martes, 18 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS V

Arriba en la imagen el novillero Parrita empuñando un fusil. A la derecha mostrnadolo a seguidoras. Abajo el novillero Cayetano Torres "Morateño" y a la derecha portada de La Estampa con "Litri II"

QUIENES FUERON ESOS TOREROS QUE LUCHARON CON LA 96 BRIGADA MIXTA DEL EJERCITO POPULAR O BRIGADA DE LOS TOREROS
Por El Zubi
Pero realmente quienes fueron en los ruedos esos humildes toreros casi anónimos para los públicos,  que tan audaz y ferozmente lucharon en la 96 Brigada y antes con las Milicias de los Toreros en duras batallas como la de Somosierra o la de Teruel… Lo cierto es que fueron toreros de muy segunda fila… casi desconocidos de la afición y que desde luego merecen un reconocimiento por parte de la historia, por la difícil vida que les toco vivir. Aquí vamos a hablar brevemente de unos pocos que se señalaron o bien como toreros en algo, o bien como oficiales en la 69 Brigada Mixta. Entre julio y octubre de 1936 se sabe que lucharon en las mismas milicias que Litri II y Fortuna Chico toda una serie de novilleros, banderilleros y subalternos a los que se le pierde la pista documentalmente hablando, pues ni aparecen como jefes ni oficiales en los documentos que quedan de la citada Brigada. Seguramente unos fueron destinados a otras unidades o tal vez murieron en combate o heridos gravemente a lo largo de 1936 y 1937. 
El mas conocido de todos fue  Luis Prados Litri II, que  toreo en 1927 doce novilladas con picadores. En 1928 tuvo una actuación importante en Barcelona y un año mas tarde debutó oficialmente en Madrid, un 3 de marzo, con toros de Bernaldo de Quirós, alternando con Pedro Montes y con Fortuna Chico,  con quien entablaría desde entonces una cierta amistad. José Mª de Cossío en su enciclopedia, lo considera un novillero de segunda fila, que a pesar de poseer mucho valor y templanza delante de los toros,  no tuvo fortuna en su debut en Madrid por lo que tuvo que lidiar muchas novilladas duras en los pueblos de Castilla y en la Mancha. Tuvo un gran protagonismo en el conocido “pleito de los toreros mexicanos” que hizo al sindicato de toreros enfrentarse al Gobierno de la República. Seguramente Litri II  fue mejor militar que torero, al menos en el campo de batalla se distinguió por su dotes de mando y su valor frente al enemigo.
Cuando Luis Prados fue juzgado por un Consejo de Guerra, fue defendido por el abogado José García de Mesas. Fue juzgado en Colmenar Viejo y en Teruel. Marcial Lalanda y el mismo Manuel Mejías Rapela Bienvenida, “el Papa Negro” intercedieron a favor de él calificándolo como siempre fue un hombre de orden. También abogó en su favor el torero Luis Fuentes Bejarano, así como el abogado Victoriano Santisteban Capetillo, que expuso como Luis Prados intervino personalmente para que dejasen en libertad al marqués de Orobio. Se le impuso una pena de 20 años de reclusión mayor por un delito de rebelión. En el mismo proceso y sentencia fueron juzgados sus compañeros de armas  y también toreros Juan Mazquiarán, jefe del 383 Batallón, León Amorós, comisario político del mismo batallón, Rafael Palacios y Guillermo Martín Bueno, este último fue también matador de toros en la vida civil. Luis Prados salió en libertad en el verano de 1943, fijando su residencia en la calle Polier, en el barrio de Salamanca de Madrid. Regresó a su oficio de torero no como matador sino como subalterno o banderillero, en la cuadrilla de Pablito Lalanda (sobrino del famoso Marcial). También estuvo unos años en la cuadrilla de la rejoneadora Conchita Cintrón y de Antonio Bienvenida, que a la postre fue quien le cortó la coleta. Sus actuaciones como subalterno las alternaba con la explotación de dos bares en Madrid, uno era Bar Casa Litri, en el Paseo de las Delicias 129, esquina Embajadores cerca de la plaza de Legazpi, y el otro el Bar El Alcachofo en la calle Francisco Silvela. Estos dos negocios fueron sin duda su mayor fuente de ingresos para él y su familia. Falleció en Madrid el 8 de septiembre de 1959 a los 56 años. 
A la izquierda arriba, la Milicia Taurinas en el cuartel de la Montala. A la derecha Juan Mazquiarán "Fortina Chico" vestido de militar con su familia. Abajo a la izquierda Silvino Zafón "El Niño de la Estrella". A la derecha, el matador Saturio Torón reponiendose de sus heridas rodeado de su familia. Abajo la ficha militar del torero Guillermo Martín. 
Guillermo Martín Bueno fue matador de novillos madrileño nacido en 1908. Antes de 1936 vivió varias temporadas en Portugal  donde estuvo toreando. Su carrera taurina pasó prácticamente desapercibida para la afición, aunque como militar llegó a ser teniente en la Brigada de los Toreros, y capitán ayudante en la Comandancia Militar de Gandía, llego a formar parte del Estado Mayor con el grado de capitán. Fue detenido junto a Litri y a Fortuna en Murcia. Fue puesto en libertad en 1942.
Un caso similar fue el del torero Manuel Vílchez del Río Parrita, matador de novillos nacido en La Línea de la Concepción (Cádiz) en 1905. En 1925 cosecho varios éxitos en los ruedos andaluces debutando en Madrid el 18 de julio de 1926, con novillos de Veragua, alternando con Lorenzo de la Torre y Clásico. En 1926 actuó en 20 novilladas, en 1927 en 17. Su estrella como torero se fue apagando paulatinamente pues tras torear en 1932 diez novilladas, en 1933 dejó de torear novillos y comenzó su carrera como subalterno. Parrita ingresó en la Brigada de los Toreros a inicios de 1938, tras ser gravemente herido en la cabeza un año antes en el frente de Pozoblanco. Fue nombrado capitán de la 4ª Compañía del 383 Batallón as las órdenes de Fortuna Chico.  Fue declarado en rebeldía por el Ejercito Republicano, pues en 1939 logró salir al exilio fuera de España.  
Luis Mera Sánchez, fue novillero y banderillero natural de Badajoz, donde nació en 1898. Su carrera como torero estuvo mas llena de pena que de gloria, pues apenas si se le conocía. Se presentó en la plaza de Carabanchel el 6 de junio de 1920, donde cosecho una actuación muy notable pues fue sacado a hombros por el público. Todo prometía una carrera brillante pero los éxitos no le acompañaron en otras plazas. El 19 de febrero de 1922 se presenta en la Plaza de Madrid cuajando una corrida regular. Volvió a la misma plaza el 28 de agosto de 1927 obteniendo un fuerte fracaso que le supuso su retirada como matador de novillos y pasar a ser subalterno en las cuadrillas de el Negro Aquilino y en la de el Niño del Barrio. Era vecino de Madrid en 1936 y luchó con las Milicias Taurinas en el frente de Somosierra y después como voluntarios en la 96 Brigada Mixta llegando a ser sargento de intendencia en esta unidad. Cuando a acabó la guerra volvió a Madrid y empezó a torear de nuevo como banderillero en la cuadrilla de Luis Díaz Madrileñito. Fue detenido el 7 de mayo de 1939 con 41 años en plena Gran Vía, momentos antes de comenzar una corrida de toros, al ser acusado por un colega de ser un “torero rojo”. Fue puesto en libertad días mas tarde.
