo considera un novillero de segunda fila, que a pesar de poseer mucho valor y templanza delante de los toros,  no tuvo fortuna en su debut en Madrid por lo que tuvo que lidiar muchas novilladas duras en los pueblos de Castilla y en la Mancha. Tuvo un gran protagonismo en el conocido “pleito de los toreros mexicanos” que hizo al sindicato de toreros enfrentarse al Gobierno de la República. Seguramente Litri II  fue mejor militar que torero, al menos en el campo de batalla se distinguió por su dotes de mando y su valor frente al enemigo.
Cuando Luis Prados fue juzgado por un Consejo de Guerra, fue defendido por el abogado José García de Mesas. Fue juzgado en Colmenar Viejo y en Teruel. Marcial Lalanda y el mismo Manuel Mejías Rapela Bienvenida, “el Papa Negro” intercedieron a favor de él calificándolo como siempre fue un hombre de orden. También abogó en su favor el torero Luis Fuentes Bejarano, así como el abogado Victoriano Santisteban Capetillo, que expuso como Luis Prados intervino personalmente para que dejasen en libertad al marqués de Orobio. Se le impuso una pena de 20 años de reclusión mayor por un delito de rebelión. En el mismo proceso y sentencia fueron juzgados sus compañeros de armas  y también toreros Juan Mazquiarán, jefe del 383 Batallón, León Amorós, comisario político del mismo batallón, Rafael Palacios y Guillermo Martín Bueno, este último fue también matador de toros en la vida civil. Luis Prados salió en libertad en el verano de 1943, fijando su residencia en la calle Polier, en el barrio de Salamanca de Madrid. Regresó a su oficio de torero no como matador sino como subalterno o banderillero, en la cuadrilla de Pablito Lalanda (sobrino del famoso Marcial). También estuvo unos años en la cuadrilla de la rejoneadora Conchita Cintrón y de Antonio Bienvenida, que a la postre fue quien le cortó la coleta. Sus actuaciones como subalterno las alternaba con la explotación de dos bares en Madrid, uno era Bar Casa Litri, en el Paseo de las Delicias 129, esquina Embajadores cerca de la plaza de Legazpi, y el otro el Bar El Alcachofo en la calle Francisco Silvela. Estos dos negocios fueron sin duda su mayor fuente de ingresos para él y su familia. Falleció en Madrid el 8 de septiembre de 1959 a los 56 años. 
A la izquierda arriba, la Milicia Taurinas en el cuartel de la Montala. A la derecha Juan Mazquiarán "Fortina Chico" vestido de militar con su familia. Abajo a la izquierda Silvino Zafón "El Niño de la Estrella". A la derecha, el matador Saturio Torón reponiendose de sus heridas rodeado de su familia. Abajo la ficha militar del torero Guillermo Martín. 
Guillermo Martín Bueno fue matador de novillos madrileño nacido en 1908. Antes de 1936 vivió varias temporadas en Portugal  donde estuvo toreando. Su carrera taurina pasó prácticamente desapercibida para la afición, aunque como militar llegó a ser teniente en la Brigada de los Toreros, y capitán ayudante en la Comandancia Militar de Gandía, llego a formar parte del Estado Mayor con el grado de capitán. Fue detenido junto a Litri y a Fortuna en Murcia. Fue puesto en libertad en 1942.
Un caso similar fue el del torero Manuel Vílchez del Río Parrita, matador de novillos nacido en La Línea de la Concepción (Cádiz) en 1905. En 1925 cosecho varios éxitos en los ruedos andaluces debutando en Madrid el 18 de julio de 1926, con novillos de Veragua, alternando con Lorenzo de la Torre y Clásico. En 1926 actuó en 20 novilladas, en 1927 en 17. Su estrella como torero se fue apagando paulatinamente pues tras torear en 1932 diez novilladas, en 1933 dejó de torear novillos y comenzó su carrera como subalterno. Parrita ingresó en la Brigada de los Toreros a inicios de 1938, tras ser gravemente herido en la cabeza un año antes en el frente de Pozoblanco. Fue nombrado capitán de la 4ª Compañía del 383 Batallón as las órdenes de Fortuna Chico.  Fue declarado en rebeldía por el Ejercito Republicano, pues en 1939 logró salir al exilio fuera de España.  