Silvino Zafón el Niño de la Estrella, era natural de Estrella, una aldea de Mosqueruela (Teruel), donde nació en 1902. A los 12 años se traslada a Barcelona donde aprende la profesión de panadero. Allá fue donde se envenenó del ambiente taurino y donde aprendió a usar la capa y la muleta. Torea como novillero en Vinaroz en 1928 anunciándose como Silvino Rodríguez. Tras  unos años toreando por los pueblos debuta en Madrid el 28 de junio de 1930, alternando con Eliseo Capilla. Su carrera como novillero va ascendiendo en actuaciones y va toreando en las principales plazas españolas. En 1936 forma parte de la junta directiva de su Asociación presidida por Marcial Lalanda, teniendo junto a los demás un fuerte protagonismo en el “pleito con los toreros mexicanos”. Toma la alternativa  el 16 de mayo de 1937 en Barcelona, ya metidos en plena guerra civil, de manos de Pedro Basauri Pedrucho, con ganado de Pellón y alternando de testigo Jaime Noaín. Toreó dos corridas mas en Barcelona y pasa a incorporarse a la 96 Brigada entrando en combate en el frente de Teruel, donde al parecer tuvo el grado de comisario político. Al acabar el conflicto armado vuelve a su profesión pero ya no le reconocen la alternativa que tomo en 1937 en Barcelona y regresa al escalafón de novilleros. Reaparece el 8 de junio de 1939 en la plaza de las Arenas de Barcelona, pero su estrella como torero se va apagando paulatinamente a causa de la marginación que los públicos y empresarios le someten por haber participado en la guerra en las filas republicanas. En 1945 es detenido por colaborar con el maquis de las provincias de Teruel y Zaragoza. En 1947 es puesto en libertad y torea en la plaza de Linares. Decide finalmente emigrar a Francia presionado por los servicios secretos españoles, donde fija su residencia aunque sigue vinculado al mundo taurino. Muere en Orange en un accidente de moto el 14 de marzo de 1963 cuando contaba 54 años.
Juan Mazquiarán Fortuna Chico fue también un torero madrileño aunque de origen familiar vizcaíno, nacido en San Salvador de Valle, cerca de Sestao (Vizcaya). Se trasladó a Madrid en 1916 con nueve años, pasando a vivir con su tío el famoso torero Diego Mazquiarán Fortuna, a quien acompañaba a tientas y a capeas, que fue donde le entró su afición al toreo. Debutó como novillero en Madrid 19 de marzo de 1926. Un mes después sufrió una fuerte cornada en Valencia y en septiembre una más fuerte aun en Alcoy. En 1927 sufrió en Bilbao otra grave cogida. Tanta cornada mermaron las facultades y la afición del torero de tal forma que en 1933 su carrera entraba en un hondo bache, y que dieran al traste las ilusiones que la afición se había hecho con su toreo. Cuando acabó la guerra, estuvo siete años encarcelado en la Prisión Provincial de Zaragoza de donde salió el20 de marzo de 1946. Tras salir en libertad actuó una o dos temporadas como banderillero en la cuadrilla de Victoriano Valencia. La edad le obligó a retirarse.  La amistad con Litri II perduró hasta la muerte, siendo un asiduo del Bar Litri en el paseo de las Delicias.
Enrique Torres Herrero, fue un matador de toros valenciano y fue uno de los muchos toreros de segunda fila que empuñaron las armas por defender la causa republicana. Alcanzó durante la guerra el grado de Teniente en la Comandancia Regional de Milicias de Valencia. Aunque nacido en Valencia, en 1923 se traslada a vivir junto con sus padres a Sevilla, y allí es donde se impregna del ambiente taurino que lo embruja y empuja a dedicarse a esta profesión. Lo cierto es que en octubre de 1927 toma la alternativa en su ciudad natal Valencia de manos de Juan Belmonte actuando como testigo Victoriano Roger Valencia II, y lo hizo con el toro “marismeño” de la ganadería de Guadalest.  Poco después se marcha a México donde logra triunfar de manera extraordinaria en la plaza de El Toreo. Regresa a España y el 2 de mayo de 1928 confirma su alternativa en Madrid. Estuvo unos tres años toreando bastantes corridas hasta que en 1932 comienza su decadencia al comprobarse que había perdido la ilusión del principio. Sufre una fuerte cogida en Barcelona el 17 de agosto de 1935 que para en seco su carrera hasta su definitiva retirada de los ruedos. Al iniciarse la guerra civil, el 26 de septiembre toma de nuevo la alternativa en Valencia de manos de su paisano Manuel Martínez participando en varias corridas más en su tierra. Por estas fechas debió de incorporarse en el frente como voluntario en las milicias republicanas donde alcanzó el grado de Teniente. Finalizada la guerra se marchó a México donde fijo su residencia en Tlanepantla, un suburbio de México D.F. Allí siguió toreando y el 20 de noviembre de 1949 un toro le pego una fortísima cornada en el hígado en Caracas de la que logró recuperarse.  Enrique Torres murió en México en 1980 de  un infarto de miocardio. Ha sido uno de los toreros mas grandes que ha dado Valencia. Artista de una gran calidad, excepcional en el toreo de capa, cuyo temple enloquecía a los públicos, sobre todo los mexicanos. Toreaba con un gusto y una parsimonia  impresionantes. Valencia se enamoró de su toreo y muchos vieron en él al digno sucesor del malogrado  Manuel Granero. Se sabe por la prensa que su muerte fue muy sentida en México donde se le admiraba mucho como torero.   
 A la izquierda arriba, Saturio Torón. A la derecha unos asíduos del Bar Casa Litri, en la Avenida de las Delicias de Madrid. Abajo Enrique Tirres lancea con la verónica y en la misma actitud Litri II en su época de novillero.
Saturio Torón Goyanes el León Navarro, fue un matador de toros natural de Tafalla que tuvo cierto predicamento como torero, tal vez fue de todos los torero que formaron parte de la 96 Brigada Mixta, el que era mas conocido y el que había llegado mas lejos en la profesión. Tras un breve paso por el mundo novilleril toma la alternativa el 8 de agosto de 1º930 en Pamplona con toros de Concha y Sierra, apadrinado por Marcial Lalanda y actuando como testigo Félix Rodríguez. Debuta en Madrid confirmándose como matador el 12 de abril de 1931 con toros de Bernaldo de Quirós, junto a Fausto Barajas como padrino de la ceremonia y Antonio Posada como testigo. Fue un torero valiente que banderilleaba muy bien, unas actitudes que a la postre marcarían su futuro profesional, pues por falta de contratos dejó el oficio de matador para engrosar el de subalternos. Como matador estuvo en algunos buenos carteles, como en los sanfermines de 1931 que alternó con Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Posadas, el Niño de la Palma, y otros pero no llegó a triunfar como matador de toros. Fue un torero que tuvo un gran arrojo y valor delante de los toros, por eso le pusieron el apodo de “León”. Antiguo falangista, cuando estalló la guerra civil, se alistó en las milicias taurinas del Batallón Galán a las órdenes de Litri II luchando  en la Sierra de Guadarrama. Llegó a ser capitán por sus méritos y heridas en el frente. El 1 de enero de 1937 muere en el frente de Madrid al estallarle muy cerca una granada.
Rafael Barberán, fue un novillero valenciano que también perteneció a la 96 Brigada Mixta luchando en los frentes junto al ya citado Litri II . Fue…como los demás un novillero de muy segunda fila que cuando estalló la guerra civil trataba de abrirse camino en esta siempre difícil profesión. En 1926 tuvo muchas actuaciones como novillero en su tierra. Llegó a torear en Madrid en 1926 en una novillada nocturna donde tuvo una discreta actuación. Dos años después actúa de nuevo en Madrid, donde fue herido por su segundo oponente. En 1934 deja de aparecer en los carteles, ignoramos la causa. 
(Contunúa mañana)
 
 


lunes, 17 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS IV

                                 Imagen donde se vea a los toreros miembros
                                 de la Milicia Taurina. Marcado con una "x" Litri II 


HISTORIA DEL BATALLON GALAN, LAS MILICIAS TAURINAS Y LA 96 BRIGADA MIXTA DEL EJERCITO POPULAR, CONOCIDA COMO LA “BRIGADA DE LOS TOREROS”
Por El Zubi
En realidad todo cuanto sabemos de esta Milicia y de la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular, se lo debemos al historiador catalán Javier Pérez Gómez, que en 2005 publicó el documentadísimo  libro "La Brigada de los Toreros. Historia de la 96 Brigada Mixta del Ejercito Popular", en el que da amplia luz sobre este grupo numeroso de toreros que cambiaron los ruedos por el frente de batalla.  El 85 Batallón de la 22 Brigada Mixta, se forma como punto de partida en junio de 1937 en Murcia. Al formarse esta Brigada, una parte considerable de los mayores y capitanes que pasaron a dirigir sus tropas eran antiguos novilleros y toreros que procedían de la 22 Brigada y a su vez todos estos oficiales se iniciaron en el Batallón Galán y las “Milicias Taurinas” en 1936. La 96 Brigada Mixta o “Brigada de los Toreros” se constituye pues con oficiales y soldados pertenecientes al Batallón Galán o “Milicias Taurinas”, toreros de segunda fila: algún matador poco conocido, novilleros, subalternos y picadores del sindicato la Unión Española de Picadores y Banderilleros de Toros y de la Asociación de Matadores de Toros y Novillos de Madrid. Estas Brigadas pertenecieron a la 39 División del XIII Cuerpo de Ejército Republicano.
Como quedó dicho en el capítulo 2º de esta serie dedicada a la Guerra Civil y los Toros, 1938 es el año de la dramática batalla del Ebro; caen Gadesa, Teruel, Castellón. En este año se distinguen en los frentes de guerra, sobre todo en el de Somosierra dos años antes y el de Teruel, la llamada “Brigada de los Toreros” (en realidad era la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular), que estuvo compuesta por toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al citado sindicato de toreros, en la que figuraron Luis Prados apodado Litri II, de Madrid aunque afincado en Fuenlabrada, con grado de comandante  o mayor. Otro miembro fue Juan Mazquiarán Beovide Fortuna Chico, que llegó a comandante y su hermano Raimundo, rehiletero. Los dos eran sobrinos de  famoso matador Diego Mazquiarán Fortuna. Junto a ellos iban como capitán Guillermo Martín Bueno, novillero; el capitán Manuel Vilches del Río Parrita, novillero y banderillero gaditano; Luis Mera Sánchez de Badajoz, banderillero; Silvino ZafrónNiño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero; Saturio Torón, matador de toros. El teniente Enrique Torres Herrero valenciano y famoso matador de toros.