Luis Mera Sánchez, fue novillero y banderillero natural de Badajoz, donde nació en 1898. Su carrera como torero estuvo mas llena de pena que de gloria, pues apenas si se le conocía. Se presentó en la plaza de Carabanchel el 6 de junio de 1920, donde cosecho una actuación muy notable pues fue sacado a hombros por el público. Todo prometía una carrera brillante pero los éxitos no le acompañaron en otras plazas. El 19 de febrero de 1922 se presenta en la Plaza de Madrid cuajando una corrida regular. Volvió a la misma plaza el 28 de agosto de 1927 obteniendo un fuerte fracaso que le supuso su retirada como matador de novillos y pasar a ser subalterno en las cuadrillas de el Negro Aquilino y en la de el Niño del Barrio. Era vecino de Madrid en 1936 y luchó con las Milicias Taurinas en el frente de Somosierra y después como voluntarios en la 96 Brigada Mixta llegando a ser sargento de intendencia en esta unidad. Cuando a acabó la guerra volvió a Madrid y empezó a torear de nuevo como banderillero en la cuadrilla de Luis Díaz Madrileñito. Fue detenido el 7 de mayo de 1939 con 41 años en plena Gran Vía, momentos antes de comenzar una corrida de toros, al ser acusado por un colega de ser un “torero rojo”. Fue puesto en libertad días mas tarde.
Silvino Zafón el Niño de la Estrella, era natural de Estrella, una aldea de Mosqueruela (Teruel), donde nació en 1902. A los 12 años se traslada a Barcelona donde aprende la profesión de panadero. Allá fue donde se envenenó del ambiente taurino y donde aprendió a usar la capa y la muleta. Torea como novillero en Vinaroz en 1928 anunciándose como Silvino Rodríguez. Tras  unos años toreando por los pueblos debuta en Madrid el 28 de junio de 1930, alternando con Eliseo Capilla. Su carrera como novillero va ascendiendo en actuaciones y va toreando en las principales plazas españolas. En 1936 forma parte de la junta directiva de su Asociación presidida por Marcial Lalanda, teniendo junto a los demás un fuerte protagonismo en el “pleito con los toreros mexicanos”. Toma la alternativa  el 16 de mayo de 1937 en Barcelona, ya metidos en plena guerra civil, de manos de Pedro Basauri Pedrucho, con ganado de Pellón y alternando de testigo Jaime Noaín. Toreó dos corridas mas en Barcelona y pasa a incorporarse a la 96 Brigada entrando en combate en el frente de Teruel, donde al parecer tuvo el grado de comisario político. Al acabar el conflicto armado vuelve a su profesión pero ya no le reconocen la alternativa que tomo en 1937 en Barcelona y regresa al escalafón de novilleros. Reaparece el 8 de junio de 1939 en la plaza de las Arenas de Barcelona, pero su estrella como torero se va apagando paulatinamente a causa de la marginación que los públicos y empresarios le someten por haber participado en la guerra en las filas republicanas. En 1945 es detenido por colaborar con el maquis de las provincias de Teruel y Zaragoza. En 1947 es puesto en libertad y torea en la plaza de Linares. Decide finalmente emigrar a Francia presionado por los servicios secretos españoles, donde fija su residencia aunque sigue vinculado al mundo taurino. Muere en Orange en un accidente de moto el 14 de marzo de 1963 cuando contaba 54 años.
Juan Mazquiarán Fortuna Chico fue también un torero madrileño aunque de origen familiar vizcaíno, nacido en San Salvador de Valle, cerca de Sestao (Vizcaya). Se trasladó a Madrid en 1916 con nueve años, pasando a vivir con su tío el famoso torero Diego Mazquiarán Fortuna, a quien acompañaba a tientas y a capeas, que fue donde le entró su afición al toreo. Debutó como novillero en Madrid 19 de marzo de 1926. Un mes después sufrió una fuerte cornada en Valencia y en septiembre una más fuerte aun en Alcoy. En 1927 sufrió en Bilbao otra grave cogida. Tanta cornada mermaron las facultades y la afición del torero de tal forma que en 1933 su carrera entraba en un hondo bache, y que dieran al traste las ilusiones que la afición se había hecho con su toreo. Cuando acabó la guerra, estuvo siete años encarcelado en la Prisión Provincial de Zaragoza de donde salió el20 de marzo de 1946. Tras salir en libertad actuó una o dos temporadas como banderillero en la cuadrilla de Victoriano Valencia. La edad le obligó a retirarse.  La amistad con Litri II perduró hasta la muerte, siendo un asiduo del Bar Litri en el paseo de las Delicias.