En realidad no hubo una milicia específica de toreros, sino toreros que estuvieron mandando tropas con el grado de oficiales y otros muchos que fueron soldados rasos. Los toreros, novilleros y subalternos que se alistaron a las milicias lo hicieron a título personal sin que tuvieran el apoyo expreso de ninguna agrupación o sindicato de la profesión taurina. Los antecedentes de la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular hay que buscarlos en las Milicias Taurinas del Batallón Galán, que en agosto de 1936 estuvieron luchando en Madrid, en las sierras de Somosierra y Guadarrama. Los toreros madrileños formaron una agrupación de milicianos voluntarios impulsada desde la Asociación de Matadores de Toros y Novillos de Madrid que no dudaron en ir a combatir al frente a defender la República, mandados por Luis Prados Litri II, que recibió este mando de Jefe de la Unidad por ser Secretario de la Sección Autónoma de Novilleros dependiente de la citada Asociación. Hay que decir que desde el 17 de abril de 1936 la Asociación de Matadores de Toros y Novillos tenía una nueva junta directiva, que estaba formada de la siguiente manera: Marcial Lalanda, presidente; Antonio García Maravilla vicepresidente; Luis Prados Litri II, secretario;  Finito, contador; Alfredo Corrochano, tesorero; Cortijero, censor; y como vocales figuraban Fuentes Bejarano, Silvino Zafón el Niño de la Estrella, y Félix Almagro. Unos cuantos de esta junta directiva tuvieron por cierto un gran protagonismo en el llamado “pleito de los toreros mexicanos”. En los Archivos de la Guerra Civil de Salamanca existe un oficio de la Unión Española de Picadores y Banderilleros  de Toros, de 23 de julio de 1936, en el que esta entidad envía a la Agrupación Socialista de la Casa del Pueblo de Madrid, un listado de asociados que desean les faciliten las armas necesarias para la defensa del Régimen. Todos ellos fueron a parar al frente de Somosierra, a Buitrago concretamente, integrados en el “Batallón Galán”. Francisco Galán Rodríguez era antes de estallar la guerra teniente retirado de la Guardia Civil. El batallón y después la columna dirigida por Galán formaban parte del conglomerado de unidades que dieron forma al 5º Regimiento de Milicias Populares, controlado por el PCE. Pues bien este Batallón Galán o “Milicias Taurinas” se estabilizó a finales de julio de 1936 a 3 kilómetros de Buitrago, controlando la zona que va desde Buitrago, Cinco Villas, Lozoyuela, La Cabrera y Villa Vieja hasta los Gascones. No todos los toreros combatieron desde un principio bajo las órdenes directas de Galán, aunque mas tarde mandara el conglomerado de fuerzas de Somosierra. Es el caso de Luis Mera, novillero y banderillero de Badajoz, José Sánchez, Madriles II, Luis Ruiz, Lagartija, y Adolfo Guerra, que en el mes de agosto del 36 pertenecían  a la columna del Comandante Perea.

                                  En la imagen Luis Prados "Litri II"
En el mes de noviembre del 36, cuando el general Mola comenzó sus ataques a Madrid, algunos batallones fueron desplazados con urgencia a las afueras de Madrid para defender la capital. El Batallón Galán con las Milicias Taurinas, con Litri II, Fortuna Chico y los otros toreros y novilleros fueron enviados a la Casa de Campo, entrando en combate el 9 de noviembre. Poco después la columna de galán pasó a defender el sector de Humera-Pozuelo. Es evidente que con toda esta experiencia acumulada en el frente, los milicianos de la columna Galán fueron cogiendo un alto grado de veteranía en el combate. Algunos de sus oficiales empezaron a ganarse la confianza de sus jefes que les fueron dando paulatinamente mayor responsabilidad y protagonismo en el mando de tropas. Los toreros del sindicato se habían ya convertido por derecho propio en fuerzas regulares del Ejército Republicano.  Tres meses después de haber comenzado la guerra se creó el Ejército Popular de la República y comenzaron a militarizarse los batallones que integraban el 5º Regimiento, entre ellos el Batallón Galán o de los Toreros, que formaron parte de la 22 Brigada Mixta, una unidad que se organizó en Gandía en noviembre del 36 bajo el mando del recién nombrado comandante Francisco Galán, que se llevó consigo a una parte de jefes y oficiales de su ya veterana columna. Por esta razón la mayoría de oficiales de la 22 Brigada procedían del frente de Madrid. Galán los eligió por su experiencia, valentía y dotes de mando en los combates  que tuvieron lugar al inicio de la guerra en Somosierra. Esta nueva unidad fue enviada al frente de Teruel. 

La 96 Brigada Mixta del Ejercito Popular, conocida como La Brigada de los Toreros se formó el 18 junio de 1937 en Murcia, y se le llamó así porque buena parte de los mayores y capitanes que pasaron a dirigirla eran antiguos novilleros y toreros que procedían de la 22 Brigada y está a su vez del Batallón Galán y las “Milicias Taurinas”.  La Jefatura de la brigada correspondía al mayor de milicias Luis Prados Litri II y ocupó este cargo hasta final de la guerra en el frente de Teruel donde se libraron muy duras batallas. Las acciones heroicas de guerra de eta Brigada de los Toreros durante todo el conflicto en este frente, no pasaron desapercibidas a los máximos responsables del Ejército de Levante ni al propio Gobierno de la República,  así que el 2 de junio de 1938 el Cuartel General de la 39 División recibió la visita del general Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor Central, acompañado del general jefe del Ejército de Levante, Juan Hernández Sarabia,  que felicitaron el comportamiento de la Brigada en el campo de batalla por su abnegación y heroísmo, y pocos días después el Gobierno de la República les concedió, de manos de su presidente el Doctor Negrín,  el Distintivo del Valor a esta División cuya columna vertebral estaba mandada por el mayor Luis Prados Litri II.
La guerra siguió su transcurrir favorable al bando Nacional y así vemos que dos días ante de acabase el conflicto armado, que concluyó el 1º de abril de 1939, los hombres de la 96 Brigada Mixta recibieron la orden de que tenían que entregarse al enemigo. Al día siguiente, al despertar, los soldados se dieron cuenta de que los principales jefes de sus unidades, mayores, comisarios y capitanes, habían huido dirección a Alicante. La tropa de la 96 Brigada salió de sus trincheras y parapetos y se rindió a los soldados nacionales. Mientras tanto, en la provincia de Murcia, Luis Prados Litri II, Juan Mazquiarán Fortuna Chico y otros jefes y oficiales de la brigada eran capturados  cuando iba camino de Cartagena para embarcarse rumbo a Argelia.
(Continua mañana)
                                    En la imagen Diego Mazquiarán "Fortuna Chico"






domingo, 16 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS III


LA MUERTE DE MANOLO BIENVENIDA DESPLAZO EL INTERES INFORMATIVO DE LA BATALLA DEL EBRO

Por El Zubi
La muerte de un torero siempre es noticia de gran impacto popular. Y si ese torero es una primera  figura del momento, la repercusión de su muerte desborda por completo la imaginación del pueblo. Eso ocurrió el último día del mes de agosto de 1938, cuando los periódicos vocearon la muerte inesperada de Manuel Mejías Jiménez “Manolo Bienvenida” un torero pleno de facultades y que se encontraba en su mejor momento. La noticia estremeció a toda la afición y a todos los españoles que luchaban en aquellos días en ambos frentes, incluso desplazó en interés popular a las informaciones que los periódicos y las radios facilitaban sobre la batalla del Ebro. En San Sebastián moría un matador de toros de leyenda. En el frente de Aragón habían caído ya, por las balas y la metralla, mas de 2.000 hombres.
Corría el año 1938. Hacía dos años que había estallado la guerra civil en España y a estas alturas la contienda había entrado en una fase muy dura para ambos Ejércitos. Manolo Bienvenida al igual que otros toreros, al caer en zona nacional siguió toreando. En la retaguardia nacionalista el triunfalismo mantenía la moral y minimizaba los reveses del frente. Para el público que iba a los toros, al menos durante unas cuantas horas la guerra dejaba de existir. Manolo Bienvenida era una de las máximas figuras de su época, junto a su hermano Pepote, a Marcial Lalanda (que se cambió de bando a través de Francia),  Feliz Rodríguez, Antonio Márquez (que le dio la alternativa), Cayetano Ordoñez, Vicente Barrera, y Juan Belmonte, (Rafael El Gallo quedó  atrapado en Madrid)  junto a otros muchos toreros mas, torearon con frecuencia en estos años de lucha fraticida no sólo en España sino también en Francia. 
Manolo Bienvenida alcanzó su cenit de rivalidad en los ruedos con Domingo Ortega precisamente en la turbulenta primavera de 1936. Tenía un gran temperamento como torero y como persona. Muy simpático y alegre sabía transmitir la gracia sevillana a su toreo, entre belmontista y gallista. Fue un extraordinario lidiador, muy valiente, elegante, variado, pleno de gracia, dominador de todas las suertes, de los que en la jerga taurina se le llama un “torero largo”. Estaba entregado por completo a su profesión.
La mala suerte  comenzó a hacerle mella un año antes de su muerte. El 29 de agosto de 1937, Manolo torea en Bilbao un lote de Juan Pedro Domecq compartiendo cartel con La Serna y Noain. Un toro lo coge de forma aparatosa y sufre un golpe que le ocasiona una grave desviación de la columna vertebral, lesión de la que tarda mucho tiempo en recuperarse. El 10 de octubre vuelve a torear en Granada. Allí comienza a cansarse mucho durante la lidia. Al banderillear siente una gran opresión en el pecho. La cosa va a más, pues el 7 de  noviembre de 1937 en Sevilla, en la corrida con la que cerraba su temporada, no aguanta ya ni el nudo del corbatín y se lo tienen que desabrochar. A la salida de un par de banderillas se apoya en las tablas y faltándole el aire le dice a su mozo de espadas: “...me falta el aire. No puedo respirar...”.
El invierno de 1938 lo pasa reponiéndose en la finca paterna de “La Gloria”. Allí se entretiene largas horas con sus perros, animales por los que sentía especial predilección. Va a Salamanca a entrenarse, pues el 6 de febrero está anunciado en Talavera   y el 3 en un Festival en San Sebastián junto a sus hermanos Pepe y Antonio, Marcial Lalanda y Juan Mari Pérez Tabernero. Retorna con éste último a su finca de Salamanca a respirar aire puro de la dehesa pero no le llega la mejoría. Es más, la cara le amarillea y le faltan ganas de comer. Nadie sospecha que Manolo está toreando las últimas corridas de su vida, con los pulmones heridos de muerte, sin que se los hayan atravesado los pitones de un toro.