Enrique Torres Herrero, fue un matador de toros valenciano y fue uno de los muchos toreros de segunda fila que empuñaron las armas por defender la causa republicana. Alcanzó durante la guerra el grado de Teniente en la Comandancia Regional de Milicias de Valencia. Aunque nacido en Valencia, en 1923 se traslada a vivir junto con sus padres a Sevilla, y allí es donde se impregna del ambiente taurino que lo embruja y empuja a dedicarse a esta profesión. Lo cierto es que en octubre de 1927 toma la alternativa en su ciudad natal Valencia de manos de Juan Belmonte actuando como testigo Victoriano Roger Valencia II, y lo hizo con el toro “marismeño” de la ganadería de Guadalest.  Poco después se marcha a México donde logra triunfar de manera extraordinaria en la plaza de El Toreo. Regresa a España y el 2 de mayo de 1928 confirma su alternativa en Madrid. Estuvo unos tres años toreando bastantes corridas hasta que en 1932 comienza su decadencia al comprobarse que había perdido la ilusión del principio. Sufre una fuerte cogida en Barcelona el 17 de agosto de 1935 que para en seco su carrera hasta su definitiva retirada de los ruedos. Al iniciarse la guerra civil, el 26 de septiembre toma de nuevo la alternativa en Valencia de manos de su paisano Manuel Martínez participando en varias corridas más en su tierra. Por estas fechas debió de incorporarse en el frente como voluntario en las milicias republicanas donde alcanzó el grado de Teniente. Finalizada la guerra se marchó a México donde fijo su residencia en Tlanepantla, un suburbio de México D.F. Allí siguió toreando y el 20 de noviembre de 1949 un toro le pego una fortísima cornada en el hígado en Caracas de la que logró recuperarse.  Enrique Torres murió en México en 1980 de  un infarto de miocardio. Ha sido uno de los toreros mas grandes que ha dado Valencia. Artista de una gran calidad, excepcional en el toreo de capa, cuyo temple enloquecía a los públicos, sobre todo los mexicanos. Toreaba con un gusto y una parsimonia  impresionantes. Valencia se enamoró de su toreo y muchos vieron en él al digno sucesor del malogrado  Manuel Granero. Se sabe por la prensa que su muerte fue muy sentida en México donde se le admiraba mucho como torero.   
 A la izquierda arriba, Saturio Torón. A la derecha unos asíduos del Bar Casa Litri, en la Avenida de las Delicias de Madrid. Abajo Enrique Tirres lancea con la verónica y en la misma actitud Litri II en su época de novillero.
Saturio Torón Goyanes el León Navarro, fue un matador de toros natural de Tafalla que tuvo cierto predicamento como torero, tal vez fue de todos los torero que formaron parte de la 96 Brigada Mixta, el que era mas conocido y el que había llegado mas lejos en la profesión. Tras un breve paso por el mundo novilleril toma la alternativa el 8 de agosto de 1º930 en Pamplona con toros de Concha y Sierra, apadrinado por Marcial Lalanda y actuando como testigo Félix Rodríguez. Debuta en Madrid confirmándose como matador el 12 de abril de 1931 con toros de Bernaldo de Quirós, junto a Fausto Barajas como padrino de la ceremonia y Antonio Posada como testigo. Fue un torero valiente que banderilleaba muy bien, unas actitudes que a la postre marcarían su futuro profesional, pues por falta de contratos dejó el oficio de matador para engrosar el de subalternos. Como matador estuvo en algunos buenos carteles, como en los sanfermines de 1931 que alternó con Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Posadas, el Niño de la Palma, y otros pero no llegó a triunfar como matador de toros. Fue un torero que tuvo un gran arrojo y valor delante de los toros, por eso le pusieron el apodo de “León”. Antiguo falangista, cuando estalló la guerra civil, se alistó en las milicias taurinas del Batallón Galán a las órdenes de Litri II luchando  en la Sierra de Guadarrama. Llegó a ser capitán por sus méritos y heridas en el frente. El 1 de enero de 1937 muere en el frente de Madrid al estallarle muy cerca una granada.