Mientras tanto la guerra sigue su curso dramático y cruel. Los dos Ejércitos comenzaban a agotarse. Parecía mentira que hubiera  tanta resistencia  en el Ebro y en las cercanías de Valencia. La batalla del Ebro está resultando más difícil y cruenta de lo que Franco esperaba. Los Rojos atraviesan el río obligando a los Nacionales a replegarse. El Ejército Republicano se reorganiza de manera eficaz, apoyado por los nuevos aviones cazas y bombarderos rusos. La aviación nacionalista no da abasto al bombardear la resistencia y la zona del Ebro, que más bien parecía un país extranjero por las muchísimas nacionalidades de los combatientes que allí se dejaban la vida. Las últimas semanas del verano ensombrecen el panorama de la guerra por ambos lados. Se intenta pactar por parte de los Republicanos. Franco no acepta ya que ambiciona la victoria total. Mientras, el presidente Negrín confía en que estalle pronto la guerra mundial, que ya parece a punto, y así  atacar a Franco por todos los flancos. Los comunistas catalanes mantienen su espíritu de lucha y no desean un armisticio, sino combatir hasta el final  cueste lo que cueste.
Manolo Bienvenida  torea en aquellos días  un Festival en Villaviciosa de Odón, muy cerca de las trincheras del frente de Madrid. Torea sus últimas corridas en Burgos (con Antonio Márquez y Marcial Lalanda) y en San Sebastián (con el Niño de la Palma y Vicente Barrera) en el mes abril. El 2 de mayo alterna en Talavera con La Serna y Curro Caro. Como Gallito,  Manolo Bienvenida tiene sólo 25 años. Ya no vuelve a hacer ningún paseíllo más en España, pues tras torear una corrida de San Isidro en Lisboa, se da cuenta de que ya no puede ni con su alma y tiene que echar mano de los médicos.
Los facultativos creen que su dolencia no es más que un quiste hidatídico que le han contagiado sus perros en la finca “La Gloria”. Le operan en San Sebastián, donde la familia veraneaba, y al abrirle, los médicos descubren algo peor que un quiste: un sarcoma pulmonar (cáncer de pulmón) que le está comiendo su juventud, su simpatía, su alegría y su propia vida. En cierta ocasión, su hermano  Antonio recordó aquellos días del postoperatorio en el hospital de San Sebastián, en que Manolo al ir a afeitarse se vio en el espejo demacrado y muy flaco: “Cerro los ojos –contaba Antonioy por lo bajini, como no queriendo que yo lo oyera, dijo: ¡¡Dios mío!!, pronunciado de tal manera  que me di cuenta que él se había visto allí su propia muerte. Fue muy hombre mi hermano Manolo, hasta para morirse”.
Esto ocurrió el 31 de agosto de 1938 en San Sebastián. Otra vez llantos por un torero en las calles de Sevilla por donde desfiló su entierro desde Triana (llegó el cadáver por la carretera de Extremadura), hasta el cementerio de San Fernando en el que descansaron sus restos provisionalmente junto a los de su hermano Rafael, asesinado en Sevilla a tiros por un loco en 1933. Los restos de los dos hermanos fueron trasladados años más tarde a Madrid. La noticia de la muerte de Manuel Bienvenida sacudió dramáticamente a las “dos Españas” y por una vez, la muerte de un torero de leyenda las puso de acuerdo en algo. Los que son las cosas... la muerte de un torero desplazó de los periódicos la muerte  de más  2.000 hombres en el frente del Ebro.
  (Continúa mañana)

 


sábado, 15 de mayo de 2010

REPUBLICA, GUERRA CIVIL Y TOROS II


LA GUERRA CIVIL LLENO ESPAÑA DE MUERTE Y FUEGO, DE TOROS, SANGRE, MUERTE Y DESOLACION


Por El Zubi
Es sorprendente ver como en este breve período de la historia de España, la Fiesta de los Toros, el espectáculo nacional por excelencia, se entrelaza mano con mano con los aconteceres políticos y bélicos que día a día fueron ocurriendo en cualquier rincón del país, y se fue entrelazando de manera paralela y al mismo compás:  será la corrida insólita que se celebra cerca del frente, el matador o el banderillero miliciano que se pasa al bando nacional o los festivales patrióticos que se celebraban aquí y allí para ayudar a la causa o la ganadería que quedó esquilmada, mas por el odio y la rabia de las hordas populares, que por la “hambruna” de la época. Existe un calendario macabro y siniestro, que vincula al mundo del toro con la guerra, como si España estuviera marcada por el sino de la muerte, el fuego de las balas, la sangre y el toro.
En marzo de 1936, y mientras se tambaleaban los pilares de la República, comienza la temporada en Barcelona, Castellón y Valencia en el mes de marzo con Domingo Ortega mandado en el escalafón, acompañado  por Victoriano de la Serna, Rafaelillo y Jaime Pericás, además de los mexicanos Armillita, El Soldado y el temerario Carnicerito de México.  La Feria de Abril de Sevilla reúne a los mejores toreros del momento: Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, Chicuelo, Alfredo Corrochano, Gitanillo de Triana,  y El Niño de la Palma. Quince corridas en abril, veintitrés en mayo y veinticuatro en junio, nos ponen a las puertas del mes de julio de 1936. La primavera en Madrid, por San Isidro, estuvo llena de tensiones y problemas en lo taurino. Para el día del Patrón, estaba anunciado Marcial Lalanda junto con Armillita, Manolo Bienvenida y Ortega. El pleito de los mexicanos complicó la corrida, pues ya por la mañana en el sorteo, Marcial exigió las cartas de trabajo a los toreros aztecas. Sólo la tenía un subalterno y los toreros españoles, con sus cuadrillas se negaron a torear. Marcial ingresó en la cárcel junto a Litri II, Fuentes Bejarano, Finito de Valladolid, Paradas, Cástulo Martín, Magritas, Manuel Navarro y los picadores Farnesio y Melones. Lo mismo sucedió con la cuarta de abono con Armillita en el cartel. Esta vez Marcial  se libró de la cárcel gracias a que un conserje “marcial-lalandista” lo tuvo cuatro días escondido en el cementerio. Pasado el peligro, los demás toreros llevaron a hombros a Lalanda por la Gran Vía de Madrid. Ya por entonces se podía leer por las paredes en las calles frases como: “Rusia es la madre de España, México es el padre. Los demás países no son de la familia”. En la corrida del 29 de mayo, Bienvenida de rodillas frente al toro gritó: ¡Viva España! Victoriano de la Serna dio el mismo grito pero aun más fuerte, y tras hacer una faena temeraria se dejó coger por el toro que lo hirió gravemente. En los tendidos, además de insultos, hubo golpes y navajazos. Entre los espectadores heridos estaba el viejo banderillero andaluz Manuel Vílchez Parrita. Fueron aquellos días tumultuosos previos a la guerra en los que también fue agredido en plena calle el popular crítico taurino Ricardo García K-hito, al cual le dedicaron mas tarde un homenaje en desagravio.  Este era el ambiente que había en el país en esos días.
El 14 de julio son enterrados en Madrid los cuerpos de don José Calvo Sotelo y el del teniente Castillo (huelga relatar aquí la historia de los dos por ser de sobra conocida). Al día siguiente en la sesión  del Congreso de los Diputados hubo más que palabras: acusaciones de asesinos de uno a otro bando de manera recíproca. La suerte estaba ya echada. El 17 de julio los oficiales de la guarnición de Melilla declararon el estado de guerra y ocuparon los edificios públicos. En Ceuta los legionarios del general Yagüe se apoderaron de la ciudad sin dar un solo tiro. En Canarias, en la madrugada del 18, el general Franco se pronunció contra el Gobierno y prepara  su llegada al Marruecos español, desde donde inicia la conquista del país. Se había roto la baraja; se había vulnerado el orden constitucional  por ambas partes, pues quienes gobernaban permitieron, desde que comenzó la República, todo tipo desmanes en todo el país contra gente de orden, y da la impresión de que fuera la propia República quien provocara la rebelión capitaneada por Franco.  España estaba rota en dos.
La primera víctima de la guerra, relacionada con el mundo de los toros, fue el reportero gráfico Aurelio Rodero asesinado en Madrid por unos milicianos el 25 de julio. Por esas fechas fusilaron al ganadero Tomás Murube (en La Roda de Andalucía) y a Teresa Zayas (en el Arahal), viuda del ganadero Romualdo Arias de Reina, que fue asesinada junto con su hermano Javier, dos hijos Alberto y Daniel y sus sobrinos José María y Antonio Arias de Reina Pérez. Fueron los primeros ganaderos que fueron fusilados de una larga lista. En Córdoba, durante un bombardeo de la aviación republicana, una bomba alcanza de lleno al modesto matador de toros Francisco Gutiérrez Serranito de Córdoba. En Granada, es fusilado por los falangistas en el barranco de Viznar, el poeta universal Federico García Lorca junto a un maestro nacional y dos banderilleros: Francisco Galadi Jergal y Joaquín Arcollas Cabezas, ambos militantes de la CNT. También muere asesinado en Almería el picador Juan Colominas Pérez que había figurado en las cuadrillas de Nacional II, Antonio Márquez y Jaime Noaín.
Solo hubo dos autenticas corridas de toros con matadores de alternativa en el mes de agosto en zona republicana y ninguna en la nacional. En Barcelona actúa Juan Luis de la Rosa, Pedrucho y Curro Caro el 6 de octubre. Es la última corrida que lidiará el matador jerezano Juan Luis de la Rosa que moriría asesinado en plena calle a tiros a manos de unos desconocidos.
El 6 de noviembre de 1936 el Gobierno crea una Junta de Defensa de Madrid, con el general Miaja al frente, y toma la determinación de trasladar la sede del Gobierno a Valencia, cosa que hace en la tarde-noche de ese día. En una palabra, salieron huyendo como ratas pensando que los ejércitos alzados al frente del general Varela iban a tomar Madrid al amanecer. Manuel Azaña estaba ya en Barcelona desde el 22 de octubre. El 20 de noviembre en el patio de la cárcel de Alicante es fusilado José Antonio Primo de Rivera.
En la Andalucía nacional comienzan a celebrase festejos taurinos, como el de Sevilla en septiembre, un festival, otro en octubre y un tercero en diciembre. En Córdoba el 6 de diciembre se celebra un festival a beneficio de Falange Española, en el que reaparece José Flores Camará tras su incursión como espontáneo en Ecija, alternando con Zurito, Manolete, Machaquito y Platerito. El 30 de diciembre es asesinado a tiros en una finca entre Córdoba y Jaén, el rejoneador Joselito el Algabeño, mientras paseaba con su caballo.
El año 1937 se inicia con la muerte, en el frente de Somosierra el 1 de enero, del torero navarro Saturio Torón, antiguo falangista y más tarde teniente del ejército republicano. También mueren los banderilleros Ramón de la Cruz, José Sánchez Luengo Zamoranito, combatientes en el bando republicano. En este año habrá festejos taurinos en los dos bandos, pero es en el nacional donde predominarán las corridas de toros. En el lado “gubernamental” la escasez de ganado de lidia impide ya celebrar las ferias tradicionales que son sustituidas por novilladas y festivales patrióticos. Los matadores de toros hacían gestiones para conseguir pasaportes y marcharse a Francia y así poder pasarse a zona nacional. En el mes de febrero cae Málaga en manos nacionales y tienen lugar las batallas del Jarama y la de Guadalajara, con la famosa derrota de los italianos en Torija y Brihuega. En Sevilla el 11 de febrero se celebra una gran corrida con Juan Belmonte como rejoneador y a pie Antonio Márquez, Marcial Lalanda y Pepe Amorós, junto a los novilleros Rafael Ortega Gallito, José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte Campoy.
Imagen en la que se ve a Litri II con su cuadrilla