Rafael Barberán, fue un novillero valenciano que también perteneció a la 96 Brigada Mixta luchando en los frentes junto al ya citado Litri II . Fue…como los demás un novillero de muy segunda fila que cuando estalló la guerra civil trataba de abrirse camino en esta siempre difícil profesión. En 1926 tuvo muchas actuaciones como novillero en su tierra. Llegó a torear en Madrid en 1926 en una novillada nocturna donde tuvo una discreta actuación. Dos años después actúa de nuevo en Madrid, donde fue herido por su segundo oponente. En 1934 deja de aparecer en los carteles, ignoramos la causa. 
(Contunúa mañana)
 
 


lunes, 17 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS IV

                                 Imagen donde se vea a los toreros miembros
                                 de la Milicia Taurina. Marcado con una "x" Litri II 


HISTORIA DEL BATALLON GALAN, LAS MILICIAS TAURINAS Y LA 96 BRIGADA MIXTA DEL EJERCITO POPULAR, CONOCIDA COMO LA “BRIGADA DE LOS TOREROS”
Por El Zubi
En realidad todo cuanto sabemos de esta Milicia y de la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular, se lo debemos al historiador catalán Javier Pérez Gómez, que en 2005 publicó el documentadísimo  libro "La Brigada de los Toreros. Historia de la 96 Brigada Mixta del Ejercito Popular", en el que da amplia luz sobre este grupo numeroso de toreros que cambiaron los ruedos por el frente de batalla.  El 85 Batallón de la 22 Brigada Mixta, se forma como punto de partida en junio de 1937 en Murcia. Al formarse esta Brigada, una parte considerable de los mayores y capitanes que pasaron a dirigir sus tropas eran antiguos novilleros y toreros que procedían de la 22 Brigada y a su vez todos estos oficiales se iniciaron en el Batallón Galán y las “Milicias Taurinas” en 1936. La 96 Brigada Mixta o “Brigada de los Toreros” se constituye pues con oficiales y soldados pertenecientes al Batallón Galán o “Milicias Taurinas”, toreros de segunda fila: algún matador poco conocido, novilleros, subalternos y picadores del sindicato la Unión Española de Picadores y Banderilleros de Toros y de la Asociación de Matadores de Toros y Novillos de Madrid. Estas Brigadas pertenecieron a la 39 División del XIII Cuerpo de Ejército Republicano.
Como quedó dicho en el capítulo 2º de esta serie dedicada a la Guerra Civil y los Toros, 1938 es el año de la dramática batalla del Ebro; caen Gadesa, Teruel, Castellón. En este año se distinguen en los frentes de guerra, sobre todo en el de Somosierra dos años antes y el de Teruel, la llamada “Brigada de los Toreros” (en realidad era la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular), que estuvo compuesta por toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al citado sindicato de toreros, en la que figuraron Luis Prados apodado Litri II, de Madrid aunque afincado en Fuenlabrada, con grado de comandante  o mayor. Otro miembro fue Juan Mazquiarán Beovide Fortuna Chico, que llegó a comandante y su hermano Raimundo, rehiletero. Los dos eran sobrinos de  famoso matador Diego Mazquiarán Fortuna. Junto a ellos iban como capitán Guillermo Martín Bueno, novillero; el capitán Manuel Vilches del Río Parrita, novillero y banderillero gaditano; Luis Mera Sánchez de Badajoz, banderillero; Silvino ZafrónNiño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero; Saturio Torón, matador de toros. El teniente Enrique Torres Herrero valenciano y famoso matador de toros.