En Barcelona estalla un conflicto armado entre comunistas y autonomistas, y partidarios de Largo Caballero y de la CNT: la guerra dentro de la guerra; resultado: 500 muertos y 1.000 heridos. Como si no hubiera pasado nada, el 13 de mayo se celebra una corrida con Pedro Basauri Pedrucho, el vasco Jaime Noaín y el turolense Niño de la Estrella, el torero más vinculado al bando republicano de todos, que tomó ese día la alternativa. Allí estaba ya el extravagante  Ernesto Hemingway.  En el bando nacional las corridas de toros adquieren incremento, pues no se  han esquilmado las ganaderías bravas como en la otra zona. En Valencia reaparece Vicente Barrera y torea vestido de miliciano, con gorro y borla y saludando puño en alto. Seguramente lo que buscaba era un pasaporte para torear en Francia y quitarse también de en medio.
 Es la hora en que surge en plena guerra civil una nueva generación de toreros, todos ellos actuando en zona nacional, toreros que se fraguaron en aquellos festejos de la guerra civil. Es la generación de Manolete y sus coetáneos que parece que ya quieren jubilar a Domingo Ortega, Marcial Lalanda y demás toreros de la República.   Además de Manuel Rodríguez “Manolete” están: Juanito Belmonte, José Ignacio Sánchez Mejías, Rafael Ortega Gallito, Pepe Luís Vázquez, Manolo Martín Vázquez, Manuel Álvarez Andaluz, Paquito Casado, Pascual Márquez, Aurelio Puchol Morenito de Valencia, Emiliano de la Casa Morenito de Talavera, Pedro Barrera, Mario Cabré, Eugenio Fernández Angelete, Manolo Escudero, Jaime Marco El Choni, y un gitano misterioso y con personalidad propia: el madrileño Rafal Albaicín. Hay que citar de manera especial a la dinastía de los González Lucas, Domingo, Pepe y Luis Miguel, de apodo  Dominguín, sin olvidar a la dinastía de los Bienvenida, Antonio, Ángel Luís y Juan. Esa fue la generación de Manolete y entre todos destacó Pepe Luis Vázquez que no fue rival para el cordobés precisamente por saber tanto de toros desde que comenzó su carrera.
La guerra sigue abierta en los frentes Norte: Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite y Teruel. Don Niceto Alcalá Zamora ya está en el exilio tranquilo de Paris. Ocurren los asedios del Alcázar de Toledo y el del Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andujar. En 1938 se va también de España el escritor Enesto Heminngway, que llegó en febrero de 1937 para defender la causa de la República, decía, pero en realidad, vino huyendo de su segunda esposa Pauline Pfeiffer y gozar de la mujer con la que estaba encelado: la periodista Martha Gellhorn. Al pan pan y al vino vino. 1938 es el año de la dramática batalla del Ebro; caen Gadesa, Teruel, Castellón. En este año se distinguen en los frentes de guerra, sobre todo en el de Somosierra y el de Teruel, la llamada “Brigada de los Toreros” (en realidad era la 96 Brigada Mixta del Ejército Popular), que estaba compuesta por toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al Sindicato de Toreros, en la que figuraron Luis Prados apodado Litri II, de Fuenlabrada, con grado de comandante  o mayor. Otro miembro fue Juan Mazquiarán Beovide Fortuna Chico, que llegó a comandante. Su hermano Raimundo, rehiletero. Los dos eran sobrinos de  famoso matador Diego Mazquiarán Fortuna. Junto a ellos iban como capitán Guillermo Martín Bueno, novillero; el capitán Manuel Vilches del Río Parrita, novillero y banderillero gaditano; Luis Mera Sánchez de Badajoz, banderillero; Silvino ZafrónNiño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero; Saturio Torón, matador de toros. El teniente Enrique Torres Herrero valenciano y matador de toros. “La Brigada de los Toreros” sufrió numerosas bajas en el frente de Teruel, en donde apenas se libraron de la muerte unos pocos. Tras la guerra el propio Marcial Lalanda intercedió a favor de Litri II ante los tribunales. Logró salvarlo y llevó en adelante una vida tranquila retirada de los ruedos. Puso una taberna en Madrid y vivió como tabernero. 
                         Manolo Bienvenida poniendo un par de banderillas
 
El año de 1938 fue el de la desgraciada muerte de Manolo Bienvenida: diagnosticado de cáncer de pulmón falleció en una clínica de San Sebastián el 31 de agosto. El ABC que se publicaba en la zona republicana (Madrid) dio la noticia así: “Un torero menos un fascista menos”. Por su parte  el diario Nuestra Bandera titulaba: “Un bicho menos”. Pero lo cierto es que la muerte de este torero fue muy sentida en ambos frentes de guerra pues se perdía un torero excepcional. En 1938 hubo un total de 73 corridas de toros y170 novilladas. Domingo Ortega  no imaginaba que le quedaba poco tiempo para seguir siendo el rey de los toreros. En el escalafón de los novilleros comenzaba a destacar un joven escuálido apodado “Manolete” que según decían, aportaba algo nuevo y personal al toreo. Había pasado ya el tiempo de Juan Belmonte, Domingo Ortega y Marcial Lalanda. También había pasado el de don Manuel Azaña y su Gobierno que habían huido con muchas prisas al exilio en Paris.
A comienzos de 1939 todos  atisban claramente que el final de la guerra está cerca, menos el camarada Negrín que con sus alocuciones siguió increpando a defender Madrid y a seguir luchando en los pocos frentes abiertos ya. Es el año en que se destapa definitivamente la dinastía de los hermanos González Lucas, los Dominguín y de los hermanos Bienvenida. El ministro de Defensa de la República, Juan Negrín, ordena al general Vicente Rojo el repliegue disciplinado hacia la frontera de Francia de los restos del ejército republicano: 400.000 refugiados fueron acogidos, hacinados en campos de concentración franceses y tratados por cierto bastante mal. Desde febrero las corridas de toros y los festivales taurinos prosiguen  casi por todo el país. El hambre de la población civil era inmensa a estas alturas. La República estaba ya absolutamente descompuesta y llegan las purgas internas: la guerra civil dentro de la guerra civil que duró en Madrid una semana y costó 5.000 muertos. La última reunión del Consejo Nacional de Defensa tuvo lugar la noche del 27 al 28 de marzo de 1939. El ejército de Franco  entra en Madrid el 28 de febrero de 1939 sin disparar un solo tiro, ovacionado por sus partidarios y por los partidarios de que acabara la guerra. Entre los primeros que entraban a Madrid, un torero: Marcial Lalanda, a quien los rojos, que no los republicanos, habían asesinado a doce miembros de su familia. Pero quien marcará las pautas en lo taurino, es un muchacho de Córdoba apodado “Manolete”, todavía mal definido pero que apunta un nuevo concepto de la faena, con una personalidad inquietante  y fuera de lo normal. “Manolete” da una importancia y un sello extraordinario a todos los lances: a la verónica, al natural con la izquierda, a los pases de pecho. Crea el concepto de la ligazón y de la estructura de la faena. Borda sus faenas con varias series con la derecha, al natural con la izquierda y es además, un impecable  estoqueador en la suerte pura del volapié. Posee un valor sin límites que derrocha en todas partes. Es en definitiva, un torero que se está haciendo así mismo. A partir de “Manolete” no se podrán cortar orejas en ninguna plaza sin haber dado antes varias series de muleta con la derecha y con la izquierda en redondo, ligando el final de la serie con el clásico pase de pecho, con una hélice de abaniqueo, un molinete o cualquier broche de la marca para terminar. El final de la guerra civil española en lo taurino, trae consigo la “Ley de Manolete” y con él, un toro mas chico, con menos fuerza y trapío que el que había antes de que comenzara el conflicto. La cabaña había sido esquilmada por la hambruna, la rabia y el odio. En definitiva, llega un nuevo toro que cambiará los conceptos de la tauromaquia.