En realidad no hubo una milicia específica de toreros, sino toreros que estuvieron mandando tropas con el grado de oficiales y otros muchos que fueron soldados rasos. Los toreros, novilleros y subalternos que se alistaron a las milicias lo hicieron a título personal sin que tuvieran el apoyo expreso de ninguna agrupación o sindicato de la profesión taurina. Los antecedentes de la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular hay que buscarlos en las Milicias Taurinas del Batallón Galán, que en agosto de 1936 estuvieron luchando en Madrid, en las sierras de Somosierra y Guadarrama. Los toreros madrileños formaron una agrupación de milicianos voluntarios impulsada desde la Asociación de Matadores de Toros y Novillos de Madrid que no dudaron en ir a combatir al frente a defender la República, mandados por Luis Prados Litri II, que recibió este mando de Jefe de la Unidad por ser Secretario de la Sección Autónoma de Novilleros dependiente de la citada Asociación. Hay que decir que desde el 17 de abril de 1936 la Asociación de Matadores de Toros y Novillos tenía una nueva junta directiva, que estaba formada de la siguiente manera: Marcial Lalanda, presidente; Antonio García Maravilla vicepresidente; Luis Prados Litri II, secretario;  Finito, contador; Alfredo Corrochano, tesorero; Cortijero, censor; y como vocales figuraban Fuentes Bejarano, Silvino Zafón el Niño de la Estrella, y Félix Almagro. Unos cuantos de esta junta directiva tuvieron por cierto un gran protagonismo en el llamado “pleito de los toreros mexicanos”. En los Archivos de la Guerra Civil de Salamanca existe un oficio de la Unión Española de Picadores y Banderilleros  de Toros, de 23 de julio de 1936, en el que esta entidad envía a la Agrupación Socialista de la Casa del Pueblo de Madrid, un listado de asociados que desean les faciliten las armas necesarias para la defensa del Régimen. Todos ellos fueron a parar al frente de Somosierra, a Buitrago concretamente, integrados en el “Batallón Galán”. Francisco Galán Rodríguez era antes de estallar la guerra teniente retirado de la Guardia Civil. El batallón y después la columna dirigida por Galán formaban parte del conglomerado de unidades que dieron forma al 5º Regimiento de Milicias Populares, controlado por el PCE. Pues bien este Batallón Galán o “Milicias Taurinas” se estabilizó a finales de julio de 1936 a 3 kilómetros de Buitrago, controlando la zona que va desde Buitrago, Cinco Villas, Lozoyuela, La Cabrera y Villa Vieja hasta los Gascones. No todos los toreros combatieron desde un principio bajo las órdenes directas de Galán, aunque mas tarde mandara el conglomerado de fuerzas de Somosierra. Es el caso de Luis Mera, novillero y banderillero de Badajoz, José Sánchez, Madriles II, Luis Ruiz, Lagartija, y Adolfo Guerra, que en el mes de agosto del 36 pertenecían  a la columna del Comandante Perea.

                                  En la imagen Luis Prados "Litri II"
En el mes de noviembre del 36, cuando el general Mola comenzó sus ataques a Madrid, algunos batallones fueron desplazados con urgencia a las afueras de Madrid para defender la capital. El Batallón Galán con las Milicias Taurinas, con Litri II, Fortuna Chico y los otros toreros y novilleros fueron enviados a la Casa de Campo, entrando en combate el 9 de noviembre. Poco después la columna de galán pasó a defender el sector de Humera-Pozuelo. Es evidente que con toda esta experiencia acumulada en el frente, los milicianos de la columna Galán fueron cogiendo un alto grado de veteranía en el combate. Algunos de sus oficiales empezaron a ganarse la confianza de sus jefes que les fueron dando paulatinamente mayor responsabilidad y protagonismo en el mando de tropas. Los toreros del sindicato se habían ya convertido por derecho propio en fuerzas regulares del Ejército Republicano.  Tres meses después de haber comenzado la guerra se creó el Ejército Popular de la República y comenzaron a militarizarse los batallones que integraban el 5º Regimiento, entre ellos el Batallón Galán o de los Toreros, que formaron parte de la 22 Brigada Mixta, una unidad que se organizó en Gandía en noviembre del 36 bajo el mando del recién nombrado comandante Francisco Galán, que se llevó consigo a una parte de jefes y oficiales de su ya veterana columna. Por esta razón la mayoría de oficiales de la 22 Brigada procedían del frente de Madrid. Galán los eligió por su experiencia, valentía y dotes de mando en los combates  que tuvieron lugar al inicio de la guerra en Somosierra. Esta nueva unidad fue enviada al frente de Teruel. 

La 96 Brigada Mixta del Ejercito Popular, conocida como La Brigada de los Toreros se formó el 18 junio de 1937 en Murcia, y se le llamó así porque buena parte de los mayores y capitanes que pasaron a dirigirla eran antiguos novilleros y toreros que procedían de la 22 Brigada y está a su vez del Batallón Galán y las “Milicias Taurinas”.  La Jefatura de la brigada correspondía al mayor de milicias Luis Prados Litri II y ocupó este cargo hasta final de la guerra en el frente de Teruel donde se libraron muy duras batallas. Las acciones heroicas de guerra de eta Brigada de los Toreros durante todo el conflicto en este frente, no pasaron desapercibidas a los máximos responsables del Ejército de Levante ni al propio Gobierno de la República,  así que el 2 de junio de 1938 el Cuartel General de la 39 División recibió la visita del general Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor Central, acompañado del general jefe del Ejército de Levante, Juan Hernández Sarabia,  que felicitaron el comportamiento de la Brigada en el campo de batalla por su abnegación y heroísmo, y pocos días después el Gobierno de la República les concedió, de manos de su presidente el Doctor Negrín,  el Distintivo del Valor a esta División cuya columna vertebral estaba mandada por el mayor Luis Prados Litri II.
La guerra siguió su transcurrir favorable al bando Nacional y así vemos que dos días ante de acabase el conflicto armado, que concluyó el 1º de abril de 1939, los hombres de la 96 Brigada Mixta recibieron la orden de que tenían que entregarse al enemigo. Al día siguiente, al despertar, los soldados se dieron cuenta de que los principales jefes de sus unidades, mayores, comisarios y capitanes, habían huido dirección a Alicante. La tropa de la 96 Brigada salió de sus trincheras y parapetos y se rindió a los soldados nacionales. Mientras tanto, en la provincia de Murcia, Luis Prados Litri II, Juan Mazquiarán Fortuna Chico y otros jefes y oficiales de la brigada eran capturados  cuando iba camino de Cartagena para embarcarse rumbo a Argelia.
(Continua mañana)
                                    En la imagen Diego Mazquiarán "Fortuna Chico"






domingo, 16 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS III


LA MUERTE DE MANOLO BIENVENIDA DESPLAZO EL INTERES INFORMATIVO DE LA BATALLA DEL EBRO

Por El Zubi
La muerte de un torero siempre es noticia de gran impacto popular. Y si ese torero es una primera  figura del momento, la repercusión de su muerte desborda por completo la imaginación del pueblo. Eso ocurrió el último día del mes de agosto de 1938, cuando los periódicos vocearon la muerte inesperada de Manuel Mejías Jiménez “Manolo Bienvenida” un torero pleno de facultades y que se encontraba en su mejor momento. La noticia estremeció a toda la afición y a todos los españoles que luchaban en aquellos días en ambos frentes, incluso desplazó en interés popular a las informaciones que los periódicos y las radios facilitaban sobre la batalla del Ebro. En San Sebastián moría un matador de toros de leyenda. En el frente de Aragón habían caído ya, por las balas y la metralla, mas de 2.000 hombres.
Corría el año 1938. Hacía dos años que había estallado la guerra civil en España y a estas alturas la contienda había entrado en una fase muy dura para ambos Ejércitos. Manolo Bienvenida al igual que otros toreros, al caer en zona nacional siguió toreando. En la retaguardia nacionalista el triunfalismo mantenía la moral y minimizaba los reveses del frente. Para el público que iba a los toros, al menos durante unas cuantas horas la guerra dejaba de existir. Manolo Bienvenida era una de las máximas figuras de su época, junto a su hermano Pepote, a Marcial Lalanda (que se cambió de bando a través de Francia),  Feliz Rodríguez, Antonio Márquez (que le dio la alternativa), Cayetano Ordoñez, Vicente Barrera, y Juan Belmonte, (Rafael El Gallo quedó  atrapado en Madrid)  junto a otros muchos toreros mas, torearon con frecuencia en estos años de lucha fraticida no sólo en España sino también en Francia. 
Manolo Bienvenida alcanzó su cenit de rivalidad en los ruedos con Domingo Ortega precisamente en la turbulenta primavera de 1936. Tenía un gran temperamento como torero y como persona. Muy simpático y alegre sabía transmitir la gracia sevillana a su toreo, entre belmontista y gallista. Fue un extraordinario lidiador, muy valiente, elegante, variado, pleno de gracia, dominador de todas las suertes, de los que en la jerga taurina se le llama un “torero largo”. Estaba entregado por completo a su profesión.
La mala suerte  comenzó a hacerle mella un año antes de su muerte. El 29 de agosto de 1937, Manolo torea en Bilbao un lote de Juan Pedro Domecq compartiendo cartel con La Serna y Noain. Un toro lo coge de forma aparatosa y sufre un golpe que le ocasiona una grave desviación de la columna vertebral, lesión de la que tarda mucho tiempo en recuperarse. El 10 de octubre vuelve a torear en Granada. Allí comienza a cansarse mucho durante la lidia. Al banderillear siente una gran opresión en el pecho. La cosa va a más, pues el 7 de  noviembre de 1937 en Sevilla, en la corrida con la que cerraba su temporada, no aguanta ya ni el nudo del corbatín y se lo tienen que desabrochar. A la salida de un par de banderillas se apoya en las tablas y faltándole el aire le dice a su mozo de espadas: “...me falta el aire. No puedo respirar...”.
El invierno de 1938 lo pasa reponiéndose en la finca paterna de “La Gloria”. Allí se entretiene largas horas con sus perros, animales por los que sentía especial predilección. Va a Salamanca a entrenarse, pues el 6 de febrero está anunciado en Talavera   y el 3 en un Festival en San Sebastián junto a sus hermanos Pepe y Antonio, Marcial Lalanda y Juan Mari Pérez Tabernero. Retorna con éste último a su finca de Salamanca a respirar aire puro de la dehesa pero no le llega la mejoría. Es más, la cara le amarillea y le faltan ganas de comer. Nadie sospecha que Manolo está toreando las últimas corridas de su vida, con los pulmones heridos de muerte, sin que se los hayan atravesado los pitones de un toro.

Mientras tanto la guerra sigue su curso dramático y cruel. Los dos Ejércitos comenzaban a agotarse. Parecía mentira que hubiera  tanta resistencia  en el Ebro y en las cercanías de Valencia. La batalla del Ebro está resultando más difícil y cruenta de lo que Franco esperaba. Los Rojos atraviesan el río obligando a los Nacionales a replegarse. El Ejército Republicano se reorganiza de manera eficaz, apoyado por los nuevos aviones cazas y bombarderos rusos. La aviación nacionalista no da abasto al bombardear la resistencia y la zona del Ebro, que más bien parecía un país extranjero por las muchísimas nacionalidades de los combatientes que allí se dejaban la vida. Las últimas semanas del verano ensombrecen el panorama de la guerra por ambos lados. Se intenta pactar por parte de los Republicanos. Franco no acepta ya que ambiciona la victoria total. Mientras, el presidente Negrín confía en que estalle pronto la guerra mundial, que ya parece a punto, y así  atacar a Franco por todos los flancos. Los comunistas catalanes mantienen su espíritu de lucha y no desean un armisticio, sino combatir hasta el final  cueste lo que cueste.
Manolo Bienvenida  torea en aquellos días  un Festival en Villaviciosa de Odón, muy cerca de las trincheras del frente de Madrid. Torea sus últimas corridas en Burgos (con Antonio Márquez y Marcial Lalanda) y en San Sebastián (con el Niño de la Palma y Vicente Barrera) en el mes abril. El 2 de mayo alterna en Talavera con La Serna y Curro Caro. Como Gallito,  Manolo Bienvenida tiene sólo 25 años. Ya no vuelve a hacer ningún paseíllo más en España, pues tras torear una corrida de San Isidro en Lisboa, se da cuenta de que ya no puede ni con su alma y tiene que echar mano de los médicos.
Los facultativos creen que su dolencia no es más que un quiste hidatídico que le han contagiado sus perros en la finca “La Gloria”. Le operan en San Sebastián, donde la familia veraneaba, y al abrirle, los médicos descubren algo peor que un quiste: un sarcoma pulmonar (cáncer de pulmón) que le está comiendo su juventud, su simpatía, su alegría y su propia vida. En cierta ocasión, su hermano  Antonio recordó aquellos días del postoperatorio en el hospital de San Sebastián, en que Manolo al ir a afeitarse se vio en el espejo demacrado y muy flaco: “Cerro los ojos –contaba Antonioy por lo bajini, como no queriendo que yo lo oyera, dijo: ¡¡Dios mío!!, pronunciado de tal manera  que me di cuenta que él se había visto allí su propia muerte. Fue muy hombre mi hermano Manolo, hasta para morirse”.
Esto ocurrió el 31 de agosto de 1938 en San Sebastián. Otra vez llantos por un torero en las calles de Sevilla por donde desfiló su entierro desde Triana (llegó el cadáver por la carretera de Extremadura), hasta el cementerio de San Fernando en el que descansaron sus restos provisionalmente junto a los de su hermano Rafael, asesinado en Sevilla a tiros por un loco en 1933. Los restos de los dos hermanos fueron trasladados años más tarde a Madrid. La noticia de la muerte de Manuel Bienvenida sacudió dramáticamente a las “dos Españas” y por una vez, la muerte de un torero de leyenda las puso de acuerdo en algo. Los que son las cosas... la muerte de un torero desplazó de los periódicos la muerte  de más  2.000 hombres en el frente del Ebro.
  (Continúa mañana)